¿Perdonar?¡Para qué!

Otras causas que fracturan tu alma

La herida del rechazo

La herida del abandono

La herida de la humillación

La herida de la traición

Continuación de la herida de la traición

La herida de la injusticia

Continuación de la herida de la injusticia

Curación de las heridas y transformación de las máscaras

Continuación de la curación de las heridas y transformación de las máscaras

 

 

Otras causas que fracturan tu alma

 

Hoy vamos a continuar escuchando otras causas que fracturan el alma de un niño, de una niña limitando su desarrollo emocional, y muchas veces estas heridas son el motivo de una terrible depresión en la edad adulta, así que pon mucha atención y si quieres, puedes anotar lo que más te impacte o te sirva.
Es probable, que por ser hijo o hija mayor se te haya exigido poner el ejemplo a tus hermanos menores y sin importar la edad, se te hizo responsable de la conducta de ellos. Con esto, las heridas que fracturaron el alma de tu pequeño, es decir, de ese pequeño, de esa pequeña, contaminan al adulto y lo hacen actuar con una tendencia o bien, perfeccionista o bien, desordenada, desquiciada, dando cabida a la sensación de enojo permanente que en ocasiones se manifiesta como brotes de ira que no se explican o que no tienen explicación aparente o amenazas frecuentes de abandonar el trabajo, a la familia, al compañero a la compañera, a los hijos y a todo aquello que implique una responsabilidad.


También, el amor excesivo o sobre protector, deja una huella en el alma del niño, de la niña, haciéndoles temerosos, inseguros, rebeldes, agresivos o aislados y tímidos, además de convertirles en frágiles emocionalmente hablando. Entre otros casos, por el sólo hecho de ser mujer, se le pudo haber obligado a cuidar de los hermanos varones, generando, además de una gran auto devaluación u odio por si misma, ira y frustración inconscientes, que es posible que se convierta en la incapacidad para establecer una relación profunda con una pareja heterosexual o bien, una necesidad inconsciente de venganza o revancha contra el sexo masculino, haciéndoles sentir a estos, incompetentes culpables y devaluados ante cada oportunidad que les ofrezca la vida, haciendo de cada encuentro y en cualquier circunstancia, una lucha de poder, una guerra abierta, generando dolor, frustración y un intenso vacío y soledad inexplicables, es decir, que no tiene explicación.


Otras formas de contaminación en las que surge el dolor del inconsciente desde las fracturas del corazón de niño, se dan cuando se ha experimentado en algún momento de la infancia, temor, angustia, que se han acrecentado al no encontrar unos brazos que le hicieran sentir bien, un alguien que le escuchara y le dijera de manera suave y dulce, que es normal sentir miedo y angustia, independientemente de ser niño o niña. Probablemente haya recibido gritos o regaños como: “cállate, pareces vieja”, “las niñas lindas no lloran”, “si sigues llorando te va a llevar el coco” y tantas frases más que le hayan hecho sufrir el impacto de la soledad y de la incomprensión y sobre todo, sentirse ridículo, ridícula raro, rara por sentir y expresar emociones, lo que le obligó a tu niño, a tu niña interior, a callar sus sentimientos y a hacer crecer su miedo a las emociones que permanentemente fluían en su interior como en el de todo ser humano.
Tu pequeño, tu pequeña, también cargó con otra ruptura del alma, la de aprender a reprimir o a evadir las emociones, preparándose con ello para en la vida adulta, ser una persona co- dependiente: es decir, que experimenta el impacto de la emoción, sólo a través de otros –como es el caso de los familiares de alcohólicos y drogadictos-; o bien, de los “ayuda adictos” es decir, esas personas que siempre se encuentran en la necesidad de “salvar” a los demás, de arreglar vidas ajenas, aún cuando la propia se encuentre desmoronada y sin sentido, por un afán inconsciente de rescatarse a sí mismos.
Algunos niños, son protagonistas de un drama mayor, escucha bien: cuando por sus labios brotaba risa cristalina y brincaban de alegría, les hicieron sentir avergonzados e incluso ¡locos!. Tal vez les hicieron sentirse culpables por el solo hecho de sentirse felices. Con ello, el adulto con un niño herido en su interior de manera inconsciente, se programa para ser infeliz; una y otra vez busca situaciones o relaciones que garanticen un sufrimiento permanente, ¡sólo porque inconscientemente, tiene miedo de ser feliz!


Otro caso es que pudo haberse obligado a tu niño a tu niña a callar y disimular el enojo, la ira con frases como: “las niñas buenas no se enojan”, “Diosito te va a castigar si le contestas así a tu mamá”, “si eres un niño malo, ya no te voy a querer y los reyes magos no te van a traer nada” haciéndole sentir con esto que es malo sentir enojo o molestia. Tu niño, tu niña es decir, tu, aprendiste a se “la niña buena” o “el niño obediente de mamá” a reprimir y disfrazar estos sentimientos con cara de “todo está bien”, aquí no pasa nada”, aunque te encontraras experimentando un intenso sufrimiento y las emociones encontradas que fluyen en el interior, cuando se es víctima de una ofensa, de una falta de respeto, preparando a tu adulto de hoy a soportar malos tratos, infidelidad y hasta golpes, sintiéndote imposibilitado, imposibilitada para decir: ¡basta! Y lo más grave, siempre aparentando ante los demás bienestar y felicidad, escondiendo bajo una máscara el llanto desgarrador de un niño, de una niña que aprendió a reprimir las emociones negativas por temor a saberse malo, mala y sentirse rechazado, en lugar de aprender a encausarlas.


Cuando esta represión es tan brutal como cuando a tu pequeño a tu pequeña, posiblemente le amarraron quizá a una cama o le encerraron en un cuarto oscuro por una y mil excusas, la afectividad queda tan dañada que se queda afectado por estos brotes de violencia y agresividad al grado tal, que resulte fácil en esos momentos de inconsciencia dañar e incluso herir y matar a otros o acabar con su propia vida o bien, involucrarse con el mundo destructivo de las drogas, el alcohol y el “satanismo” que le hace sentir mayor culpa y auto devaluación u odio contra sí mismo, contra sí misma y contra los demás.
Todos estos ejemplos que hemos citado aquí, muy probablemente te han hecho traer recuerdos de ese ayer olvidado “aparentemente” y mirar a ese niño, a esa niña interior que vive en ti, como en todo ser humano, ya que él, ella son la acumulación de todas las experiencias de la niñez y tiene en sí mismo, en si misma todos los sentimientos del mundo emocional pero que quedó atrapado, atrapada, preso, presa en las profundidades de la inconsciencia, en un mundo de tinieblas y oscuridad, mundo de confusión y división que aparece en tu conciencia a través de pesadillas, sentimientos que no puedes explicar de tristeza, nostalgia, ira, frustración, vacío etc, que te llevan muchas veces a perder el control de tus emociones, a decir cosas que quisieras callar, a gritar sin razón aparente y a volver a sentir una y otra vez la culpa, al angustia, la soledad y el rechazo que en aquél ayer viviste.


Y aquí no importa, qué eres hoy, o hasta qué grado de estudios llegaste, o la edad, o los intentos que realizas por cambiar, porque día con día se experimenta en el interior una vez más el infierno conocido de un ayer que se hace hoy.
Es a través de ese niño interior lacerado, humillado, olvidado y abandonado en la oscuridad y las tinieblas del subconsciente, que sentimientos extraños invaden tus momentos actuales, para hacerte sentir que tu no sirves, que no vales la pena, momentos que te hacen sentir ridículo, ridícula, y torpe, haciéndote actuar de manera infantil inmadura, dañándote a ti mismo, a ti misma y a los demás. Quizá hoy, aquí y ahora, experimentas una gran nostalgia de amor verdadera, nostalgia de una sincera mano amiga, deseos inmensos de ser mirado, mirada desde unas entrañas puras, limpias, libres de egoísmo.
Este es el drama de nuestra existencia: el hecho de repetir patrones inconscientes, agregando cada vez más, eslabones de dolor y amargura a la cadena de esclavitud que me mantiene, te mantiene atado, atada al infierno interminable de la inconsciencia. Esta es la verdadera causa de la pesadilla que estamos viviendo como humanidad es decir, un niño lacerado, desvalido, atrapado prisionero en un cuerpo de adulto.


No podemos caer en el fatalismo –aunque existen vidas así como lo que hemos mencionado atrás- y no mencionar que posiblemente hubo momentos maravillosos de tranquilidad, de paz que sin duda, vale la pena también rescatar, para que desde la tierna mirada de un niño, de una niña, sea posible enriquecer y transformar cada día de nuestra vida, de mi hoy, de tu hoy, para volver a experimentar la frescura, la espontaneidad que sólo un niño puede ofrecer, ya que si a todas las fracturas que viven en nuestra alma le agregamos que nos tocó hacer nuestra aparición en el escenario de la vida, en un siglo totalmente materialista, en el que se ha descuidado e incluso ignorado la importancia de la vida emocional y espiritual, entonces, nos encontramos ante la más intensa tragedia, porque sencillamente, sin una nutrición emocional y espiritual adecuada , nos encontramos como exiliados, como sacados de nosotros mismos, con un gran vacío interior que nada nos puede llenar, con cuerpos de adulto, pero al fin, inmaduros, adolescentes, carentes de sentido, desempeñando la vida de padres, de hijos, de amigos, de hermanos, y sin embargo, en el interior permanece instalado un niño pequeño temeroso, inseguro, tal vez con temor a hacer el ridículo porque alguna vez en ese ayer que se perdió en los recuerdos fue comparado, ridiculizado frente a los demás. Hoy, aquí y ahora, tu inconsciente aún se encuentra lleno de ira, de rabia, de impotencia porque fue testigo de violencia o quizá fue directamente agredido, golpeado por lo que en ocasiones tienes brotes inexplicables de ira.


Hoy, aquí y ahora, dale gracias al señor Dios, que no quieres más ignorar a ese niño que llevas dentro, no quieres ignorar más a esa niña herida, lastimada en lo más profundo del ser, pues ignorar esto, te conduciría a sentimientos atropellados, que eres agredido, agredida por medio mundo y otra vez a pensar que te hacen menos, que todo lo que se dice y se hace, es en contra tuya, a ofrecer respuestas tontas y absurdas cuando te sientes presionado, presionada, s sentir envidia de todo y de todos por el temor inconsciente de ser desplazado desplazada. A vivir siempre de espaldas a la vida, transitando por caminos que no son los tuyos, reproduciendo carencia, enfermedad, sufrimiento, infinita tristeza.
Hoy, aquí y ahora, ya no ignoras, que no son las circunstancias actuales las que te afectan, sino los recuerdos inconsciente que están allá en el alma rota de ese niño, de esa niña que llora en tu interior. Cuando se trata de callar la realidad, aún queriendo entregar lo mejor de mi, de ti es decir, de nosotros mismos, me siento, te sientes imposibilitado, imposibilitada incluso, de decir, ¡Te amo!, y me resulta, te resulta más fácil platicar con la mascota o con el amigo imaginario. ¡Cuántos casos!...


Habiendo sido abandonados por algún ser querido en alguna etapa de nuestra infancia, nos programamos inconscientemente para ser abandonados de nuevo o para abandonar a quien más amamos, aún cuando este abandono sea sólo de manera emocional, pues resulta imposible brindar lo que no se ha recibido, a menos de que logre, de que logres con la ayuda de tu Salvador y Dios Jesús, rescatar a ese pequeño, a esa pequeña que llevas hospedado hospedada en el corazón, para brindarle a partir de hoy y a cada momento, todo el amor y la ternura que hubiésemos querido recibir en aquél ayer.
Ahora, hoy, aquí, ya sabes quién es tu niño, tu niña interior: eres tu mismo, en un ayer distante, perdido y olvidado en la parte más oscura de la inconsciencia, experimentando constantemente miedo, dolor, desamor, culpa, y muchas emociones más que te han robado hasta el deseo de soñar y sin darte cuenta has enterrado anhelos y has olvidado el ideal de vivir, entre lágrimas de vergüenza y soledad. Sí, ese niño herido, esa niña lacerada, ¡eres tu! que escuchas.¿Ahora comprendes el por qué de tu división interior, de esa lucha entre querer ser feliz y no poder, entre querer experimentar unidad y entrar en el Reino de la Paz y sentirte como jaloneado y dividido en mil pedazos?. Ahora, comprendes de esa nostalgia inexplicable….es porque una parte de ti se encuentra perdida en tu túnel oscuro que te obliga a experimentar miedo, angustia y soledad sin aparente razón. ¡Cuánto tiempo llevas callando la desesperación que late en tu corazón…¿No crees que hoy es tiempo de emprender la aventura fascinante de tu liberación interior al rescatar esa parte de ti?, pues prepárate a emprender ese viaje interior maravilloso, hacia las profundidades del inconsciente,. Te recordamos a ti que escuchas, que en este recorrido por tu ayer, no estás solo, sola, no. JESUS es contigo. Jesús está vivo allá en lo profundo de tu corazón, de tu profundidad y te espera al mismo tiempo ahí, en tu subconsciente, para que mirando frente a frente, cara a cara, desde ese amor infinito que te tiene, esas heridas que más te marcaron, comience en ti, un verdadero proceso de sanación interior.

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS


Así que en una actitud orante, dejando todo lo que tengas en tus manos para descansar tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Ve soltando todo lo que esté tenso desde la punta de tu cabeza hasta la punta de tus pies…..


Y en fe adulta, abriéndote al amor inmenso del Padre Dios, ábrele las puertas de tu interioridad, de tu subconsciente en donde se encuentra ese pequeño herido, esa pequeña herida….. y hoy, aquí y ahora, desde esa Presencia maravillosa de Dios en ti, y sabiendo que ese pequeño, esa pequeña eres tu que escuchas, con mucha ternura, cruza tus brazos sobre tu pecho y comienza a decir allá en tu interior, no con tu boca sino en silencio:
Bebito mío, bebita mía, pedacito de mi, hoy, quiero recordarte que tú eres la criatura más amada de Dios, déjame decirte que formas parte de un proyecto divino, al cual lo caracteriza el orden, la belleza y la armonía. El universo del que formas parte, está lleno de riqueza infinita, abundancia y generosidad a raudales….


En ti mismo, mi chiquito, mi chiquita, el Señor Dios, ha grabado genéticamente la clave para generar abundancia a través tuyo, porque en ti ha depositado la semilla de su Reino de amor, de perdón, de fidelidad, de mansedumbre, de humildad, de alegría verdadera, de dominio de sí, de luz, de amor. Tu fuiste depositado con un amor infinito y esperado, esperada, desde toda la eternidad, para ser grande interiormente, para ser feliz, para ser un hermoso hijo de Dios, una hermosa hija de Dios.


Fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo del amor de Dios. Sí, fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo del amor de Dios, pues la fuente generadora de la verdadera vida, está en ti…te habita, allá en el corazón…Dios te habita. El es la fuente de amor, de riqueza que late y palpita, que te cuida, te protege, te hace crecer, te madura, te abraza, te acaricia con su más suave toque de profundidad, de respeto absoluto….Oh, mi niño, mi niña, con toda confianza acepta esto que te voy a asegurar: aleja de ti para siempre, la sensación de que careces de aceptación y entrégale ahora mismo a Dios, tu Padre quien te cuida inigualablemente como ninguna madre lo ha hecho jamás, la sensación de que no vales nada, que te ha acompañado a lo largo de toda la existencia. Hoy, aquí y ahora, deja que el amor de Dios, marque con su Fuego Divino la seguridad, la certeza de que eres inmensamente amado, amada, inmensamente rico, rica, porque sencillamente, lo tienes a Él en ti.


Cuando dudes de esto, mi pequeño, mi pequeña, nada más abre el infinito abanico de la fe adulta que posees en tu alma y que te ofrece certeza, seguridad, confianza, júbilo, alegría, madurez en Dios. Hoy, reconoce, que el manto estrellado del cielo oscuro, es el techo de tu hogar y que en tu esencia está grabado el potencial de la vida y la fuente misma de la eternidad que es la Presencia constante de tu Señor y Dios, en tu corazón. NUNCA HAS ESTADO SOLO, SOLA. No. Hoy, aquí y ahora oh mi amado niño, mi amada niña, acepta que con la ayuda de la gracia divina, es posible realizar cada sueño por alto y difícil que parezca. Tú puedes hacer que crezca la riqueza y abundancia en el amor, en la paz, en la alegría, en la solidaridad, porque estos son algunos de los dones de entre tantos otros que desde el principio del tiempo te otorgó el Creador, así que mi niño, mi niña, recobra la confianza en Dios, en ti mismo, en ti misma, en la vida, en los demás. Y dejándote amar por Él, permanece abierto, abierta a ese abrazo divino, abrazo sanador, liberador, enriquecedor. Déjate sanar por Él, que sabe lo que ocurrió cuando por su infinito amor, se realizó el milagro de la vida en ti y fuiste depositado, depositada en el vientre de tu madre….. Déjate inundar de su luz, de su sanidad, de su santidad.


Mi bebé hermoso, hermosa, hoy necesitas comprender que el alma de un niño, dentro de un ambiente familiar inmaduro, violento, hace que se reprima la ira en el subconsciente, ira por cierto, que de adulto se manifestará siendo agresivo, agresiva, violento, violenta, o también será un adulto, sobre protector y sumiso, callado, sin decir nada más, pero que estará generando lo contrario a la confianza y a la paz que es el temor y la angustia, teniendo la tendencia a discutir sin motivo o razón o callando, disimulando las propias necesidades y emociones, por el temor de provocar disgustos, gritos, o golpes.
Mi niño amado, mi niña amada, en este momento, si hay algún recuerdo doloroso que puedas traer a la memoria cuando estabas en el vientre materno, tráelo, no para angustiarte y llenarte de terror, no, sino para reconocerlo, para identificarlo y para mirar si es ese recuerdo el que te hace reaccionar como hasta hoy reaccionas y no te deja ser libre interiormente. No tengas miedo, pues al fin de cuentas, estás en las Manos de tu Padre Dios, y de la mano de Jesús. Mira como Él, comienza a derramar su inmenso amor, su infinita ternura, su poder y poco a poco, lo que entonces fue doloroso, comienza a desaparecer, para transformarse en perdón, en compasión, en comprensión, en dulzura….experimenta como tu ser se va llenando de amor incomparable, de amor verdadero…..


Mi niño precioso, mi niña preciosa, ahora, trae a tu memoria a papá, a mamá, si es que los conociste….y si no y aunque ya no vivan, revive su recuerdo, su presencia y comienza por decirle a papá: Papi, hoy se que tu también recibiste heridas, heridas muy grandes que no fueron sanadas, que te causaron mucho, pero mucho dolor y por eso tuviste una manera de ser que no escogiste….hoy te comprendo papi. Hoy necesito decirte que te amo, que te comprendo y porque te comprendo puedo decirte que te perdono. Papá, déjame darte un abrazo, el abrazo que siempre necesité darte pero que no me atrevía por temor, temor a muchas cosas, a ser rechazado, humillado, abusado, pero hoy, desde el poder de Dios, siento su amor en ti, siento su ternura en ti, toda la ternura que depositó en ti para mi. Gracias papi, por el don de la vida, porque tu fuiste el instrumento por el que Dios me llamó a la vida. Gracias……(Quédate en fe adulta, abrazando a tu padre y dejándote abrazar por él).


Ahora dile a tu mami: mamita: hoy, gracias a Jesús que me ha revelado el infinito amor que Dios me tiene, puedo comprender que sufrías mami, sufrías mucho cuando yo estuve en tu vientre…cómo me hubiera gustado poder haberte consolado desde entonces, pero hoy, aquí y ahora, necesito y quiero abrazarte fuerte, muy fuerte y necesito y quiero que me abraces tu también. Se que poco es lo que escogemos en esta vida….y mucho lo que nos viene porque al obrar inconscientemente y no consciente, es decir, cuando no somos responsables de nuestros actos, de nuestras actitudes, podemos herirnos mucho. Mami, hoy se que en el infinito amor del Señor , me amabas y me amas aún sin tu saberlo realmente, porque así como en mi habita el amor verdadero, así también en ti, vive y habita Dios, para siempre. Mami, hoy, con todo el Poder del amor de Dios te digo: te comprendo, te amo, te perdono, porque hoy se que no existen las culpas, sino las causas, y fue por alguna causa tu manera de ser, tus reacciones motivadas por el miedo, por la angustia, por la ira que se tradujo en depresión. Mami, mami, te amo. Hoy necesito darte las gracias por ser el instrumento por el que el Señor Dios me llamó a la vida. Gracias. (Quédate en fe adulta, abrazando a tu madre y dejándote abrazar por ella).
Ahora, mira como Jesús, derrama bendición sobre tus padres, aún cuando ya hayan muerto o que no sepas en dónde se encuentra alguno de ellos, o los dos….mira cómo derrama bendición sobre ti….


Permanece abrazándote…. y dándote mucho amor. Permanece abrazando en la fe, a Jesús que está contigo, que te es fiel……y si tienes algún defecto físico causado por una y mil causas durante el embarazo, si tienes alguna enfermedad que te limita o te hace inválido como parálisis cerebral, o alguna enfermedad mental como esquizofrenia o psicosis, o depresión bipolar o depresión endógena, aquella que es producida por el mal funcionamiento de tus glándulas endocrinas, dite en tu interior: Para mi, no existe defecto o limitación alguna pues al ser parte de mi propia esencia que es Dios, me es permitido traspasar el umbral del terreno exclusivamente material y físico. Puedo hoy, aquí y ahora, querido bebé, percibe en tu alma y en tu espíritu la nobleza, la perfección y la belleza del Creador.


De hecho ahora así como adulto como adulta que ya eres, si eres el progenitor de un hijo afectado por esas circunstancias que hemos mencionado o por alguna otra que tu sabes y la culpa te recrimina despiadadamente por el rechazo que frecuentemente le has dado inconscientemente, en estos momentos en que comienzas a cobrar conciencia, desde la generosidad del Señor, de la misma manera que estás siendo generoso, generosa con quienes laceraron tu alma de niño, de niña, mira en tu interior a ese hijo a esa hija y abrázale como nunca lo has hecho, abrázale como lo hace hoy contigo el Señor Dios…..Mira su sonrisa en su rostro y siente la paz en su corazón, y hoy mismo, cuando él o ella se encuentren durmiendo, dile a ser posible diario al oído cuánto le amas. También manifiéstaselo durante el día.


Tu que escuchas, sabes ya que eres ese niño, esa niña que hoy comienza decididamente el camino hacia la liberación interior. Sabes que este proceso durará toda la vida en medio de luchas, de nuevas heridas, de heridas que van sanando. Hoy aquí y ahora sabes que Dios te ama con locura y que nunca ha querido el mal para ti y que si el mal existe no es creación de Él, sino del ser humano herido. Prepárate pues, para derramar sobre un papel, toda tu historia doliente, la historia de quien es realmente una joya preciosa en las manos de Dios pero que necesita ser pulida para brillar cada momento más, brillar tanto que ese brillo llegue a los corazones más solos, más deprimidos, más desesperados. Así que poco a poco, ve disponiéndote a entregarle una por una de esas heridas que ya han comenzado a sanar, pero que necesitas recordar para mirarlas de frente, sin miedo, sin angustia, sino desde la fe, aceptarlas con paz, desde la luz sanadora de Dios, deseando que el perdón que es cien por ciento liberador y sanador, te abra la puerta de la libertad interior, porque el perdón es la puerta al amor, es lo que te lleva a la paz, es lo que te hace, hijo, hija de Dios.

 

 

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LA HERIDA DEL RECHAZO


Continuamos este tema sobre el valor del perdón diciéndote que ahora que comprendes la magnitud, la importancia del daño causado en aquél entonces en tu alma infantil y que grabó en la parte subconsciente de tu mente, en la parte obscura, una manera de ser es decir, un patrón de conducta que con el tiempo ha venido a multiplicarse, pareciéndote casi imposible de cambiar, de remodelar, de hacerse nueva, de ser libre, haciéndote reaccionar duro, dura, o como dirán algunos, algunas, implacable, indomable, incambiable, pues cuántas veces, nos etiquetamos entre unos y otros y decimos o nos dicen:
“Eres caso perdido, ¿cambiar?, tu no vas a cambiar nunca”. Tu eres problemático, problemática”. “Eres un enojón, una enojona”. “Eres igualito a tu familia, a tu padre, a tu madre”” vienes de una familia problemática, de una relación conflictiva”. “No, ni se junten con este con esta porque es esto y esto otro”, pues ahora que conoces que has tenido la necesidad de enfrentar situaciones que exigen de ti una actitud madura y equilibrada y sin embargo has parecido un huracán furioso, sabes hoy que esa manera de ser que primeramente a ti no te gusta porque en nada te ayuda a amarte primero a ti y luego a los demás, sencillamente, es ira reprimida, miedo y angustia de tu niño interior que se manifiesta una y otra vez desde las profundidades de la inconsciencia, en situaciones similares, parecidas a las de aquel ayer distante e incomprensible para ti.


¿Sabes?. Es necesario que tomes conciencia, que no existen las familias conflictivas, las relaciones conflictivas, las personas adultas o jóvenes o niños conflictivos, no. Y en cambio, sí existen muchas causas, heridas que dejan huellas, secuelas que van haciendo del ser humano un hombre, una mujer complejo y que también causan –estas heridas- hasta enfermedades mentales como la neurosis, la psicosis, la depresión circunstancial y enfermedades físicas como el cáncer, la diabetes, hipoglucemia, alergias, enfermedades del estómago, depresión suicida, miopía, histeria, enfermedades raras, incurables, enfermedades del corazón, de los huesos, enfermedad de control del peso y de pérdida de control etc…por mencionar sólo algunas de ellas.
Muchas personas no comprenden por qué este o este otro ser humano no les cae bien aunque sea la primera vez que le miran en su vida. Muchas veces tu y yo, no sabemos realmente por qué me molesto, por qué te molestas sin razón aparente ante determinadas palabras, que alguien nos dijo, o ante actitudes de este o de aquel o circunstancias de las vida que inconscientemente nos recuerdan los momentos más doloroso de nuestra infancia.
Si supiéramos comprendernos….si supiéramos comprender a los demás. Si miráramos el niño, la niña herida de cada ser humano….si nos ocupáramos en recuperar nuestro niño, nuestra niña interior para ser sanados por el único que conoce realmente el corazón del hombre: Jesús, nuestro Único Salvador….
El me invita, te invita a hacerte nuevamente un niño es decir, me invita, te invita a entrar en esa dinámica transformante de su Amor. Me invita, te invita a dejarte hacer de nuevo, a re-comenzar el camino y para comenzar, su Palabra nos llama hoy, aquí y ahora, a no juzgarnos entre unos y otros. Nos invita a no etiquetarnos. Nos invita a romper la cadena del desamor, de las críticas, de los comentarios, de las suposiciones, del respetar como santuario sagrado, el subconsciente y el conciente de los demás, para poder entrar en el Reino inmaculado del Perdón, de la Dulzura, de la Mansedumbre, de la Humildad, de la Paz, de la Misericordia, de la Compasión, del verdadero Amor.


El Señor Jesús en el evangelio de Mateo 7, 1-5 nos dice a ti y a mi hoy, lo siguiente: “En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán. ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?. ¿Con qué cara le dices a tu hermano: Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo, cuando tú llevas una viga en el tuyo?. ¡Hipócrita!. Sácate primero la viga que tienes en el ojo y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.
Hoy, aquí y ahora podría decirnos también: La vida es una lucha constante, sí, pero nunca contra ninguna persona sino contra el mal causado por la ceguera interior, causado por un subconsciente herido. Nunca podrás llegar a ser feliz, aplastando a los demás, humillándoles, abandonándoles, golpeándoles, abusando de ellos, jugando para que entren en tu juego psicológico lleno de inmadurez, tejiendo una telaraña para que caigan rendidos, rendidas a tus pies, profanando constantemente su santuario interior y exterior, no. Sólo la gracia te hará libre, sólo la humildad te librará, te libertará, pues quien es humilde, acepta que él mismo, ella misma pueden equivocarse y que otros puedan equivocarse, puedan herir porque a su vez sangran, y nadie puede dar la vida si primero no tiene la vida en sí mismo, por eso estoy aquí, nos dice el Señor , para darte mi Vida, la vida verdadera…..


Hay cinco heridas entre tantas más que nos marcan enormemente. Estas son, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia, pero veámoslas más de cerca: El rechazo, es una herida que se marca profundamente en la afectividad de quien la sufre, el bebé que ha sido rechazado, seguirá experimentándose así por todos los días de su vida, a menos que alguien lo colme de amor paciente y decimos amor paciente, porque esa persona que brinda amor necesitará comprender que no es fácil hacer creer a alguien que ha sido rechazado, que ahora es amado, a menos que con infinita paciencia estimule la capacidad de confianza, de auto-valoración, pues generalmente, una persona que ha sufrido rechazo, no se cree merecedora de amor. Por más que le digan que es querida, mientras no sane la herida del rechazo, seguirá respirando por ella, por medio de la inseguridad en sí mismo, en que no es nadie, en que sería mejor, no haber nacido.


Traigamos a cuento las exclamaciones que muchas veces escuchamos cuando hemos encontrado a mamás embarazadas: “fue el pilón, fue un descuido, fue un colado”, “tengo mucha depresión y encima llegará este bebé” o” simplemente, fue un accidente” o también “uno más” , luego cuando comienzas a ir a la escuela –si es que tuviste la oportunidad- recibes frases como: eres un chaparro, mira qué pelo más lacio, qué ojotes tienes, mira qué nariz más grande, qué feas piernas, que posaderas más grandes, qué gordo, gorda eres, qué voz más fastidiosa etc…. Y luego, cuando llegas a adolescente y tu forma de ser tiene todo menos forma es decir que estás carente, adoleces de seguridad, de sabor por la vida es decir, careces de sabiduría de vivir y cuando eres un adulto joven, cómo te hubiese gustado tener a alguien que te amara realmente así como eres, pero a veces entre la misma familia se escuchan frases como: es una inestable, es un indeciso…..pero acaso, los que formulan esas sentencias, ¿serán muy maduros?, ¿conocerán lo que es el verdadero amor? ¿no hablarán así, porque proyectan sus propias heridas?


¿Sabes?, desde el momento en que el ser humano, el bebé comienza a ser rechazado, comienza a crear una máscara de huida y la máscara precisamente será para evitar sufrir el rechazo. Y esta máscara huidiza, se reconoce hasta físicamente en el cuerpo huidizo es decir, es como si quisiera desaparecer, como si intentara toda la vida no ocupar demasiado lugar. El que huye es aquél, aquella que duda de su derecho a existir. Cuando estás ante alguien con un cuerpo de condición bajita de estatura o posiblemente deforme, que habría de producirte un gran amor, con toda certeza estás ante una persona que sufre una gran herida de rechazo. Llevar una máscara significa que ya no es uno mismo porque adoptamos una actitud muy bien elaborada desde muy jóvenes, creyendo que esta actitud nos protegerá. Cuando un niño en vías de crearse una máscara de huidizo, porque se siente rechazado, rechazada, vivirá con más frecuencia, en un mundo imaginario. Esta es la razón por la cual a menudo, será un niño prudente y tranquilo –entre comillas- que no causará problemas ni hará ruido, ya que se divierte sólo en su mundo imaginario, construyendo castillos fantásticos.


Puede ser el clásico niño que tras saberse rechazado, le encanta ir a la escuela, o no puede estar sin salir a la calle, porque es mejor que estar en su casa. También está el caso del niño, cuyo cuerpo es más pequeño que el normal y con frecuencia tiene la apariencia de ser muy frágil. La madre le protege en exceso y el niño, la niña escucha muy seguido que es demasiado pequeño, demasiada pequeña para esto o para aquello y lo cree, a tal punto de que su cuerpo permanece pequeño. Para él, o ella, ser amado, se transformará entonces, en “sentirse sofocado” y más adelante, su reacción ante quien lo ame, consistirá en rechazar o huir porque se sentirá asfixiado.


El niño sobreprotegido se percibe a sí mismo rechazado porque no se siente aceptado por lo que es y para tratar de compensar su pequeñez, los demás suelen intentar hacer y pensar todo por él y en lugar de sentirse amado, amada en estas circunstancias, se siente rechazado de sus capacidades.
Si tu que escuchas, eres padre o madre de familia, medita en esto que vas a escuchar. La madre, tiene la misión de enseñarnos a amar, a amarnos, tiene la misión de darnos amor y el padre, nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor…..será esto una realidad en mi…..en ti….?
Cuando se es pequeño y alguno de los dos padres nos ha herido, entonces al no aceptar sea a papá o a mamá quien haya contribuido a causar la herida, , es normal tomar la decisión de no tomarle como modelo y entonces se buscarán reemplazos: buscará a otros a otras en los y en las que creerá encontrar lo que nunca encontró en su padre, en su madre…..y posiblemente lo haga de manera equivocada y con una visión distorsionada.
Piensa si tu has sido herido, herida pot rechazo. Una persona que de pequeña fue rechazada, se considera sin valor y por eso dirá: Yo no valgo nada; los demás son más interesantes que yo”. La persona huidiza, por lo general tiene pocos amigos en la escuela, al igual que le sucederá más adelante en su empleo. Se le tiene por solitaria y se le deja sola. De esta forma, se coloca su máscara de huidiza para no sufrir cuando se siente rechazada y se aleja de la gente a tal grado que se vuelve imperceptible. Cada vez que se encuentra más solo y también cada vez se da a sí mismo más motivos para sentirse rechazada.


Hay personas que llevan en su subconsciente grabada la herida del rechazo a tal grado, de que se las arreglan para hablar poco. Si decide hablar mucho, lo hará para intentar infundirse valor y sus palabras parecerán altaneras ante los demás. La persona que de pequeña ha sido rechazada, es la más propensa a odiar, pero tu que escuchas este mensaje, ya sabes que gracias a Jesús tu único Salvador, es posible amar, es posible, perdonar, es posible ser una nueva criatura, es posible vivir en paz. La persona que sufre rechazo, busca sin cesar el amor del progenitor del mismo sexo y en ocasiones, transfiere su búsqueda hacia otras personas del mismo sexo también. Este ser humano que recibió la herida del rechazo, no se percibe, no se experimenta, no se mira como un individuo completo, porque no ha conquistado el amor del progenitor del cual recibió la herida y es muy sensible al mínimo comentario que venga de él es decir, que se siente fácilmente rechazado. De ahí que existan muchas personas rencorosas, y algunas lleguen hasta el odio, porque su sufrimiento es verdaderamente intenso. Por eso, un gran amor que se vive con desilusión, se transforma en odio. Cuando se pasa de una fase de gran amor hacia otra de gran odio, está indicando un enorme sufrimiento interior.


El hijo o la hija del progenitor del sexo opuesto, tiende a rechazarlo y por ello limita sus actos o sus palabras hacia él, hacia ella según sea el caso. Si vive una experiencia de rechazo con el progenitor sea el padre o la madre o con cualquier otra persona del sexo opuesto, se acusa a sí mismo de esta situación y se rechaza, diciéndose que es su culpa, que el otro, o la otra le haya rechazado. Si tu que escuchas, sabes en tu interior que has recibido la herida de rechazo, será muy importante aceptarla desde la fe, abrazándote a Jesús, entregándosela una y otra vez, y dejando que Él sane y te cure todo tu sufrimiento aún si actualmente, tu padre o tu madre te rechaza, porque si continúas rechazándote a ti mismo, a ti misma, mayor temor, mayor miedo seguirás engendrando y tendrás de que te rechacen los demás porque constantemente te dices a ti mismo: es que no valgo nada. Una persona herida por rechazo, con frecuencia se compara con quienes son mejores que ella y prefiere no darse cuenta de que puede ser mejor que cualquiera en muchos campos e incluso le es difícil creer que alguien más pueda elegirlo como amigo, como pareja, que las personas realmente puedan amarle y cree imposible que Dios, le ame sin condenarle. De hecho, cuando es elegido, no puede creer y se rechaza a sí mismo.


Una persona que venía de una familia en donde había varios hijos decía que su padre, nunca lo escogía para nada, y por ello deducía enseguida que los demás eran mejores que él, así que no era nada raro que él pensara que sus palabras y sus acciones, carecían de valor. De hecho, cuando recibe demasiada atención, pierde la cabeza y teme ocupar demasiado lugar. Si ocupa mucho lugar, cree que molesta y ser molesta significa para él, ser rechazado por la o las personas a quienes molesta o cree molestar. Aún en el vientre de su madre, el bebé rechazado, ocupa muy poco lugar. Cuando una persona que ha sido rechazada, está hablando ante alguien y este le quita la palabra, su reacción inmediata es pensar que esto sucedió porque no es importante lo que dice y así, deja de hablar, así, sin más. A una persona herida por rechazo, le cuesta expresar su opinión cuando no es solicitada porque considera que los demás se sentirán confrontados con sus juicios y por tanto, lo rechazarán. Si desea pedir algo, a alguien y esa persona está ocupada, lo dejará así y no dirá nada. Sabe lo que quiere, pero no se atreve a exigir pues cree que no es lo suficientemente importante como para molestar a los demás. Cuántas personas al pedir algo lo hacen entre dientes y al no escucharles y preguntarles qué dijiste responden ¡Nada!, olvídalo!


Hay adolescentes que dejaron de confiar en sus madres, por temor a no ser comprendidas porque creen que ser entendidos por los demás es lo mismo que ser amados, pero se puede entender una situación y no amar al que está pasando por aquello, en cambio, amar es aceptar al otro así como es, tal cual, , aún cuando no se entienda, aunque no se comprenda exactamente el por qué de sus reacciones, el por qué de su manera de ser. Pues a causa de esta forma de pensar, algunos adolescentes se vuelven evasivos cuando hablan, intentan huir del tema al mismo tiempo que temen comenzar otro. Si el que huye es un varón, vivirá la misma situación con su padre y con otros hombres.


Otra característica de la persona que ha sido rechazada, es la de buscar la perfección en todo lo que hace, ya que cree inconscientemente, que si comete algún error, será juzgado por ello, pues para ella ser juzgada, es ser rechazada. Como no cree en la perfección de su ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace. Por desgracia confunde el “ser” con el “hacer”. De hecho, su búsqueda de la perfección puede llegar a volverse una obsesión. Deseará a tal punto “hacer” todo a la perfección que cualquier trabajo o tarea le tomará más tiempo del necesario y de este modo atraerá hacia sí, otras situaciones de rechazo por parte de los demás. Los fetos rechazados, abandonados, aún en el vientre de su madre, siempre intentarán ocultarse, de ahí que en algunos ultrasonidos la respuesta sea esa, querer desaparecer. Una persona abandonada, rechazada, se paraliza inconscientemente ante situaciones similares o ante personas de su mismo sexo sobre todo ante aquellas que le recuerdan a su padre o su madre que causó la herida. Su lenguaje es parecido a este: “Me da pánico dejar de fumar” –por ejemplo- pues la persona que no tiene esa herida, simplemente diría que le será difícil dejar de fumar.
¿Sabías que nuestro subconsciente hace todo lo posible para que no percibamos nuestras heridas?, y ¿sabes por qué?, porque inconscientemente le hemos ordenado que así lo haga. Es tal nuestro miedo a revivir el dolor asociado a cada herida como veremos en los casetes siguientes, que por cualquier medio, evitamos confesarnos a nosotros mismos que si vivimos el rechazo, es precisamente porque nosotros mismos nos rechazamos.


Escucha esto muy bien, para que puedas comenzar a amarte profundamente y no continúes rechazándote más: Quienes nos rechazan, están en nuestra vida para mostrarnos hasta qué grado nos seguimos rechazando a nosotros mismos, en lugar de tomar el toro por los cuernos es decir, en lugar de darnos un toque de atención, en lugar de despertar del sueño del subconsciente y con el poder del Señor Dios, con la gracia del infinito amor que nos ha tenido el Padre, con la sangre sanadora de Nuestro Señor Jesucristo, reconocer que somos, que soy, que eres, digno, digna de un gran amor y que tu que escuchas, eres el primero, la primera que tiene qué dártelo porque ya desde toda la eternidad, antes de que fueras creado, creada, tu ser ha sido acogido y bañado por el amor de Dios.


También será importante que sepas que las heridas de la vida, afectan la manera en que nos alimentamos. El ser humano alimenta su cuerpo físico de la misma forma que lo hace con su interior. Generalmente el que huye porque fue rechazado, prefiere porciones pequeñas y por lo general pierde el apetito cuando siente temor o cuando vive emociones intensas. De hecho quien ha sido rechazado, es quien más predisposición tiene a sufrir anorexia. Una persona anoréxica es aquél, aquella que casi no se alimenta, porque se considera obeso, gordo, cuando en realidad es delgado, delgada, pero es una manera de intentar desaparecer. Cuando por el contrario, come sin medirse, significa que está intentando huir mediante la comida. También eligen huir a través del alcohol el cigarro o la droga.


Las heridas, nos impiden pues, ser nosotros mismos, unos seres humanos hermosos, creados para la bondad, la belleza en la sencillez, en la simplicidad de vida, creados para la paz, la solidaridad y el amor. Así que estas heridas acaban por crear un bloqueo y nos provocan enfermedades y malestares específicos según es nuestra actitud interior por ejemplo, se sufre de diarreas frecuentes, porque su cuerpo rechaza los alimentos antes de que los pudiera asimilar adecuadamente de la misma manera que se rechaza a sí mismo o rechaza rápidamente cualquier situación que pudiera beneficiarle.
Algunas personas padecen arritmias que es una irregularidad en la frecuencia o pulso cardíaco. Cuando su corazón comienza a latir a un ritmo desmedido, tiene la impresión de que se le sale del pecho, que desea escapar. Esta es otra forma de querer huir de una situación difícil.
Mencionamos anteriormente que la herida de rechazo produce tanto daño, que resulta del todo normal que el huidizo, odie a su progenitor del mismo sexo y lo acuse de haberle hecho sufrir durante su infancia. Estas personas pueden sufrir enfermedades que se relacionan con el rencor o el odio como el cáncer, después del dolor que ha experimentado en el abandono o aislamiento. Pero, cuando una persona logra admitir que siente resentimiento hacia su padre o su madre, y desea de corazón transformar todo ese odio en amor, en perdón, en capacidad de comprensión, en dulzura, en misericordia, en amor, será liberado el dolor y podrá comenzar un proceso de sanación integral.


Hay personas marcadas con le herida del rechazo que llegan a decir, que en su vida no pasa nada, que todo está bien, que su familia está integrada por personas en las que nunca ha habido ningún conflicto….¿sabes?, estas personas están huyendo, porque no desean reconocer que guardan resentimiento, porque admitir su rencor, equivaldría a admitir que son personas heridas a su vez, también, víctimas hijos de víctimas.
Un pequeño rechazado, no se da el derecho a ser niño. Madura rápidamente, creyendo que así se le rechazará menos. Es por eso que su cuerpo o una parte de él sea infantil. El cáncer indica que no se permitió a si mismo, sufrir cuando era niño. Hay otros males como los problemas respiratorios sobre todo, cuando sienten pánico. Es propenso a las alergias, las cuales reflejan el rechazo que vive asociado a algunos alimentos o sustancias, al polvo, al sol, etc. También puede recurrir al vómito para eliminar los alimentos que acaba de ingerir con el objeto de indicar su rechazo hacia una persona o una situación determinada. Hemos escuchado expresarse a dos o tres jóvenes así: “Deseaba vomitar a mi madre o a mi padre. Otra forma de vomitar a una persona o a alguna situación es decir: “Me repugnas” o “cómo me repugna eso”.


La persona rechazada, sufre desvanecimiento o desmayo –en ocasiones- por medio del cual se vale para huir de una situación o de una persona. En casos más serios, utiliza el estado de coma para huir. Puede sufrir agorafobia es decir que altera su comportamiento para huir de determinadas personas o situaciones que le podrían producir pánico. La agorafobia es un temor enfermizo hacia los espacios libres y a los lugares públicos y es entre las fobias, la más difundida. Las mujeres son dos veces más sensibles a ella que los varones. Muchos varones ocultan se agorafobia en el alcohol, prefieren transformarse en alcohólicos, antes que confesar que tienen un gran temor incontrolable. El agorafóbico suele quejarse de vivir en la ansiedad y sobre todo en la angustia, al punto de sentir pánico. La mayoría de los agorafóbicos sufre de hipoglucemia. En la continuación de este tema, hablaremos más de esto.
Si la persona rechazada, abusa del azúcar, puede ser objeto de enfermedades del páncreas como la diabetes y la ya mencionada hipoglucemia o baja de azúcar.


Si desarrolla odio intenso hacia uno de sus padres, a causa del dolor provocado por el rechazo que ha vivido y todavía vive, y cree que ha llegado al límite, es posible que se vuelva depresivo o maniaco depresivo. Si piensa en el suicidio, no hablará de él y si decide consumarlo, hará todo lo posible por no fracasr. Aquellos que hablan con frecuencia de suicidarse y lo logran, son más bien los que sufren de abandono. De esto hablaremos en el mensaje siguiente.
Por último, el huidizo que de joven tuvo dificultades para reconocerse como un ser humano dotado de todas las capacidades para ser feliz, para saberse realizado y pleno, intentará ser como cualquier otro y se perderá en la personalidad de quienes admira pasando frecuentemente de uno a otro modelo. El peligro de este comportamiento extremo es que más adelante puede transformarse en psicosis, ese trastorno mental caracterizado por la pérdida de la realidad; afecta a los jóvenes adultos –aunque puede también afectar a cualquiera- y es bastante común. Toda esta información, te la decimos -no para que te sugestiones sino que simplemente reconozcas qué es lo que puede estar originando tu manera de ser, tus males incluso físicos o psicológicos, para que reconociéndolos, te entregues de una vez por todas a Jesucristo, tu único Dios y Salvador.


Si has reconocido en ti la herida del rechazo, es seguro que tu progenitor de tu mismo sexo, a su vez, o los dos, se hayan sentido rechazados por su propio progenitor del mismo sexo o por los dos. Además es muy posible que él o ella, sienta tu rechazo o se haya sentido rechazado por ti, de ahí sus reacciones agresivas hacia ti. Ya para terminar, déjanos decirte que, ahora conciente de todo esto, ya sabes que cuando reproches a los demás su manera de rechazarte, estarás reprochándote a ti mismo, a ti misma, la manera de cómo te rechazas a ti mismo, a ti misma y cómo rechazas a los demás.
Es muy importante que reconozcas y aceptes -para que pongas a trabajar tu fe- que el origen de cualquier herida está en el no ser concientes de provocarla y el motivo de no ser sanada está en el no querer perdonar. Así que puedes comenzar por tomar todo el capítulo 9 del Evangelio de Juan. Mira como Jesús mismo quiere que desterremos de nosotros eso de echarle la culpa a otros de cómo estamos actualmente. De hoy en adelante, ten siempre muy presente, a diario y a cada momento que si el mundo sufre, si hay malos gobiernos, si la corrupción se extiende, si hay niños y jóvenes limpiando parabrisas e ingiriendo droga, si hay gritos, violencia y depresión, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa.
Señor, regálame la gracia de saber amar como tu nos amas, como tu me amas. Amén.

 

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE ORACIÓN

En una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos reposados sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta y cerrando tus ojos, respira suave, profundo y lento……experiméntate un ser humano vivo, un ser humano que tiene en su corazón, el secreto de la felicidad……porque su corazón está habitado por esa Presencia que todo lo sana, Presencia que transforma al corazón más seco por la falta de amor, en un manantial de agua viva…..y dile desde la fe adulta:
Señor, tu conoces lo más escondido de mi….tu que me sondeas, sabes cuando me siento o me levanto y penetras mis pensamientos, distingues mi camino y mi descanso, tu que cuando no ha llegado la palabra a mi lengua ya Señor sabrás lo que pronunciaré…..estréchame en tu regazo y cúbreme con tu palma……Dios mío, tu sabes que he sido rechazado, rechazada –a lo mejor inconscientemente – pero al fin, rechazado, rechazada…
Hoy, aquí y ahora, ante tu Presencia amorosa, no quiero huir más….no quiero escapar más de mi, de ti, de los demás…..porque aún en mis tinieblas y en las tinieblas de los demás, tu luz es más fuerte que la oscuridad porque ni la tiniebla es oscura para ti, y la noche es clara como el día.

Señor, por tu infinita misericordia, sana esta necesidad de ser aceptado, aceptada, infinitamente amado, amada….no quiero seguir utilizando máscaras para huir….hoy, aquí y ahora, acepto que algún día una ó dos ó 10 mil veces he sido rechazado, rechazada por alguno de mis padres o por los dos, o por algunas personas pero sobre todo, por mi mismo, por mi misma. Incluso, me he llegado a sentir alguna vez, rechazado, rechazada por ti, pero hoy se, que TU ME AMAS DESDE TODA LA ETERNIDAD y me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras y yo, soy obra tuya, por eso, soy inmensamente grande, rico, rica, hermoso, hermosa. Se que me has regalado la misión de amar y desde hoy quiero realizarla…quiero ser para Ti Señor…..quiero ser amor.


Se que desde toda la eternidad me has amado, me amas y me amarás por los siglos de los siglos. Abrázame……infúndeme esa certeza de que los rechazos que he recibido en mi vida desde que fui engendrado, engendrada, fueron causados por la inconciencia de mis padres, por alguna causa, pero nunca por haberme querido hacer algún mal concientemente, intencionalmente.
Dame la gracia de aceptar con paz, que ellos a su vez, también fueron heridos y así, la cadena siguió y siguió a su vez con sus padres y con los padres de sus padres……pero hoy, aquí y ahora, deseo, necesito abrazarme con infinito amor, con infinita aceptación, como también necesito y deseo abrazarles a ellos, mis padres……..para expresarles que no les rechazo más, que los entiendo, que me solidarizo, que los amo. Que los amo con tu amor y que los perdono con tu perdón….


(Y tú que escuchas, si tus padres ya no viven, trae su recuerdo santo y mírales pequeñitos, indefensos también, rechazados. Hoy estás aquí para ofrecerles ese amor que también les faltó, para darles esa aceptación incondicional. Abrázales, ámales como el Señor te ama a ti) (Mus)
También Jesús necesito aceptar y amar con tu amor y perdonar con tu perdón, a todas a aquellas personas que me han rechazado por estar dormidas en el sueño de la irrealidad, encarceladas en el mundo de las heridas. Hoy, con tu sangre preciosa, desátalas de sus heridas, sánales Jesús, como lo estás haciendo conmigo….Les amo con tu perdón, les perdono con tu perdón, les acojo con tu inmensa ternura, Jesús……(Mira a aquellas personas o a aquella persona que crees que te ha rechazado más y mira como Jesús la estrecha entre sus brazos y la baña de su amor sanador…mírate tu abrazándole….haciendo juntamente con Jesús, que la llaga de su corazón herido, sea transformada en paz. Ahora Jesús, a mi mismo, a mi misma, desde tu amor que lo sana todo y lo plenifica todo, me amo con tu amor. Me perdono con tu perdón…me acepto incondicionalmente. Abracémonos Jesús, tu y yo, fuerte…. nunca más, nada ni nadie pueda romper este abrazo lleno de verdadero amor…… porque ahora soy conciente de quién soy y para qué estoy en este mundo. Gracias Jesús, por todo lo que estás haciendo en mi vida. Gracias Jesús….Jesús….Jesús….


 

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LA HERIDA DEL ABANDONO


Estás en la cuarta parte del tema “El valor del perdón”. En esta ocasión hablaremos sobre la herida del abandono, para que identifiques en el subconsciente de tu bebé, de tu pequeño herido, de tu pequeña herida, si es el abandono lo que te hace reaccionar como reaccionas, ahora que eres un joven o un adulto.
Abandonar a alguien es apartarse de él, dejarlo, no desear más tener que ver algo con él, con ella. Muchas personas confunden el rechazo con el abandono. Miremos pues la diferencia. Si uno de los miembros de una pareja, o un padre y un hijo, decide rechazar al otro, para no tenerle junto a sí, sea el motivo que sea por ejemplo una hija que se cansa de la manera de ser negativa de su madre, de sus quejas por la vida, quejas por algún miembro de la familia, si decide abandonarle, se aleja físicamente, se marcha para distanciarse temporal o definitivamente.


Aunque definir el abandono de esta manera, es muy relativo, porque yo, tu, podemos abandonar a alguien, aún al continuar viviendo bajo el mismo techo pues tu puedes abandonar a un hijo, a una hija,- sobre todo así experimentará si es bebé- cuando tienes que irte a trabajar 4 ó 5 u 8 horas y lo dejas –sin que esta sea tu intención- “abandonado” con tus padres, con una amiga o vecina, o en una guardería……Unos padres –como otro ejemplo- pueden abandonar a su bebé en el vientre, aunque la mamá lo traiga bien dentro, cuando el papá por andar participando en parrandas de cualquier tipo, llega noche a casa, haciendo sentir a su esposa, cada vez más infeliz o cuando la mamá está más sumida en su depresión, en sus cosas, en sus pensamientos, en lugar de tratar –con la ayuda del Señor Dios, y de todos los libros que enseñan cómo ser una mejor persona- de salir adelante, de crecer más interiormente, para poder proporcionarle al bebé, una acogida llena de vida, de realización humana y divina; o también le abandonan a las consecuencias de los actos irresponsables de ambos padres inmaduros , cuando fuman o alguno de los dos o los dos se drogan, o cuando beben sólo en ocasiones –dicen- y nunca reconocen que son dependientes porque están huyendo de sí mismos…..


Otro ejemplo es cuando la herida que se vive en el caso del abandono, la podemos situar en el plano del tener y el hacer. Escucha bien. Un niño pequeño puede también sentirse abandonado si su madre se encuentra ocupada con un bebé nuevo. El sentimiento de abandono será aún más fuerte, si el nuevo bebé necesita muchos cuidados porque es enfermizo o padece alguna incapacidad. El pequeño tendrá la impresión de que su madre lo abandona continuamente para ocuparse del otro y comenzará a creer que así será siempre, que nunca tendrá a su mamá de otro modo.. Puede suceder en otro caso, que de pequeño te hayan tenido que llevar al hospital en donde permaneciste y no comprendiste qué sucedía. Cuando a un pequeño le pasa esto durante varios días, tal vez reaccione caprichoso porque pensará que sus padres ya se cansaron de él y se experimentará abandonado. La reacción que tome ante este sentimiento, será una máscara que le ayude a soportar su sufrimiento. Cuando los padres de un pequeño, le dejan con alguien más incluso, si se trata de la abuela, se experimentará abandonado o cuando su madre siempre está enferma y su padre está demasiado ocupado o ausente –sea el motivo que sea- para hacerse cargo de él, el pequeño, la pequeña se ven obligados a arreglárselas por sí mismos, sin ser conscientes de que en lo profundo de sí, se está tatuando fuertemente, la herida del abandono.


Una señora nos platicaba –y nos permitió compartirte a ti que escuchas, su experiencia- que tuvo un temor terrible cuando murió su padre cuando ella tenía 18 años. Este paso lo vivió como un verdadero abandono, fue terrible porque además su madre, no paraba de decirle que cuando cumpliera 21 años, tendría que independizarse. Esta mujer, que se sentía rechazada por su madre, vivía en constante miedo y no hacía más que pensar: ¿Qué me sucederá ahora, sin papá?. No estará aquí para ocuparse de mi, cuando tenga que salir de casa”. Muchas personas que sufren la herida del abandono cuando fueron pequeñas, experimentaron una profunda falta de comunicación por parte de sus progenitores, sea la madre o el padre o los dos. Hoy, madres y padres de familia que han conocido al Señor y que han comenzado a trabajar por un proceso de maduración interior en sí mismos, nos preguntan cómo hacerle para que sus hijos jóvenes comprendan que ellas y ellos, los padres, en realidad no son las culpables de lo que muchas veces los hijos les reclaman: -les dicen- “Tu tienes la culpa de mi infelicidad”. “Tu eres la causa de que yo no sea feliz” y sencillamente les respondemos que hablen o escriban según sea el caso, a sus hijos…..hablen de lo que Ustedes pasaron…. y de lo que ellos –sus hijos- a su vez, han pasado; gánense su confianza, con amor, no digan ustedes mismos: Uuuuu, eso es imposible, porque quien habla así, no tiene fe, no conoce el amor del Señor, no reconoces lo que el Señor Dios está haciendo por ti mismo, por ti misma que muchas veces te has creído un imposible para Dios.

Para Dios, no hay nada imposible, excepto que tu no quieras abrirle nunca el corazón. Así que padres de familia, hijos, ser humano quien quiera que seas y que escuchas este casete, busca el mejor momento para el encuentro, para dialogar, para abrir las puertas de la interioridad y para ofrecer al mismo tiempo, acogida, calor de sinceridad y fidelidad y silencio de las confesiones recibidas. Este momento, siempre llega –porque es una gracia- cuando estamos a la escucha del Espíritu….


La mayoría de las personas nos han dicho que la herida del abandono se vive con el progenitor del sexo opuesto, pero esto no es una regla para todos. En cambio, podemos casi generalizar, que las personas que sufren de abandono, han sufrido también de rechazo. Hay casos en los que cuando se es joven, se experimenta rechazado por su progenitor del mismo sexo y abandonado por el sexo opuesto, el cual cree que debía haberse ocupado de él y sobre todo, que debía haber velado para que fuese menos rechazado por el otro progenitor.


Lo que vamos a decir en seguida, no corresponde a la herida del abandono, pero imaginemos el caso de alguien que ha sido abusado sexualmente por alguno de los progenitores –aunque esta herida se tocará en los siguientes mensajes- estaríamos hablando de un ser humano, de un pequeñito, de una pequeñita mucho muy destruidos. Y esto lo mencionamos ahora, para que con la gracia del Señor que es todo respeto, profundo y tierno amor con cada uno de nosotros, comencemos a amarnos con locura divina y a los demás, como somos amados por Dios. Cada vez que mires a una persona, a un ser humano, no lo juzgues, no lo etiquetes, compréndele, ámale como el Señor te ama a ti.


Amarte a ti, amar a quienes son más próximos a ti, amar a tu familia entera, amar a los vecinos, a tus compañeros de trabajo, de escuela, a los que ves en la calle, a los que miras por televisión y escuchas por radio, amar, amar, amar a cada ser humano que forma parte de este planeta, sea como sea, haya hecho lo que haya hecho, porque ahora sabes que la inmensa mayoría vivimos huyendo, envueltos en máscaras para no volvernos aún más locos. Y te decimos esto, porque Jesús el Señor, nos ha enseñado en el evangelio, con su vida, que lo único que necesita el mundo para ser feliz, es el amor que es aceptación, es comprensión, diálogo, es encausar los impulsos agresivos motivados por las heridas, hacia la bondad, la dulzura, la compasión, la misericordia.
Hay niños de 3 a 10 años y pre-adolescentes de 11, 12 ó 13 años, que comienzan a manifestar su herida de rechazo o abandono en la alimentación física o comerán poco o comerán mucho, y con esto, ya tenemos frente a nosotros un ser humano dependiente. Dependiente de todo. La dependencia, es una máscara que brota de la herida del abandono y se manifestará algunas veces en un cuerpo largo, delgado y encorvado. El caso del exceso de peso nos estará indicando otro tipo de herida que veremos más adelante.


El niño o adulto dependiente, abandonado, cree que no puede lograr nada por sí mismo, por tanto, tiene necesidad de alguien más y lo más a la mano –para suplir esa necesidad- es, muchas veces la comida. Generalmente la mirada de alguien que sufre interiormente el abandono, aunque es triste se verá como unos ojos que parecen querer atraer a otros con su mirada. No olvidemos que la intensidad de la herida, determinará de qué grueso es la máscara.
Es importante que sepas diferencias entre la máscara del huidizo o de quien fue rechazado, a la del dependiente o quien fue abandonado. Puede haber dos personas muy delgadas junto a ti, y una de ellas ser huidiza y la otra dependiente. Hoy en día, las cirugías hacen que muchas personas, incluso adolescentes, intenten esconder sus heridas porque rechazan partes de ellas mismas, pero quien se mira al espejo, no puede mentirse, pues ocultar la herida con medios físicos, no la hará desaparecer. En cambio, la intimidad con el Señor Dios, el dejarse amar por Él, el desear y buscar los medios para crecer interiormente, leer libros de espiritualidad, libros que nos ayuden a crecer como seres humanos y divinos, audio casetes que alimenten nuestra mente de información sana, sí que lo hará, paso a paso, casi sin notarse, pero cuando menos lo pensemos y sin que nos demos cuenta de ello, estaré, estarás dando mucho fruto, mucho amor. Te habrás encontrado contigo mismo, contigo misma, con los demás y con Dios.


Continuemos pues escuchando que la persona dependiente es la que generalmente tiende a convertirse en víctima. Una persona “víctima” así entre comillas, es la que hace problemas de todo tipo en su vida, pero especialmente problemas de salud, para llamar la atención como es el caso de los niños, jóvenes y adultos hipocondríacos. El niño, joven o adulto dependiente, es una persona que dramatiza mucho: hasta lo más mínimo lo hace gigante. Por ejemplo, si su pareja no llama para avisarle que llegará tarde, piensa lo peor y no comprende por qué le hace sufrir tanto al no llamar. Una persona dependiente no sufre…sino que agoniza por dentro, y aunque el ser así le acarreará problemas, ser abandonado para él, para ella será más doloroso que vivir todos los problemas que traiga su proceder. Sólo otra persona dependiente, le podrá comprender.


Cuando encuentres una persona así, víctima de todo, o tu mismo, tu misma, si tienes esta máscara, estarás frente a alguien que vive una importante herida de abandono. La persona dependiente, tendrá temor a la soledad, porque la ayuda que más necesita el dependiente es el apoyo de los demás. Generalmente, antes de decidirse, por lo general pide la opinión o la aprobación de los demás porque sencillamente no se decide o duda de sus decisiones cuando no siente el apoyo de alguien más. Esto no quiere decir que escuche los consejos o sugerencias pues al final casi siempre hará su parecer.
Otros casos los encontramos en esas personas que nos pueden parecer perezosas, pero en realidad lo que sucede es que no les agrada realizar actividades o trabajos físicos solos puesto que necesitan la presencia del alguien más para sentirse apoyados. Una persona dependiente, percibe el final de cualquier cosa agradable como un abandono, por eso exclamará: “Qué lastima que se haya terminado”.


La persona dependiente, que actúa como víctima, tiende a tener –sea varón o mujer- una voz infantil y a hacer muchas preguntas. Esto se observa cuando pide ayuda por ejemplo, tiene dificultad a aceptar una respuesta negativa y con la tendencia a insistir. Mientras más sufre cuando se le dice “no”, más se dispondrá a utilizar cualquier medio para obtener lo que desea como la manipulación, el enfurruñamiento, el chantaje, etc. Estará dispuesta a tolerar situaciones muy difíciles, en lugar de ponerles fin porque su temor es: ¿Qué voy a hacer solo, sola? ¿Qué será de mi? ¿Qué me sucederá?. Vive en conflicto consigo misma porque por una parte, exige mucha atención y por otra, teme estar exigiendo demasiado y que eso acabe por molestar a los otros quienes podrían abandonarle y aunque no lo admita, ama el sufrimiento tanto como para tolerar lo que sea con tal de no estar solo, sola.
Para una persona dependiente, el simple hecho de escuchar actualmente, de una amistad por ejemplo cuando le dice: “debo irme” y por teléfono escuchar la palabra “dejar”, o “mirar en frente de él o de ella el reloj”, será traer a la conciencia la herida de abandono de sus padres o de alguno de ellos y esto le causará un verdadero dolor, porque inmediatamente pensará que no es tan importante como para atraer la atención de otro, de otra.
La tristeza, es la emoción más intensa que experimenta el dependiente. Constantemente siente esta tristeza en lo más profundo de su ser sin que pueda comprender o explicar de dónde proviene y para no sentirla, busca la presencia de otros; pero también es capaz de irse al otro extremo es decir, alejarse o apartarse de la persona o la circunstancia que le causa esa tristeza o ese sentimiento de soledad. En momentos de crisis, puede incluso pensar en el suicidio. Generalmente, habla de esto a los demás sin hacerlo porque lo que realmente busca, es apoyo, pero si después de muchas tentativas para que le den apoyo no lo obtiene, posiblemente termine suicidándose.


Una persona dependiente porque en su etapa primera recibió la herida del abandono, teme a toda forma de autoridad. Piensa que una persona que usa una voz autoritaria o que toma una actitud autoritaria, es fría e indiferente por eso, jamás podrá aceptarle y por este motivo, tiende a ser lo contrario es decir, es cálido con los demás. Cree que al ser así, los demás serán afectuosos, atentos, cálidos y no autoritarios. Una persona dependiente, al hablar de su infancia, dirá que con frecuencia se le dejaba solo y que su madre o su padre, estaban ausentes. Una persona dependiente, se angustia al estar sola, y lo que se oculta detrás de esa angustia, es un sentimiento de urgencia por desear que alguien esté junto a ella, y en cuanto tiene la oportunidad de entablar una relación con alguien, teme que le abandone, por eso, se las arregla para ponerle fin por propia cuenta. Y lo más contradictorio es que a esa persona le gustaría sentarse sola a leer un libro, pero no admite –por ejemplo- que su pareja lo haga, o le gustaría salir solo a algunos lugares que elige pero se sentirá abandonada y creerá que le hacen a un lado si su pareja hace lo mismo y dirá: Claro, no soy lo suficientemente importante como para que quieran salir conmigo”.
A una persona dependiente, le resulta difícil aceptar no ser invitada a una reunión aunque esta decidiera de antemano no haber ido. Experimenta una gran tristeza por el sentimiento de abandono de ser poco importante.


Durante la infancia, por ejemplo, las niñas se afianzan a su padre y los niños a su madre. En la pareja, el dependiente, se apoya en el otro o le toma la mano o lo toca con frecuencia. Cuando está de pie, busca apoyarse contra un muro, una puerta o cualquier otra cosa. Incluso, sentado, le es difícil estar erguido y se apoya en el brazo del sofá, su espalda, tiende a encorvarse hacia delante. Cuando en alguna reunión, veas a alguien que busca llamar poderosamente la atención, observa su cuerpo y verás que en su interior hay una máscara de dependencia. El dependiente piensa que los demás, son su felicidad. Hay personas que han sido muy dependientes de su madre cuando eran pequeños que aún casados, les es impensable pensar apartarse de ella. El niño dependiente, tiene terror al cambio que sufre en la pre-adolescencia, y de la adolescencia a la edad adulta, siente pavor al cambio de la soltería al matrimonio, o simplemente sienten terror a la idea de no casarse nunca, a la mudanza a otro domicilio, una separación, la muerte o el nacimiento; alguien dependiente, al experimentarse llamado a un seminario o convento y al tener que dejar a la familia; el dependiente, se paraliza, siente terror de que no se cumplan en la vida, sus planes, porque para la persona dependiente, solo lo que ella misma se proporciona, es seguridad. Y si es creyente, allá en su subconsciente, “cree que ni Dios puede darle lo que realmente necesita, por eso se obstina en sus planes”.


La sensibilidad de una persona dependiente llevada al extremo de enfermar y de caer en la agorafobia, le hace temer a la locura es decir, al hecho de quedarse loca, pero será urgente hacerle saber que lo suyo no es locura, sino una sensibilidad excesiva sin sanar, por desear no ser abandonado.
Una persona dependiente, llora fácilmente, sobre todo cuando habla de sus problemas o de sus adversidades. En su llanto acusa a los demás de ignorarle cuando vivía en medio de sus problemas o enfermedades. Acusa incluso a la vida e inconscientemente a Dios de haberla abandonado, cuando en realidad es la persona misma quien se ha hecho a un lado. Una persona normal, se experimentará muy bien sola, sin sufrir por ello, tomando las riendas de la vida, sin echar la culpa a nadie, porque sabe que las culpas no existen sino más bien todo ha sucedido por alguna causa. Una mujer dependiente, que vive con un alcohólico –por ejemplo- o que es víctima de abuso conyugal. Su sufrimiento será más grande, si se separa de su pareja que si tolera lo que vive. La persona dependiente tiene una enorme capacidad para no ver el problema que vive en la familia o con su pareja, con una amistad, o consigo misma. Prefiere creer que todo marcha bien, porque tiene miedo de ser abandonada. Si este es tu caso por estar aferrado, aferrada a una persona haciendo todo lo posible -por el temor a no ser abandonado, abandonada-, necesitarás tu mismo, tu misma brindarte apoyo y dejar que el Señor Dios te ayude a salir de esa situación.
Una persona dependiente, tiene necesidad a cualquier precio de que los demás le hagan sentir importante de que le tomen en cuenta, de que constantemente le de su opinión sobre sí misma, pero hay aquí algo importante: cuando el dependiente es capaz de detectar los problemas que le causa su dependencia, experimenta el deseo de ser independiente, pero este creerse independiente, no es más que otra máscara que no hará más que acentuar y ocultar la herida de abandono que no se ha sanado.


Otros casos de dependencia por herida de abandono, son los hombres y mujeres que no desean tener hijos so pretexto de querer mantener su independencia., pues por ejemplo en el varón, la presencia de un niño en la familia, suele ocultar el temor a no recibir toda la atención de su pareja, mientras que la mujer dependiente, temerá a su vez sentirse agobiada por las obligaciones que implica tener un hijo. Por otra parte, si ella desea tener hijos, los preferirá cuando son pequeños, cuando dependen más de ella, ya que así se sentirá más importante. El dependiente busca más que la independencia, el hecho de sentirse necesitados por alguien. Las personas dependientes -según grandes psicólogos como Freud- son las que más buscan tener sexo, hablar cosas en las que se involucre todo lo referente al sexo, a los órganos sexuales, porque creen que en una relación sexual encontrarán la ternura y el cuidado que no tuvieron en su infancia o adolescencia. (Y referente a la comida, si mencionamos anteriormente que en el caso del huidizo existe la tendencia a la anorexia, en el caso del dependiente, la tendencia es a ser bulímico).


Los comportamientos propios del dependiente son dictados por el temor a revivir la herida de abandono. Cada una de las heridas, tiene comportamientos y actitudes interiores propias. Las formas de pensar, de sentir, de hablar y de actuar, correspondientes a cada herida, indican una reacción a lo que sucede en la vida., de ahí que será siempre necesario ser conciente cada instante de tu vida para qué estás en este mundo y sabes que a este mundo has venido a dejarte amar por Dios, a amarte a ti mismo, a ti misma y a cada ser humano que el Señor Dios pone en tu camino, es decir, estar atento, atenta a la Presencia sanadora de Cristo en ti, para que tus reacciones, sean cada vez más, las reacciones de Jesús. En lo que se refiere a las enfermedades, el dependiente, se distingue por haber sido un niño enfermizo, débil o endeble. Suelen padecer asma, lo que indica que la persona que la padece, acepta más de lo que debería y no rechaza lo que le pesa, sino con muchas dificultades. Los problemas de bronquios, asfixia etc, son también comunes pues indica que tiene la impresión de no recibir lo suficiente de su familia. La miopía es muy usual en los dependientes, pues representa la dificultad de ver más lejos en relación con el temor al futuro y el miedo a enfrentar el porvenir solo.. El dependiente puede llegar a sufrir histeria sobre todo cuando llega al borde de sentirse la víctima. En psicología se dice que la persona histérica es semejante al niño que llora cuando se le abandona y se le priva de la leche que lo alimenta. Padecen depresión cuando su herida les lastima mucho. Puede padecer migrañas porque se impide ser ella misma.


Generalmente, las personas en quienes predomina la herida de abandono, también temen a la muerte, mientras que aquellas que han recibido la herida de la traición, temen con mayor frecuencia a la locura. Si tu que escuchas, te identificas como una persona dependiente que ha vivido la herida del abandono o eres una persona agorafóbica es decir, que tiene temor a la muerte y a la locura, debes saber que lo que vives no es locura y que no morirás por ello
No creas pues, que ya no hay salida para ti, no. Sí la hay y se llama Jesucristo, tu único Salvador, la Vida Verdadera, pues al encontrar tu seguridad en Él, vendrá la luz y encontrarás la solución a tu vida la respuesta de tus por qué, de tus para qué. Para terminar este tema, si te identificas con la herida del abandono, te recordamos que la desencadenó tu progenitor del sexo opuesto y que continuará apareciendo con cualquier otra persona del sexo opuesto a la que te enfrentes. Es seguro también, que ese progenitor, padeció la misma herida con su propio progenitor del mismo sexo que tu. Las mismas heridas se repiten de una generación a otra (lo que explica el fenómeno de la herencia) y así sucederá mientras no quieras romper con esa cadena de desamor. Sólo el amor, cura las heridas. Sólo el amor, mueve montañas. Sólo el amor salva. Sólo el amor sana.


Así que toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios, escucha lo que hoy te regala en su Palabra tomada del profeta Isaías (66 12.13): Yo haré que la paz venga sobre ti, como un río. Como una madre alimenta con su amor, así te consuelo hoy a ti. Aquí en tu corazón encontrarás siempre la paz, porque en tu corazón estoy Yo. Ahora mismo, estoy alegrando tu ser. Estoy renovándote. Tu has dicho envuelto en tu tristeza: “El Señor me ha abandonado, mi Dios se olvidó de mi” pero, ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo?, Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré jamás ni te abandonaré. Yo te llevo grabado, grabada en mis entrañas, siempre estas presente ante mi, porque yo te amo y te guío y te atraigo a mi, para que en mi encuentres manantiales de agua que da vida, que sana y siempre te abriré un camino a través de las montañas y haré que se allanen los senderos.


Mi Señor, hoy, aquí y ahora, deseo y necesito que el poder abandonarme en tus planes, en tu providencia en tu amor, sea una realidad en mi. Deseo que tu voluntad, sea mi única guía en esta vida en la que muchas veces he experimentado perder el camino. Hoy, se que nunca has querido el mal para mi, pero así como me has dejado libre para no brindar una sonrisa, así como me has hecho libre cuando no he querido comprender a los demás, así como me has dejado libre para no amar, así has dejado libre a quienes por inconciencia me hirieron, me abandonaron, pero hoy Oh mi Dios amorosísimo y fiel, no quiero otra cosa más que, que en mi ser se realice tu plan Divino que desde toda la eternidad tenías preparado para mi. Hoy quiero, como tu Jesús me enseñaste en tu paso por este mundo, con gran confianza asumir, aceptar todo lo sucedido en cuanto posibles heridas de abandono desde el momento de mi concepción hasta este momento y decir: “Señor, desde hoy y para siempre quiero dejar que en mi vida tu seas Dios”, porque se que tu no creaste el mal y siempre quieres el bien para tus hijos, para la creación entera. Hoy me abandono confiadamente a ti. Por eso estoy aquí, reposando en tus manos amorosas. Jesús yo confío en ti a pesar de mirar diariamente, como nos ofendemos, cómo nos rechazamos y nos abandonamos entre los seres humanos y como también lo hacemos con la naturaleza, con los seres indefensos, con los animalitos…..”Dios mío. Creo en tu amor. Creo que me amas infinitamente y que nunca pero nunca me has abandonado ni me abandonarás jamás. Señor, ámame”……..

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LA HERIDA DE LA HUMILLACIÓN


Si buscamos en un diccionario la palabra “humillación”, encontraremos que es ese sentirse como pisoteado por alguien que te dice en tono grosero, aplastante, engreído o con coraje algo que rompe tu derecho como ser humano. Es como si alguien te vejara o te degradara y tu te sintieras inferior, con vergüenza y mortificado, mortificada. La humillación surge, precisamente en el momento en que se desarrollan las funciones del cuerpo entre el primer año y el tercero de vida, edad en la que un niño normal, aprende a comer solo, a comportarse con propiedad, a ir al baño solo, a hablar, a escuchar y comprender lo que los adultos dicen, etc. La humillación se produce en el momento en que el niño siente que uno de sus padres o algún familiar se avergüenza de él, sea por su físico, por su manera de obrar o de ser.


Por ejemplo hay adultos que expresan toda su burla –tanto en privado como en público-, hacia un pequeño o una pequeña que sea delgado o gordo o que sea más moreno que lo normal, o blanco, o con los ojos almendrados o la boca con el labio leporino, o si tiene el pelo pelirrojo o pecas, o la nariz grande etc…..también se burlan del niño o se disgustan si este ha manchado su ropa o si se ha orinado ya sea en la cama o de pie o si ha estropeado algo.
Sin importar la situación que provoca que el niño se sienta rebajado, humillado, , comparado, mortificado, avergonzado en el plano físico, la herida despierta y comienza a adquirir importancia. Veamos el ejemplo del bebé que ha jugado con sus heces y la unta en su cuna o hace otra cosa semejante, catalogada por el adulto como impropia. La herida surge cuando escucha a su madre contar al padre lo que ha sucedido, describiéndole como un cochino, pues a pesar de que sea bebé y no comprenda las palabras, sí percibirá el desagrado que ha causado en sus padres y comenzará a sentirse humillado, avergonzado.
Una joven que estuvo internada, nos contó que cuando era niña, una compañerita suya, se orinaba en la cama. Cuando la encargada se daba cuenta, la obligaba al día siguiente a caminar por los salones de clases con la sábana sucia sobre la espalda. Al humillarla y mortificarla de esa manera, creía que la niña no volvería a mojar la cama, pero todos sabemos que un castigo produce un efecto contrario. Sí, escuchaste bien: todo castigo produce un efecto contrario y entonces, la herida en vez de ser sanada, se acentúa.


Muchas veces, los genitales y la sexualidad, han sido motivo de humillación por ejemplo, cuando la mamá sorprende a su pequeño tocándose y exclama: ¡eres un cochino, una cochina!. ¿No te da vergüenza?. El niño, la niña, se siente mortificado, mortificada, avergonzado, avergonzada por lo que el pequeño irá creciendo con un constante sentimiento de culpa y más adelante tendrá dificultades en el plano sexual. El niño también se sentirá rebajado, si se percibe a sí mismo demasiado controlado por uno de sus progenitores o si cree que no tiene libertad para actuar o para moverse como desea en el plano físico como sucede cuando un progenitor reprende y castiga al niño que salió a jugar al lodo con sus mejores ropas antes de que lleguen los invitados y si los padres cuentan el incidente a los invitados frente al niño, la humillación será todavía más intensa, ya que este comportamiento puede hacer creer al pequeño que desagrada a sus padres y se sentirá avergonzado por su propia conducta.


Es común escuchar a las personas que sufren esta herida cómo describen todas las cosas prohibidas que hicieron cuando eran niños o adolescentes. Es como si buscaran situaciones para revivir la humillación. Como dijimos al principio, la humillación puede venir de alguno de los progenitores o de algún familiar, sin contar que también, más adelante, puede venir de cualquier persona. Un pequeño que sufre la herida de la humillación, se creará, la máscara de masoquista. El masoquismo es ese comportamiento de una persona que encuentra satisfacción e incluso placer al sufrir. Aún cuando lo hace inconscientemente, procura el dolor y la humillación la mayor parte de las veces. Se las ingenia para hacerse daño o para castigarse antes de que alguien más lo haga. Un ejemplo clásico de masoquista es aquél que fuma, o también aquél, aquella que come y come como si no le importase engordar y afectar el corazón, o la columna –aunque interiormente sabe que esto le robará más su autoestima y la salud. Cuando usemos aquí el término de masoquista, será para referirnos a la persona que sufre humillación y que lleva esa máscara para evitar sufrir y vivir el dolor relacionado con la humillación. De hecho, la persona masoquista, tiene una sensibilidad tal que le han dejado las humillaciones, que experimenta el rechazo y se siente humillada antes de ser rechazada.
Lo que vas escuchar enseguida es importante para que puedas distinguir entre la vergüenza y la culpabilidad. Uno se siente culpable cuando considera que lo que ha hecho o ha dejado de hacer, está mal. Cuando nos avergonzamos, juzgamos que no hemos actuado correctamente con respecto a lo que acabamos de hacer. La soberbia o el orgullo son lo contrario de la vergüenza. Cuando una persona no está orgullosa de sí misma, por lo general, está avergonzada de ella misma, se acusa y tiende a querer ocultarse. Una persona puede sentirse culpable, sin tener vergüenza, pero no puede tener vergüenza sin sentirse culpable.


Como se considera a sí misma mal educada, desalmada, sucia, o que vale menos que los demás, la persona con la descripción física de la máscara de masoquista, desarrollará un cuerpo grueso que también le avergüenza a sí misma. Hacemos un paréntesis para decirte nuevamente lo que pusimos en una de tus hojas para la semana: que si el mundo sufre, que si hay malos gobiernos, si hay deshonestidad, si hay abusos de cualquier tipo, si hay injusticia en el corazón del hombre, si hay matones, robos, si hay gritos, violencia, golpes, si el ser humano continúa hiriendo a los demás e hiriéndose a sí mismo, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa. Sigamos pues diciendo que un cuerpo grueso, gordo, es diferente al cuerpo musculoso. La persona puede pesar 20 kilos de más que su peso normal y no estar gruesa, sino parecer más bien fuerte, sin embargo, el masoquista –y no sólo los adultos son masoquistas sino los pequeños también- es grueso a causa del exceso de grasa que afectará a su corazón porque inconscientemente quiere suicidarse no de manera directa sino por medio de lo que a primera vista le compensa ese vacío hecho por la humillación y ese deseo de ser amado inmensamente por el hecho de ser un ser humano hermoso, creado para ser amado y para amar.


La humillación parece ser la herida más difícil de reconocer en sí mismo, en sí misma. Una persona masoquista, hace las cosas lentas pues para ella es difícil ir con la rapidez necesaria ya que se avergüenza cuando no puede llegar con la misma velocidad que los demás, por ejemplo, al caminar. Por ello debe aprender a darse el derecho de actuar a su propio ritmo. Mencionamos que es difícil reconocer la máscara de masoquista, porque hay muchas personas que son capaces de controlar adecuadamente su peso. Si tu que escuchas, eres de los que aumenta de peso con facilidad cuando no controlas tu alimentación, es posible que tengas la herida de humillación muy bien escondida.


Generalmente las personas obesas desarrollan una gran espalda como para poder llevar mayor peso. Otro ejemplo es el de una señora, que para agradar a su marido, aceptó que su suegra viviera con ellos. Al poco tiempo, la suegra se enfermó, por lo que su nuera se sintió obligada a atenderla, pero entre más carga sentía, más comía y más engordaba, porque el masoquista tiene la facilidad de situarse en circunstancias en las que debe ocuparse de alguien más, para olvidarse paulatinamente de sí mismo, por eso, mientras más cargue sobre su espalda, más aumenta de peso. Será muy importante, para ti que escuchas, saber que en la vida, no se trata de cargar con los demás, no se trata de cargar situaciones, sino de aceptarse inmensamente a sí mismo, a sí misma. Se trata de desarrollar inmensamente la capacidad de amar, de discernir, de decir con libertad sí o no a las circunstancias que se te presentan, no como una imposición sino como una oportunidad de ser un mejor ser humano, como una oportunidad de ser cada vez más, como Jesús, tu único Salvador, tu Señor tu Amor y Dios.


Hablar de una persona masoquista es hablar de una persona que es abusada por los demás. Por ejemplo, una persona masoquista expresa lo siguiente ante un despido de trabajo: “Me despidieron después de 30 años de buen servicio como si fuera un perro echado a la calle….o como si fuera basura”. La persona no masoquista diría: “Después de 30 años de servicio me despidieron”, es decir, que no dirá nada referente al perro o a la basura.
La persona masoquista, engorda en relación al espacio que cree que debe ocupar en la vida. Su cuerpo está ahí para reflejar esa idea. Cuando el masoquista sepa en lo más profundo de su ser que en verdad es especial e importante, no tendrá que demostrarlo más al resto de la gente. Al reconocerse un ser valioso, al amarse como es, al encontrarse consigo mismo, consigo misma, al encontrarse con quien le ama verdaderamente es decir, al encontrarse con Dios, su cuerpo ya no tendrá necesidad de ocupar tanto espacio. Sobre el carácter del masoquista escucharemos por ejemplo que una madre así, masoquista, tiende a controlar la apariencia, el comportamiento y la forma en que se visten sus hijos y su pareja. Es el tipo de madre que desea que sus hijos se porten bien desde pequeños. Si no lo logra, se avergonzará de sí misma en cuanto a su papel de madre.


Sea hombre o mujer, el masoquista está con frecuencia apegado tanto a su madre y hace todo lo posible por no avergonzarle. El masoquista, considera a su madre como una inmenso peso que cargar, lo cual le da otra buena razón para desarrollar una espalda muy sólida y esta actitud continúa incluso después de la muerte de la madre. El masoquista se siente aliviado o liberado cuando su madre muere, ya que representaba un serio obstáculo para su libertad. Esta actitud sólo disminuirá cuando la herida de la humillación se encuentre en proceso de sanar. ¿Sabes?, existen también otros tipos de masoquistas que como la fusión con su madre es tal, cuando esta muere, sufren una crisis grave de agorafobia y generalmente se les da tratamiento para la depresión confundiendo ésta, con la agorafobia.


Una persona masoquista no se atreve a expresar sus ideas por temor a experimentar la humillación o por temor a avergonzar a alguien más. Los padres del niño masoquista le decían con frecuencia que lo que sucedía en la familia no era de la incumbencia de extraños y que no debía hablar de ello, sino guardarse todo para sí. Las situaciones embarazosas de las cuales los miembros de la familia se avergonzaban, debían mantenerse en secreto. No se hablaba por ejemplo, del tío que estaba en prisión, del familiar internado en el hospital psiquiátrico, del hermano homosexual, o de un suicidio en la familia etc.
Hay personas que nos cuentan la vergüenza de haber tenido deseo de algo cuando eran pequeños y comprobar que su madre se privaba de lo esencial para complacerles, así que no se atrevían a hablar de estos deseos y menos aún con la madre.


Una persona masoquista, cuando alguien –sobre todo entre sus seres queridos- se siente desdichado, él se siente el responsable; cree que seguramente dijo o hizo o no dijo o no hizo algo. No se da cuenta que al estar tan atento al estado de ánimo de los demás, ignora sus propias necesidades. De los cinco caracteres formados por las cinco heridas de rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia, el masoquista es el que menos atención presta a sus necesidades, aún cuando sea consciente de lo que desea. El masoquista es el hazme reír de los demás, y a su vez es especialista en rebajarse a sí mismo. Se considera mucho más pequeño y menos importante de lo que en realidad es. No concibe que los demás lo vean como una persona especial e importante. Los diminutivos están muy frecuentemente en su vocabulario así como la palabra “pequeño”, por ejemplo dice: ¿Tienes un minutito para mi? O “Mi cabecita” o “tengo una pequeña idea”. Escribe con letra pequeña, da pasitos, ama los autos pequeños, las casas pequeñas, las cositas, los bocadillos etc..
Cuando el masoquista utiliza palabras en aumentativo, generalmente lo hace para rebajarse o humillarse, por ejemplo, alguna vez escuchamos a una persona que se había ensuciado la ropa con comida y exclamó: ¡Qué cochinote soy!. Una señora que iba a una reunión muy bien vestida, al escuchar que su amiga le dijo que se veía muy pero muy bien, además de lucirle estupendamente el par de arracadas que traía respondió: “¿No te parece que me veo muy burguesota y con una carota?”


Un varón al que su esposa le pedía cada semana comprar cosas para el supermercado, se acusó a sí mismo porque le había faltado un artículo que su esposa había olvidado anotar en la lista. Otro esposo, acusaba a la esposa de distraerlo mientras charlaban. Ella creía que debía disculparse porque él a su vez la culpaba es decir que con estos ejemplos vemos cómo el masoquista tiende a asumir la responsabilidad de algo que no le corresponde y a sentirse culpable, pero hoy, aquí y ahora te decimos que los demás no pueden hacernos sentir culpables, ya que la culpabilidad sólo puede venir de nuestro interior. Además, hoy sabemos que las culpas no existen. Existen las causas.


Los siguientes, son algunos males y enfermedades que pueden manifestar los masoquistas: los dolores de espalda y la sensación de pesadez sobre los hombros son muy frecuentes, debido a la excesiva carga emocional que llevan. El dolor de espalda se debe principalmente a su sentimiento de falta de libertad. El dolor lumbar surge cuando se relaciona con lo material, y el dolor cervical, en el caso del campo afectivo.
También pueden padecer problemas respiratorios si se dejan abrumar por los problemas de otros. Los problemas de piernas y de pies, como várices, esguinces y fracturas son usuales. Debido a su temor a no poder moverse, con el tiempo atraen problemas físicos que les impiden movilizarse.
Es frecuente que padezcan enfermedades del hígado, porque tienden a “hacer mucha bilis” –dicen- a causa de los demás.
Los males de la garganta, anginas, laringitis son otros problemas que el masoquista enfrenta porque retiene en gran medida lo que quiere decir, especialmente lo que desea pedir. Mientras más dificultades tenga para darse cuenta de sus necesidades y expresar sus deseos, mayor será la probabilidad de que le aquejen problemas de la glándula tiroides.


Por otra parte, el hecho de no saber escuchar sus propias necesidades suele producirle irritaciones de la piel. Sabemos que la expresión: “Me irritó” significa “Tenía muchas ganas de”, pero el masoquista no se lo permite, pues le resultaría vergonzoso desear siquiera recibir bienestar.
Otro problema fisiológico que se observa en la persona masoquista, es el mal funcionamiento del páncreas, lo cual provoca baja de azúcar o hipoglucemia y diabetes. Estas enfermedades se manifiestan en quienes tienen dificultades para permitirse gustos, o en quienes lo hacen, pero se sienten por ello culpables o se dejan humillar.


El masoquista también es sensible a sufrir problemas cardiacos, porque no se ama lo suficiente. No cree tener la importancia necesaria como para agradarse. La región donde se ubica el corazón humano se relaciona directamente con la capacidad de agradarse, con la alegría de vivir.
Además, a causa de sus ideas sobre el sufrimiento no es raro ver que el masoquista deba someterse a diversas intervenciones quirúrgicas. Si te identificas –tu que escuchas- con uno o más de estos problemas físicos, significa que es probable que dichos problemas sean resultado del comportamiento de tu máscara de masoquista. Estas enfermedades pueden manifestarse también en las personas que portan otras máscaras, pero parecen ser más comunes en quienes sufren humillación.


En cuanto a la alimentación, el masoquista suele ser extremista. Puede comer con glotonería o no comer más que porciones pequeñas, para creer que no come mucho y no sentir vergüenza, sin embargo, come varias porciones pequeñas que a la larga son demasiadas.
Pertenece al grupo de los que comen de pie, cerca de la barra de la cocina por ejemplo, porque cree que no comió tanto por no haberse tomado el tiempo de sentarse a la mesa. ¿Sabes? Mientras más culpable se sienta una persona por haber comido mucho, más le engordarán los alimentos que coma.
Si alguien come mucho y no sube de peso, significa que su actitud interior y su manera de pensar son diferentes. En ciencia se dirá que tienen metabolismos diferentes, pero la psicología dice que aunque es muy cierto que las personas pueden tener un metabolismo y un sistema glandular diferentes, que afectan de forma distinta a su cuerpo, la actitud interior determina el tipo de metabolismo, de sistema glandular o de sistema digestivo que tiene o no una persona.
Por desgracia, el masoquista o persona que ha sufrido la herida de la humillación grandemente, se recompensa alimentándose, pues la comida es su tabla de salvación, su manera de gratificarse. A pesar de todo, no será bueno que se reproche este comportamiento, porque esto ocasionará más sentimiento de culpa y no logrará más que sentirse más humillado.


Será preferible aceptar el peso y trabajar la herida de la humillación reconociendo primeramente hasta qué punto se avergüenza de sí mismo o de otras personas y cuántas otras personas se han avergonzado de él, de ella. También necesitará darse cuenta de las numerosas ocasiones en que se humilla a sí mismo; es decir esas veces en las que se rebaja o se siente indigno, indigna, veces en las que se menosprecia, se dice a sí mismo, a sí misma, que no sirve para nada, que es un inútil, hiriendo cada vez más su interior, en lugar de comenzar a sanar su corazón herido con la ayuda de la gracia del Señor Dios.
El comenzar a mirar con objetividad las situaciones, el ser conciente de que en realidad los seres humanos vivimos dormidos, y generalmente actuamos desde el inconsciente herido, las actitudes de los demás, las palabras, no nos herirán tanto pues como dirá el Psicólogo Clínico y Fraile Franciscano Ignacio Larrañaga: “Relativizar, es salvarse”, es decir, dejar pasar las palabras hirientes, las actitudes ofensivas como quien mira pasar la más hermosa gaviota que se va……porque se comprende, porque se ama, pero esto se logra desde la fe adulta, esa que se cultiva en el silencio y la soledad con el Señor Dios en la intimidad del corazón, de rodillas, es decir, desde una actitud humilde y abierta. Fe adulta que crece y se fortalece en la Eucaristía, en la comunión con los demás y consigo mismo.


Así pues, no olvides que tus padres también sufren la herida de la humillación y de que ellos también la vivieron con sus padres. Al querer ser tu compasivo con tu madre, con tu padre y en general con todas aquellas personas que te humillaron, te será más fácil comprenderte a ti mismo, a ti misma, pues recuerda que la causa principal de una herida viene de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hace sufrir a otros. Y nos es difícil perdonarnos porque por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras más importante sea la herida de la humillación, al rebajarte o compararte con los demás, más te estarás humillando a ti mismo, a ti misma o que humillas a otras personas, al avergonzarte de ellos o tenerles resentimiento.


La psicología enseña que reprochamos a los demás lo que nos hacemos a nosotros mismos. Y no queremos reconocerlo. Por eso será necesario que seas sincero, sincera –tu que escuchas- y no escondas más la máscara de la herida de la humillación.
Por último déjanos decirte que el divorcio o la separación –por ejemplo- causada por una infidelidad de alguna de las dos partes o de las dos partes, causa en los demás miembros de la familia las cinco heridas que estamos analizando: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia.
Oh Señor Jesús, manso y humilde de corazón,