Otras causas que fracturan tu alma
Continuación de la herida de la traición
Continuación de la herida de la injusticia
Curación de las heridas y transformación de las máscaras
Continuación de la curación de las heridas y transformación de las máscaras
Otras causas que fracturan tu alma
Hoy vamos
a continuar escuchando otras causas que fracturan el alma de un niño,
de una niña limitando su desarrollo emocional, y muchas veces estas
heridas son el motivo de una terrible depresión en la edad adulta,
así que pon mucha atención y si quieres, puedes anotar lo que
más te impacte o te sirva.
Es probable, que por ser hijo o hija mayor se te haya exigido poner el ejemplo
a tus hermanos menores y sin importar la edad, se te hizo responsable de la
conducta de ellos. Con esto, las heridas que fracturaron el alma de tu pequeño,
es decir, de ese pequeño, de esa pequeña, contaminan al adulto
y lo hacen actuar con una tendencia o bien, perfeccionista o bien, desordenada,
desquiciada, dando cabida a la sensación de enojo permanente que en
ocasiones se manifiesta como brotes de ira que no se explican o que no tienen
explicación aparente o amenazas frecuentes de abandonar el trabajo,
a la familia, al compañero a la compañera, a los hijos y a todo
aquello que implique una responsabilidad.
También, el amor excesivo o sobre protector, deja una huella en el
alma del niño, de la niña, haciéndoles temerosos, inseguros,
rebeldes, agresivos o aislados y tímidos, además de convertirles
en frágiles emocionalmente hablando. Entre otros casos, por el sólo
hecho de ser mujer, se le pudo haber obligado a cuidar de los hermanos varones,
generando, además de una gran auto devaluación u odio por si
misma, ira y frustración inconscientes, que es posible que se convierta
en la incapacidad para establecer una relación profunda con una pareja
heterosexual o bien, una necesidad inconsciente de venganza o revancha contra
el sexo masculino, haciéndoles sentir a estos, incompetentes culpables
y devaluados ante cada oportunidad que les ofrezca la vida, haciendo de cada
encuentro y en cualquier circunstancia, una lucha de poder, una guerra abierta,
generando dolor, frustración y un intenso vacío y soledad inexplicables,
es decir, que no tiene explicación.
Otras formas de contaminación en las que surge el dolor del inconsciente
desde las fracturas del corazón de niño, se dan cuando se ha
experimentado en algún momento de la infancia, temor, angustia, que
se han acrecentado al no encontrar unos brazos que le hicieran sentir bien,
un alguien que le escuchara y le dijera de manera suave y dulce, que es normal
sentir miedo y angustia, independientemente de ser niño o niña.
Probablemente haya recibido gritos o regaños como: “cállate,
pareces vieja”, “las niñas lindas no lloran”, “si
sigues llorando te va a llevar el coco” y tantas frases más que
le hayan hecho sufrir el impacto de la soledad y de la incomprensión
y sobre todo, sentirse ridículo, ridícula raro, rara por sentir
y expresar emociones, lo que le obligó a tu niño, a tu niña
interior, a callar sus sentimientos y a hacer crecer su miedo a las emociones
que permanentemente fluían en su interior como en el de todo ser humano.
Tu pequeño, tu pequeña, también cargó con otra
ruptura del alma, la de aprender a reprimir o a evadir las emociones, preparándose
con ello para en la vida adulta, ser una persona co- dependiente: es decir,
que experimenta el impacto de la emoción, sólo a través
de otros –como es el caso de los familiares de alcohólicos y
drogadictos-; o bien, de los “ayuda adictos” es decir, esas personas
que siempre se encuentran en la necesidad de “salvar” a los demás,
de arreglar vidas ajenas, aún cuando la propia se encuentre desmoronada
y sin sentido, por un afán inconsciente de rescatarse a sí mismos.
Algunos niños, son protagonistas de un drama mayor, escucha bien: cuando
por sus labios brotaba risa cristalina y brincaban de alegría, les
hicieron sentir avergonzados e incluso ¡locos!. Tal vez les hicieron
sentirse culpables por el solo hecho de sentirse felices. Con ello, el adulto
con un niño herido en su interior de manera inconsciente, se programa
para ser infeliz; una y otra vez busca situaciones o relaciones que garanticen
un sufrimiento permanente, ¡sólo porque inconscientemente, tiene
miedo de ser feliz!
Otro caso es que pudo haberse obligado a tu niño a tu niña a
callar y disimular el enojo, la ira con frases como: “las niñas
buenas no se enojan”, “Diosito te va a castigar si le contestas
así a tu mamá”, “si eres un niño malo, ya
no te voy a querer y los reyes magos no te van a traer nada” haciéndole
sentir con esto que es malo sentir enojo o molestia. Tu niño, tu niña
es decir, tu, aprendiste a se “la niña buena” o “el
niño obediente de mamá” a reprimir y disfrazar estos sentimientos
con cara de “todo está bien”, aquí no pasa nada”,
aunque te encontraras experimentando un intenso sufrimiento y las emociones
encontradas que fluyen en el interior, cuando se es víctima de una
ofensa, de una falta de respeto, preparando a tu adulto de hoy a soportar
malos tratos, infidelidad y hasta golpes, sintiéndote imposibilitado,
imposibilitada para decir: ¡basta! Y lo más grave, siempre aparentando
ante los demás bienestar y felicidad, escondiendo bajo una máscara
el llanto desgarrador de un niño, de una niña que aprendió
a reprimir las emociones negativas por temor a saberse malo, mala y sentirse
rechazado, en lugar de aprender a encausarlas.
Cuando esta represión es tan brutal como cuando a tu pequeño
a tu pequeña, posiblemente le amarraron quizá a una cama o le
encerraron en un cuarto oscuro por una y mil excusas, la afectividad queda
tan dañada que se queda afectado por estos brotes de violencia y agresividad
al grado tal, que resulte fácil en esos momentos de inconsciencia dañar
e incluso herir y matar a otros o acabar con su propia vida o bien, involucrarse
con el mundo destructivo de las drogas, el alcohol y el “satanismo”
que le hace sentir mayor culpa y auto devaluación u odio contra sí
mismo, contra sí misma y contra los demás.
Todos estos ejemplos que hemos citado aquí, muy probablemente te han
hecho traer recuerdos de ese ayer olvidado “aparentemente” y mirar
a ese niño, a esa niña interior que vive en ti, como en todo
ser humano, ya que él, ella son la acumulación de todas las
experiencias de la niñez y tiene en sí mismo, en si misma todos
los sentimientos del mundo emocional pero que quedó atrapado, atrapada,
preso, presa en las profundidades de la inconsciencia, en un mundo de tinieblas
y oscuridad, mundo de confusión y división que aparece en tu
conciencia a través de pesadillas, sentimientos que no puedes explicar
de tristeza, nostalgia, ira, frustración, vacío etc, que te
llevan muchas veces a perder el control de tus emociones, a decir cosas que
quisieras callar, a gritar sin razón aparente y a volver a sentir una
y otra vez la culpa, al angustia, la soledad y el rechazo que en aquél
ayer viviste.
Y aquí no importa, qué eres hoy, o hasta qué grado de
estudios llegaste, o la edad, o los intentos que realizas por cambiar, porque
día con día se experimenta en el interior una vez más
el infierno conocido de un ayer que se hace hoy.
Es a través de ese niño interior lacerado, humillado, olvidado
y abandonado en la oscuridad y las tinieblas del subconsciente, que sentimientos
extraños invaden tus momentos actuales, para hacerte sentir que tu
no sirves, que no vales la pena, momentos que te hacen sentir ridículo,
ridícula, y torpe, haciéndote actuar de manera infantil inmadura,
dañándote a ti mismo, a ti misma y a los demás. Quizá
hoy, aquí y ahora, experimentas una gran nostalgia de amor verdadera,
nostalgia de una sincera mano amiga, deseos inmensos de ser mirado, mirada
desde unas entrañas puras, limpias, libres de egoísmo.
Este es el drama de nuestra existencia: el hecho de repetir patrones inconscientes,
agregando cada vez más, eslabones de dolor y amargura a la cadena de
esclavitud que me mantiene, te mantiene atado, atada al infierno interminable
de la inconsciencia. Esta es la verdadera causa de la pesadilla que estamos
viviendo como humanidad es decir, un niño lacerado, desvalido, atrapado
prisionero en un cuerpo de adulto.
No podemos caer en el fatalismo –aunque existen vidas así como
lo que hemos mencionado atrás- y no mencionar que posiblemente hubo
momentos maravillosos de tranquilidad, de paz que sin duda, vale la pena también
rescatar, para que desde la tierna mirada de un niño, de una niña,
sea posible enriquecer y transformar cada día de nuestra vida, de mi
hoy, de tu hoy, para volver a experimentar la frescura, la espontaneidad que
sólo un niño puede ofrecer, ya que si a todas las fracturas
que viven en nuestra alma le agregamos que nos tocó hacer nuestra aparición
en el escenario de la vida, en un siglo totalmente materialista, en el que
se ha descuidado e incluso ignorado la importancia de la vida emocional y
espiritual, entonces, nos encontramos ante la más intensa tragedia,
porque sencillamente, sin una nutrición emocional y espiritual adecuada
, nos encontramos como exiliados, como sacados de nosotros mismos, con un
gran vacío interior que nada nos puede llenar, con cuerpos de adulto,
pero al fin, inmaduros, adolescentes, carentes de sentido, desempeñando
la vida de padres, de hijos, de amigos, de hermanos, y sin embargo, en el
interior permanece instalado un niño pequeño temeroso, inseguro,
tal vez con temor a hacer el ridículo porque alguna vez en ese ayer
que se perdió en los recuerdos fue comparado, ridiculizado frente a
los demás. Hoy, aquí y ahora, tu inconsciente aún se
encuentra lleno de ira, de rabia, de impotencia porque fue testigo de violencia
o quizá fue directamente agredido, golpeado por lo que en ocasiones
tienes brotes inexplicables de ira.
Hoy, aquí y ahora, dale gracias al señor Dios, que no quieres
más ignorar a ese niño que llevas dentro, no quieres ignorar
más a esa niña herida, lastimada en lo más profundo del
ser, pues ignorar esto, te conduciría a sentimientos atropellados,
que eres agredido, agredida por medio mundo y otra vez a pensar que te hacen
menos, que todo lo que se dice y se hace, es en contra tuya, a ofrecer respuestas
tontas y absurdas cuando te sientes presionado, presionada, s sentir envidia
de todo y de todos por el temor inconsciente de ser desplazado desplazada.
A vivir siempre de espaldas a la vida, transitando por caminos que no son
los tuyos, reproduciendo carencia, enfermedad, sufrimiento, infinita tristeza.
Hoy, aquí y ahora, ya no ignoras, que no son las circunstancias actuales
las que te afectan, sino los recuerdos inconsciente que están allá
en el alma rota de ese niño, de esa niña que llora en tu interior.
Cuando se trata de callar la realidad, aún queriendo entregar lo mejor
de mi, de ti es decir, de nosotros mismos, me siento, te sientes imposibilitado,
imposibilitada incluso, de decir, ¡Te amo!, y me resulta, te resulta
más fácil platicar con la mascota o con el amigo imaginario.
¡Cuántos casos!...
Habiendo sido abandonados por algún ser querido en alguna etapa de
nuestra infancia, nos programamos inconscientemente para ser abandonados de
nuevo o para abandonar a quien más amamos, aún cuando este abandono
sea sólo de manera emocional, pues resulta imposible brindar lo que
no se ha recibido, a menos de que logre, de que logres con la ayuda de tu
Salvador y Dios Jesús, rescatar a ese pequeño, a esa pequeña
que llevas hospedado hospedada en el corazón, para brindarle a partir
de hoy y a cada momento, todo el amor y la ternura que hubiésemos querido
recibir en aquél ayer.
Ahora, hoy, aquí, ya sabes quién es tu niño, tu niña
interior: eres tu mismo, en un ayer distante, perdido y olvidado en la parte
más oscura de la inconsciencia, experimentando constantemente miedo,
dolor, desamor, culpa, y muchas emociones más que te han robado hasta
el deseo de soñar y sin darte cuenta has enterrado anhelos y has olvidado
el ideal de vivir, entre lágrimas de vergüenza y soledad. Sí,
ese niño herido, esa niña lacerada, ¡eres tu! que escuchas.¿Ahora
comprendes el por qué de tu división interior, de esa lucha
entre querer ser feliz y no poder, entre querer experimentar unidad y entrar
en el Reino de la Paz y sentirte como jaloneado y dividido en mil pedazos?.
Ahora, comprendes de esa nostalgia inexplicable….es porque una parte
de ti se encuentra perdida en tu túnel oscuro que te obliga a experimentar
miedo, angustia y soledad sin aparente razón. ¡Cuánto
tiempo llevas callando la desesperación que late en tu corazón…¿No
crees que hoy es tiempo de emprender la aventura fascinante de tu liberación
interior al rescatar esa parte de ti?, pues prepárate a emprender ese
viaje interior maravilloso, hacia las profundidades del inconsciente,. Te
recordamos a ti que escuchas, que en este recorrido por tu ayer, no estás
solo, sola, no. JESUS es contigo. Jesús está vivo allá
en lo profundo de tu corazón, de tu profundidad y te espera al mismo
tiempo ahí, en tu subconsciente, para que mirando frente a frente,
cara a cara, desde ese amor infinito que te tiene, esas heridas que más
te marcaron, comience en ti, un verdadero proceso de sanación interior.
MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS
Así que en una actitud orante, dejando todo lo que tengas en tus manos
para descansar tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si
puedes, tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento.
Ve soltando todo lo que esté tenso desde la punta de tu cabeza hasta
la punta de tus pies…..
Y en fe adulta, abriéndote al amor inmenso del Padre Dios, ábrele
las puertas de tu interioridad, de tu subconsciente en donde se encuentra
ese pequeño herido, esa pequeña herida….. y hoy, aquí
y ahora, desde esa Presencia maravillosa de Dios en ti, y sabiendo que ese
pequeño, esa pequeña eres tu que escuchas, con mucha ternura,
cruza tus brazos sobre tu pecho y comienza a decir allá en tu interior,
no con tu boca sino en silencio:
Bebito mío, bebita mía, pedacito de mi, hoy, quiero recordarte
que tú eres la criatura más amada de Dios, déjame decirte
que formas parte de un proyecto divino, al cual lo caracteriza el orden, la
belleza y la armonía. El universo del que formas parte, está
lleno de riqueza infinita, abundancia y generosidad a raudales….
En ti mismo, mi chiquito, mi chiquita, el Señor Dios, ha grabado genéticamente
la clave para generar abundancia a través tuyo, porque en ti ha depositado
la semilla de su Reino de amor, de perdón, de fidelidad, de mansedumbre,
de humildad, de alegría verdadera, de dominio de sí, de luz,
de amor. Tu fuiste depositado con un amor infinito y esperado, esperada, desde
toda la eternidad, para ser grande interiormente, para ser feliz, para ser
un hermoso hijo de Dios, una hermosa hija de Dios.
Fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo
del amor de Dios. Sí, fuiste creado, creada con el único propósito
de ser un reflejo del amor de Dios, pues la fuente generadora de la verdadera
vida, está en ti…te habita, allá en el corazón…Dios
te habita. El es la fuente de amor, de riqueza que late y palpita, que te
cuida, te protege, te hace crecer, te madura, te abraza, te acaricia con su
más suave toque de profundidad, de respeto absoluto….Oh, mi niño,
mi niña, con toda confianza acepta esto que te voy a asegurar: aleja
de ti para siempre, la sensación de que careces de aceptación
y entrégale ahora mismo a Dios, tu Padre quien te cuida inigualablemente
como ninguna madre lo ha hecho jamás, la sensación de que no
vales nada, que te ha acompañado a lo largo de toda la existencia.
Hoy, aquí y ahora, deja que el amor de Dios, marque con su Fuego Divino
la seguridad, la certeza de que eres inmensamente amado, amada, inmensamente
rico, rica, porque sencillamente, lo tienes a Él en ti.
Cuando dudes de esto, mi pequeño, mi pequeña, nada más
abre el infinito abanico de la fe adulta que posees en tu alma y que te ofrece
certeza, seguridad, confianza, júbilo, alegría, madurez en Dios.
Hoy, reconoce, que el manto estrellado del cielo oscuro, es el techo de tu
hogar y que en tu esencia está grabado el potencial de la vida y la
fuente misma de la eternidad que es la Presencia constante de tu Señor
y Dios, en tu corazón. NUNCA HAS ESTADO SOLO, SOLA. No. Hoy, aquí
y ahora oh mi amado niño, mi amada niña, acepta que con la ayuda
de la gracia divina, es posible realizar cada sueño por alto y difícil
que parezca. Tú puedes hacer que crezca la riqueza y abundancia en
el amor, en la paz, en la alegría, en la solidaridad, porque estos
son algunos de los dones de entre tantos otros que desde el principio del
tiempo te otorgó el Creador, así que mi niño, mi niña,
recobra la confianza en Dios, en ti mismo, en ti misma, en la vida, en los
demás. Y dejándote amar por Él, permanece abierto, abierta
a ese abrazo divino, abrazo sanador, liberador, enriquecedor. Déjate
sanar por Él, que sabe lo que ocurrió cuando por su infinito
amor, se realizó el milagro de la vida en ti y fuiste depositado, depositada
en el vientre de tu madre….. Déjate inundar de su luz, de su
sanidad, de su santidad.
Mi bebé hermoso, hermosa, hoy necesitas comprender que el alma de un
niño, dentro de un ambiente familiar inmaduro, violento, hace que se
reprima la ira en el subconsciente, ira por cierto, que de adulto se manifestará
siendo agresivo, agresiva, violento, violenta, o también será
un adulto, sobre protector y sumiso, callado, sin decir nada más, pero
que estará generando lo contrario a la confianza y a la paz que es
el temor y la angustia, teniendo la tendencia a discutir sin motivo o razón
o callando, disimulando las propias necesidades y emociones, por el temor
de provocar disgustos, gritos, o golpes.
Mi niño amado, mi niña amada, en este momento, si hay algún
recuerdo doloroso que puedas traer a la memoria cuando estabas en el vientre
materno, tráelo, no para angustiarte y llenarte de terror, no, sino
para reconocerlo, para identificarlo y para mirar si es ese recuerdo el que
te hace reaccionar como hasta hoy reaccionas y no te deja ser libre interiormente.
No tengas miedo, pues al fin de cuentas, estás en las Manos de tu Padre
Dios, y de la mano de Jesús. Mira como Él, comienza a derramar
su inmenso amor, su infinita ternura, su poder y poco a poco, lo que entonces
fue doloroso, comienza a desaparecer, para transformarse en perdón,
en compasión, en comprensión, en dulzura….experimenta
como tu ser se va llenando de amor incomparable, de amor verdadero…..
Mi niño precioso, mi niña preciosa, ahora, trae a tu memoria
a papá, a mamá, si es que los conociste….y si no y aunque
ya no vivan, revive su recuerdo, su presencia y comienza por decirle a papá:
Papi, hoy se que tu también recibiste heridas, heridas muy grandes
que no fueron sanadas, que te causaron mucho, pero mucho dolor y por eso tuviste
una manera de ser que no escogiste….hoy te comprendo papi. Hoy necesito
decirte que te amo, que te comprendo y porque te comprendo puedo decirte que
te perdono. Papá, déjame darte un abrazo, el abrazo que siempre
necesité darte pero que no me atrevía por temor, temor a muchas
cosas, a ser rechazado, humillado, abusado, pero hoy, desde el poder de Dios,
siento su amor en ti, siento su ternura en ti, toda la ternura que depositó
en ti para mi. Gracias papi, por el don de la vida, porque tu fuiste el instrumento
por el que Dios me llamó a la vida. Gracias……(Quédate
en fe adulta, abrazando a tu padre y dejándote abrazar por él).
Ahora dile a tu mami: mamita: hoy, gracias a Jesús que me ha revelado
el infinito amor que Dios me tiene, puedo comprender que sufrías mami,
sufrías mucho cuando yo estuve en tu vientre…cómo me hubiera
gustado poder haberte consolado desde entonces, pero hoy, aquí y ahora,
necesito y quiero abrazarte fuerte, muy fuerte y necesito y quiero que me
abraces tu también. Se que poco es lo que escogemos en esta vida….y
mucho lo que nos viene porque al obrar inconscientemente y no consciente,
es decir, cuando no somos responsables de nuestros actos, de nuestras actitudes,
podemos herirnos mucho. Mami, hoy se que en el infinito amor del Señor
, me amabas y me amas aún sin tu saberlo realmente, porque así
como en mi habita el amor verdadero, así también en ti, vive
y habita Dios, para siempre. Mami, hoy, con todo el Poder del amor de Dios
te digo: te comprendo, te amo, te perdono, porque hoy se que no existen las
culpas, sino las causas, y fue por alguna causa tu manera de ser, tus reacciones
motivadas por el miedo, por la angustia, por la ira que se tradujo en depresión.
Mami, mami, te amo. Hoy necesito darte las gracias por ser el instrumento
por el que el Señor Dios me llamó a la vida. Gracias. (Quédate
en fe adulta, abrazando a tu madre y dejándote abrazar por ella).
Ahora, mira como Jesús, derrama bendición sobre tus padres,
aún cuando ya hayan muerto o que no sepas en dónde se encuentra
alguno de ellos, o los dos….mira cómo derrama bendición
sobre ti….
Permanece abrazándote…. y dándote mucho amor. Permanece
abrazando en la fe, a Jesús que está contigo, que te es fiel……y
si tienes algún defecto físico causado por una y mil causas
durante el embarazo, si tienes alguna enfermedad que te limita o te hace inválido
como parálisis cerebral, o alguna enfermedad mental como esquizofrenia
o psicosis, o depresión bipolar o depresión endógena,
aquella que es producida por el mal funcionamiento de tus glándulas
endocrinas, dite en tu interior: Para mi, no existe defecto o limitación
alguna pues al ser parte de mi propia esencia que es Dios, me es permitido
traspasar el umbral del terreno exclusivamente material y físico. Puedo
hoy, aquí y ahora, querido bebé, percibe en tu alma y en tu
espíritu la nobleza, la perfección y la belleza del Creador.
De hecho ahora así como adulto como adulta que ya eres, si eres el
progenitor de un hijo afectado por esas circunstancias que hemos mencionado
o por alguna otra que tu sabes y la culpa te recrimina despiadadamente por
el rechazo que frecuentemente le has dado inconscientemente, en estos momentos
en que comienzas a cobrar conciencia, desde la generosidad del Señor,
de la misma manera que estás siendo generoso, generosa con quienes
laceraron tu alma de niño, de niña, mira en tu interior a ese
hijo a esa hija y abrázale como nunca lo has hecho, abrázale
como lo hace hoy contigo el Señor Dios…..Mira su sonrisa en su
rostro y siente la paz en su corazón, y hoy mismo, cuando él
o ella se encuentren durmiendo, dile a ser posible diario al oído cuánto
le amas. También manifiéstaselo durante el día.
Tu que escuchas, sabes ya que eres ese niño, esa niña que hoy
comienza decididamente el camino hacia la liberación interior. Sabes
que este proceso durará toda la vida en medio de luchas, de nuevas
heridas, de heridas que van sanando. Hoy aquí y ahora sabes que Dios
te ama con locura y que nunca ha querido el mal para ti y que si el mal existe
no es creación de Él, sino del ser humano herido. Prepárate
pues, para derramar sobre un papel, toda tu historia doliente, la historia
de quien es realmente una joya preciosa en las manos de Dios pero que necesita
ser pulida para brillar cada momento más, brillar tanto que ese brillo
llegue a los corazones más solos, más deprimidos, más
desesperados. Así que poco a poco, ve disponiéndote a entregarle
una por una de esas heridas que ya han comenzado a sanar, pero que necesitas
recordar para mirarlas de frente, sin miedo, sin angustia, sino desde la fe,
aceptarlas con paz, desde la luz sanadora de Dios, deseando que el perdón
que es cien por ciento liberador y sanador, te abra la puerta de la libertad
interior, porque el perdón es la puerta al amor, es lo que te lleva
a la paz, es lo que te hace, hijo, hija de Dios.
LA HERIDA DEL RECHAZO
Continuamos este tema sobre el valor del perdón diciéndote que
ahora que comprendes la magnitud, la importancia del daño causado en
aquél entonces en tu alma infantil y que grabó en la parte subconsciente
de tu mente, en la parte obscura, una manera de ser es decir, un patrón
de conducta que con el tiempo ha venido a multiplicarse, pareciéndote
casi imposible de cambiar, de remodelar, de hacerse nueva, de ser libre, haciéndote
reaccionar duro, dura, o como dirán algunos, algunas, implacable, indomable,
incambiable, pues cuántas veces, nos etiquetamos entre unos y otros
y decimos o nos dicen:
“Eres caso perdido, ¿cambiar?, tu no vas a cambiar nunca”.
Tu eres problemático, problemática”. “Eres un enojón,
una enojona”. “Eres igualito a tu familia, a tu padre, a tu madre””
vienes de una familia problemática, de una relación conflictiva”.
“No, ni se junten con este con esta porque es esto y esto otro”,
pues ahora que conoces que has tenido la necesidad de enfrentar situaciones
que exigen de ti una actitud madura y equilibrada y sin embargo has parecido
un huracán furioso, sabes hoy que esa manera de ser que primeramente
a ti no te gusta porque en nada te ayuda a amarte primero a ti y luego a los
demás, sencillamente, es ira reprimida, miedo y angustia de tu niño
interior que se manifiesta una y otra vez desde las profundidades de la inconsciencia,
en situaciones similares, parecidas a las de aquel ayer distante e incomprensible
para ti.
¿Sabes?. Es necesario que tomes conciencia, que no existen las familias
conflictivas, las relaciones conflictivas, las personas adultas o jóvenes
o niños conflictivos, no. Y en cambio, sí existen muchas causas,
heridas que dejan huellas, secuelas que van haciendo del ser humano un hombre,
una mujer complejo y que también causan –estas heridas- hasta
enfermedades mentales como la neurosis, la psicosis, la depresión circunstancial
y enfermedades físicas como el cáncer, la diabetes, hipoglucemia,
alergias, enfermedades del estómago, depresión suicida, miopía,
histeria, enfermedades raras, incurables, enfermedades del corazón,
de los huesos, enfermedad de control del peso y de pérdida de control
etc…por mencionar sólo algunas de ellas.
Muchas personas no comprenden por qué este o este otro ser humano no
les cae bien aunque sea la primera vez que le miran en su vida. Muchas veces
tu y yo, no sabemos realmente por qué me molesto, por qué te
molestas sin razón aparente ante determinadas palabras, que alguien
nos dijo, o ante actitudes de este o de aquel o circunstancias de las vida
que inconscientemente nos recuerdan los momentos más doloroso de nuestra
infancia.
Si supiéramos comprendernos….si supiéramos comprender
a los demás. Si miráramos el niño, la niña herida
de cada ser humano….si nos ocupáramos en recuperar nuestro niño,
nuestra niña interior para ser sanados por el único que conoce
realmente el corazón del hombre: Jesús, nuestro Único
Salvador….
El me invita, te invita a hacerte nuevamente un niño es decir, me invita,
te invita a entrar en esa dinámica transformante de su Amor. Me invita,
te invita a dejarte hacer de nuevo, a re-comenzar el camino y para comenzar,
su Palabra nos llama hoy, aquí y ahora, a no juzgarnos entre unos y
otros. Nos invita a no etiquetarnos. Nos invita a romper la cadena del desamor,
de las críticas, de los comentarios, de las suposiciones, del respetar
como santuario sagrado, el subconsciente y el conciente de los demás,
para poder entrar en el Reino inmaculado del Perdón, de la Dulzura,
de la Mansedumbre, de la Humildad, de la Paz, de la Misericordia, de la Compasión,
del verdadero Amor.
El Señor Jesús en el evangelio de Mateo 7, 1-5 nos dice a ti
y a mi hoy, lo siguiente: “En aquél tiempo, Jesús dijo
a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque
así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los
medirán. ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano
y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?. ¿Con qué
cara le dices a tu hermano: Déjame quitarte la paja que llevas en el
ojo, cuando tú llevas una viga en el tuyo?. ¡Hipócrita!.
Sácate primero la viga que tienes en el ojo y luego podrás ver
bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.
Hoy, aquí y ahora podría decirnos también: La vida es
una lucha constante, sí, pero nunca contra ninguna persona sino contra
el mal causado por la ceguera interior, causado por un subconsciente herido.
Nunca podrás llegar a ser feliz, aplastando a los demás, humillándoles,
abandonándoles, golpeándoles, abusando de ellos, jugando para
que entren en tu juego psicológico lleno de inmadurez, tejiendo una
telaraña para que caigan rendidos, rendidas a tus pies, profanando
constantemente su santuario interior y exterior, no. Sólo la gracia
te hará libre, sólo la humildad te librará, te libertará,
pues quien es humilde, acepta que él mismo, ella misma pueden equivocarse
y que otros puedan equivocarse, puedan herir porque a su vez sangran, y nadie
puede dar la vida si primero no tiene la vida en sí mismo, por eso
estoy aquí, nos dice el Señor , para darte mi Vida, la vida
verdadera…..
Hay cinco heridas entre tantas más que nos marcan enormemente. Estas
son, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y
la injusticia, pero veámoslas más de cerca: El rechazo, es una
herida que se marca profundamente en la afectividad de quien la sufre, el
bebé que ha sido rechazado, seguirá experimentándose
así por todos los días de su vida, a menos que alguien lo colme
de amor paciente y decimos amor paciente, porque esa persona que brinda amor
necesitará comprender que no es fácil hacer creer a alguien
que ha sido rechazado, que ahora es amado, a menos que con infinita paciencia
estimule la capacidad de confianza, de auto-valoración, pues generalmente,
una persona que ha sufrido rechazo, no se cree merecedora de amor. Por más
que le digan que es querida, mientras no sane la herida del rechazo, seguirá
respirando por ella, por medio de la inseguridad en sí mismo, en que
no es nadie, en que sería mejor, no haber nacido.
Traigamos a cuento las exclamaciones que muchas veces escuchamos cuando hemos
encontrado a mamás embarazadas: “fue el pilón, fue un
descuido, fue un colado”, “tengo mucha depresión y encima
llegará este bebé” o” simplemente, fue un accidente”
o también “uno más” , luego cuando comienzas a ir
a la escuela –si es que tuviste la oportunidad- recibes frases como:
eres un chaparro, mira qué pelo más lacio, qué ojotes
tienes, mira qué nariz más grande, qué feas piernas,
que posaderas más grandes, qué gordo, gorda eres, qué
voz más fastidiosa etc…. Y luego, cuando llegas a adolescente
y tu forma de ser tiene todo menos forma es decir que estás carente,
adoleces de seguridad, de sabor por la vida es decir, careces de sabiduría
de vivir y cuando eres un adulto joven, cómo te hubiese gustado tener
a alguien que te amara realmente así como eres, pero a veces entre
la misma familia se escuchan frases como: es una inestable, es un indeciso…..pero
acaso, los que formulan esas sentencias, ¿serán muy maduros?,
¿conocerán lo que es el verdadero amor? ¿no hablarán
así, porque proyectan sus propias heridas?
¿Sabes?, desde el momento en que el ser humano, el bebé comienza
a ser rechazado, comienza a crear una máscara de huida y la máscara
precisamente será para evitar sufrir el rechazo. Y esta máscara
huidiza, se reconoce hasta físicamente en el cuerpo huidizo es decir,
es como si quisiera desaparecer, como si intentara toda la vida no ocupar
demasiado lugar. El que huye es aquél, aquella que duda de su derecho
a existir. Cuando estás ante alguien con un cuerpo de condición
bajita de estatura o posiblemente deforme, que habría de producirte
un gran amor, con toda certeza estás ante una persona que sufre una
gran herida de rechazo. Llevar una máscara significa que ya no es uno
mismo porque adoptamos una actitud muy bien elaborada desde muy jóvenes,
creyendo que esta actitud nos protegerá. Cuando un niño en vías
de crearse una máscara de huidizo, porque se siente rechazado, rechazada,
vivirá con más frecuencia, en un mundo imaginario. Esta es la
razón por la cual a menudo, será un niño prudente y tranquilo
–entre comillas- que no causará problemas ni hará ruido,
ya que se divierte sólo en su mundo imaginario, construyendo castillos
fantásticos.
Puede ser el clásico niño que tras saberse rechazado, le encanta
ir a la escuela, o no puede estar sin salir a la calle, porque es mejor que
estar en su casa. También está el caso del niño, cuyo
cuerpo es más pequeño que el normal y con frecuencia tiene la
apariencia de ser muy frágil. La madre le protege en exceso y el niño,
la niña escucha muy seguido que es demasiado pequeño, demasiada
pequeña para esto o para aquello y lo cree, a tal punto de que su cuerpo
permanece pequeño. Para él, o ella, ser amado, se transformará
entonces, en “sentirse sofocado” y más adelante, su reacción
ante quien lo ame, consistirá en rechazar o huir porque se sentirá
asfixiado.
El niño sobreprotegido se percibe a sí mismo rechazado porque
no se siente aceptado por lo que es y para tratar de compensar su pequeñez,
los demás suelen intentar hacer y pensar todo por él y en lugar
de sentirse amado, amada en estas circunstancias, se siente rechazado de sus
capacidades.
Si tu que escuchas, eres padre o madre de familia, medita en esto que vas
a escuchar. La madre, tiene la misión de enseñarnos a amar,
a amarnos, tiene la misión de darnos amor y el padre, nos enseña
a dejarnos amar y a recibir amor…..será esto una realidad en
mi…..en ti….?
Cuando se es pequeño y alguno de los dos padres nos ha herido, entonces
al no aceptar sea a papá o a mamá quien haya contribuido a causar
la herida, , es normal tomar la decisión de no tomarle como modelo
y entonces se buscarán reemplazos: buscará a otros a otras en
los y en las que creerá encontrar lo que nunca encontró en su
padre, en su madre…..y posiblemente lo haga de manera equivocada y con
una visión distorsionada.
Piensa si tu has sido herido, herida pot rechazo. Una persona que de pequeña
fue rechazada, se considera sin valor y por eso dirá: Yo no valgo nada;
los demás son más interesantes que yo”. La persona huidiza,
por lo general tiene pocos amigos en la escuela, al igual que le sucederá
más adelante en su empleo. Se le tiene por solitaria y se le deja sola.
De esta forma, se coloca su máscara de huidiza para no sufrir cuando
se siente rechazada y se aleja de la gente a tal grado que se vuelve imperceptible.
Cada vez que se encuentra más solo y también cada vez se da
a sí mismo más motivos para sentirse rechazada.
Hay personas que llevan en su subconsciente grabada la herida del rechazo
a tal grado, de que se las arreglan para hablar poco. Si decide hablar mucho,
lo hará para intentar infundirse valor y sus palabras parecerán
altaneras ante los demás. La persona que de pequeña ha sido
rechazada, es la más propensa a odiar, pero tu que escuchas este mensaje,
ya sabes que gracias a Jesús tu único Salvador, es posible amar,
es posible, perdonar, es posible ser una nueva criatura, es posible vivir
en paz. La persona que sufre rechazo, busca sin cesar el amor del progenitor
del mismo sexo y en ocasiones, transfiere su búsqueda hacia otras personas
del mismo sexo también. Este ser humano que recibió la herida
del rechazo, no se percibe, no se experimenta, no se mira como un individuo
completo, porque no ha conquistado el amor del progenitor del cual recibió
la herida y es muy sensible al mínimo comentario que venga de él
es decir, que se siente fácilmente rechazado. De ahí que existan
muchas personas rencorosas, y algunas lleguen hasta el odio, porque su sufrimiento
es verdaderamente intenso. Por eso, un gran amor que se vive con desilusión,
se transforma en odio. Cuando se pasa de una fase de gran amor hacia otra
de gran odio, está indicando un enorme sufrimiento interior.
El hijo o la hija del progenitor del sexo opuesto, tiende a rechazarlo y por
ello limita sus actos o sus palabras hacia él, hacia ella según
sea el caso. Si vive una experiencia de rechazo con el progenitor sea el padre
o la madre o con cualquier otra persona del sexo opuesto, se acusa a sí
mismo de esta situación y se rechaza, diciéndose que es su culpa,
que el otro, o la otra le haya rechazado. Si tu que escuchas, sabes en tu
interior que has recibido la herida de rechazo, será muy importante
aceptarla desde la fe, abrazándote a Jesús, entregándosela
una y otra vez, y dejando que Él sane y te cure todo tu sufrimiento
aún si actualmente, tu padre o tu madre te rechaza, porque si continúas
rechazándote a ti mismo, a ti misma, mayor temor, mayor miedo seguirás
engendrando y tendrás de que te rechacen los demás porque constantemente
te dices a ti mismo: es que no valgo nada. Una persona herida por rechazo,
con frecuencia se compara con quienes son mejores que ella y prefiere no darse
cuenta de que puede ser mejor que cualquiera en muchos campos e incluso le
es difícil creer que alguien más pueda elegirlo como amigo,
como pareja, que las personas realmente puedan amarle y cree imposible que
Dios, le ame sin condenarle. De hecho, cuando es elegido, no puede creer y
se rechaza a sí mismo.
Una persona que venía de una familia en donde había varios hijos
decía que su padre, nunca lo escogía para nada, y por ello deducía
enseguida que los demás eran mejores que él, así que
no era nada raro que él pensara que sus palabras y sus acciones, carecían
de valor. De hecho, cuando recibe demasiada atención, pierde la cabeza
y teme ocupar demasiado lugar. Si ocupa mucho lugar, cree que molesta y ser
molesta significa para él, ser rechazado por la o las personas a quienes
molesta o cree molestar. Aún en el vientre de su madre, el bebé
rechazado, ocupa muy poco lugar. Cuando una persona que ha sido rechazada,
está hablando ante alguien y este le quita la palabra, su reacción
inmediata es pensar que esto sucedió porque no es importante lo que
dice y así, deja de hablar, así, sin más. A una persona
herida por rechazo, le cuesta expresar su opinión cuando no es solicitada
porque considera que los demás se sentirán confrontados con
sus juicios y por tanto, lo rechazarán. Si desea pedir algo, a alguien
y esa persona está ocupada, lo dejará así y no dirá
nada. Sabe lo que quiere, pero no se atreve a exigir pues cree que no es lo
suficientemente importante como para molestar a los demás. Cuántas
personas al pedir algo lo hacen entre dientes y al no escucharles y preguntarles
qué dijiste responden ¡Nada!, olvídalo!
Hay adolescentes que dejaron de confiar en sus madres, por temor a no ser
comprendidas porque creen que ser entendidos por los demás es lo mismo
que ser amados, pero se puede entender una situación y no amar al que
está pasando por aquello, en cambio, amar es aceptar al otro así
como es, tal cual, , aún cuando no se entienda, aunque no se comprenda
exactamente el por qué de sus reacciones, el por qué de su manera
de ser. Pues a causa de esta forma de pensar, algunos adolescentes se vuelven
evasivos cuando hablan, intentan huir del tema al mismo tiempo que temen comenzar
otro. Si el que huye es un varón, vivirá la misma situación
con su padre y con otros hombres.
Otra característica de la persona que ha sido rechazada, es la de buscar
la perfección en todo lo que hace, ya que cree inconscientemente, que
si comete algún error, será juzgado por ello, pues para ella
ser juzgada, es ser rechazada. Como no cree en la perfección de su
ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace.
Por desgracia confunde el “ser” con el “hacer”. De
hecho, su búsqueda de la perfección puede llegar a volverse
una obsesión. Deseará a tal punto “hacer” todo a
la perfección que cualquier trabajo o tarea le tomará más
tiempo del necesario y de este modo atraerá hacia sí, otras
situaciones de rechazo por parte de los demás. Los fetos rechazados,
abandonados, aún en el vientre de su madre, siempre intentarán
ocultarse, de ahí que en algunos ultrasonidos la respuesta sea esa,
querer desaparecer. Una persona abandonada, rechazada, se paraliza inconscientemente
ante situaciones similares o ante personas de su mismo sexo sobre todo ante
aquellas que le recuerdan a su padre o su madre que causó la herida.
Su lenguaje es parecido a este: “Me da pánico dejar de fumar”
–por ejemplo- pues la persona que no tiene esa herida, simplemente diría
que le será difícil dejar de fumar.
¿Sabías que nuestro subconsciente hace todo lo posible para
que no percibamos nuestras heridas?, y ¿sabes por qué?, porque
inconscientemente le hemos ordenado que así lo haga. Es tal nuestro
miedo a revivir el dolor asociado a cada herida como veremos en los casetes
siguientes, que por cualquier medio, evitamos confesarnos a nosotros mismos
que si vivimos el rechazo, es precisamente porque nosotros mismos nos rechazamos.
Escucha esto muy bien, para que puedas comenzar a amarte profundamente y no
continúes rechazándote más: Quienes nos rechazan, están
en nuestra vida para mostrarnos hasta qué grado nos seguimos rechazando
a nosotros mismos, en lugar de tomar el toro por los cuernos es decir, en
lugar de darnos un toque de atención, en lugar de despertar del sueño
del subconsciente y con el poder del Señor Dios, con la gracia del
infinito amor que nos ha tenido el Padre, con la sangre sanadora de Nuestro
Señor Jesucristo, reconocer que somos, que soy, que eres, digno, digna
de un gran amor y que tu que escuchas, eres el primero, la primera que tiene
qué dártelo porque ya desde toda la eternidad, antes de que
fueras creado, creada, tu ser ha sido acogido y bañado por el amor
de Dios.
También será importante que sepas que las heridas de la vida,
afectan la manera en que nos alimentamos. El ser humano alimenta su cuerpo
físico de la misma forma que lo hace con su interior. Generalmente
el que huye porque fue rechazado, prefiere porciones pequeñas y por
lo general pierde el apetito cuando siente temor o cuando vive emociones intensas.
De hecho quien ha sido rechazado, es quien más predisposición
tiene a sufrir anorexia. Una persona anoréxica es aquél, aquella
que casi no se alimenta, porque se considera obeso, gordo, cuando en realidad
es delgado, delgada, pero es una manera de intentar desaparecer. Cuando por
el contrario, come sin medirse, significa que está intentando huir
mediante la comida. También eligen huir a través del alcohol
el cigarro o la droga.
Las heridas, nos impiden pues, ser nosotros mismos, unos seres humanos hermosos,
creados para la bondad, la belleza en la sencillez, en la simplicidad de vida,
creados para la paz, la solidaridad y el amor. Así que estas heridas
acaban por crear un bloqueo y nos provocan enfermedades y malestares específicos
según es nuestra actitud interior por ejemplo, se sufre de diarreas
frecuentes, porque su cuerpo rechaza los alimentos antes de que los pudiera
asimilar adecuadamente de la misma manera que se rechaza a sí mismo
o rechaza rápidamente cualquier situación que pudiera beneficiarle.
Algunas personas padecen arritmias que es una irregularidad en la frecuencia
o pulso cardíaco. Cuando su corazón comienza a latir a un ritmo
desmedido, tiene la impresión de que se le sale del pecho, que desea
escapar. Esta es otra forma de querer huir de una situación difícil.
Mencionamos anteriormente que la herida de rechazo produce tanto daño,
que resulta del todo normal que el huidizo, odie a su progenitor del mismo
sexo y lo acuse de haberle hecho sufrir durante su infancia. Estas personas
pueden sufrir enfermedades que se relacionan con el rencor o el odio como
el cáncer, después del dolor que ha experimentado en el abandono
o aislamiento. Pero, cuando una persona logra admitir que siente resentimiento
hacia su padre o su madre, y desea de corazón transformar todo ese
odio en amor, en perdón, en capacidad de comprensión, en dulzura,
en misericordia, en amor, será liberado el dolor y podrá comenzar
un proceso de sanación integral.
Hay personas marcadas con le herida del rechazo que llegan a decir, que en
su vida no pasa nada, que todo está bien, que su familia está
integrada por personas en las que nunca ha habido ningún conflicto….¿sabes?,
estas personas están huyendo, porque no desean reconocer que guardan
resentimiento, porque admitir su rencor, equivaldría a admitir que
son personas heridas a su vez, también, víctimas hijos de víctimas.
Un pequeño rechazado, no se da el derecho a ser niño. Madura
rápidamente, creyendo que así se le rechazará menos.
Es por eso que su cuerpo o una parte de él sea infantil. El cáncer
indica que no se permitió a si mismo, sufrir cuando era niño.
Hay otros males como los problemas respiratorios sobre todo, cuando sienten
pánico. Es propenso a las alergias, las cuales reflejan el rechazo
que vive asociado a algunos alimentos o sustancias, al polvo, al sol, etc.
También puede recurrir al vómito para eliminar los alimentos
que acaba de ingerir con el objeto de indicar su rechazo hacia una persona
o una situación determinada. Hemos escuchado expresarse a dos o tres
jóvenes así: “Deseaba vomitar a mi madre o a mi padre.
Otra forma de vomitar a una persona o a alguna situación es decir:
“Me repugnas” o “cómo me repugna eso”.
La persona rechazada, sufre desvanecimiento o desmayo –en ocasiones-
por medio del cual se vale para huir de una situación o de una persona.
En casos más serios, utiliza el estado de coma para huir. Puede sufrir
agorafobia es decir que altera su comportamiento para huir de determinadas
personas o situaciones que le podrían producir pánico. La agorafobia
es un temor enfermizo hacia los espacios libres y a los lugares públicos
y es entre las fobias, la más difundida. Las mujeres son dos veces
más sensibles a ella que los varones. Muchos varones ocultan se agorafobia
en el alcohol, prefieren transformarse en alcohólicos, antes que confesar
que tienen un gran temor incontrolable. El agorafóbico suele quejarse
de vivir en la ansiedad y sobre todo en la angustia, al punto de sentir pánico.
La mayoría de los agorafóbicos sufre de hipoglucemia. En la
continuación de este tema, hablaremos más de esto.
Si la persona rechazada, abusa del azúcar, puede ser objeto de enfermedades
del páncreas como la diabetes y la ya mencionada hipoglucemia o baja
de azúcar.
Si desarrolla odio intenso hacia uno de sus padres, a causa del dolor provocado
por el rechazo que ha vivido y todavía vive, y cree que ha llegado
al límite, es posible que se vuelva depresivo o maniaco depresivo.
Si piensa en el suicidio, no hablará de él y si decide consumarlo,
hará todo lo posible por no fracasr. Aquellos que hablan con frecuencia
de suicidarse y lo logran, son más bien los que sufren de abandono.
De esto hablaremos en el mensaje siguiente.
Por último, el huidizo que de joven tuvo dificultades para reconocerse
como un ser humano dotado de todas las capacidades para ser feliz, para saberse
realizado y pleno, intentará ser como cualquier otro y se perderá
en la personalidad de quienes admira pasando frecuentemente de uno a otro
modelo. El peligro de este comportamiento extremo es que más adelante
puede transformarse en psicosis, ese trastorno mental caracterizado por la
pérdida de la realidad; afecta a los jóvenes adultos –aunque
puede también afectar a cualquiera- y es bastante común. Toda
esta información, te la decimos -no para que te sugestiones sino que
simplemente reconozcas qué es lo que puede estar originando tu manera
de ser, tus males incluso físicos o psicológicos, para que reconociéndolos,
te entregues de una vez por todas a Jesucristo, tu único Dios y Salvador.
Si has reconocido en ti la herida del rechazo, es seguro que tu progenitor
de tu mismo sexo, a su vez, o los dos, se hayan sentido rechazados por su
propio progenitor del mismo sexo o por los dos. Además es muy posible
que él o ella, sienta tu rechazo o se haya sentido rechazado por ti,
de ahí sus reacciones agresivas hacia ti. Ya para terminar, déjanos
decirte que, ahora conciente de todo esto, ya sabes que cuando reproches a
los demás su manera de rechazarte, estarás reprochándote
a ti mismo, a ti misma, la manera de cómo te rechazas a ti mismo, a
ti misma y cómo rechazas a los demás.
Es muy importante que reconozcas y aceptes -para que pongas a trabajar tu
fe- que el origen de cualquier herida está en el no ser concientes
de provocarla y el motivo de no ser sanada está en el no querer perdonar.
Así que puedes comenzar por tomar todo el capítulo 9 del Evangelio
de Juan. Mira como Jesús mismo quiere que desterremos de nosotros eso
de echarle la culpa a otros de cómo estamos actualmente. De hoy en
adelante, ten siempre muy presente, a diario y a cada momento que si el mundo
sufre, si hay malos gobiernos, si la corrupción se extiende, si hay
niños y jóvenes limpiando parabrisas e ingiriendo droga, si
hay gritos, violencia y depresión, no es por ninguna culpa, sino por
alguna causa.
Señor, regálame la gracia de saber amar como tu nos amas, como
tu me amas. Amén.
MOMENTOS PRECIOSOS DE ORACIÓN
En una
actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos reposados sobre
tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus
pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta y cerrando tus ojos,
respira suave, profundo y lento……experiméntate un ser humano
vivo, un ser humano que tiene en su corazón, el secreto de la felicidad……porque
su corazón está habitado por esa Presencia que todo lo sana,
Presencia que transforma al corazón más seco por la falta de
amor, en un manantial de agua viva…..y dile desde la fe adulta:
Señor, tu conoces lo más escondido de mi….tu que me sondeas,
sabes cuando me siento o me levanto y penetras mis pensamientos, distingues
mi camino y mi descanso, tu que cuando no ha llegado la palabra a mi lengua
ya Señor sabrás lo que pronunciaré…..estréchame
en tu regazo y cúbreme con tu palma……Dios mío, tu
sabes que he sido rechazado, rechazada –a lo mejor inconscientemente
– pero al fin, rechazado, rechazada…
Hoy, aquí y ahora, ante tu Presencia amorosa, no quiero huir más….no
quiero escapar más de mi, de ti, de los demás…..porque
aún en mis tinieblas y en las tinieblas de los demás, tu luz
es más fuerte que la oscuridad porque ni la tiniebla es oscura para
ti, y la noche es clara como el día.
Señor, por tu infinita misericordia, sana esta necesidad de ser aceptado, aceptada, infinitamente amado, amada….no quiero seguir utilizando máscaras para huir….hoy, aquí y ahora, acepto que algún día una ó dos ó 10 mil veces he sido rechazado, rechazada por alguno de mis padres o por los dos, o por algunas personas pero sobre todo, por mi mismo, por mi misma. Incluso, me he llegado a sentir alguna vez, rechazado, rechazada por ti, pero hoy se, que TU ME AMAS DESDE TODA LA ETERNIDAD y me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras y yo, soy obra tuya, por eso, soy inmensamente grande, rico, rica, hermoso, hermosa. Se que me has regalado la misión de amar y desde hoy quiero realizarla…quiero ser para Ti Señor…..quiero ser amor.
Se que desde toda la eternidad me has amado, me amas y me amarás por
los siglos de los siglos. Abrázame……infúndeme esa
certeza de que los rechazos que he recibido en mi vida desde que fui engendrado,
engendrada, fueron causados por la inconciencia de mis padres, por alguna
causa, pero nunca por haberme querido hacer algún mal concientemente,
intencionalmente.
Dame la gracia de aceptar con paz, que ellos a su vez, también fueron
heridos y así, la cadena siguió y siguió a su vez con
sus padres y con los padres de sus padres……pero hoy, aquí
y ahora, deseo, necesito abrazarme con infinito amor, con infinita aceptación,
como también necesito y deseo abrazarles a ellos, mis padres……..para
expresarles que no les rechazo más, que los entiendo, que me solidarizo,
que los amo. Que los amo con tu amor y que los perdono con tu perdón….
(Y tú que escuchas, si tus padres ya no viven, trae su recuerdo santo
y mírales pequeñitos, indefensos también, rechazados.
Hoy estás aquí para ofrecerles ese amor que también les
faltó, para darles esa aceptación incondicional. Abrázales,
ámales como el Señor te ama a ti) (Mus)
También Jesús necesito aceptar y amar con tu amor y perdonar
con tu perdón, a todas a aquellas personas que me han rechazado por
estar dormidas en el sueño de la irrealidad, encarceladas en el mundo
de las heridas. Hoy, con tu sangre preciosa, desátalas de sus heridas,
sánales Jesús, como lo estás haciendo conmigo….Les
amo con tu perdón, les perdono con tu perdón, les acojo con
tu inmensa ternura, Jesús……(Mira a aquellas personas o
a aquella persona que crees que te ha rechazado más y mira como Jesús
la estrecha entre sus brazos y la baña de su amor sanador…mírate
tu abrazándole….haciendo juntamente con Jesús, que la
llaga de su corazón herido, sea transformada en paz. Ahora Jesús,
a mi mismo, a mi misma, desde tu amor que lo sana todo y lo plenifica todo,
me amo con tu amor. Me perdono con tu perdón…me acepto incondicionalmente.
Abracémonos Jesús, tu y yo, fuerte…. nunca más,
nada ni nadie pueda romper este abrazo lleno de verdadero amor……
porque ahora soy conciente de quién soy y para qué estoy en
este mundo. Gracias Jesús, por todo lo que estás haciendo en
mi vida. Gracias Jesús….Jesús….Jesús….
LA HERIDA DEL ABANDONO
Estás en la cuarta parte del tema “El valor del perdón”.
En esta ocasión hablaremos sobre la herida del abandono, para que identifiques
en el subconsciente de tu bebé, de tu pequeño herido, de tu
pequeña herida, si es el abandono lo que te hace reaccionar como reaccionas,
ahora que eres un joven o un adulto.
Abandonar a alguien es apartarse de él, dejarlo, no desear más
tener que ver algo con él, con ella. Muchas personas confunden el rechazo
con el abandono. Miremos pues la diferencia. Si uno de los miembros de una
pareja, o un padre y un hijo, decide rechazar al otro, para no tenerle junto
a sí, sea el motivo que sea por ejemplo una hija que se cansa de la
manera de ser negativa de su madre, de sus quejas por la vida, quejas por
algún miembro de la familia, si decide abandonarle, se aleja físicamente,
se marcha para distanciarse temporal o definitivamente.
Aunque definir el abandono de esta manera, es muy relativo, porque yo, tu,
podemos abandonar a alguien, aún al continuar viviendo bajo el mismo
techo pues tu puedes abandonar a un hijo, a una hija,- sobre todo así
experimentará si es bebé- cuando tienes que irte a trabajar
4 ó 5 u 8 horas y lo dejas –sin que esta sea tu intención-
“abandonado” con tus padres, con una amiga o vecina, o en una
guardería……Unos padres –como otro ejemplo- pueden
abandonar a su bebé en el vientre, aunque la mamá lo traiga
bien dentro, cuando el papá por andar participando en parrandas de
cualquier tipo, llega noche a casa, haciendo sentir a su esposa, cada vez
más infeliz o cuando la mamá está más sumida en
su depresión, en sus cosas, en sus pensamientos, en lugar de tratar
–con la ayuda del Señor Dios, y de todos los libros que enseñan
cómo ser una mejor persona- de salir adelante, de crecer más
interiormente, para poder proporcionarle al bebé, una acogida llena
de vida, de realización humana y divina; o también le abandonan
a las consecuencias de los actos irresponsables de ambos padres inmaduros
, cuando fuman o alguno de los dos o los dos se drogan, o cuando beben sólo
en ocasiones –dicen- y nunca reconocen que son dependientes porque están
huyendo de sí mismos…..
Otro ejemplo es cuando la herida que se vive en el caso del abandono, la podemos
situar en el plano del tener y el hacer. Escucha bien. Un niño pequeño
puede también sentirse abandonado si su madre se encuentra ocupada
con un bebé nuevo. El sentimiento de abandono será aún
más fuerte, si el nuevo bebé necesita muchos cuidados porque
es enfermizo o padece alguna incapacidad. El pequeño tendrá
la impresión de que su madre lo abandona continuamente para ocuparse
del otro y comenzará a creer que así será siempre, que
nunca tendrá a su mamá de otro modo.. Puede suceder en otro
caso, que de pequeño te hayan tenido que llevar al hospital en donde
permaneciste y no comprendiste qué sucedía. Cuando a un pequeño
le pasa esto durante varios días, tal vez reaccione caprichoso porque
pensará que sus padres ya se cansaron de él y se experimentará
abandonado. La reacción que tome ante este sentimiento, será
una máscara que le ayude a soportar su sufrimiento. Cuando los padres
de un pequeño, le dejan con alguien más incluso, si se trata
de la abuela, se experimentará abandonado o cuando su madre siempre
está enferma y su padre está demasiado ocupado o ausente –sea
el motivo que sea- para hacerse cargo de él, el pequeño, la
pequeña se ven obligados a arreglárselas por sí mismos,
sin ser conscientes de que en lo profundo de sí, se está tatuando
fuertemente, la herida del abandono.
Una señora nos platicaba –y nos permitió compartirte a
ti que escuchas, su experiencia- que tuvo un temor terrible cuando murió
su padre cuando ella tenía 18 años. Este paso lo vivió
como un verdadero abandono, fue terrible porque además su madre, no
paraba de decirle que cuando cumpliera 21 años, tendría que
independizarse. Esta mujer, que se sentía rechazada por su madre, vivía
en constante miedo y no hacía más que pensar: ¿Qué
me sucederá ahora, sin papá?. No estará aquí para
ocuparse de mi, cuando tenga que salir de casa”. Muchas personas que
sufren la herida del abandono cuando fueron pequeñas, experimentaron
una profunda falta de comunicación por parte de sus progenitores, sea
la madre o el padre o los dos. Hoy, madres y padres de familia que han conocido
al Señor y que han comenzado a trabajar por un proceso de maduración
interior en sí mismos, nos preguntan cómo hacerle para que sus
hijos jóvenes comprendan que ellas y ellos, los padres, en realidad
no son las culpables de lo que muchas veces los hijos les reclaman: -les dicen-
“Tu tienes la culpa de mi infelicidad”. “Tu eres la causa
de que yo no sea feliz” y sencillamente les respondemos que hablen o
escriban según sea el caso, a sus hijos…..hablen de lo que Ustedes
pasaron…. y de lo que ellos –sus hijos- a su vez, han pasado;
gánense su confianza, con amor, no digan ustedes mismos: Uuuuu, eso
es imposible, porque quien habla así, no tiene fe, no conoce el amor
del Señor, no reconoces lo que el Señor Dios está haciendo
por ti mismo, por ti misma que muchas veces te has creído un imposible
para Dios.
Para Dios, no hay nada imposible, excepto que tu no quieras abrirle nunca el corazón. Así que padres de familia, hijos, ser humano quien quiera que seas y que escuchas este casete, busca el mejor momento para el encuentro, para dialogar, para abrir las puertas de la interioridad y para ofrecer al mismo tiempo, acogida, calor de sinceridad y fidelidad y silencio de las confesiones recibidas. Este momento, siempre llega –porque es una gracia- cuando estamos a la escucha del Espíritu….
La mayoría de las personas nos han dicho que la herida del abandono
se vive con el progenitor del sexo opuesto, pero esto no es una regla para
todos. En cambio, podemos casi generalizar, que las personas que sufren de
abandono, han sufrido también de rechazo. Hay casos en los que cuando
se es joven, se experimenta rechazado por su progenitor del mismo sexo y abandonado
por el sexo opuesto, el cual cree que debía haberse ocupado de él
y sobre todo, que debía haber velado para que fuese menos rechazado
por el otro progenitor.
Lo que vamos a decir en seguida, no corresponde a la herida del abandono,
pero imaginemos el caso de alguien que ha sido abusado sexualmente por alguno
de los progenitores –aunque esta herida se tocará en los siguientes
mensajes- estaríamos hablando de un ser humano, de un pequeñito,
de una pequeñita mucho muy destruidos. Y esto lo mencionamos ahora,
para que con la gracia del Señor que es todo respeto, profundo y tierno
amor con cada uno de nosotros, comencemos a amarnos con locura divina y a
los demás, como somos amados por Dios. Cada vez que mires a una persona,
a un ser humano, no lo juzgues, no lo etiquetes, compréndele, ámale
como el Señor te ama a ti.
Amarte a ti, amar a quienes son más próximos a ti, amar a tu
familia entera, amar a los vecinos, a tus compañeros de trabajo, de
escuela, a los que ves en la calle, a los que miras por televisión
y escuchas por radio, amar, amar, amar a cada ser humano que forma parte de
este planeta, sea como sea, haya hecho lo que haya hecho, porque ahora sabes
que la inmensa mayoría vivimos huyendo, envueltos en máscaras
para no volvernos aún más locos. Y te decimos esto, porque Jesús
el Señor, nos ha enseñado en el evangelio, con su vida, que
lo único que necesita el mundo para ser feliz, es el amor que es aceptación,
es comprensión, diálogo, es encausar los impulsos agresivos
motivados por las heridas, hacia la bondad, la dulzura, la compasión,
la misericordia.
Hay niños de 3 a 10 años y pre-adolescentes de 11, 12 ó
13 años, que comienzan a manifestar su herida de rechazo o abandono
en la alimentación física o comerán poco o comerán
mucho, y con esto, ya tenemos frente a nosotros un ser humano dependiente.
Dependiente de todo. La dependencia, es una máscara que brota de la
herida del abandono y se manifestará algunas veces en un cuerpo largo,
delgado y encorvado. El caso del exceso de peso nos estará indicando
otro tipo de herida que veremos más adelante.
El niño o adulto dependiente, abandonado, cree que no puede lograr
nada por sí mismo, por tanto, tiene necesidad de alguien más
y lo más a la mano –para suplir esa necesidad- es, muchas veces
la comida. Generalmente la mirada de alguien que sufre interiormente el abandono,
aunque es triste se verá como unos ojos que parecen querer atraer a
otros con su mirada. No olvidemos que la intensidad de la herida, determinará
de qué grueso es la máscara.
Es importante que sepas diferencias entre la máscara del huidizo o
de quien fue rechazado, a la del dependiente o quien fue abandonado. Puede
haber dos personas muy delgadas junto a ti, y una de ellas ser huidiza y la
otra dependiente. Hoy en día, las cirugías hacen que muchas
personas, incluso adolescentes, intenten esconder sus heridas porque rechazan
partes de ellas mismas, pero quien se mira al espejo, no puede mentirse, pues
ocultar la herida con medios físicos, no la hará desaparecer.
En cambio, la intimidad con el Señor Dios, el dejarse amar por Él,
el desear y buscar los medios para crecer interiormente, leer libros de espiritualidad,
libros que nos ayuden a crecer como seres humanos y divinos, audio casetes
que alimenten nuestra mente de información sana, sí que lo hará,
paso a paso, casi sin notarse, pero cuando menos lo pensemos y sin que nos
demos cuenta de ello, estaré, estarás dando mucho fruto, mucho
amor. Te habrás encontrado contigo mismo, contigo misma, con los demás
y con Dios.
Continuemos pues escuchando que la persona dependiente es la que generalmente
tiende a convertirse en víctima. Una persona “víctima”
así entre comillas, es la que hace problemas de todo tipo en su vida,
pero especialmente problemas de salud, para llamar la atención como
es el caso de los niños, jóvenes y adultos hipocondríacos.
El niño, joven o adulto dependiente, es una persona que dramatiza mucho:
hasta lo más mínimo lo hace gigante. Por ejemplo, si su pareja
no llama para avisarle que llegará tarde, piensa lo peor y no comprende
por qué le hace sufrir tanto al no llamar. Una persona dependiente
no sufre…sino que agoniza por dentro, y aunque el ser así le
acarreará problemas, ser abandonado para él, para ella será
más doloroso que vivir todos los problemas que traiga su proceder.
Sólo otra persona dependiente, le podrá comprender.
Cuando encuentres una persona así, víctima de todo, o tu mismo,
tu misma, si tienes esta máscara, estarás frente a alguien que
vive una importante herida de abandono. La persona dependiente, tendrá
temor a la soledad, porque la ayuda que más necesita el dependiente
es el apoyo de los demás. Generalmente, antes de decidirse, por lo
general pide la opinión o la aprobación de los demás
porque sencillamente no se decide o duda de sus decisiones cuando no siente
el apoyo de alguien más. Esto no quiere decir que escuche los consejos
o sugerencias pues al final casi siempre hará su parecer.
Otros casos los encontramos en esas personas que nos pueden parecer perezosas,
pero en realidad lo que sucede es que no les agrada realizar actividades o
trabajos físicos solos puesto que necesitan la presencia del alguien
más para sentirse apoyados. Una persona dependiente, percibe el final
de cualquier cosa agradable como un abandono, por eso exclamará: “Qué
lastima que se haya terminado”.
La persona dependiente, que actúa como víctima, tiende a tener
–sea varón o mujer- una voz infantil y a hacer muchas preguntas.
Esto se observa cuando pide ayuda por ejemplo, tiene dificultad a aceptar
una respuesta negativa y con la tendencia a insistir. Mientras más
sufre cuando se le dice “no”, más se dispondrá a
utilizar cualquier medio para obtener lo que desea como la manipulación,
el enfurruñamiento, el chantaje, etc. Estará dispuesta a tolerar
situaciones muy difíciles, en lugar de ponerles fin porque su temor
es: ¿Qué voy a hacer solo, sola? ¿Qué será
de mi? ¿Qué me sucederá?. Vive en conflicto consigo misma
porque por una parte, exige mucha atención y por otra, teme estar exigiendo
demasiado y que eso acabe por molestar a los otros quienes podrían
abandonarle y aunque no lo admita, ama el sufrimiento tanto como para tolerar
lo que sea con tal de no estar solo, sola.
Para una persona dependiente, el simple hecho de escuchar actualmente, de
una amistad por ejemplo cuando le dice: “debo irme” y por teléfono
escuchar la palabra “dejar”, o “mirar en frente de él
o de ella el reloj”, será traer a la conciencia la herida de
abandono de sus padres o de alguno de ellos y esto le causará un verdadero
dolor, porque inmediatamente pensará que no es tan importante como
para atraer la atención de otro, de otra.
La tristeza, es la emoción más intensa que experimenta el dependiente.
Constantemente siente esta tristeza en lo más profundo de su ser sin
que pueda comprender o explicar de dónde proviene y para no sentirla,
busca la presencia de otros; pero también es capaz de irse al otro
extremo es decir, alejarse o apartarse de la persona o la circunstancia que
le causa esa tristeza o ese sentimiento de soledad. En momentos de crisis,
puede incluso pensar en el suicidio. Generalmente, habla de esto a los demás
sin hacerlo porque lo que realmente busca, es apoyo, pero si después
de muchas tentativas para que le den apoyo no lo obtiene, posiblemente termine
suicidándose.
Una persona dependiente porque en su etapa primera recibió la herida
del abandono, teme a toda forma de autoridad. Piensa que una persona que usa
una voz autoritaria o que toma una actitud autoritaria, es fría e indiferente
por eso, jamás podrá aceptarle y por este motivo, tiende a ser
lo contrario es decir, es cálido con los demás. Cree que al
ser así, los demás serán afectuosos, atentos, cálidos
y no autoritarios. Una persona dependiente, al hablar de su infancia, dirá
que con frecuencia se le dejaba solo y que su madre o su padre, estaban ausentes.
Una persona dependiente, se angustia al estar sola, y lo que se oculta detrás
de esa angustia, es un sentimiento de urgencia por desear que alguien esté
junto a ella, y en cuanto tiene la oportunidad de entablar una relación
con alguien, teme que le abandone, por eso, se las arregla para ponerle fin
por propia cuenta. Y lo más contradictorio es que a esa persona le
gustaría sentarse sola a leer un libro, pero no admite –por ejemplo-
que su pareja lo haga, o le gustaría salir solo a algunos lugares que
elige pero se sentirá abandonada y creerá que le hacen a un
lado si su pareja hace lo mismo y dirá: Claro, no soy lo suficientemente
importante como para que quieran salir conmigo”.
A una persona dependiente, le resulta difícil aceptar no ser invitada
a una reunión aunque esta decidiera de antemano no haber ido. Experimenta
una gran tristeza por el sentimiento de abandono de ser poco importante.
Durante la infancia, por ejemplo, las niñas se afianzan a su padre
y los niños a su madre. En la pareja, el dependiente, se apoya en el
otro o le toma la mano o lo toca con frecuencia. Cuando está de pie,
busca apoyarse contra un muro, una puerta o cualquier otra cosa. Incluso,
sentado, le es difícil estar erguido y se apoya en el brazo del sofá,
su espalda, tiende a encorvarse hacia delante. Cuando en alguna reunión,
veas a alguien que busca llamar poderosamente la atención, observa
su cuerpo y verás que en su interior hay una máscara de dependencia.
El dependiente piensa que los demás, son su felicidad. Hay personas
que han sido muy dependientes de su madre cuando eran pequeños que
aún casados, les es impensable pensar apartarse de ella. El niño
dependiente, tiene terror al cambio que sufre en la pre-adolescencia, y de
la adolescencia a la edad adulta, siente pavor al cambio de la soltería
al matrimonio, o simplemente sienten terror a la idea de no casarse nunca,
a la mudanza a otro domicilio, una separación, la muerte o el nacimiento;
alguien dependiente, al experimentarse llamado a un seminario o convento y
al tener que dejar a la familia; el dependiente, se paraliza, siente terror
de que no se cumplan en la vida, sus planes, porque para la persona dependiente,
solo lo que ella misma se proporciona, es seguridad. Y si es creyente, allá
en su subconsciente, “cree que ni Dios puede darle lo que realmente
necesita, por eso se obstina en sus planes”.
La sensibilidad de una persona dependiente llevada al extremo de enfermar
y de caer en la agorafobia, le hace temer a la locura es decir, al hecho de
quedarse loca, pero será urgente hacerle saber que lo suyo no es locura,
sino una sensibilidad excesiva sin sanar, por desear no ser abandonado.
Una persona dependiente, llora fácilmente, sobre todo cuando habla
de sus problemas o de sus adversidades. En su llanto acusa a los demás
de ignorarle cuando vivía en medio de sus problemas o enfermedades.
Acusa incluso a la vida e inconscientemente a Dios de haberla abandonado,
cuando en realidad es la persona misma quien se ha hecho a un lado. Una persona
normal, se experimentará muy bien sola, sin sufrir por ello, tomando
las riendas de la vida, sin echar la culpa a nadie, porque sabe que las culpas
no existen sino más bien todo ha sucedido por alguna causa. Una mujer
dependiente, que vive con un alcohólico –por ejemplo- o que es
víctima de abuso conyugal. Su sufrimiento será más grande,
si se separa de su pareja que si tolera lo que vive. La persona dependiente
tiene una enorme capacidad para no ver el problema que vive en la familia
o con su pareja, con una amistad, o consigo misma. Prefiere creer que todo
marcha bien, porque tiene miedo de ser abandonada. Si este es tu caso por
estar aferrado, aferrada a una persona haciendo todo lo posible -por el temor
a no ser abandonado, abandonada-, necesitarás tu mismo, tu misma brindarte
apoyo y dejar que el Señor Dios te ayude a salir de esa situación.
Una persona dependiente, tiene necesidad a cualquier precio de que los demás
le hagan sentir importante de que le tomen en cuenta, de que constantemente
le de su opinión sobre sí misma, pero hay aquí algo importante:
cuando el dependiente es capaz de detectar los problemas que le causa su dependencia,
experimenta el deseo de ser independiente, pero este creerse independiente,
no es más que otra máscara que no hará más que
acentuar y ocultar la herida de abandono que no se ha sanado.
Otros casos de dependencia por herida de abandono, son los hombres y mujeres
que no desean tener hijos so pretexto de querer mantener su independencia.,
pues por ejemplo en el varón, la presencia de un niño en la
familia, suele ocultar el temor a no recibir toda la atención de su
pareja, mientras que la mujer dependiente, temerá a su vez sentirse
agobiada por las obligaciones que implica tener un hijo. Por otra parte, si
ella desea tener hijos, los preferirá cuando son pequeños, cuando
dependen más de ella, ya que así se sentirá más
importante. El dependiente busca más que la independencia, el hecho
de sentirse necesitados por alguien. Las personas dependientes -según
grandes psicólogos como Freud- son las que más buscan tener
sexo, hablar cosas en las que se involucre todo lo referente al sexo, a los
órganos sexuales, porque creen que en una relación sexual encontrarán
la ternura y el cuidado que no tuvieron en su infancia o adolescencia. (Y
referente a la comida, si mencionamos anteriormente que en el caso del huidizo
existe la tendencia a la anorexia, en el caso del dependiente, la tendencia
es a ser bulímico).
Los comportamientos propios del dependiente son dictados por el temor a revivir
la herida de abandono. Cada una de las heridas, tiene comportamientos y actitudes
interiores propias. Las formas de pensar, de sentir, de hablar y de actuar,
correspondientes a cada herida, indican una reacción a lo que sucede
en la vida., de ahí que será siempre necesario ser conciente
cada instante de tu vida para qué estás en este mundo y sabes
que a este mundo has venido a dejarte amar por Dios, a amarte a ti mismo,
a ti misma y a cada ser humano que el Señor Dios pone en tu camino,
es decir, estar atento, atenta a la Presencia sanadora de Cristo en ti, para
que tus reacciones, sean cada vez más, las reacciones de Jesús.
En lo que se refiere a las enfermedades, el dependiente, se distingue por
haber sido un niño enfermizo, débil o endeble. Suelen padecer
asma, lo que indica que la persona que la padece, acepta más de lo
que debería y no rechaza lo que le pesa, sino con muchas dificultades.
Los problemas de bronquios, asfixia etc, son también comunes pues indica
que tiene la impresión de no recibir lo suficiente de su familia. La
miopía es muy usual en los dependientes, pues representa la dificultad
de ver más lejos en relación con el temor al futuro y el miedo
a enfrentar el porvenir solo.. El dependiente puede llegar a sufrir histeria
sobre todo cuando llega al borde de sentirse la víctima. En psicología
se dice que la persona histérica es semejante al niño que llora
cuando se le abandona y se le priva de la leche que lo alimenta. Padecen depresión
cuando su herida les lastima mucho. Puede padecer migrañas porque se
impide ser ella misma.
Generalmente, las personas en quienes predomina la herida de abandono, también
temen a la muerte, mientras que aquellas que han recibido la herida de la
traición, temen con mayor frecuencia a la locura. Si tu que escuchas,
te identificas como una persona dependiente que ha vivido la herida del abandono
o eres una persona agorafóbica es decir, que tiene temor a la muerte
y a la locura, debes saber que lo que vives no es locura y que no morirás
por ello
No creas pues, que ya no hay salida para ti, no. Sí la hay y se llama
Jesucristo, tu único Salvador, la Vida Verdadera, pues al encontrar
tu seguridad en Él, vendrá la luz y encontrarás la solución
a tu vida la respuesta de tus por qué, de tus para qué. Para
terminar este tema, si te identificas con la herida del abandono, te recordamos
que la desencadenó tu progenitor del sexo opuesto y que continuará
apareciendo con cualquier otra persona del sexo opuesto a la que te enfrentes.
Es seguro también, que ese progenitor, padeció la misma herida
con su propio progenitor del mismo sexo que tu. Las mismas heridas se repiten
de una generación a otra (lo que explica el fenómeno de la herencia)
y así sucederá mientras no quieras romper con esa cadena de
desamor. Sólo el amor, cura las heridas. Sólo el amor, mueve
montañas. Sólo el amor salva. Sólo el amor sana.
Así que toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos
y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba
o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor
y Dios, escucha lo que hoy te regala en su Palabra tomada del profeta Isaías
(66 12.13): Yo haré que la paz venga sobre ti, como un río.
Como una madre alimenta con su amor, así te consuelo hoy a ti. Aquí
en tu corazón encontrarás siempre la paz, porque en tu corazón
estoy Yo. Ahora mismo, estoy alegrando tu ser. Estoy renovándote. Tu
has dicho envuelto en tu tristeza: “El Señor me ha abandonado,
mi Dios se olvidó de mi” pero, ¿acaso una madre olvida
o deja de amar a su propio hijo?, Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré
jamás ni te abandonaré. Yo te llevo grabado, grabada en mis
entrañas, siempre estas presente ante mi, porque yo te amo y te guío
y te atraigo a mi, para que en mi encuentres manantiales de agua que da vida,
que sana y siempre te abriré un camino a través de las montañas
y haré que se allanen los senderos.
Mi Señor, hoy, aquí y ahora, deseo y necesito que el poder abandonarme
en tus planes, en tu providencia en tu amor, sea una realidad en mi. Deseo
que tu voluntad, sea mi única guía en esta vida en la que muchas
veces he experimentado perder el camino. Hoy, se que nunca has querido el
mal para mi, pero así como me has dejado libre para no brindar una
sonrisa, así como me has hecho libre cuando no he querido comprender
a los demás, así como me has dejado libre para no amar, así
has dejado libre a quienes por inconciencia me hirieron, me abandonaron, pero
hoy Oh mi Dios amorosísimo y fiel, no quiero otra cosa más que,
que en mi ser se realice tu plan Divino que desde toda la eternidad tenías
preparado para mi. Hoy quiero, como tu Jesús me enseñaste en
tu paso por este mundo, con gran confianza asumir, aceptar todo lo sucedido
en cuanto posibles heridas de abandono desde el momento de mi concepción
hasta este momento y decir: “Señor, desde hoy y para siempre
quiero dejar que en mi vida tu seas Dios”, porque se que tu no creaste
el mal y siempre quieres el bien para tus hijos, para la creación entera.
Hoy me abandono confiadamente a ti. Por eso estoy aquí, reposando en
tus manos amorosas. Jesús yo confío en ti a pesar de mirar diariamente,
como nos ofendemos, cómo nos rechazamos y nos abandonamos entre los
seres humanos y como también lo hacemos con la naturaleza, con los
seres indefensos, con los animalitos…..”Dios mío. Creo
en tu amor. Creo que me amas infinitamente y que nunca pero nunca me has abandonado
ni me abandonarás jamás. Señor, ámame”……..
LA HERIDA DE LA HUMILLACIÓN
Si buscamos en un diccionario la palabra “humillación”,
encontraremos que es ese sentirse como pisoteado por alguien que te dice en
tono grosero, aplastante, engreído o con coraje algo que rompe tu derecho
como ser humano. Es como si alguien te vejara o te degradara y tu te sintieras
inferior, con vergüenza y mortificado, mortificada. La humillación
surge, precisamente en el momento en que se desarrollan las funciones del
cuerpo entre el primer año y el tercero de vida, edad en la que un
niño normal, aprende a comer solo, a comportarse con propiedad, a ir
al baño solo, a hablar, a escuchar y comprender lo que los adultos
dicen, etc. La humillación se produce en el momento en que el niño
siente que uno de sus padres o algún familiar se avergüenza de
él, sea por su físico, por su manera de obrar o de ser.
Por ejemplo hay adultos que expresan toda su burla –tanto en privado
como en público-, hacia un pequeño o una pequeña que
sea delgado o gordo o que sea más moreno que lo normal, o blanco, o
con los ojos almendrados o la boca con el labio leporino, o si tiene el pelo
pelirrojo o pecas, o la nariz grande etc…..también se burlan
del niño o se disgustan si este ha manchado su ropa o si se ha orinado
ya sea en la cama o de pie o si ha estropeado algo.
Sin importar la situación que provoca que el niño se sienta
rebajado, humillado, , comparado, mortificado, avergonzado en el plano físico,
la herida despierta y comienza a adquirir importancia. Veamos el ejemplo del
bebé que ha jugado con sus heces y la unta en su cuna o hace otra cosa
semejante, catalogada por el adulto como impropia. La herida surge cuando
escucha a su madre contar al padre lo que ha sucedido, describiéndole
como un cochino, pues a pesar de que sea bebé y no comprenda las palabras,
sí percibirá el desagrado que ha causado en sus padres y comenzará
a sentirse humillado, avergonzado.
Una joven que estuvo internada, nos contó que cuando era niña,
una compañerita suya, se orinaba en la cama. Cuando la encargada se
daba cuenta, la obligaba al día siguiente a caminar por los salones
de clases con la sábana sucia sobre la espalda. Al humillarla y mortificarla
de esa manera, creía que la niña no volvería a mojar
la cama, pero todos sabemos que un castigo produce un efecto contrario. Sí,
escuchaste bien: todo castigo produce un efecto contrario y entonces, la herida
en vez de ser sanada, se acentúa.
Muchas veces, los genitales y la sexualidad, han sido motivo de humillación
por ejemplo, cuando la mamá sorprende a su pequeño tocándose
y exclama: ¡eres un cochino, una cochina!. ¿No te da vergüenza?.
El niño, la niña, se siente mortificado, mortificada, avergonzado,
avergonzada por lo que el pequeño irá creciendo con un constante
sentimiento de culpa y más adelante tendrá dificultades en el
plano sexual. El niño también se sentirá rebajado, si
se percibe a sí mismo demasiado controlado por uno de sus progenitores
o si cree que no tiene libertad para actuar o para moverse como desea en el
plano físico como sucede cuando un progenitor reprende y castiga al
niño que salió a jugar al lodo con sus mejores ropas antes de
que lleguen los invitados y si los padres cuentan el incidente a los invitados
frente al niño, la humillación será todavía más
intensa, ya que este comportamiento puede hacer creer al pequeño que
desagrada a sus padres y se sentirá avergonzado por su propia conducta.
Es común escuchar a las personas que sufren esta herida cómo
describen todas las cosas prohibidas que hicieron cuando eran niños
o adolescentes. Es como si buscaran situaciones para revivir la humillación.
Como dijimos al principio, la humillación puede venir de alguno de
los progenitores o de algún familiar, sin contar que también,
más adelante, puede venir de cualquier persona. Un pequeño que
sufre la herida de la humillación, se creará, la máscara
de masoquista. El masoquismo es ese comportamiento de una persona que encuentra
satisfacción e incluso placer al sufrir. Aún cuando lo hace
inconscientemente, procura el dolor y la humillación la mayor parte
de las veces. Se las ingenia para hacerse daño o para castigarse antes
de que alguien más lo haga. Un ejemplo clásico de masoquista
es aquél que fuma, o también aquél, aquella que come
y come como si no le importase engordar y afectar el corazón, o la
columna –aunque interiormente sabe que esto le robará más
su autoestima y la salud. Cuando usemos aquí el término de masoquista,
será para referirnos a la persona que sufre humillación y que
lleva esa máscara para evitar sufrir y vivir el dolor relacionado con
la humillación. De hecho, la persona masoquista, tiene una sensibilidad
tal que le han dejado las humillaciones, que experimenta el rechazo y se siente
humillada antes de ser rechazada.
Lo que vas escuchar enseguida es importante para que puedas distinguir entre
la vergüenza y la culpabilidad. Uno se siente culpable cuando considera
que lo que ha hecho o ha dejado de hacer, está mal. Cuando nos avergonzamos,
juzgamos que no hemos actuado correctamente con respecto a lo que acabamos
de hacer. La soberbia o el orgullo son lo contrario de la vergüenza.
Cuando una persona no está orgullosa de sí misma, por lo general,
está avergonzada de ella misma, se acusa y tiende a querer ocultarse.
Una persona puede sentirse culpable, sin tener vergüenza, pero no puede
tener vergüenza sin sentirse culpable.
Como se considera a sí misma mal educada, desalmada, sucia, o que vale
menos que los demás, la persona con la descripción física
de la máscara de masoquista, desarrollará un cuerpo grueso que
también le avergüenza a sí misma. Hacemos un paréntesis
para decirte nuevamente lo que pusimos en una de tus hojas para la semana:
que si el mundo sufre, que si hay malos gobiernos, si hay deshonestidad, si
hay abusos de cualquier tipo, si hay injusticia en el corazón del hombre,
si hay matones, robos, si hay gritos, violencia, golpes, si el ser humano
continúa hiriendo a los demás e hiriéndose a sí
mismo, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa. Sigamos pues diciendo
que un cuerpo grueso, gordo, es diferente al cuerpo musculoso. La persona
puede pesar 20 kilos de más que su peso normal y no estar gruesa, sino
parecer más bien fuerte, sin embargo, el masoquista –y no sólo
los adultos son masoquistas sino los pequeños también- es grueso
a causa del exceso de grasa que afectará a su corazón porque
inconscientemente quiere suicidarse no de manera directa sino por medio de
lo que a primera vista le compensa ese vacío hecho por la humillación
y ese deseo de ser amado inmensamente por el hecho de ser un ser humano hermoso,
creado para ser amado y para amar.
La humillación parece ser la herida más difícil de reconocer
en sí mismo, en sí misma. Una persona masoquista, hace las cosas
lentas pues para ella es difícil ir con la rapidez necesaria ya que
se avergüenza cuando no puede llegar con la misma velocidad que los demás,
por ejemplo, al caminar. Por ello debe aprender a darse el derecho de actuar
a su propio ritmo. Mencionamos que es difícil reconocer la máscara
de masoquista, porque hay muchas personas que son capaces de controlar adecuadamente
su peso. Si tu que escuchas, eres de los que aumenta de peso con facilidad
cuando no controlas tu alimentación, es posible que tengas la herida
de humillación muy bien escondida.
Generalmente las personas obesas desarrollan una gran espalda como para poder
llevar mayor peso. Otro ejemplo es el de una señora, que para agradar
a su marido, aceptó que su suegra viviera con ellos. Al poco tiempo,
la suegra se enfermó, por lo que su nuera se sintió obligada
a atenderla, pero entre más carga sentía, más comía
y más engordaba, porque el masoquista tiene la facilidad de situarse
en circunstancias en las que debe ocuparse de alguien más, para olvidarse
paulatinamente de sí mismo, por eso, mientras más cargue sobre
su espalda, más aumenta de peso. Será muy importante, para ti
que escuchas, saber que en la vida, no se trata de cargar con los demás,
no se trata de cargar situaciones, sino de aceptarse inmensamente a sí
mismo, a sí misma. Se trata de desarrollar inmensamente la capacidad
de amar, de discernir, de decir con libertad sí o no a las circunstancias
que se te presentan, no como una imposición sino como una oportunidad
de ser un mejor ser humano, como una oportunidad de ser cada vez más,
como Jesús, tu único Salvador, tu Señor tu Amor y Dios.
Hablar de una persona masoquista es hablar de una persona que es abusada por
los demás. Por ejemplo, una persona masoquista expresa lo siguiente
ante un despido de trabajo: “Me despidieron después de 30 años
de buen servicio como si fuera un perro echado a la calle….o como si
fuera basura”. La persona no masoquista diría: “Después
de 30 años de servicio me despidieron”, es decir, que no dirá
nada referente al perro o a la basura.
La persona masoquista, engorda en relación al espacio que cree que
debe ocupar en la vida. Su cuerpo está ahí para reflejar esa
idea. Cuando el masoquista sepa en lo más profundo de su ser que en
verdad es especial e importante, no tendrá que demostrarlo más
al resto de la gente. Al reconocerse un ser valioso, al amarse como es, al
encontrarse consigo mismo, consigo misma, al encontrarse con quien le ama
verdaderamente es decir, al encontrarse con Dios, su cuerpo ya no tendrá
necesidad de ocupar tanto espacio. Sobre el carácter del masoquista
escucharemos por ejemplo que una madre así, masoquista, tiende a controlar
la apariencia, el comportamiento y la forma en que se visten sus hijos y su
pareja. Es el tipo de madre que desea que sus hijos se porten bien desde pequeños.
Si no lo logra, se avergonzará de sí misma en cuanto a su papel
de madre.
Sea hombre o mujer, el masoquista está con frecuencia apegado tanto
a su madre y hace todo lo posible por no avergonzarle. El masoquista, considera
a su madre como una inmenso peso que cargar, lo cual le da otra buena razón
para desarrollar una espalda muy sólida y esta actitud continúa
incluso después de la muerte de la madre. El masoquista se siente aliviado
o liberado cuando su madre muere, ya que representaba un serio obstáculo
para su libertad. Esta actitud sólo disminuirá cuando la herida
de la humillación se encuentre en proceso de sanar. ¿Sabes?,
existen también otros tipos de masoquistas que como la fusión
con su madre es tal, cuando esta muere, sufren una crisis grave de agorafobia
y generalmente se les da tratamiento para la depresión confundiendo
ésta, con la agorafobia.
Una persona masoquista no se atreve a expresar sus ideas por temor a experimentar
la humillación o por temor a avergonzar a alguien más. Los padres
del niño masoquista le decían con frecuencia que lo que sucedía
en la familia no era de la incumbencia de extraños y que no debía
hablar de ello, sino guardarse todo para sí. Las situaciones embarazosas
de las cuales los miembros de la familia se avergonzaban, debían mantenerse
en secreto. No se hablaba por ejemplo, del tío que estaba en prisión,
del familiar internado en el hospital psiquiátrico, del hermano homosexual,
o de un suicidio en la familia etc.
Hay personas que nos cuentan la vergüenza de haber tenido deseo de algo
cuando eran pequeños y comprobar que su madre se privaba de lo esencial
para complacerles, así que no se atrevían a hablar de estos
deseos y menos aún con la madre.
Una persona masoquista, cuando alguien –sobre todo entre sus seres queridos-
se siente desdichado, él se siente el responsable; cree que seguramente
dijo o hizo o no dijo o no hizo algo. No se da cuenta que al estar tan atento
al estado de ánimo de los demás, ignora sus propias necesidades.
De los cinco caracteres formados por las cinco heridas de rechazo, abandono,
humillación, traición e injusticia, el masoquista es el que
menos atención presta a sus necesidades, aún cuando sea consciente
de lo que desea. El masoquista es el hazme reír de los demás,
y a su vez es especialista en rebajarse a sí mismo. Se considera mucho
más pequeño y menos importante de lo que en realidad es. No
concibe que los demás lo vean como una persona especial e importante.
Los diminutivos están muy frecuentemente en su vocabulario así
como la palabra “pequeño”, por ejemplo dice: ¿Tienes
un minutito para mi? O “Mi cabecita” o “tengo una pequeña
idea”. Escribe con letra pequeña, da pasitos, ama los autos pequeños,
las casas pequeñas, las cositas, los bocadillos etc..
Cuando el masoquista utiliza palabras en aumentativo, generalmente lo hace
para rebajarse o humillarse, por ejemplo, alguna vez escuchamos a una persona
que se había ensuciado la ropa con comida y exclamó: ¡Qué
cochinote soy!. Una señora que iba a una reunión muy bien vestida,
al escuchar que su amiga le dijo que se veía muy pero muy bien, además
de lucirle estupendamente el par de arracadas que traía respondió:
“¿No te parece que me veo muy burguesota y con una carota?”
Un varón al que su esposa le pedía cada semana comprar cosas
para el supermercado, se acusó a sí mismo porque le había
faltado un artículo que su esposa había olvidado anotar en la
lista. Otro esposo, acusaba a la esposa de distraerlo mientras charlaban.
Ella creía que debía disculparse porque él a su vez la
culpaba es decir que con estos ejemplos vemos cómo el masoquista tiende
a asumir la responsabilidad de algo que no le corresponde y a sentirse culpable,
pero hoy, aquí y ahora te decimos que los demás no pueden hacernos
sentir culpables, ya que la culpabilidad sólo puede venir de nuestro
interior. Además, hoy sabemos que las culpas no existen. Existen las
causas.
Los siguientes, son algunos males y enfermedades que pueden manifestar los
masoquistas: los dolores de espalda y la sensación de pesadez sobre
los hombros son muy frecuentes, debido a la excesiva carga emocional que llevan.
El dolor de espalda se debe principalmente a su sentimiento de falta de libertad.
El dolor lumbar surge cuando se relaciona con lo material, y el dolor cervical,
en el caso del campo afectivo.
También pueden padecer problemas respiratorios si se dejan abrumar
por los problemas de otros. Los problemas de piernas y de pies, como várices,
esguinces y fracturas son usuales. Debido a su temor a no poder moverse, con
el tiempo atraen problemas físicos que les impiden movilizarse.
Es frecuente que padezcan enfermedades del hígado, porque tienden a
“hacer mucha bilis” –dicen- a causa de los demás.
Los males de la garganta, anginas, laringitis son otros problemas que el masoquista
enfrenta porque retiene en gran medida lo que quiere decir, especialmente
lo que desea pedir. Mientras más dificultades tenga para darse cuenta
de sus necesidades y expresar sus deseos, mayor será la probabilidad
de que le aquejen problemas de la glándula tiroides.
Por otra parte, el hecho de no saber escuchar sus propias necesidades suele
producirle irritaciones de la piel. Sabemos que la expresión: “Me
irritó” significa “Tenía muchas ganas de”,
pero el masoquista no se lo permite, pues le resultaría vergonzoso
desear siquiera recibir bienestar.
Otro problema fisiológico que se observa en la persona masoquista,
es el mal funcionamiento del páncreas, lo cual provoca baja de azúcar
o hipoglucemia y diabetes. Estas enfermedades se manifiestan en quienes tienen
dificultades para permitirse gustos, o en quienes lo hacen, pero se sienten
por ello culpables o se dejan humillar.
El masoquista también es sensible a sufrir problemas cardiacos, porque
no se ama lo suficiente. No cree tener la importancia necesaria como para
agradarse. La región donde se ubica el corazón humano se relaciona
directamente con la capacidad de agradarse, con la alegría de vivir.
Además, a causa de sus ideas sobre el sufrimiento no es raro ver que
el masoquista deba someterse a diversas intervenciones quirúrgicas.
Si te identificas –tu que escuchas- con uno o más de estos problemas
físicos, significa que es probable que dichos problemas sean resultado
del comportamiento de tu máscara de masoquista. Estas enfermedades
pueden manifestarse también en las personas que portan otras máscaras,
pero parecen ser más comunes en quienes sufren humillación.
En cuanto a la alimentación, el masoquista suele ser extremista. Puede
comer con glotonería o no comer más que porciones pequeñas,
para creer que no come mucho y no sentir vergüenza, sin embargo, come
varias porciones pequeñas que a la larga son demasiadas.
Pertenece al grupo de los que comen de pie, cerca de la barra de la cocina
por ejemplo, porque cree que no comió tanto por no haberse tomado el
tiempo de sentarse a la mesa. ¿Sabes? Mientras más culpable
se sienta una persona por haber comido mucho, más le engordarán
los alimentos que coma.
Si alguien come mucho y no sube de peso, significa que su actitud interior
y su manera de pensar son diferentes. En ciencia se dirá que tienen
metabolismos diferentes, pero la psicología dice que aunque es muy
cierto que las personas pueden tener un metabolismo y un sistema glandular
diferentes, que afectan de forma distinta a su cuerpo, la actitud interior
determina el tipo de metabolismo, de sistema glandular o de sistema digestivo
que tiene o no una persona.
Por desgracia, el masoquista o persona que ha sufrido la herida de la humillación
grandemente, se recompensa alimentándose, pues la comida es su tabla
de salvación, su manera de gratificarse. A pesar de todo, no será
bueno que se reproche este comportamiento, porque esto ocasionará más
sentimiento de culpa y no logrará más que sentirse más
humillado.
Será preferible aceptar el peso y trabajar la herida de la humillación
reconociendo primeramente hasta qué punto se avergüenza de sí
mismo o de otras personas y cuántas otras personas se han avergonzado
de él, de ella. También necesitará darse cuenta de las
numerosas ocasiones en que se humilla a sí mismo; es decir esas veces
en las que se rebaja o se siente indigno, indigna, veces en las que se menosprecia,
se dice a sí mismo, a sí misma, que no sirve para nada, que
es un inútil, hiriendo cada vez más su interior, en lugar de
comenzar a sanar su corazón herido con la ayuda de la gracia del Señor
Dios.
El comenzar a mirar con objetividad las situaciones, el ser conciente de que
en realidad los seres humanos vivimos dormidos, y generalmente actuamos desde
el inconsciente herido, las actitudes de los demás, las palabras, no
nos herirán tanto pues como dirá el Psicólogo Clínico
y Fraile Franciscano Ignacio Larrañaga: “Relativizar, es salvarse”,
es decir, dejar pasar las palabras hirientes, las actitudes ofensivas como
quien mira pasar la más hermosa gaviota que se va……porque
se comprende, porque se ama, pero esto se logra desde la fe adulta, esa que
se cultiva en el silencio y la soledad con el Señor Dios en la intimidad
del corazón, de rodillas, es decir, desde una actitud humilde y abierta.
Fe adulta que crece y se fortalece en la Eucaristía, en la comunión
con los demás y consigo mismo.
Así pues, no olvides que tus padres también sufren la herida
de la humillación y de que ellos también la vivieron con sus
padres. Al querer ser tu compasivo con tu madre, con tu padre y en general
con todas aquellas personas que te humillaron, te será más fácil
comprenderte a ti mismo, a ti misma, pues recuerda que la causa principal
de una herida viene de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros
mismos o lo que hace sufrir a otros. Y nos es difícil perdonarnos porque
por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras
más importante sea la herida de la humillación, al rebajarte
o compararte con los demás, más te estarás humillando
a ti mismo, a ti misma o que humillas a otras personas, al avergonzarte de
ellos o tenerles resentimiento.
La psicología enseña que reprochamos a los demás lo que
nos hacemos a nosotros mismos. Y no queremos reconocerlo. Por eso será
necesario que seas sincero, sincera –tu que escuchas- y no escondas
más la máscara de la herida de la humillación.
Por último déjanos decirte que el divorcio o la separación
–por ejemplo- causada por una infidelidad de alguna de las dos partes
o de las dos partes, causa en los demás miembros de la familia las
cinco heridas que estamos analizando: rechazo, abandono, humillación,
traición e injusticia.
Oh Señor Jesús, manso y humilde de corazón,