NO TE DEPRIMAS EN NAVIDAD
Las causas más frecuentes para que una depresión llegue en navidad
pueden ser variadas. De hecho, son muy parecidas a las asociados a festividades
como el Día de la Madre, Día del Padre, Día de los Enamorados
o cualquier otra fecha significativa.
El hecho de que la Navidad no sea una celebración de un día, sino una época del año rodeada de fiestas y celebraciones por cualquier parte puede ser, para la persona afectada por la depresión una verdadera tortura.
Estas causas pueden ser el fallecimiento de un ser querido, la distancia -tanto física como emocional- de un ser querido, la ruptura de pareja o de una amistad, las expectativas insatisfechas o no alcanzadas, los problemas económicos, los malos recuerdos o la soledad sin Dios. La persona se ensimisma y evita compartir con los demás este acontecimiento de la navidad.
Hablando mundanamente, la Navidad es un período solamente asociado a la finalización del año. Mucha gente se pone a hacer recuentos para ver si se han alcanzado las metas propuestas hace doce meses, para diversas cosas o planes, contra mal llamados fracasos obtenidos. Para algunas personas es una época para cerrar un ciclo más de la vida, pero para otras, el pensamiento de que todo tiempo pasado fue mejor, y la evocación de recuerdos cálidos y reconfortantes, en un ambiente familiar feliz, aumentan más la depresión y sensación de vacío.
En otros casos la baja autoestima puede jugar un papel importante para que la depresión en Navidad y en cualquier tiempo, se haga presente. Al ser la Navidad una celebración asociada a felicidad, amor y paz, las personas que no tienen conciencia aún de quién es el verdadero sentido de la Navidad o quién es la Navidad, y al no tener conciencia de cuánto valen ellas mismas, no se sienten merecedores de ser amadas inmensamente, creen que lo mejor sería morir. Es más, llegan a sentirse culpables por el solo hecho de pensar en compartir y disfrutar de las fiestas, de sentirse alegres junto con los demás, ensimismándose aún más en su depresión por su vacío existencial y por no saber o no querer aceptar que son inmensamente amados por Dios, muchos y muchas se entregan a vicios como el alcohol, las drogas, se entregan a relaciones que les dañarán más, e incluso a pensamientos asociados al suicidio.
La depresión aunque puede ser generada por algún funcionamiento químico del cerebro o por alguna enfermedad física, puede también y sobre todo ser generada por la negatividad que decidamos día con día y momento tras momento engendrar en nuestra mente.
Este mensaje pretende ayudarte a ti que escuchas, sea quien seas, niño, joven, adulto a invitarte a que te decidas ahora mismo a voltear tus ojos en ese pequeño de Belén, Jesús, que precisamente vino por ti especialmente para que descubrieras el verdadero sentido de tu vida y supieras que la Navidad es Él, Dios con nosotros, el Emanuel que ahora mismo si así lo decides, puede hacerte muy feliz allá, en tu profundidad, en tu corazón.
Hermano, hermana que escuchas, tú no necesitas de nada externo para ser feliz, solamente necesitas de Dios que vive en ti y de tus buenas decisiones como por ejemplo, ahora mismo puedes decir en tu interior, sea cual sea tu pena abrirte al amor incondicional de Dios por ti y hablarle en tu corazón a Jesús diciéndole: Jesús, había estado ensimismado en mi mismo, ensimismada en mi misma, pero hoy se que ninguna hoja del árbol se mueve sin que el Padre lo haya permitido y todo para mi bien.
Te entrego ahora mismo todo lo que yo creí que era un bien para mi, pero que hoy se que el mayor bien que pudiera tener, eres tú en mi mente, en mi corazón, en mis emociones, en lo más profundo de mi. A partir de hoy, en este momento, quiero comenzar a celebrar la navidad es decir, quiero celebrar que viniste a esta tierra a enseñarme cómo amar y qué es el verdadero amor. Viniste Jesús a decirme que aunque sufra pérdidas de cualquier tipo, el amor del Padre y tu amor, tu Espíritu Santo y tu presencia Jesús, nunca me faltarán.
Hoy aquí y ahora reconozco que nadie es el centro de mi vida. Reconozco que había apegado mi corazón a tantos y tantas, que había hecho el centro de mi vida a paja que se lleva el viento. Hoy Jesús mi Salvador Precioso, estoy haciendo crecer la fe, la esperanza, la vida, la alegría en mi, porque ya no quiero más ser un necio, una necia que funda su casa sobre arena.
Todos los seres humanos, somos tuyos, tú nos hiciste y hacia ti vamos. Unos se van primero de la manera que sea, y otros llegaremos después. Gracias Jesús por la conciencia que me estás dando de la importancia del tesoro que soy. De tanto regalo que hoy comenzaré a abrir para disfrutarlos y para que me hagan madurar porque hoy me doy cuenta que al haberme cerrado por el dolor recibido, no me permití crecer como un verdadero hijo, como una verdadera hija de Dios. Gracias Jesús por estar en mi corazón, por tu fidelidad hacia mi, por el amor inmenso, gratuito e incondicional que me tiene el Padre. Dios, gracias porque me amas y te amo. Amén.
¿Sabes hermano, hermana que escuchas? Todos los seres humanos estamos propensos a presentar depresión, pero créenos, la depresión se puede evitar cuando recurras siempre a la positividad, a la fe adulta, a la esperanza que no muere nunca. La depresión la podrás evitar cuando quieras vivir el amor incondicional para ti mismo, para ti misma y para cada ser humano que se tope en tu camino. Si hoy todavía experimentas esa loza encima, esas espinas que te duelen, es porque allá en tu muy profundo ser, hay cosas que aún no has sacado y que ya no te son útiles y quizá nunca lo fueron.
Hoy, aquí y ahora te invitamos a comenzar una limpieza general, pero no lo hagas sólo, sola, porque no estás sólo, sola. El poder de Dios está sobre ti ahora mismo, sólo necesitas querer dejarlo actuar y tú unirte a ese poder y decir ahora mismo: Decido entregar lo que tanto me ha dolido. Decido ahora mismo en tu poder Señor perdonar a…..
En tu nombre Jesús Pequeñito decido levantarme porque tú me das el ánimo, porque de ahora en adelante ya no haré caso de lo que sienta de negativo sino que de ahora en adelante tomaré decisiones por fe, por madurez en ti, por sabiduría y esta sabiduría hoy me dice que puedo levantarme, aunque esté postrado, postrada en una cama, porque por fe, desde hoy, a cada momento comenzaré a declararme sano, sana para ti Señor.
Y si tú que escuchas, puedes caminar, en el nombre de Jesús levántate, báñate, busca tu Biblia y comienza a leer el salmo 46 (45) que dice: “Dios es mi refugio y fortaleza, poderoso defensor en la angustia, por eso no tendré más miedo aunque se deshaga la tierra y los montes se desplomen en el fondo del mar porque se que Dios está en medio mío y me sostendrá, me ayudará al comenzar el día”
Mi hermano, hermana que escuchas, quien te habla ha vivido momentos muy amargos por estar ensimismada y por haber buscado mi voluntad y no la del Señor pero también se que hoy vivo en plenitud y que no importa lo que pudiera aún sentir de tristeza o negatividad, porque decido vivir en la alegría de Jesús que nació y murió por mi decidiéndome a cada momento ser positiva, por eso te digo: Sí se puede pero tú que escuchas tienes qué decidirlo a cada momento.
Cuando comprendas y aceptes que nadie es el centro de tu vida más que sólo Dios, ese día serás libre, serás feliz. ¿Sabes? La felicidad es una actitud interior que viene de decidirse a vivir en paz, a vivir en amor verdadero, a vivir en honestidad de vida, a vivir en desapego con libertad interior. La felicidad viene de comprenderse a uno mismo y de aceptarse exactamente así como es para de ahí partir a un cambio progresivo benéfico para uno mismo y por consiguiente para quienes se topan con nosotros cada día. Para quienes nos hemos decidido a caminar desde Cristo mirando siempre de frente y siempre hacia adelante –aunque a veces caigamos nuevamente en negatividad por descuido o necedad, no podemos decir que seguimos en el mismo sitio aunque aún todavía no lleguemos a ser como Jesús.
Así que tú que escuchas, niño, joven, adulto, no importa la edad que tengas, no importa lo que haya pasado, tal vez un divorcio o alguna separación de alguien o la muerte o enfermedad de algún ser querido para ti, no importa las palabras que te dijeron o el abuso físico o psicológico que te cometieron, no importa los rechazos, abandonos, humillaciones, traiciones o injusticias que recibiste porque mayor eres tú que todo eso porque la razón de que Mayor es el que vive en ti. Mayor es su amor a todo el desamor, mayor es la paz que Él quiere que vivas que la angustia que permitiste en tu interior. Mayor es la libertad a toda la esclavitud a la que te ataste apegando. Mayor es la seguridad que te da hoy Jesús que todo el miedo que pudieras haber alimentado en tu mente.
Eres libre de todo lo que te daña. ¡Creelo! Hoy en el nombre de Jesús quedas desatado de todo tipo de depresión; hoy en el nombre de Jesús quedas desatado de toda negatividad pero tú necesitas querer ponerte en pie. Tú necesitas decidirte a cada momento comprenderte y comprender porque la Navidad es eso: comprender que el ser humano es inmaduro cuando no se abre al amor verdadero. La navidad es comprender que el hombre sin Dios es quebradizo frágil, pero que precisamente Dios lo ha ungido de su Espíritu de Poder gracias a Jesús y nos ha dotado a mi, a ti que escuchas de todas las herramientas para escalar aún la más alta montaña.
En esta época del año te invitamos a que comiences a valorar tu mente, pues dice la Palabra del Señor en proverbios 4, 23: “Cuida tu mente más que a nada en el mundo, porque ella es fuente de vida”. En otra parte dice que en ti está la bendición o la maldición, que en ti está el poder decidirte por lo que te construye o lo que te destruye, por el bien o por el mal, por la negatividad o la positividad, por la infelicidad o la felicidad pero todo, todo está en que tú comiences a decidirte una y otra vez por el bien, por la salud, por la amistad contigo mismo, contigo misma, cultivando diariamente una relación con Dios por medio del amor que te manifiestes a ti mismo, a ti misma y por medio del amor que manifiestes a todo aquél, a toda aquella que se tope en tu camino.
Si tú que escuchas fuiste un niño abusado sexualmente, o eres un jovencito, una jovencita que ha sufrido la separación de tus padres, o eres un adulto que vive gruñón, gruñona por tanto rechazo y abandono, el perdón será algo vital en esta Navidad.
En estos talleres aprendemos que las culpas no existen más que en la mente de quien quiere creer en ellas. Lo que sí existe son las causas y si aquella cometió aquél abuso brutal y te cometió injusticias, fue porque a su vez, también le cometieron lo mismo o pero y claro que esto no es excusa, pero si ahora tú te decides a romper con la cadena de seguir reaccionando y respondiendo de la misma manera o de otras maneras negativas, comenzarás a ver la verdadera vida pero el boleto de entrada es el perdón.
Perdón primeramente a ti mismo, a ti misma por tantas decisiones que
te han destruido y luego, perdón a quienes te causaron daño
incluso, sin saberlo. Lo que ya pasó, ya pasó y puedes estar
seguro, segura que si Dios nunca quiso el mal para ti, de todas esas espinas
estará sacando rosas, bienes, madurez para ti si tú también
así lo decides ahora mismo postrado, postrada ante Jesús Niñito
que te está esperando en su pesebre para darte de su calor, para darte
toda su ternura, para darte amor verdadero.
No mendigues nunca más que te llamen, que te den regalos, que te den
atención, que te digan que te quieren mucho aunque no sea verdad, porque
los hijos de Dios no mendigan porque no tienen necesidad sencillamente porque
tienen el amor de Dios para ellos. Los hijos de Dios son dignos y humildes,
porque digno y humilde es quien los hizo. Los hijos de Dios son felices y
seguros porque se saben en las mejores manos, las manos Divinas de ese Dios
que es amor sin límites y sin condiciones.Y quien se sabe en las manos
de Dios, el Dios Poderoso y compasivo, perdona. ¿Sabes? el perdón
es el ingrediente esencial para disfrutar, no solo de esta Navidad sino para
disfrutar cada día, cada momento de tu vida, para disfrutar también
de la paz que Jesús Bebito vino a dar.
Mi hermano, mi hermana que escuchas, aún es tiempo: perdona a quien
te haya ofendido y pide perdón a quien tú hayas hecho algún
mal aunque haya sido sin mala intención. ¿Te cuesta hacerlo?
Recuerda lo que Jesús hizo por ti gratuitamente, pues no le has pagado
nada, ¿verdad? Pero a EL, ¡¡sí que le costó!!
Quien quiera que seas en el nombre de Jesús te decimos: ¡Perdona!,
porque el perdón es vida para tu mente y para cada órgano y
célula de tu cuerpo. Perdona porque Navidad es vida, es AMOR VERDADERO.
Navidad es bendiciones del cielo derramadas sobre ti y los tuyos, pero de
ti depende vivirlas hoy, mañana y siempre.
Perdonar no significa olvidar lo pasado, sino recordar sin dolor, pero para
llegar a recordar sin dolor te aconsejamos que escribas una y muchas veces
más una gran carta al Padre Dios diciéndole todo lo que te ha
dolido y comienza a hablarle a esas personas para decirles lo que tú
experimentaste pero que hoy gracias a Jesús Bebito tú les desatas
y les perdonas. Háblate también a ti en esa carta y perdónate.
Pon todo lo que más te duela y lo que no te duela mucho también
y cuando termines, quémalo como ofrenda, como regalo al Niño
Dios.
Hacer esto cuantas veces lo necesites decidiendo a cada momento ser feliz
sin llevar cuenta nunca de los delitos te irá purificando del rencor.
El rencor es el más grande veneno junto con la soberbia que puede llegarte
a matar tu mente, tu alma, tu ser porque el rencor y la soberbia son como
el agua estancada que si no se purifica se pudre y huele mal. Así también
le sucede a tu interior con los odios no filtrados que tienden a dar un sabor
amargo al agua de nuestra vida y esta agua podrida y amarga te puede causar
no sólo el cáncer del alma sino también del cuerpo.
Jesús se hizo un nene y nos dijo en su Palabra que quien fuera como
un niño entraría en el reino de los cielos. ¿Sabes? En
el arte de perdonar nos aventajan los niños. Para ellos un “¡perdóname!”
bien dicho, basta y sobra para borrar una pelotera. Los niños no son
sensibles a esos vanos temores que la soberbia engendra Lo malo es que entre
más crecemos y más “importantes” –así
entre comillas- nos volvemos, nos habituamos a ser tercos y reacios para perdonar.
Por la soberbia y amor propio herido te resulta duro agachar la cabeza ante
quien te ha bofeteado, y hoy más que ninguna época, la humildad
no está de moda porque se le suele confundir con la cobardía.
Pero, ¿no es más valiente el hombre que perdona de frente que
aquel que huye por la vida atesorando su rencor, encapsulando la humildad
sin dejar salir nada de lo precioso que ya Dios depositó en su corazón?
Si todavía hoy dices que te resulta difícil perdonar es por
tu cerrazón, por estarte mirando egoístamente a ti mismo, a
ti misma pero si tú que escuchas esto, hoy mismo decides amar como
Dios te ama, , entonces tu interior y tu vida todo, comenzará a ser
diferente, comenzarás a ser realmente feliz y pleno, plena.
Hoy queremos compartir contigo cinco consejos para perdonar:
1. Perdona aunque quien te cometió la herida no te lo pida nunca. No
te enojes ante ninguna agresión. Más bien piensa desde la sabiduría
que todos los seres humanos estamos heridos y no somos maduros como Jesús
porque así lo hemos decidido. Muchos preferimos vivir como si Jesús
nunca hubiera existido.
2. Piensa siempre bien de los que te ofenden. No es verdad el viejo refrán
que dice: “piensa mal y acertarás”, porque hoy ya sabes
que todos llevamos el tesoro de la bondad, de la paz y del amor escondido
en vasijas quebradizas de barro. Más bien piensa que esa persona que
te hizo o te dijo aquello fue alguna vez un niño herido como tú
y que no supo cómo superar tanto dolor y que hoy ha permitido inconscientemente
tener el corazón amargado y seco de resentimiento. Tú dices
que la persona que te hizo daño anda feliz por la vida, pero ¿sabes?
“caras vemos; corazones, no sabemos”. Haz tuyo el pensamiento
de Jesús que dice: “No hagas a otro lo que no quieras que te
hagan a ti”. Y pregunta al Señor a cada momentito por desagradable
que sea lo que te sucede: ¿Qué harías tú Jesús
en mi lugar?
3. Sal al encuentro del que te ha ofendido. Esto es ya el 50% de una reconciliación
Y UN CASI 90% de tu sanación interior. Pero si el otro o la otra no
quieren volver a saber nada de ti, no uses la rebeldía y digas: yo
ya no perdono, Dios ni me escucha porque decir esto y ponerse así,
es inmadurez. Más bien una vez más, comprende pues recuerda
lo que aprendemos en estos talleres para saber vivir, que si supiéramos
comprender no haría falta perdonar.
4. No le des vueltas a lo que pasó y ya decidiste perdonar. Lo perdonado,
perdonado está. Sólo los burros son capaces de darle vueltas
a una noria seca. No seas necio, necia como dice la Palabra del Señor,
más bien mantén tu mente tranquila porque ésta es salud
para el cuerpo. Sal al encuentro desde el Espíritu Santo y llegarás
con PODER DIVINO al corazón del otro aunque este –como dijimos-
no quiera saber nada de ti. Dile al Señor que derrame bendición
tras bendición y obstínate en bendecirle por siempre y para
siempre.
5. Si tienes la oportunidad, ten especial atención con los que te ofendieron.
Hazles ver con detalles y bondad que los has perdonado de corazón.
6.-Finalmente te decimos: No seas como mucha gente que se prepara para Navidad
con adornos, fiestas, luces, pasteles y toda clase de bocadillos. Todo eso
esta muy bien, pero no hay mejor forma de disponerte a vivir una auténtica
Navidad que engalanar tu alma con el perdón. Esa sí será
una NAVIDAD VERDADERA.
Ayuda en la depresión te deseamos una Feliz Navidad y un Nuevo Año
lleno de paz, de sabiduría de positividad. Amén
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus
brazos y manos ponlos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia
arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo
y lento. Experiméntate pleno, plena, libre en el amor de Dios.
Y desde esa fe adulta, desde tu corazón escucha lo que tu Señor y Dios Jesús en el pesebre te dice ahora mismo: Mi precioso, mi preciosa, mira cuánto te amo, he venido revestido de humildad para que tú ahora mismo puedas soltar lo que te tiene atado, atada por el orgullo y amor propio herido y para que puedas perdonar porque perdonar te hará grande, perdonar te hará invencible. Lo que pasó ya pasó. No trates de encontrar culpables, porque no los hay. Todo sucedió por las decisiones llenas de superficialidad y no fe, pero Yo tu Dios tu Jesús, de todo lo que destruye, saco restauración, de todo lo que esclaviza yo saco libertad, de todo lo que oscurece y desalienta yo saco luz y alegría verdadera. Todas esas cosas difíciles por las que pasaste o estás pasando Yo voy a usarlas para tu bien.
Por eso hoy vengo a ti en la humildad y la pequeñez de un niño, para elevarte a alturas insospechadas, alturas desde donde podrás ver a los demás a través de mi dulzura, a través de todo lo que supe superar por amor al Padre Celestial y por amor a ti. Desde ahí, desde el amor más sublime y perfecto, desde mi sangre, podrás contemplarte y contemplar aún al que más daño te ha hecho, y entonces, habrás entrado en el reino de la madurez, en el reino de la locura divina, es decir, habrás entrado en la prudencia, en la magnificencia que viene de ser extremadamente humilde e inmensamente rico, rica en Dios.
Ahora desde esa fe adulta, de manera especial en esta Navidad, tú que
escuchas, llega hasta el pesebre humildemente para darle gracias al Padre
Dios por el más grande regalo que te hadado y luego háblale
a Jesús Bebito, desahogando tu corazón. Dile no con palabras
sino con todo tu ser allá en tu profundidad:
Oh Padre de inmensa bondad, tanto me has amado que has dado a tu Hijo único
para que creyendo en Él no perezca en el egoísmo sino que tenga
vida eterna. Hoy te agradezco Padre, que me hayas dado el mejor regalo de
toda mi vida: te agradezco que me hayas dado a Jesús.Oh Dios Eterno,
de tu plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia y hoy Señor
te Adoro y me postro ante ti humildemente, deseando amarme como tú
me amas y deseando amar a quien se tope conmigo y a la humanidad entera, como
tú me estás amando, Oh Dios. ” Jn 1,16
Y tú
mi Jesús Hermoso, Precioso Salvador, que siendo de condición
divina, no hiciste alarde de tu categoría de Dios, te despojaste, tomando
la condición de siervo, haciéndote uno de tantos. Fil 2,6-7.
Jesús mi Niño de Belén, ¡qué elocuentes
lecciones me das aún en medio de tu silencio! Te amo por sobre todo
lo que pueda sentir o pensar. Te adoro y al adorarte te ofrezco mi buena disposición
que ya es gracia. Te ofrezco lo que soy, lo que tú me diste y lo pongo
ahora mismo a tu servicio, me pongo a tu disposición Oh Rey mío.
La cueva, las pajas, el pesebre, los pañales... todo me clama, todo
me grita que tú viniste para mi y que tú, “mi Amado eres
para mí”. Tu extrema pobreza, es decir, tu extrema dependencia
al amor incondicional del Padre, son saetas de amor que me mueven dulcemente
a amar como tú Jesús. Tu extremo amor me lleva a amarme, a aceptarme,
a perdonarme, a ser feliz, a ser creativo, creativa para levantarme, a ser
positivo, positiva, a trabajar por una vida digna y honesta. Tanto amor me
hace pleno, plena.
Tu amor Oh Dios fascinante se hizo pequeño, se hizo débil, se hizo tierno, se hizo carne, carne como la mía, carne que llora, sufre y tiene frío, pero hoy, me quedo en el pesebre acurrucado, acurrucada junto a Jesús. Hoy es Navidad, hoy soy feliz porque el Cielo ha bajado a mi corazón para siempre jamás. Aquí estoy Jesús Adorándote, amándote, disfrutándote….
EN AÑO NUEVO PERDÓNATE Y PERDONA
Hoy comenzamos este mensaje diciéndote que empezar un año nuevo haciendo las mismas rabietas de lo años anteriores y trayendo a tu mente toda la negatividad con la que muy posiblemente hasta unos momentos antes de escuchar este mensaje habías decidido mantener, no es buena idea. Hoy te decimos en el nombre de Jesús que no sigas pensando que como ya estás en los primeros días del año y no ves ningún cambio en ti, sino que al contrario, has perdido 7 veces al día la paciencia y ya te volviste a enojar será mejor hundirte tu mismo, tú misma una vez más diciéndote: “¡Qué va!, tú no tienes remedio, eres horrible, tienes ese carácter espantoso que te dijeron que tú tenías. Tú no tienes posibilidad de cambio, no tiene caso portarte como un hombre, como una mujer de fe adulta; mejor échale a tu costal más gritos, más negatividad, más heridas y grita y llena de negatividad a los demás hiriéndoles el corazón porque tu no vales la pena, porque tu vida no tiene sentido”.
¿Sabes mi querido hermano, mi querida hermana que escuchas?, un año
nuevo, como también cada día, cada momento de tu vida, es un
regalo inmenso como para echarlo a perder con la no fe y la negatividad. Si
tú ahora mismo estás escuchando este mensaje es porque esa fuerza
interior que hay en ti para ser mejor, para crecer, para brillar, para amar
y que Dios puso en tu corazón te está diciendo que tú
puedes cambiar con la ayuda de Dios y tus correctas decisiones de acuerdo
a la Palabra del Señor. Tú sabes que puedes cambiar pero necesitarás
querer aceptar el reto de decidir a cada momento por fe y no por emociones
que hoy están y mañana ya no. Si quieres ser grande sobre todo
en el amor verdadero, necesitarás querer correr el riesgo de creerle
a Dios y de poner a caminar todos los dones que Él ya te ha regalado
en su Hijo Jesús.
Este año no es un año más, sino que es una oportunidad
para volver al verdadero hogar que es el Padre Dios. Este año nuevo
es una oportunidad para volver al que es la Casa construida sobre cimiento
firme: Jesús. Deja ya los pensamientos construidos sobre arena de que:
“Hasta el año entrante resolveré mi situación;
cuando se presente la oportunidad le pediré perdón. Mejor dejo
esto que me va a hacer bien para después. El mes entrante dejo de drogarme,
ahora sí, palabra de honor que no volveré a tomar luego de esta
última cerveza, ahora que me cambie de trabajo y gane más dinero
no le gritaré más a mis hijos o a mi madre.
Si el estudio está fácil le echaré ganas pero mientras
tanto tiraré mi tiempo. Por cierto, hasta el año entrante me
inscribiré para ver si ahora si la hago así, sin esforzarme
nada.
Mi hermano, mi hermana que escuchas, permíteme decirte que el mañana
no existe. Con lo único que cuentas es hoy. Por ello decir que te reconciliarás
hasta mañana, te mantendrá inseguro, insegura, atado, atada
a una irrealidad real que es el resentimiento, el amor propio herido. El Señor
con todo su amor poderoso te manda salir de ese año viejo lleno de
descuido, del ahí se va, lleno de basura que apesta, lleno de oscuridad
y frío.
Basamos este mensaje en la enseñanza que nos da el Señor en
el evangelio de Lucas 14, 16-24 que dice: Jesús dijo: Un hombre dio
una gran cena y mandó invitar a muchas personas. A la hora de la cena
mandó a su criado a decir a los invitados: “Vengan porque ya
todo está listo”. Pero, todos comenzaron a disculparse. El primero
dijo: acabo de comprar un terreno y tengo que ir a verlo. Te ruego que me
disculpes. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas.
Te ruego que me disculpes. Y otro más dijo: acabo de casarme y no puedo
ir. El criado regresó y se lo contó todo a su amo. El amor al
ver el bien que se evitaban ellos mismos, se enojó y le dijo al criado:
“Ve pronto por las calles y los callejones de la ciudad y trae acá
a los pobres, los inválidos, los ciegos y los cojos”. El criado
hizo lo que le dijo su amo y al ver que aún había lugar en la
mesa, se lo comunicó a su amo a lo que este le dijo: Ve por los caminos
y los cercados y has a otros entrar para que se llene mi casa ya que aquellos
que invité primero no quisieron comer de mi cena.
Hermano, hermana que escuchas, ¿crees que el Padre Dios tiene exclusividades
y a unos les manda la lluvia a su tiempo y a otros les manda centellas en
las pompas? ¡Claro que no! Nosotros, el ser humano somos los que preferimos
perdernos el banquete de una vida nueva, de un año nuevo en Jesús.
El Señor enseñó al apóstol Pablo a insistir a
tiempo y a destiempo como insistió el criado de este pasaje bíblico.
Y hoy hacemos desde el poder de Dios esta insistencia hacia a ti:
Ya no pongas más pretextos para ser libre en Dios. Que no te de miedo
nada más que no amarte como Dios te ama. Dios no te mandará
a ningún infierno nunca. Ya tú te encargaste de meterte en el
infierno de la infidelidad a ti mismo, a ti misma. Ya tú te decidiste
tomarte en lugar del vino nuevo del amor, el vino envenenado del resentimiento
y del no perdón, pero hoy aquí y ahora Jesús el Señor
te vuelve a invitar a cenar en esa cena en la que hay de todo para mantener
tu vida en paz.
Hoy aquí y ahora, Dios te invita al restaurante más lujoso y
sin pagar que instauró en tu mente y corazón. Ahí puedes
entrar y comer cuantas veces lo necesites y sin pagar nada porque ya todo
Cristo lo pagó con intereses para ti en la Cruz. Come cada mes del
año de la uva más espiritual y sabrosa que pueda existir sobre
todo cuanto ha sido creado y de la que ha salido del costado de Cristo: la
uva del profundo amor, incondicional y gratuito que puede convertir al corazón
más endurecido y frío en un corazón de carne que late
al ritmo de Dios.
Para casi terminar te brindamos la siguiente DINÁMICA REFLEXIVA
Hoy en este año que comienza queremos regalarte la siguiente dinámica
que puedes realizar dándote, regalándote a ti mismo a ti misma,
un tiempo para escribirle una carta a Dios en la que le cuentes todo lo que
te ha dolido y aún sangra, pero que en su infinito amor por ti hoy,
aquí y ahora todo lo ha comenzado a transformar en alegría verdadera,
en compañía divina, en vida nueva. Agradésele a Dios
por tu vida, por cada parte de tu cuerpo, por cada órgano, por la sangre
limpia y sana que corre por tus venas de Cristo en la cruz y por la vida que
te ha regalado con Jesús vivo en tu corazón. Agradésele
a Dios por la gracia a la que hoy eres fiel por su amor de decidir mirarlo
todo desde una perspectiva diferente, desde una perspectiva de fe, de ver
todo como una enseñanza de vida, como algo que hoy te está haciendo
más grande, más a la altura de Jesús el Señor.
Puedes también elaborar una carta para aquella o aquellas personas
que seguramente sin querer tu mal te dañaron. Háblales desde
esa anchura de alma y esa positividad inquebrantable que hay en ti y disfruta
escribirles. Diles cómo hoy le ves o les ves. Y ante todo lo que escribas,
saca conclusiones llenas de esperanza y de una fe que mueve montañas.
Para ayudarte a confeccionar tu carta, te damos las siguientes preguntas que pueden moverte a llegar al fondo de lo que aún hoy puedes sacar y arrojar en las manos divinas que todo lo transforman en bien.
¿Quién reapareció en tu vida hace 30 años o hace 10 o hace 2 años o este año que pasó, que te produjo un cambio inesperado y por qué? Escríbele a esa persona una carta conmovedora a tal grado que pudiera mover sus entrañas a una conversión a Dios y a ti moverte al agradecimiento por tanto bien o al perdón por tanta inconciencia. ¿Cuál fue la cosa mas osada o atrevida para bien tuyo o de otros que hiciste y cómo te sentiste durante y después?
Acepta un “error” como lección. ¿Qué te enseñó?
¿Cómo podrías aprovechar esas circunstancias de manera
diferente en un futuro? ¿Hay alguien a quien necesitas perdonar? ¿Cómo
lo harás? ¿Hay alguien a quien le debas una disculpa? ¿Cuándo
lo harás?
¿Sonreíste en el Señor bastante en este año que
pasó, te alegraste en el Señor lo suficiente a pesar de pasar
momentos duros? ¿Qué podrías hacer para pasar mejores
momentos y ejercitar el hecho de sonreír sabiendo que esto te es benéfico
para tu salud integral? ¿No será que podrías tomar la
vida responsablemente pero sin rigidez, admitiendo que puedes equivocarte
pero que también puedes perdonarte y perdonar?
Además del ejercicio espiritual diario ante la Palabra de Dios, ¿Tienes
ya también dentro de tus rutinas diarias y siempre nuevas el hacer
ejercicio físico y el comer saludablemente para mantener tu mente y
tu cuerpo sano y que sea un auténtico instrumento de amor para los
demás?
En este año, igual y tendrás la oportunidad de hacer experimentarse
bien a alguien en alguna celebración y que no tenga dinero. ¿Cómo
podrías hacer que ese alguien pase una linda fiesta sin tener dinero?
¿Haciendo qué te experimentarías satisfecho de ti mismo,
satisfecha de ti misma? ¿Cómo quieres celebrar la navidad siguiente
y cómo quieres celebrar el año que viene?
Por último, a ti que escuchas, te deseamos bendición, por ello
te bendecimos para que en estos momentos el Señor sane todas las heridas
del mal que tú u otros te han hecho, ya sea con intención o
sin intención. El Altísimo borre de tu memoria esas malas imágenes
que te culpan y acusan con la intención de hacerte daño, convierta
hoy el Eterno nuestras palabras de bendición en bálsamo para
tu vida y vino de alegría a tu corazón.
Queremos que seas feliz, alegre y disfrutes la vida que el Señor te ofrece libre de tu pasado aferrándote al bien y a la misericordia que te seguirán todos los días. Pedimos a Dios por ti que quieras estrenar el corazón perdonador que ya te dio para que en la vida sepas hacerlo con los que te hacen daño y no guardes ninguna sed e intención de venganza en tu alma. Oramos porque sane el Señor heridas de amargura, rechazo, falta de amor, la ausencia de papá o mamá, la muerte de aquél ser amado. Te ponga hoy el Padre Eterno el sombrero de Manasés que hizo olvidar al pueblo de Israel la miseria de su pasado.
Te bendecimos y deseamos de corazón que quieras abrir tu corazón
a Jesucristo, porque sobre toda la tierra no hay ni habrá otro nombre
que pueda salvarte de las garras del egoísmo, del orgullo y del amor
propio herido.
Te bendecimos con la gracia del perdón. ¿Sabes? el perdón
no beneficia a Dios porque nada de lo que hagas puede hacer que Él
te ame más. Él te ama inmensamente, gratuitamente incondicionalmente.
A quien le va muy bien el perdón es a ti. Dedícate a bendecirte
tú mismo/a. El gran reto de tu vida, de tu mente y espíritu
será aceptar el amor de Dios para ti. Dios te ha amado tanto que te
ha dado a su Hijo Único para que tengas vida, y la tengas en abundancia.
Esa vida ya está en ti pero tú necesitarás querer vivirla.
Y podrás vivir esa vida plena desde ahora mismo, si te decides amarte
incondicionalmente, perdonarte y amar a los demás de la misma manera
que Dios te ama a ti.
Hermano, hermana, Dios ya te ha bendecido, Dios ya te ha salvado pero ¿Y
tú? ¿Tomas esa bendición, esa salvación en este
día tan especial, tan lleno de Jesús? Ahora te toca cultivar
su amistad, leyendo su Palabra y poniendo por obra lo que TÚ SABES
que te hará bien y hará bien a quienes te rodean. Pregúntale
al Señor a cada instante de tu vida: ¿Qué harías
tú Jesús en mi lugar? Y verás que siempre encontrarás
respuesta para todo y te irá bien. No te dejes llevar de la impulsividad,
de la no fe y de la negatividad. El Altísimo ya te bendijo con una
mente que es un tesoro.
“Cuida tu mente más que a nada en el mundo, porque ella es fuente de vida” Proverbios 4,23 Amén.
MOMENTO DE INTIMIDAD CON DIOS
El Señor Jesús te está llamando allá en tu interior a una nueva vida, a una vida de lucha sí, pero con paz, con alegría que viene de confiar siempre en la fidelidad de Dios. Tú puedes hacer realidad el sueño de Dios para tu vida es decir, tú puedes ser feliz hoy, aquí y ahora en este mismo momento decidiéndote a amar como Él te ama a ti.
Él te llama ahora mismo a descansar en Él, a nutrirte de Él. Te invita ahora mismo a amarle y a dejarte amar por Él, así que en unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia arriba o entre lazadas; cierra tus ojos y respira suave profundo y lento….
Y en fe adulta, comienza a hablarle a Dios, no con palabras sino en el silencio precioso de tu ser en donde Él habita con todo su esplendor. Dile allá en tu corazón:
“Señor, hoy en ti acepto el dolor, haya venido de donde haya
venido. Lo acepto no para hacerlo mío sino para entregártelo
a ti, para que tú lo conviertas en fuente de bendición para
mi y para quienes contribuyeron a ello. Hoy se, gracias a que me has abierto
los ojos del alma, que tú aún lo más terrible lo estás
convirtiendo en libertad interior, en Año Nuevo. Hoy en ti soy positivo,
positiva ahora mismo en este mismo instante y no sólo te entrego todo
lo doloroso de mi pasado sino también todo aquello que en mi presente
y en mi futuro pudiera llevarme por mi actitud sin fe, nuevamente a la negatividad.
Desde ti Oh Padre Celestial, desde hoy Jesús, rindo mi ser a ti y se
que aunque sienta lo que sienta, aunque pase lo que pase, ya no volveré
nunca a como era hace 20, ó hace 10 ó hace 2 años, ni
siquiera como fui hace 30 días o hace 3 horas. Nunca más Oh
Dios. Tu nacimiento Jesús Amado, y tu cruz lo han renovado todo.
Hoy estreno nuevos lunes, y martes, y miércoles y jueves y viernes
y sábados y domingos. Hoy cada día es nuevo. Ninguno es igual
que otro. Cada momento desde hoy es una oportunidad para disfrutarte en mi
corazón. Cada respirar mío es una bendición que me une
a ti mi más grande Amor y me hace amarme con locura procurando mi bien
y por supuesto que también me hace amar a los demás exactamente
así como son procurándoles siempre el bien.
Hoy estamos juntos, tú y yo Dios mío, despertando la valentía,
el coraje sano de nunca rendirme. Hoy me declaro para ti un vencedor, una
vencedora. Hoy se que este es un nuevo año para crecer, marcado con
tu sangre que lo hace especial aunque yo camine por lo de diario, por lo sencillo,
por lo que aparentemente no aparece, por lo que aparentemente parezca difícil
y hasta imposible, pero hoy confiado, confiada en ti –como dirá
el salmista- me meto en la refriega y hago hoy lo que tengo qué hacer
lo mejor que pueda y tú harás el resto Oh Dios infinitamente
alegre y poderoso. Aunque a diario tenga qué realizar lo mismo en cuanto
a trabajo se refiera, todo me sabrá a nuevo porque así es de
inmensa mi fe.
Hoy me rescato para ti y rescato para ti a mi familia, a mi padre, a mi madre,
a mis hijos, a mi suegra, a mi yerno, al vecino, al abuelo, a cada ser humano
lo rescato y lo reclamo para ti. No desaprovecharé ni un instante en
pleitos, en necedades, en egoísmo y mucho menos en rumiar el amor propio
herido. Preferiré que todo esto se desangre ante ti en la cruz, antes
que recaer en el resentimiento y la superficialidad. Y cuando me canse mientras
camino, Oh Señor, dejaré unos momentos lo que hago para descansar
en ti y ya renovado, renovada entonces seguiré adelante pero nunca
desistiré en decidirme a cada momento a ser como tú, Dios positivo,
Dios de bondad, Dios que eres el Amor, mi más grande Amor.
A partir de hoy declaro mi mente consagrada a la bondad, a la alegría,
a la sonrisa, a la solidaridad, a la libertad interior. La ato a tu cruz bendita
para disfrutarte a ti Jesús, a ti Padre, a tu Espíritu Santo
vivo siempre en mi corazón.
Hoy es año nuevo porque el Año de Gracia que eres tú
me ha salvado y desde el poder que me da tu Espíritu Santo ahora mismo
arranco el egoísmo que tantos males provoca. Cada día despertaré
tan feliz como si fuera el único día que tengo para vivir el
amor. Para mi todo y todos serán nuevos; mi pareja, mi familia, mi
vecindario, los compañeros de trabajo, o la gente que me encuentre
por las calles, porque desde hoy los quiero contemplar desde la riqueza que
son aunque aún ellos no hayan decidido darse cuenta el tesoro que son
porque tú los hiciste y les llenaste de todo para ser felices.
Hoy, aunque no cambie de trabajo, lo comienzo a mirar nuevo porque he cambiado
mi manera de pensar, mi manera de ver las cosas. Hoy lo estoy realizando Señor,
estoy viviendo un año nuevo y cuando haya caídas, las aprovecharé
como enseñanzas y oportunidades para no repetirlas y ser más
parecido, más parecida a ti Jesús cada día. Los momentos
especiales contigo con tu Palabra, desde hoy los haré cada día
más intensos y a la vez más sencillos sabiendo que en ti está
mi verdadero descanso, la fuente de Poder indestructible.
Padre, ya me harté de vivir en el egoísmo, en la injusticia
que he cometido, en la falta de honestidad. Ya me harté de mi doble
vida, esa que vivo cuando pongo cara de buenesito, de buenesita y hasta la
voz la hago melosa y por otro lado no me retiro a orar, no quiero tomar la
responsabilidad de vivir mi vida como Jesús, no quiero amarme, no quiero
amar ni aceptar a los demás así como son. Oh Dios Padre, Jesús,
Amor de Dios, no quiero más darle rienda suelta a lo que sienta de
desaliento como cuando veo a los demás maltratar la naturaleza o matándose
o matando a otros, o cometiendo fraude o insinceridad diciéndome yo
mismo yo misma: ¿Por qué no acabar con todo? Sino al contrario
Oh Dios de infinita paciencia, decirme una y otra vez más: Voy a comenzar
de nuevo no desde el principio otra vez, sino desde donde tú me levantaste
Jesús la última vez.
Cuando haya obrado según me lo has enseñado tú Jesús,
no volveré a decir: Lo que dije o hice no tuvo éxito. Me esforcé
mucho pero no valió la pena porque no pasó nada. Hoy se Jesús
que tu ejemplo me ha arrastrado a hacer el bien y si el Padre Dios me ha puesto
en este mundo es porque quiere que con su poder y mis decisiones sabias, arrastre
también a otros.
Creo firmemente que puedo arreglar la herida de una paja a una persona si
primero compongo la herida que provocó la viga de la inconciencia en
mi vida. Hoy en este Año Nuevo me obstinaré y esforzaré
por hacer que quienes convivan conmigo sientan y sepan que son valiosos y
valientes si deciden caminar de tu mano. Se Señor que algunas personas,
muchas personas tienen miedo pensar que las cosas pueden cambiar pero Padre,
Jesús Amado mío, hoy con mi mente y corazón puesto en
ti, con la alegría que irradie, el ánimo, la capacidad de amar
incondicionalmente les diré aún sin palabras, que el mundo no
es una porquería ni el ser humano lo peor de la creación.
Hoy acepto que cuando la gente se acostumbra a vivir mal, cuando la gente
se acostumbra a las cosas como son, como lo hacen la mayoría se les
hace imposible cambiar y se rinden y entonces hasta yo si me dejo llevar por
la inmadurez, por la cerrazón, el egoísmo, la ignorancia, la
soberbia y la no fe entonces todo perdemos Oh Dios, porque como dice tu Palabra
si un miembro del cuerpo está enfermo, todos sufren con él.
Desde hoy, con tu amor Dios mío, miraré a la gente como si la
estuviera vigilando para protegerla, porque hoy se que ni ellos ni ellas pueden
ver lo que necesitan. Hoy se que hacer esto es mi oportunidad de arreglar
lo que incluso ni yo mismo, ni yo misma hice mal, por ello me obstinaré
santamente en hacer siempre el bien aunque reciba lo contrario.
Y aún más, haré el bien porque es mi misión, porque
quiero amar sin pedir nunca nada a cambio, sin cobrarme lo que en realidad
ni siquiera salió de mi sino de tu gracia y la disposición buena,
la actitud buena que tuve pero que también la di desde tu gracia. Que
nunca me sorprenda a mi mismo, a mi misma cobrando favores Dios mío,
jamás. Que no sepa nunca mi mano derecha lo que hizo la izquierda.
Quiero amar como tú Dios mío.
No volveré a decir que "He sido un don nadie, ¿Que qué
puedo hacer ya?" Más bien diré que quiero resucitar a una
vida mejor, que quiero luchar, que voy a trabajar por una madurez a tu estilo
Jesús, que quiero volver a empezar" porque empezar visto desde
la fe es retomar el camino de la fe inquebrantable aunque a veces sienta cansancio
o ganas de votar todo. No me puedo decidir más porque así lo
quiero, a ser un necio, una necia, un insensato, una insensata.
Hoy recibo de ti Señor, este año recién salido de tus
manos ¡Oh, Autor de la vida! Este es un año que ya he comenzado
a estrenar y en el que por tu amor inmenso tengo la oportunidad de restaurarlo
si por descuido llegara a maltratarme a mi mismo, a mi misma o a otros pero
Señor como ya me he rescatado para ti no admitiré como ahora
mismo no lo hago, ningún pensamiento que no vaya de acuerdo a tu Palabra.
Gracias Oh Padre por darme este nuevo año en el que no se qué
acontecerá pero si se que me he determinado creer en ti y en el que
haré lo que está de mi parte para construirlo sabiamente. Recibo
todas las bendiciones que quieras darme sobre todo la de tomar responsablemente
mi vida. Padre amorosísimo y tierno, creador de todo lo hermoso que
existe en la creación, así como tú nos diste las flores
más hermosas que nadie nunca jamás podrá crear: rosas
abundantes y frescas, tulipanes risueños, bugambilias y jacarandas
en flor.
Así yo hoy en Jesús mi Año Nuevo, siguiendo tu ejemplo
creador, estoy cultivando otras flores que me diste a manera de semilla pero
que yo tengo que hacer crecer y cuidar como la fe, el amor, la esperanza,
el optimismo, la generosidad, la abnegación que va muy de la mano de
la prudencia, el silencio oportuno, la creatividad y tantas flores espirituales
más. Padre, desde hoy no será la basura ni las plagas de un
jardín lo que alegrará mi vida, sino los fertilizantes como
el fuego del amor en el que toda escoria y el más grande virus se muere
para dejar lo que sí sirve, lo que es eterno. Padre cultivaré
con buena tierra, la tierra de una mente siempre dispuesta a trabajar por
tu reino de amor, de justicia a tu estilo mi Dios, reino de paz. Regaré
en su momento oportuno y suficiente con cada una de todas las herramientas
que ya están en mi y que son dones que tú depositaste en mi
interior para que este mi jardín sea un lugar perfecto en el amor en
donde tú te enseñorees. Yo soy tu jardín Señor.
Tu gracia en este año nuevo de Jesús en mi, me ha convencido
que soy un tesoro, que soy valioso, valiosa, que cada momento puedo ser mejore
de lo que soy, subir más arriba, salir del hoyo; estoy convencido,
convencida de que puedo cambiar. De hecho estoy cambiando motivado, motivada
por tu amor incondicional por mi Oh Dios.
Señor, se que un año de bondad puede comenzar con 5 minutos
y luego 10 y luego 30 y luego 60 minutos de amor hasta llegar a amar 24 horas
seguidas como tú me estás amando en este mismo momento.
Hoy soy conciente que más que desear para los demás y para mi
un año feliz, debo comenzar a construirlo de tu mano Oh Jesús
esperándolo todo de ti y de mi sin exigir nada a los demás.
Sin ti Dios mío, ¿Qué podría yo? ¡Te amo,
OH, mi más grande Amor!…. Decido hoy con tu poder amar como tú
me amas. Decido hoy con tu poder, amar como tú me amas. Decido hoy
con tu poder, amar como tú me amas.



NAVIDAD ES NO RENDIRSE NUNCA
Los días en que celebramos algunos cambios en el tiempo, durante el año por ejemplo provocan en nosotros, en mi, en ti que escuchas, diversas, distintas, múltiples emociones y reacciones causadas por los pensamientos que hemos escogido tener y no precisamente son muy alentadores; así, en los días de Navidad, Año Nuevo, cumpleaños y aniversarios mientras algunas personas ríen, otras lloran o simplemente los disfrutan o son indiferentes. Sin embargo, algo que hacemos comúnmente todos, es que nos detenemos a pensar en lo que traerá el futuro, pues no sólo buscamos un escondite para hoy sino que buscamos un punto de apoyo que nos dé seguridad para el mañana y por ello sentimos la necesidad de una brújula, de un sentido de dirección que nos marque el camino auténtico por el que caminemos sin temor, firmes, seguros.
Nos causa ansiedad el no saber lo que traerá el porvenir, por eso,
si pudiéramos, haríamos hasta lo imposible, para protegernos
del futuro. Desearíamos estar bien preparados frente al mal que pudiera
avecinarse, quizá quedarnos solos, o parar en un asilo, o quedar inmóvil
en una cama o en una silla de ruedas y sin dinero, etc. Quisiéramos
librarnos del golpe que se esconde en el mañana.
Buscamos un fuerte desde donde observar, lo que se avecina, para tomar la
iniciativa en el ataque. Queremos tomar por asalto el futuro, teniendo la
certeza del triunfo. Pero en realidad ¿A qué le llamamos triunfo?
¿A qué le llamamos fracaso? ¿A qué le llamamos
el mayor desastre? ¿A qué le llamamos la mayor bendición?
Independientemente de lo que pudiéramos contestar, sabemos yo, tú que escuchas, que depende de cómo hemos aprendido a pensar y de cómo hemos educado nuestra mente, es como reaccionaremos ante lo que nosotros mismos los seres humanos hemos llamado triunfo, fracaso, desastre, bendición.
Pero en esta Navidad, queremos más que nada hacer conciencia de qué o quién es la mayor bendición que tenemos los seres humanos. Comenzamos diciendo que el mayor bien, la mayor bendición es el evangelio, porque gracias al evangelio que es la misma vida humanada de Dios entre nosotros, tenemos vida. Y vida en abundancia.
La mayor bendición que tenemos entre nosotros es a Jesús, porque en Él se encierran todas la riquezas que Dios el Padre Celestial, quiere darnos!, no mañana, sino hoy, aquí y ahora. El mañana, déjalo en manos de Dios y ponte a trabajar con fe, con esperanza y con amor, por tu presente, entonces, seguro que el mañana será grande, será bendecido, será fructífero no sólo para ti o los tuyos, sino para todas las generaciones futuras.
Desafortunadamente, por vivir cerrado sobre ti mismo, cerrada sobre ti misma muchas veces te topas con que tu mismo, tu misma estás creando miedos, inseguridad, depresión, tristeza, con tanta programación mental negativa en la que repites y repites: “Me siento sólo, sola” “Estoy solo, sola”, “No puedo más”, “Yo no puedo hacer esto ni aguantar aquello”, “Ya no quiero vivir”, “Nada tiene sentido”, “Seguro que esto va a acabar en un accidente, o esto va a acabar mal” etc. ¿Sabes? El inconsciente no distingue si la programación que le das te va a hacer bien o te va a hacer vivir en un infierno, simplemente cumple lo que le das.
Y si lo que le das durante todo el año y todos los años es negatividad, cuando llegan las celebraciones de tu santo o cumpleaños o de Semana Santa o Navidad comienzas a repetir el pensamiento que surgió de la superficialidad que te dijo: “Nadie me quiere de verdad” “No experimento el amor que yo quisiera” “Me siento más sólo, sola” “Dios es pura fantasía” “Me rebelaré ante todo lo que me pasa y he pasado”. No quieres vivir por fe, y comienzas con todo ello a crear una atmósfera de hostilidad, de amargura, de resentimientos, de celos, de envidias, de tontería, de mentira mental.
Tú necesitas del don de la fe; necesitas ser un hacedor, una hacedora de la Palabra, pues de otra manera te perderás en un mundo mental en el que más que la navidad crece el reino de la muerte. Hoy, la gente busca esa brújula que le lleve a la felicidad en el dinero que no es malo cuando no lo reunimos por avaricia y sí para vivir dignamente y ayudar a obras que ayudan a otros a ser mejores personas; hoy la gente busca esa brújula que le lleve a la felicidad en las posesiones materiales, en la posición social y económica, en el cumplir con los ideales de una sociedad en la que las medidas físicas deberán de ser las exactas, y sobre todo, hoy la gente busca seguridad en sí misma; en aquello que puede hacer con su propio esfuerzo. Pero si somos honestos reconoceremos yo, tú que escuchas, que hemos buscado seguridad tal como lo hizo el rico insensato: haciendo graneros más grandes donde acumular lo que tenemos y entonces descansar confiados, sin pensar que hoy puede ser el último día de nuestra vida terrena.
En realidad, la verdadera seguridad y el verdadero disfrute de la vida, el
verdadero sentido de cada día, de cada minuto, de cada celebración,
se encuentra en una profunda relación con Dios por medio de Jesucristo
al poner en práctica el amor. Agustín de Hipona nos dice que
nuestro corazón está hecho para Dios y no encuentra reposo hasta
llegar a descansar en él. Por eso el salmista exclama (Sal 46,1): ‘En
él encontramos “nuestro amparo y fortaleza’.
Dios, en su infinita misericordia, envió a su Hijo que nació
de una mujer –nos dice el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas
4, 4, sometiéndose a la condición humana, para dar libertad
a los que estábamos bajo la ley. Dios, en su infinito amor, sabiendo
de qué barro está hecho el ser humano es decir, sabiendo que
nosotros los hombres y mujeres que habitamos este planeta, tendemos a la negatividad,
a la cerrazón nos regaló a Jesús su Hijo que hoy nos
dice en Mateo 6, 34: “No se preocupen por el día de mañana,
porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día
tiene bastante con sus propios problemas”.
Y en Lucas 12, 22-31 nos dice: “Les digo que no se preocupen
por lo que han de comer para vivir ni por la ropa que han de ponerse.
Gente falta de fe. No anden afligidos buscando qué comer y qué
beber, porque todas estas cosas son las que preocupan a la gente del mundo,
pero ustedes tienen un Padre que ya sabe que las necesitan.
Ustedes pongan su atención en el reino de Dios y recibirán también estas cosas. No tengan miedo ovejas mías; el Padre en su bondad ha decidido darles el reino. Vendan lo que tienen, y den a los necesitados; procúrense bolsas que no se hagan viejas, riqueza sin fin en el cielo, es decir en su alma en donde habita Dios y donde el ladrón es decir, el egoísmo, no puede entrar, ni la polilla destruir, pues donde esté la riqueza de ustedes, allí estará también su corazón. (Mús)
Querido hermano, hermana que escuchas, El Reino de Dios es Jesús mismo en tu corazón, son los dones de Dios derramados por el Espíritu Santo en tu corazón. El Reino de Dios está ya presente en el Pequeño de Belén y en ese Pequeño de Belén, es decir, en Jesús, está escrita tu vida, vida por cierto sostenida e impregnada por el amor de Dios, que es amor perfecto, amor total, amor profundo, amor único, simplemente, amor.
Así que si quieres saber qué te depara el destino, vívelo a Él, a Jesús naciendo, creciendo y resucitado en tu corazón pero nunca olvides su cruz, pues Jesús en la cruz, te invita a acercarte a Dios quien, con sus brazos abiertos (como en la cruz), te recibe tal cual eres y te transformará paso a paso, en un hombre, en una mujer, en un ser humano maduro, hermoso, radiante de luz, de paz, de libertad interior, de humildad al estilo de Jesús; en la medida en que pongas a trabajar la positividad, en la medida en que quieras alimentar tu mente con su Palabra, con pensamientos que bendicen, con pensamientos llenos del poder de Dios, y cuando comiences a amarte a ti mismo, a ti misma, y comiences a amar a cada ser humanos y a cada ser vivo incluyendo plantas y animales, en esa medida descubriremos más claramente que Dios sigue actuando, que Dios se hizo hombre.
Quisimos llamar a nuestro tema ‘Navidad es no rendirse nunca’, porque simplemente, Dios es invencible y con Él somos más que victoriosos. ¿O no es verdad que ante una sonrisa sincera, ante un apretón de manos dado con el corazón, ante la humildad auténtica, ante la pobreza verdadera es decir, ante Jesús en el pesebre, ante el sí incondicional de Jesús a su Padre durante toda su vida, nuestro corazón herido y derrotado vuelve a la vida?
La forma como Dios actúa, y piensa no es como la nuestra. ‘Nuestros caminos no son los suyos ni nuestros pensamientos son como sus pensamientos. Jesús, ese pequeño de Belén, vino a decirnos: “Vuélvanse al Señor llevando con ustedes esta oración: Toma toda nuestra maldad y recibe nuestra vida llena de alabanza. Reconocemos que nadie puede darnos seguridad ni nadie más puede salvarnos. Ya no llamaremos ‘Dios nuestro’ a nada fabricado por nosotros mismos, porque solamente en ti, Señor, el huérfano encuentra compasión”.
Y El Padre Celestial, en la persona del pequeño de Belén ha venido a decirnos: “Voy a curarlos de su rebeldía y voy a amarlos inmensamente, Tú, mi hijo querido, mi hija querida que escuchas en este momento, serás como el rocío y darás flores como los lirios. Tus raíces serán tan firmes como el monte Líbano y tus ramas se extenderán hermosas como las ramas del olivo y será tu aroma como el de los cedros del Líbano. Vivirás siempre bajo mi protección; entonces crecerás como el trigo y florecerás como la vid. Y tú dirás: desde ahora sólo los pensamientos que bendigan y construyan permanecerán en mi y Yo tu Dios, te atenderé y te cuidaré porque habrás encontrado en mi, la verdadera vida”.
Hermano, hermana que escuchas, ni el Pesebre en donde nació
Jesús, ni su cruz es derrota, sino fuerza de Dios. Pablo en su primera
carta a los Corintios 1, 18 dice: "Porque la predicación de la
cruz es locura para los que se pierden, pero es fuerza de Dios para los que
se salvan". Tú que escuchas, hoy, aquí y ahora te exhortamos
en el Nombre del Pequeño de Belén a convertir tu vida a Dios,
a ser como aquél centurión romano que reconoció luego
de ver cómo reaccionaba Jesús, el poder de Cristo crucificado.
Él vio la cruz y confesó un trono; vio una corona de espinas
y reconoció a un rey; vio a un hombre clavado de pies y manos e invocó
al único Salvador.
Con todo esto, podríamos volver a reflexionar pero
ya cargados de fe adulta ¿Cuál es nuestra actitud ante el futuro?
¿Acaso estoy, estás preocupado, preocupada por lo que pueda
traer el mañana? ¿Ves la obtención de cosas materiales
y de logros personales como una fuente de seguridad? De ser así, te
invitamos hoy a cambiar tu manera de mirar el porvenir. Te invitamos a que
busques sin tardar más en la intimidad del corazón a Jesús,
al Padre, para que sea su Espíritu Divino quien ilumine tu ser. Dios
te dará la seguridad que buscas. Dios será tu refugio en el
día de la angustia, entonces será invencible como el Niño
de belén.
Hagamos yo, tú que escuchas, cada día de nuestras vidas una
verdadera Navidad donde Jesús nace no en una cueva fría de Belén
sino en nuestro corazón celebrando no sólo una noche o un día
sino toda nuestra existencia que el Hijo de Dios se hizo hombre para abrirnos
las puertas del Cielo de nuestra alma, para enseñarnos el camino de
la vida eterna que podemos vivir hoy, aquí y ahora.
Navidad pues significa que ha venido Dios entre nosotros, que ha nacido el esperado, el Emmanuel. Y cada vez que celebramos la Navidad independientemente de la fecha que sea, recordamos muy especialmente que Dios no está lejos, sino muy cerca de nosotros y que yo, tú que escuchas, necesitamos continuar este nacimiento con nuestras miradas, nuestras palabras, nuestras acciones, nuestras actitudes. En Navidad, Dios nos mostró su rostro humano en Jesús, para salvarnos y amarnos desde la tierra y para que nosotros aprendamos de Jesús ese amor.
Es hora de mirar hoy al Pequeño de Belén no en las imágenes
bonitas de nuestros pesebres. Hay que buscarlo entre aquellos que despreciamos
y quizá seamos nosotros mismos; hay que buscarlo en aquellos que te
hirieron para perdonarlos y comprenderlos de corazón sabiendo que ellos
y ellas han sido heridos horriblemente; hay que buscar al Pequeño de
Belén en los niños huérfanos o pobrísimos desnutridos
que se han acostado esta noche sin tener que comer.
Busca al Pequeño de Belén en tus hijos abandonados largas horas
con sus abuelos o solos en tu casa; busca al Pequeño de Belén
en esa madre o padre o tíos en el asilo, en su cuarto arrumbados porque
ya –según tu- no son útiles. Busca al Pequeño de
Belén en la amante de tu esposo de tu esposa y habla cara a cara con
tu cónyuge para poner las cartas claras de la conversión a Dios
y seguir adelante.Busca al Pequeño de Belén en tu corazón
clemente y compasivo, pues no olvides que eres imagen de ese Niño Salvador
del mundo.
Busca al Niño de Belén en los vendedores de periódicos
que dormirán arropados de diarios allá en los portales, en las
calles. Búscalo en el lustrador de zapatos que tal vez se ha ganado
lo necesario para llevar un regalito a su mamá; Búscalo en el
vendedor de periódicos o los chicles o qué se yo, que no logró
vender los periódicos y recibirá una tremenda golpiza de su
padrastro o madrastra. Busca al Niño de Belén, mirando como
una brizna, como una paja las equivocaciones de los tuyos y a cambio, dales
abrazos, muchos abrazos y besos y palabras cargadas de fe como el ¡Yo
te amo! ¡Te amo! ¡No quiero saber más, simplemente, te
amo!
No olvides que todo, pero todo sin faltar nada, lo ha asumido Jesús
la noche de la Natividad. Y desde el sí incondicional de María,
Dios te mostró el camino, y luego, ese pequeño de Belén
quien llegó a ser Jesús de Nazareth que recorrió la Galilea
y terminó crucificado en Jerusalén nos pone frente a frente,
cara a cara frente al egoísmo, frente al a vida superficial y mediocre;
nos cuestiona sobre qué estamos haciendo con el tiempo que nos ha dado
Dios, el Padre Celestial, para crecer, para sabernos realizados y plenos.
Sí, encontrarnos con el Pequeño de Belén, es encontrarnos
con ese Jesús que aliviaba las penas, consolaba, fortalecía,
secaba las lágrimas, hacía el bien, levantaba muertos, curaba
con su saliva y sus manos y convertía los corazones a Dios. Y yo, tú
que escuchas, como Jesús a tal grado que el día de nuestra sepultura
se pudiera escribir: ‘Pasó como Jesús, haciendo el bien
a todos, sin excepción’.
El Pequeño de Belén, hoy, aquí y ahora, desde el pesebre
de nuestro corazón viene a confrontarnos y a decirnos, a decirte a
ti que escuchas, que te des cuenta que la Navidad es vida, que navidad es
cuando naces sin temores a nuevas y sinceras formas de relacionarte, de organizarte,
de convivir con calidad y paz.
El Pequeño de Belén hoy aquí y ahora desde el pesebre
de tu corazón te dice que la navidad significa enfrentarte a todo con
honradez, alegrarte con sencillez de lo bueno que tienes y hacerte responsable
del bien que evitas hacer por miedo al qué dirán o por la flojera
por la que te dejas llevar.
Que Navidad es cuando dejas libremente que en tu ser irrumpa la fuerza transformante
de la luz que vence toda oscuridad y penumbra; Cuando abres, con sinceridad
, tu corazón, tu ser aún incluso al que o a la que se resiste;
Es Navidad cuando rompes sin temores tus viejos esquemas mentales negativos
y formas nuevas formas de pensar al estilo de Dios.
Navidad es cuando te recreas en la vida, en la fe, en la esperanza, en el
compromiso; Cuando haces opciones claras, concretas, sinceras en la construcción
de un mundo en donde el amor y por lo tanto el respeto a las diferencias sea
la base.
El Pequeño de Belén viene a decirte que si en tu corazón
hay más amor, en lugar de odio es Navidad. Si has decidido perdonar
a alguien, es Navidad. Si buscas a Dios de verdad, es Navidad. Su aumenta
el gozo de tu fe cristiana, es Navidad. Si en tu alma florece la esperanza,
es Navidad. Si trabajas por la justicia entre los hombres, es Navidad.
Si tienes deseos de vivir y lo comunicas a los demás, es Navidad. Si sabes sufrir con amor, es Navidad. Si eres perseguido o se ríen de ti por causa del Evangelio, es Navidad. Si te alegras de ser hijo de Dios es Navidad. Y si aún sientes tristeza, hoy, el Niño de Belén desata con un beso todo lo desagradable, lo que te duele, para volverte una hombre, una mujer sensible a todos los regalos divinos y humanos como una flor, una árbol, un perrito, un bebé, un anciano caminando por la calle, una mujer comprando jitomates en el mercado, tu televisión por la que puedes ver un programa agradable y constructivo, tu teléfono por el que puedes escuchar a quien se siente más sólo, sola que tú, un consejo dado a otros, una palabra amable, hay tantas cosas por las que podemos estar felices.
Hoy el Niño de Belén te dice: ¡¡Alégrate en mi!! Y vivirás radiante, porque la navidad es gozo en Mi, tu Salvador. Si me tienes a mi en el corazón, no te faltará nada. Y si tienes enemigos, reconcíliate, porque la navidad es paz. Si tienes amigos, búscalos en vida, porque la navidad es encuentro hoy, aquí y ahora. Si tienes padres a tu lado, ayúdalos, porque la navidad es don. Si tienes soberbia, entrégamela porque la navidad es humildad. Si tienes deudas, trabaja para pagarlas y no vuelvas a adquirir ni una más, pues la navidad es justicia. Si tienes errores, conviértete, porque la navidad es gracia. Si tienes tinieblas, enciende tu lámpara de la fe ya que la navidad es luz. Si tienes equivocaciones reflexiona, la navidad es verdad. Si tienes odio, entrégamelo, pues la navidad es amor.
Sí, la Navidad es el aviso de Dios Padre, a la humanidad, a ti que escuchas, y que te dice: “Ahora que te he enviado a mi Hijo Único, ahora que todo un Dios se hace frágil como tú, ahora….precisamente ahora, quiero que te des cuenta, de que si Dios es capaz de tomar tu condición contingente, ahora tú, desde mi gracia, eres capaz de amar como Dios, es decir, como yo tu Creador que te amo. Y te amo a pesar de todo lo que tú te condenas. Te acepto a pesar de que tú te rechazas. Te amo, más que la madre más tierna de este mundo. Te amo, te amo, te amo.
Sí, Sí. La navidad es manifestar el amor verdadero, el amor que Dios ha derramado en nuestro corazón, amor que nos cura de todas nuestras heridas porque en realidad la Navidad, no tiene nada que ver con andar preocupados y hasta obsesionados mendigando una llamada de aquél, de aquella, o mendigar un regalo de parte de este o de esta, ni es tener una cena o no tenerla. Si los seres humanos convenimos en una fecha para celebrar el amor de Dios a la humanidad en el nacimiento de Jesús, no se hizo para que demos rienda suelta precisamente ese día, al dolor o al desaliento que como ser humano puedas tener, causado por las heridas de la vida que no has asumido es decir, que no has aceptado valientemente desde la fuerza de Dios, y que lo manifiestas tomando, fumando, huyendo de ti, gritando, enojándote buscando hasta el más mínimo pretexto para alimentar falsamente el vacío existencial, el sinsentido de vivir, porque prefieres vivir sumergido, sumergida en ti, porque no quieres mirar a la Luz, y la Luz, es el pequeño de Belén.
La Navidad es el corazón convertido al Señor. La Navidad es vivir en la verdad. La Navidad es trabajar honestamente seas patrón o empleado. La Navidad es ser un padre, una madre de familia, un hombre, una mujer excelente, es decir, un ser humano con el corazón siempre en la mano aunque la mayor de las veces no seas correspondido, correspondida.
Navidad es ser un ser humano que lucha por conquistar la paz, el perdón, la misericordia, la justicia. Y la justicia de Dios es Navidad, porque buscar la justicia es buscar porque los demás yo, tu mismo, tu misma que escuchas, seamos mejor cada día, es buscar que queramos ver siempre la luz, reconociendo cuando caemos en el error, en la falsedad, en el engaño.
Navidad es olvidar el rencor, poner en marcha el amor y ponernos a trabajar tomados de las manos; Navidad es encontrar una frecuencia, en el que aún siendo diferentes podemos ponernos de acuerdo. Navidad es ser empático, es decir, es ver y tratar al otro y a la otra como a ti te gustaría que te vieran y te trataran; es ponerte siempre, en los zapatos del otro, de la otra no sólo un día sino siempre. Navidad es no esperar un abrazo, sino darlo, es no esperar una disculpa, sino darla, es no esperar que te amen, sino amar. Navidad es darse en amor con miradas, con hechos, con pasos, con palabras, con el ejemplo, los 365 días del año, hacia todos pero especialmente, a los que hacen chismes, a los que causan divisiones, a aquellos que nos quieren manipular de cualquier manera, en una frase, a aquellos que sufren porque no se han dado cuenta de la riqueza que son y que por consecuencia, actúan, miran y hablan desde sus heridas no sanadas.
Navidad es remanso de paz en la guerra. Es paz en el corazón. Es un rincón de hogar para los sin casa. Un puesto en la mesa para los sin pan. Un villancico en los labios de los sin voz. Una estrella en las vidas que son noche. Una Palabra en medio de los silencios. Una entrega en medio de tanto egoísmo. Una nueva vida entre tantas muertes. La inocencia entre tanta corrupción. El canto de la alegre pobreza en medio de la riqueza vana. Un reencuentro entre tantas separaciones. Un grito de fe en el corazón de la incredulidad. Una gozosa aparición en medio de tanta soledad.
Navidad es la sencillez en medio de la apariencia. Una deseada
presencia en un mar de ausencia. Un brote de virginidad en medio del comercio
sexual. Una ráfaga de transparencia en medio del doblez y de la deshonestidad.
Un río de verdad en donde nos secamos y nos matamos unos a otros el
alma, por las mentiras.
Navidad es cordura en medio de tanta locura, es un hijo que grita: "madre",
"padre" en medio de tanta orfandad. Navidad es la caricia materna
de Dios a la humanidad que da a luz en medio de tantos abortos. Navidad es
un hombre y una mujer que creen el uno al otro en medio de tanta desconfianza
y que son fieles a ambos porque primero han sabido ser fieles a sí
mismos y a Dios. Navidad es un compromiso en medio de tantas huidas y abandonos.
Navidad es responder a la llamada de Dios a la intimidad con Él, a
la solidaridad, y al servicio, en medio de tantas y tantas llamadas al egocentrismo.
Navidad es "bajar al infierno de la desesperanza y el desaliento"
y rescatar con todos los dones que Dios nos ha dado a tantos y tantos que
sufren.
Navidad es Luz en la oscuridad. Es el arco iris de Dios, el Emmanuel, es decir el Dios con nosotros en Jesús. Navidad es un Si continuado y un hágase al estilo de María, siempre abierta a la voluntad de Dios. Navidad es creación y renovación del Amor Dios. Navidad es amar, amar sin parar, hasta gastarte. Navidad eres tú en mi corazón, soy yo en tú corazón, sin apegos, en libertad. Navidad es Don de Dios. Navidad es el Amor más Hermoso jamás conocido y que se llama: Jesús
Por eso hoy te invitamos a recibirlo en tu corazón.
Deja que él te rompa y te vuelva a formar como barro fresco en sus
benditas manos para así descansar desde ahora, aquí mismo entrando
así en la dimensión divina y humana, de su Reino. Sí,
ahora mismo, ¡Es Navidad!..
Señor, tú sabes que mi corazón quiere amar. Lo necesito. Hoy, de una manera única y especial, necesito reconciliarme conmigo mismo, conmigo misma, asumiéndome, aceptándome así como soy; necesito reconciliarme con aquél, con aquella sin pedir nada a cambio, simplemente, porque hoy se que la Navidad es paz. Aquí están mis tristezas, porque hoy me alegro en ti y me regocijo porque se que la Navidad es gozo en el Espíritu Santo. Pongo a tus pies mis equivocaciones, las faltas que he cometido contra mi mismo, contra los demás, contra la naturaleza, contra ti, porque se que la Navidad, es gracia.
Pongo en tu corazón el odio que pueda sentir contra los que heridos respiren por el no amor, porque se que la navidad es olvido de odio, porque la navidad es amar. Permíteme ir al encuentro de aquellos y aquellas que he tenido olvidados, porque se que la Navidad es encuentro.
Hoy quiero Señor que el año de amnistía, el año de jubileo, el año de gracia, se cumpla en mi, dejando libres de pago, a todos mis deudores, es decir, a aquellos que habrían de haberme amado y respetado como ser humano y no lo hicieron, pues se que la navidad va más allá de lo que yo crea que es mejor para mi, porque la Navidad es tu voluntad sobre mi Señor. Porque la Navidad eres tú en mi, Jesús.
Jesús mío, ayúdame a esparcir tu fragancia de amor, dondequiera que yo vaya; inunda mi alma con tu Espíritu y tu Vida; penetra en todo mi ser y toma posesión de tal manera, que mi vida no sea en adelante sino una irradiación de la tuya. Quédate en mi corazón con una unión tan íntima, que las personas que tengan contacto conmigo puedan sentir en mí tu presencia y que, al mirarme, olviden que yo existo y no piensen sino en Ti.
Pequeño de Belén, ya no quiero preguntar nunca más ¿De dónde me vendrá el auxilio? Porque estoy seguro, segura que siempre me vendrá de ti, ya que a ti grité y tú me salvaste; me salvaste de la fosa fatal, del temible enemigo: de la incredulidad, del desamor, del desasosiego, del egoísmo, de la soberbia, de la negatividad de la noche de mi solitariedad. Iluminaste la noche de mi corazón y llenaste con tu amor, todas las noches de mi vida por terribles que fueran, todo lo convertiste en Luz.
Te hiciste uno de tantos, para hacerme especial. ¡Soy especial Jesús!, no soy uno de tantos, una de tantos. ¡No!, porque con tu nacimiento recibí la gracia de ser amor como Tú, Jesús.
Haz venido Jesús en el silencio de la noche para derramar sobre nuestra vida llena de ruidos que nos ensordecen: tu Paz, tu ternura, tus caricias que sanan cualquier herida por profunda que sea.
Haz venido Jesús, Haz nacido Jesús, Y ahora vives plenamente en mi corazón. ¡Cómo no reventar de amor en mis entrañas!. ¡Cómo no adorarte y bendecirte y glorificarte!. ¡Cómo no amarte en cada momento de mi vida venga como venga. Siempre amando, siempre amando, siempre amando, como tú……¡¡¡JESÚS!!!
Tú eres el Dios de la vida, y aunque nosotros los humanos nos perdamos en la muerte, vienes a cada instante delicadamente con tu gracia, para cautivarnos nuevamente y nos tomas suavemente de la mano y graciosamente nos abres los ojos de la fe, susurrándonos al oído espiritual: ¡Yo te amo! ¡¡¡¡¡YO TE AMO!!!!!!
Jesús: hoy muchos corazones viven en el frío de la indiferencia, del rencor, del resentimiento, de la negatividad, de la avaricia, de las heridas no sanadas. Hoy muchos están tristes porque les han dicho que tienen cáncer, que tienen sida, porque se les ha muerto un ser querido, porque les han dicho que no sirven para nada, porque han peleado y no se han perdonado, porque su vacío es tan hondo que creen que las cosas materiales les darán la felicidad.
Pero…..Jesús, ¡Tu vienes! Y Vienes a trocar los corazones más endurecidos en corazones ¡VIVOS!. Ahora mismo Jesús, cierro mis ojos y oro en mi corazón desde tu Espíritu, y desde el Amor inmenso del Padre, quedándome bien dentro de tu corazón, corazón que late por amor y contigo quiero bendecir a todos mis hermanos en el mundo:
Los que están matándose, drogándose, los que están abusando o siendo abusados, los que viven sin hogar, sin pan y sin techo, los que están abandonados en los asilos, los niños y jóvenes que viven en la calle…mis hermanos de los cinco continentes…..Por mis hermanos que mueren en los atentados, por aquellos que sufrieron el sunami, terremotos, y sufren discriminaciones por su color o cultura….
Por todos Jesús…que nadie falte en esta Noche Santa al pesebre: Los que decimos creer en ti, los que no creen, los ricos, los pobres, los humildes, los soberbios. Por todos tu naciste Jesús, Príncipe de Paz.
Regálanos la gracia de reconocer que tú no haces
diferencias, que tú lo único que hiciste en esta vida fue: ¡¡¡¡AMAR!!!!
¡¡¡AMAR A MANOS LLENAS!!!!
Viniste para hombres y mujeres de todas razas, lenguas, pueblos y naciones….¡Oh
Amor!. ¡Inmenso Amor! Y nacimos contigo a la familia del Padre Celestial.
Y nos dijiste que el Amor es lo más importante. Y nos dijiste con tu vida, que debemos darnos la mano siempre. Que Dios no hizo islas sino una gran fraternidad en donde podemos regalarnos cada día lo mejor de sí mismos. Contigo Jesús, no nos hace falta nada. ¡Lo tenemos todo! ¿Cabe mayor felicidad? ¡Es Navidad! ¡Dios con nosotros! ¿Podríamos desear algo más?
Jesús, aquí estoy, no me he ido de ti, aquí quiero permanecer, así quiero vivir siempre, en tu sonrisa, en tu mirada, en tus palabras, en tus acciones, en tu vida. Quiero decirte que te adoro, Siempre Jesús, pero más que con palabras, con mi vida; vida que hoy pongo a tus pies Jesús. ¡Bendito Salvador!. Gracias Padre por amarnos tanto, por darnos a Jesús
Quédate conmigo Jesús, así podré convertirme en luz para los otros. Esa luz, oh Jesús, vendrá de Ti; ni uno solo de sus rayos será mío: yo te serviré apenas de instrumento para que Tú ilumines los corazones a través de mí. Déjame alabarte en la forma que es más agradable, llevando mi lámpara encendida para disipar las sombras en el camino de otros. Déjame predicar tu Nombre con palabras o sin ellas... con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción, con la sobrenatural influencia evidentemente del amor que mi corazón siente por Ti.
Ahora Jesús, termino este momento antes de irme a la
vida, para continuar haciendo de ella una Navidad que no termina, diciéndote:
“Oh Pequeño de Belén, te esperábamos más
grande, y vienes en la debilidad de un niño. Te esperábamos
a otra hora, y vienes en el silencio de la noche.
Te esperábamos poderoso como un rey, y vienes hombre frágil
como nosotros. Te esperábamos de otra manera y vienes así de
sencillo. Hoy, Casi no hay quien te reconozca, al verte así, tan hombre.
Nos habíamos hecho una idea de ti, y vienes, Oh Dios, rompiendo todo
lo previsto.
Regálanos a todos los seres humanos, querer decidirnos a creer en el amor y reconocerte así, como vienes. Fortalece nuestra esperanza para confiar en el Amor, en la sencillez en la que vienes. Enséñanos a amar como nos amas tú, sin distinción y que siendo fuerte te hiciste débil para ser nuestra fortaleza en todo momento por los siglos de los siglos. Amén.





















Gracias Padre Celestial, por darme el más grande Regalo que nadie hubiera podido darme:
¡¡Jesús en mi corazón!!




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