



No te rindas ante la desesperanza
Cierta
vez, se corrió la voz de que el egoísmo se retiraba de los negocios
y que vendía sus herramientas al mejor comprador. En la noche de la
venta estaban todas las herramientas de manera tal, que llamaran bien la atención.
Entre ellas se encontraban el odio, el resentimiento, los celos, la envidia,
la malicia, la mentira, el sexo mal usado, la soberbia, la autocompasión,
y muchos más implementos negativos. Muy cerca de todo esto, había
un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, cuyo precio era más
alto que el de todos los otros.
Alguien preguntó al egoísmo cómo se llamaba el instrumento.
A lo que éste respondió: se llama desesperanza o también
desaliento. Y ¿Por qué su precio es tan alto? le preguntaron;
a lo que el egoísmo replicó: ese instrumento me es más
útil que cualquier otro, porque cuando estoy en la conciencia de un
ser humano, con el desaliento -cuando los demás instrumentos me fallan-,
puedo hacer con esa persona lo que se me antoje. Está muy gastado porque
lo uso muy a menudo, y como muy pocas personas saben que con el amor, la intimidad
con Dios, la oración constante, y el servicio a los demás lo
podrían vencer, yo seguiré usándolo continuamente para
lograr todos mis propósitos.
En realidad, el desaliento, la desesperanza, es uno de los estados de ánimo
contra el cual será indispensable fortalecernos no una vez ni 10 ni
100, sino siempre. Nos desalentamos, me desaliento, te desalientas con tu
trabajo, con la familia, ante cierto grupo, por las críticas de los
compañeros y ante un montón de circunstancias, y todo por mirar
de manera superficial, por olvidarnos de mirar a Jesús, por no querer
orar, por no querer amar, porque como veremos cuando entremos en la etapa
del amor, escucharemos que el amor cuesta, duele hasta el grado de necesitar
morir en la cruz, como Jesús.
El desaliento hoy en día, sigue haciendo estragos en nuestro interior.
Día con día lleva a muchos y a muchas a desanimarse del caos
natural que vive el hombre sin Dios, el hombre que no ha querido poner a caminar
su fe, el hombre que prefiere echarse a morir, antes que mirar a Aquél
que murió en la cruz amándoles incondicionalmente.
Y el desaliento o la desesperanza llega a nuestro corazón, causándolo
el ensimismamiento, la no fe, el no amor. Y el amor viene de la fe adulta.
Y la fe y el amor vienen de la intimidad con Dios y del servicio a todo aquél
que necesita de mi, de ti que escuchas.
Hoy los niños sufren desesperanza, desalientos, sufren fuerte depresión
porque ven a sus padres agonizar en vida porque les falta Dios en el corazón.
Importantes encuestas nos dicen que la taza más alta de suicidios se
encuentra no en adultos, sino en niños, pre-adolescentes y jóvenes.
Así que querido adulto que escuchas, necesitas hoy, no al rato ni mañana,
sino hoy, querer vivir fuertemente la intimidad con Dios, las 24 horas del
día, y en tiempos específicos, tanto como respiras, tanto como
el oxígeno entra a tu cuerpo para darle vida; necesitas vivir la intimidad
con Dios tanto como necesitas el agua y el alimento corporal para mantenerte
fuerte, vigoroso, firme, sano, estable; por sobre todo necesitas del silencio
interior y la soledad del corazón para que Dios venga a habitarte no
sólo unas cuantos minutos o unas 2 ó 6 horas, sino las 24 horas
del día, aunque esto suponga lucha, perseverancia, firmeza de espíritu,
ánimo, esperanza, paciencia, mucha paciencia, paciencia, aunque no
sintieras nada especial o aunque sintieras que se hunde el mundo.
¡Paciencia
llena de espera y esperar es volver a renovarse! ¡Sí, esperar
sobre todo, lo inesperado de Dios!
Tu ser necesita de amor verdadero, y los demás necesitan de ese amor
divino, reflejado en tu mirada, en tu tono de voz, en tus palabras, en tus
actitudes, en tu escucha, en tu paciencia, en tu entrega hacia Dios y hacia
los demás, pues el Señor Dios no nos hizo islas, no. Ni nos
mandó que nos dijéramos unos a otros: “Sal como puedas
de esto, porque a mi, no me interesa lo que hagas con tu vida” ¡Que
no! No. Dios, el Padre Celestial, el creador de todas las galaxias, el creador
de todo cuanto existe, el que no tiene ni principio ni fin, nos hizo una gran
comunidad en la que el amor es el fuego, el motor, el dínamo, lo que
arrastra y arrastra a otros al verdadero sentido de vivir. Sí, los
demás no necesitan de ti, palabras hirientes, arrebatos de furia, reacciones
inmaduras, locura.
El Señor nos hermanó, para que nos amásemos unos a otros
y nos ayudásemos y no para que nos matemos con la incomprensión,
el etiquetamiento, los enfrentamientos, las demandas, los divorcios, los gritos,
los golpes, las tristeza hondas causadas por los pleitos de rutina y los silencios
esos que levantan muros para que el otro “no se meta en nuestra vida”
-decimos, ni pueda sacarnos de las heridas por las que nos remordemos minuto
a minuto viviendo en el infierno del egoísmo, dejando que nos transforme
día con día en gente fracasada, en gente amargada, en gente
que huele a cadáver, a desaliento a desesperanza a infelicidad y todo
por no querernos abrirnos al verdadero amor:
Es decir, todo por no querernos abrir a Dios, el Padre Celestial, a Jesús,
a su Espíritu Divino.
La peor derrota que puedas tener es perder la esperanza, perder el ideal de
vivir, y el gran Ideal que realiza todos nuestros ideales iluminados por la
fe y la Palabra de Dios, es Cristo, y la peor derrota que puedas tener es
desterrar tú mismo, tú misma a Cristo de tu corazón y
hacer a un lado la vida con Dios, pues sencillamente la vida sin Dios, se
contamina de desaliento, es muerte, apesta a egoísmo, pero ¡Ánimo!
¡Que sí se puede ganar la batalla!, porque Mayor es Dios que
todo lo que sientas de negativo, porque Mayor es el que vive en ti. Simplemente
necesitarás querer estar siempre despierto, despierta interiormente
las 24 horas del día, es decir, necesitarás querer ser conciente
de que eres un ser humano creado para el amor verdadero, el respeto, la humildad,
la sencillez de vida, el servicio a los demás. ¡Para eso estás
en este mundo! Para ser amor y dar amor y nada más.
Para ello, el Señor Jesús y el Padre Celestial nos han dado
su Espíritu, su Fuerza, su Poder, su Luz; tú simplemente, necesitarás
querer dejarte amar por Él. Generalmente tú que escuchas, cuando
tienes alguna caída por ejemplo cuando tú haces todo lo posible
por vivir en paz, y por no pelear, pero sucede algo que está más
allá de lo que tú puedes evitar y que se llama libertad de la
otra persona, o libre albedrío de la otra persona, y si ésta
ha decidido no trabajar en la sanación de sus heridas, y si ha decidido
además no poner a caminar su fe, y surge un pleito, te desanimas, te
tiras a morir. Lo mismo pasa cuando crees que la depresión había
desaparecido pero de pronto surge una infinita tristeza que te quita todo
ánimo de seguir luchando y crees que es mejor echarte a morir en los
brazos de la desesperanza y que haz perdido la batalla.
Si tú que escuchas tienes poco – 7 semanas 7 meses, 7 años,
17 ó 27 años de comenzar a andar por el camino que enseña
Jesús, el camino de la intimidad con Jesús y con el Padre Dios,
si tienes poco o mucho de haber comenzado a caminar por el camino del perdón,
del amor, de la humildad, de la entrega a Dios y el servicio a los demás
seres humanos, necesitarás mantenerte agarrado a la fe adulta, aún
si hubiera tropezones y muchas recaídas. En el camino interior, no
cuenta el tiempo, sino la actitud positiva de cada momento presente y nada
más.
¿Sabes? ¡Esto es así! Por eso te diremos una y millones
de veces: Levántate, no te dejes hundir por el desaliento; no te dejes
arrastrar de lo que sientas de negativo; ¡Echa para adelante!, nunca
te entregues al sentimiento de la desesperanza pues ¿Sabes? Aunque
te parezca que vas para atrás, en realidad después de cada recaída
no se vuelve a empezar el camino desde el principio, sino que se comienza
desde un punto más avanzado –aunque no lo parezca- Por eso te
decimos una vez más: ¡No te rindas!
Sí, después de cada recaída, después de cada lucha,
se comienza desde un punto más avanzado. Nunca en el mismo sitio en
donde comenzaste la primera vez que pusiste a caminar tu fe. ¿Sabes?
Estamos en la misma lucha diariamente, día con día, por ello
hoy, aquí y ahora te decimos: ¡Ánimo!, que no estás
solo, sola. Todo un Dios que es Amor, es contigo, y actúa por medio
tuyo, no le dejes lugar, "al ensimismamiento, no le dejes lugar al egoísmo"
y en cambio dile a Jesús que está allá en lo profundo
de tu corazón:
“Señor, todo lo puedo, en Ti, que me confortas. Quiero y necesito
ser un instrumento que infunda en los demás, consuelo, apoyo, alegría,
optimismo, palabras de salud y no de enfermedad, palabras de vida y no de
muerte, de riqueza sobre todo interior y no de pobreza espiritual, palabras
de bendición, que lleguen al corazón más herido. ¡Ayúdame
Señor, pues hoy se gracias a Jesucristo que soy tus manos, tus pies,
tus palabras, tu amor encarnado Oh ¡Dios mío!”.
Platicando con un gran amigo, nos dijo una vez: Nada molestaba más
a mi madre que mis reacciones de desesperanza, de desánimo ante sus
propuestas o encargos de algún asunto o tarea: palabras más
o palabras menos, siempre me hacía ver que el darse por vencido por
anticipado conforma personalidades de gente “que no sirve para nada”.
Sesenta años después –continuó diciéndonos-
recuerdo sus enseñanzas con gratitud. El desánimo o lo que es
lo mismo: “quitar la fuerza o la vida a algo, dejar de lado el anhelo
por lograr algo, dejar de esforzarse” es un problema universal, repetitivo
y contagioso. Y nos contó la siguiente anécdota:
Un científico
de Phoenix - Arizona - quería probar una teoría que él
tenía sobre el poder de nuestras programaciones negativas, derrotistas,
desalentadoras, desesperanzadoras. Necesitaba un voluntario que llegase hasta
las últimas consecuencias. Lo consiguió en una cárcel.
Era un condenado a muerte que sería ejecutado en la penitenciaria de
Saint Louis en el estado de Missouri, donde existe la pena de muerte en la
silla eléctrica.
Propuso lo siguiente: el voluntario participaría en un experimento
científico, en el cual se le haría un pequeño corte en
el pulso, en su brazo, lo suficiente para gotear su sangre hasta la última
gota. Él tenía la probabilidad de sobrevivir, en caso de que
la sangre se coagulara. Si eso sucediera, él sería liberado;
en caso contrario, el fallecería por pérdida de sangre. El condenado
acepto, pues era preferible eso a morir en la silla eléctrica; además
tenía una oportunidad de sobrevivir.
El condenado fue colocado en una cama alta, de hospital, y amarraron su cuerpo
para que no pudiera moverse. Hicieron el pequeño corte en su pulso.
Abajo de su pulso, fue colocada una pequeña vasija de aluminio. Se
le dijo que escucharía su sangre gotear en la vasija.
En realidad el corte que le hicieron, fue superficial y no alcanzó
ninguna arteria o vena, pero fue suficiente para que el sintiera que su pulso
fue cortado. Sin que él supiera, debajo de la cama había un
frasco de suero con una pequeña válvula. Al cortar el pulso,
fue abierta la válvula del frasco para que él creyese, por el
sonido, que era su sangre la que caía en la vasija. En verdad, era
el suero en el frasco lo que goteaba. De 10 en 10 minutos, el científico,
sin que el condenado lo viera, cerraba un poco la válvula y el goteo
disminuía. Mientras tanto el condenado creía que era su sangre
la que estaba disminuyendo. Al pasar el tiempo el hombre fue perdiendo color,
quedando cada vez más pálido. Cuando el científico cerró
por completo la válvula, el condenado tuvo un paro cardíaco
y murió, ¡Sin ni siquiera haber perdido una gota de sangre!.
Todo ocurrió en su mente, en su programación ¿Te imaginas?
¡Esto lo hacemos a diario!.....nos aniquilamos y aniquilamos a otros
con la desesperanza y con tanta programación negativa.
El científico consiguió probar que la mente humana cumple, al
pie de la letra, todo lo que le es enviado, sea positivo o negativo y que
tal acción envuelve a todo el organismo, sea en la parte orgánica
o psíquica.
Esta historia es una alerta para mí, para ti que escuchas, para que
filtremos lo que nos envía nuestra mente, pues ella no distingue lo
real de lo fantástico; lo cierto de lo equivocado; la mente, simplemente
graba y cumple lo que le es enviado. Así que, querido hermano, hermana
que escuchas, si piensas en fracasar, en desalentarte, en desesperanzarte,
ya fracasaste, ya te desalentaste antes de intentar una y otra, y otra y otra
vez, porque en realidad, la esperanza fundamentada en la fe y en el amor incondicional
que nos tiene el Padre Celestial, el Padre Dios, no muere nunca.
¿Sabes? quien piensa en ganar sobre todo en el amor, lleva ya un paso
adelante.
El desaliento, la desesperanza, como el rencor o la envidia, es una emoción
que nos afecta a todos, sin distinción de edad, nivel socioeconómico,
sexo o grado de escolaridad: en mayor o menor grado, todos nos vemos afectados
por estados de desánimo en los que no estamos dispuestos a cambiar
la situación en la que se está o se va a iniciar algún
nuevo camino; se puede tratar de situaciones momentáneas o pasajeras
que son superadas en horas o días o también se puede tratar
de un estado extremo es decir, de depresión profunda, en la que se
llega al grado de no tener interés por nada y hasta de no querer vivir
más.
La desesperanza, si no te disciplinas desde la fe a encausarla, se convertirá
en una programación mental tan negativa, se convertirá en un
estilo de reaccionar ante las equivocaciones propias y de los demás
y ante lo que sientas como la depresión. Será una conducta repetitiva
ya que a lo largo de nuestra vida se presentarán en muchas y muy variadas
ocasiones, situaciones difíciles, duras, pues nadie está exento
de “caer en sus propias redes mentales” o en las redes mentales
de otros, pero nuevamente te decimos que con Cristo, somos más que
vencedores, sólo necesitaré, sólo necesitarás
querer dejarte amar por Él.
Necesitas querer ser un hombre, una mujer ya seas niño, joven o adulto,
que supere todo desde la fe adulta, esa que confía en Dios plenamente
y que trabaja desde esas Manos Divinas que todo lo transforman en bien, ya
que la desesperanza, es contagiosa porque si eres tu que escuchas, quien te
dejas llevar por el desaliento, la desesperanza, el desánimo, la depresión,
entonces quienes comparten contigo el hogar, la oficina, el lugar sano de
diversión, la escuela, etc, -si su fe en Dios no es firme, si no es
fuerte-, quedarán convencidos de tu manera de ver la vida cuando justificas
la mentira y la deshonestidad, cuando pones como prioridad el rencor antes
que el perdón y frecuentemente esto acaba por hacer que vean la vida
a través de tu óptica.
¿No te has fijado como a las personas pesimistas las envuelve un halo
de amargura? Su vida oscila entre la desilusión, la desesperanza y
la tristeza. Y si tú estás en esta lista y vives encerrado,
encerrada en lo que sientes, seguramente el optimismo es para ti como una
peligrosa enfermedad que hay que erradicar de raíz, porque como dicen
ellos y tú, “El mundo fue y será definitivamente una porquería”,
y seguramente “Todo está horrible” “Ya no se puede
vivir”, “El ser humano es la más grande equivocación
de Dios”. El paquete desesperanzador está constituido por una
serie de actitudes cercanas a la depresión es decir, descalificamos
con la mano en la cintura y sin antes haber orado en la Presencia de Dios
en su Palabra, lo positivo, magnificamos lo negativo y estamos preparados
siempre “para lo peor”.
Definitivamente, poner en acción este estilo de pensar, hace que la
vida pierda su encanto. Si el mundo es un campo de batalla y el futuro es
negro, el presente puede llegar a ser insoportable. El fatalismo mata la risa
y el pesimismo acaba por convertirse en un “ave de mal agüero”.
Por ello, la necesidad de pedir constantemente la luz del Espíritu
Divino, para que con su fuerza, tomemos la decisión de transformar
juntamente con la gracia Divina, nuestra programación mental negativa
y lleguemos paso a paso, poco a poco a tener la mente de ese Dios que es amor,
perdón, ternura, cariño, alegría, luz, plenitud, gozo
en el Espíritu de Cristo.
No necesitaremos ir muy lejos para ver ejemplos muy representativos que indican
desesperanza en el corazón de niños y jóvenes y también
de los adultos: ya no quieren ir a la escuela, todo les da miedo, los jóvenes
cambian frecuente de trabajo, dependen excesivamente de los videojuegos o
el Internet; y aun aquellos que, habiendo permanecido en la escuela o en el
trabajo, van y vienen sin esperanza, porque se sienten impotentes ante el
ambiente que les circunda tan vacío de paz, lleno de mentira, de gritos
y golpes físicos o psicológicos; llega el momento en que se
sumergen tanto en sí mismos que no encuentran salida y piensan que
es mejor aniquilarse interiormente con la desesperanza, o con lo que sea,
aunque esto los mantenga muertos al amor porque sencillamente no lo conocieron.
Generalmente son niños, jóvenes o adultos que dejan proyectos
sin terminar, son talentos que se pierden, inversiones que fracasan, ideas
que no se materializan, y que por dejarse llevar del desaliento y por no saber
o no querer mirar con fe, a Jesús en la cruz, por no quererlo vivir
en su corazón, llevan a donde van, su actitud de derrota total y vuelven
al hogar con desgano, desabridos, transmitiendo a sus seres queridos lo que
nosotros llamamos: no fe, vacío existencial, no amor.
Muchos y muy variados pueden ser los orígenes de la desesperanza, e
incluso pueden variar en la misma persona en las diferentes etapas de su vida:
La edad, el estado de salud, posición socioeconómica, estado
civil, miedo etc pero por sobre todo, el origen principal es el no conocer
a Dios verdaderamente y el no tener una relación profunda en el corazón
con Él.
Es verdad que cada quien tenemos nuestra muy personal capacidad para asumir
retos, pues en la vida, para poder madurar necesitamos una y otra vez querer
superar los obstáculos que se nos presenten y tomarlos más que
con una visión fatalista como una oportunidad para crecer en la capacidad
de comprensión, en el amor, en el servicio, en la entrega desinteresada,
en sabiduría al estilo de Cristo, en la tolerancia, en la bondad etc.
Más que desalentarnos ante una situación, y para tomar una correcta
decisión, tenemos que “poner en una balanza” los pros y
los contras de lo que se quiere iniciar para lograr lo que se pretende, sea
desde un “perdonar”, hasta todo lo que hagamos y pensemos, pero
siempre desde una perspectiva al estilo de Jesús el Señor, es
decir que antes que nada, abramos la Palabra de Dios, haciendo uso de algún
libro que contenga concordancias bíblicas. Nosotros les recomendamos
“Concordancia breve de la Biblia” de Editorial Vida. Si te sientes
desamparado o desalentado, no tienes más que buscar la palabra “Cansado”
y verás citas bíblicas que te hablarán al respecto y
recibirás consuelo, fortaleza, gracia, paz.
Cuando permitimos que sea el miedo el que nos gobierne, tendemos a magnificar
lo que creemos que es una amenaza y minimizamos las oportunidades: nos paralizamos
deteriorando nuestro estado interior y minimizas tu capacidad creativa y tu
capacidad de respuesta. Dejas de intentar, te conformas y te desalientas.
La sensación de frustración también origina desesperanza.
Para ello Te recomendamos que escuchas nuestro casete: “No te rindas
ante la frustración”. Para algunos, no ver los resultados esperados
es la causa para desistir y para otros la causa para redoblar los esfuerzos,
aprendiendo de sus desaciertos y errores. En realidad –como lo hemos
dicho muchas veces en otros temas- el fracaso no existe más que en
nuestra mente, no existe más que en nuestra programación mental
en la que hemos decidido –porque la mayoría lo ve así-
llamar a aquello que no sucede como lo esperábamos: “Fracaso”.
El poeta mexicano Ortiz de Montellano dice: “Para que el árbol
tenga la hoja verde, la raíz, crece seca y amarilla”. ¿Sabes?
Tu misión como ser humano y divino, como ese ser maduro en Cristo o
que comienza a caminar en madurez cristiana, es amar, es saber superar y en
muchos casos, evitar los conflictos a todo vapor, sobre todo en ti misma,
en ti mismo porque lo que lleves y proyectes a los demás es sencillamente
el ambiente. Sí. Tú haces o deshaces el ambiente de paz. Tú
haces o deshaces el ambiente de armonía, de luz, de libertad interior,
de diálogo, de ánimo, de amor.
Conviene que sepas que el desaliento produce fatiga, cansancio: saber que
con la edad ciertamente, va disminuyendo nuestro empuje físico y la
capacidad de realizar ciertas tareas –y más si no hacemos ejercicio
diario y si no alimentamos nuestra mente de positividad en Cristo Jesús
con su Palabra. Muchos y muchas se han cansado tanto mentalmente por alimentar
el desaliento que han llegado a la fatiga emocional. Hay quienes “nacen
cansados” y también los hay quienes “mueren con las botas
bien puestas”. Hay personas que a sus 65 ó 75 u 90 ó 105
años de edad trabajaban llenos de entusiasmo.
Pero son personas que saben que la fortaleza siempre les ha venido de Dios y de la decisión optimista que han tomado para todo. Recuerdan los éxitos del pasado, el análisis de fuerzas y debilidades con que plantearon los objetivos y metas que han buscado. Saben que “limitaciones” todos las tenemos, la diferencia está en el manejo que podamos darles.
Así que, queremos terminar todo esto, con el siguiente relato, escucha:
Había una vez un árabe que viajaba en la noche, y sus esclavos, a la hora del descanso, se encontraron que no tenían más que 19 estacas para atar a sus 20 camellos. Cuando consultaron al amo, éste les dijo: Simulen que clavan una estaca cuando lleguen al camello número veinte, pues como el camello es un animal que no piensa, se creerá que está atado. Y efectivamente, así lo hicieron y a la mañana siguiente todos los camellos estaban en su sitio y el número 20 al lado de lo que se imaginaba una estaca, sin moverse de allí. Al desatarlos para marcharse, todos se pusieron en movimiento menos el número 20 que seguía quieto, sin moverse. Entonces el amo dijo: Hagan el gesto de desatar la estaca de la cuerda, pues el tonto, aún se cree atado. Así lo hicieron y el camello se levantó y se puso a caminar con los demás.
Esto muestra la gran estupidez humana cuando no aceptamos la libertad interior que nos ha traído Jesucristo, cuando nos programamos y nos decimos que somos incapaces de cambiar, de liberarnos de todas las ataduras del egoísmo o de lo que sobrepasa a nuestras fuerzas, porque hemos preferido pensar que aunque vino Cristo Jesús a rescatarnos del ensimismamiento, preferimos seguir siendo esclavos porque le tenemos miedo a la responsabilidad de ser libres mentalmente. Esperamos que no te pase a ti que escuchas, como al camello que por acostumbrarte a estar sujeto a una programación mental, te has olvidado que puedes caminar libre, sin miedos, de la mano de Jesús, sin programaciones mentales negativas. No seas como el pez que tenía miedo a ahogarse. En el nombre de Jesús, se libre. Amén
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
Si tú
que escuchas, caes frecuentemente en el desaliento, porque te dejas arrastrar
por la desesperanza, ha llegado el momento de pararte ante “la luz roja”
para pedirle ayuda al Señor Dios quien es el mejor psicólogo,
el más grande Amigo, el mejor compañero, quien es tu Salvador,
tu Dios, tu Rey.
Así que en unos momentos de intimidad con el Señor, teniendo
una actitud orante, cierra tus ojos y respira suave profundo y lento…..suelta
todo lo que esté tenso en tu ser, desde la punta de la cabeza, hasta
la punta de tus pies.
Y en fe adulta, esa que alimenta la esperanza teologal que no muere nunca, deja que tu corazón hable al Señor, desde su Espíritu de Amor, que ve siempre más allá de las apariencias……
Señor, hoy, aquí y ahora te suplico, regálame entrañas de misericordia ante toda falla humana. Regálame entrañas de misericordia ante las heridas no sanadas de los demás y ante las mías propias. Hoy se Señor que los seres humanos estamos heridos y por eso reaccionamos resentidos, pero tu me has dado la capacidad de saberlo y de querer –con tu gracia- ir sanando mis heridas.
Hoy se que deseo amar por sobre todo, mientras hay muchos que no lo saben o no quieren darse cuenta, por eso te suplico, muéstrame el sufrimiento de aquellos y aquellas que a los ojos humanos aparece como el más miserable, para que conozca y comprenda desde tus entrañas de amor la situación de cada uno de los seres humanos. Que no me atreva a calificar, que no me atreva a etiquetar; más bien Señor, regálame la gracia de atreverme a amar.
Desde hoy mi Señor, mi oración siempre habrá de comenzar orando por los demás, por aquellos que formamos esta humanidad…por los pobres, por los ricos, por los blancos, o amarillos, o negros o morenos, por los dulces, por los indiferentes, por los agresivos. Hoy se Padre, que nadie pidió ser como es; hoy se que nadie escogimos las heridas que recibimos desde el vientre materno; nadie de niño escogimos nada y aún de grandes, poco hemos escogido, pues hoy se que más bien hemos estado condicionados a heridas no sanadas en el inconsciente. Hoy se Señor que tu estás presente en mi y deseo amarme desde ti, con todo el corazón. Hoy se Señor, que Tú estás presente en cada hermano mío y que no estamos distantes, pues toda la humanidad se encuentra en ti, Jesús.
Hoy Señor regálame entrañas de misericordia ante las reacciones impulsivas de aquél de aquella que vive conmigo, o que están en el medio en donde me desenvuelvo cada día. Dame el valor de que quiera servirle como te serviría a ti. Permíteme amarle por él mismo, por ella misma, porque se que es valioso, valiosa, porque tú has puesto todo el tesoro divino en su ser que es tu Presencia humilde y a la vez poderosa, Jesús.
Jesús, quiero que mi vida sea como la tuya honesta e invadida de paciencia, de entrañas de misericordia. Señor, envíame tu Fuego Divino a mi ser; regálame la gracia de querer que el Espíritu de Amor sea el motor de mi vida para que pueda florecer y crecer en mi y en el corazón de quien se topa conmigo cada día. Mi Señor, regálame la gracia de no cansarme nunca del Camino aunque me canse en el camino, pero se que no puedo desistir, ni permanecer en el desaliento. Hoy se que cuantas veces lo necesite, puedo descansar en Ti Jesús.
Ayúdame a amar, a bendecir es decir a desear y a hacer el bien a aquellos y a aquellas que aún no superan sus heridas, aceptándoles así, exactamente como son, pues hoy se, que sólo el amor es capaz de vencer al odio, hoy se que sólo el amor es capaz de cambiar los corazones más empedernidos. Hoy se que sólo el amor es capaz de levantarme de todo lo que me tire, como la depresión. En tu nombre Jesús, estoy de pie contigo.
Oh Señor, Tú eres mi Dios. Señor, Señor, mi Salvador poderoso, tú proteges mi cabeza en el combate es decir, tú tomas lo negativo de mi mente y me das la sabiduría para sacar lo que fortalece, lo que anima, lo que levanta, lo que me hace semejante a ti Jesús. Gracias Señor por tanto amor.
¡Señor, Señor mi Salvador poderoso; tú proteges mi cabeza en el combate! (Bis)
No te
rindas ante el desaliento
Vence con la esperanza
Si te has fijado, aquello que vale la pena conseguir, y todo aquello que tenemos
qué hacer para conseguirlo, siempre exigirá de un esfuerzo tremendamente
perseverante: pues en la vida, nada es gratis. Simplemente, ponte a pensar
en algo muy sencillo: si quieres comer un helado que te han puesto en la mano,
mínimo tendrás que cuidarlo para que no se te caiga del barquillo,
luego tendrás qué pensar de qué lado se derretirá
más pronto y por último, necesitarás abrir la boca para
comenzar a disfrutarlo.
Ahora imagínate algo que requiera de más esfuerzo por ejemplo, si tú quieres tocar algún instrumento o dominar algún idioma o ganar una carrera deportiva etc, para todo, necesitarás de una paciencia ardiente, de un amor grande por ello, y de una obstinada perseverancia. No lo lograrás en meses, sino en años de práctica: Lo mismo pasa con los dones con los que nos ha equipado Dios para vivir esta vida con calidad, con elegancia espiritual, como lo hizo Jesús; si no los ponemos en práctica, si no ponemos a caminar todo nuestro potencial mental que es inmenso porque fuimos creados a imagen de Dios que es inmenso, aunque tú y yo estemos salvados gracias al infinito amor de Dios en Cristo Jesús de todas las ataduras del egoísmo, también es cierto que perderemos constantemente esa salvación y esa oportunidad de ser felices y de hacer felices a los que nos rodean, al dejarnos llevar por nuestra programación mental negativa, basada en el ensimismamiento, por la mentira, la flojera, la desidia, por nuestra emociones no educadas, no encausadas, sencillamente por dejarnos llevar por lo que nos enseña la necedad, la cerrazón mental, la no fe y por lo tanto la no esperanza.
Benjamín Franklin decía: “No hay beneficios sin luchar arduamente” es decir, que no se trata de “morirse en la raya”; se trata de luchar apoyados en la gracia de Dios, abriéndose a que exista la posibilidad de modificar, sin claudicar, sino mejorando y aprendiendo de lo vivido, buscando nuevos horizontes de la mano de Jesús pero siempre siendo estables en su Palabra Santa.
Hablar de esperanza, es hablar de perseverancia, pues la perseverancia se considera como la cualidad número uno que han puesto a caminar los grandes triunfadores que han existido a través de toda la historia humana.
Napoleón Bonaparte, por ejemplo enseñaba a su ejército que es sumamente importante aprender a perder y saber retirar las armas a tiempo. En realidad en la vida no se pierde más bien, se aprende. O ¿No es eso lo que nos pasa cuando se pierde la salud, o cuando un ser querido se nos adelanta hacia la vida eterna, o cuando alguien nos arremete, nos agrede sin buscarlo? Si estamos atentos y abiertos, si somos pacientes, aprendemos mucho, aprendemos a vivir como Dios nos manda, para luego poder con autoridad, transmitirlo a los demás.
Y decir
“con autoridad” es decir que buscamos proveer a nuestros hermanos
de bendición, que buscamos protegerlos del mal y buscamos que ellos
mismos con la gracia de Dios, continúen viviendo su vida con excelencia
personal al estilo de Jesús. Enseñar con autoridad quiere decir
que lo vives tu mismo, tu misma que escuchas, como Jesús, quien enseñaba
como quien tiene autoridad, y porque vivió el amor ante las injurias
y porque vivió la fortaleza en el duelo, y porque vivió la esperanza
y la confianza puesta en su Padre Dios ante la más honda depresión,
pudo enseñarnos a vivir con plenitud.
Por ello, a quienes tenemos el privilegio de formar a otros –como tú,
padre de familia, tutor, abuelos, tíos, maestros, como líderes
al servicio de una vida mejor- nos corresponde el ofrecerles a los niños
y jóvenes, una forma de pensar que los haga conscientes de que son
realmente valiosos e incondicionalmente amados, a fin de que se sientan capaces
y seguros a la hora de enfrentar los retos de la vida que ni son negros, ni
blancos sino que comprendan que la vida está llena de matices y que
todo momento por duro que parezca, vale la pena vivirlo siempre por amor al
que nos ha amado tanto, es decir, el Padre Celestial y en solidaridad con
todos los seres humanos que sufren, y que estén seguros que todo lo
podrán solucionar, bien cogidos de la mano de Jesús, el Señor
que siempre es fiel.
Para ello sería bueno que comencemos por mi, por ti que escuchas, a
no dejarte obsesionar por la lógica meramente racional y humana, así,
sin fe, ni le creas ciegamente a los sentimientos negativos, sobre todo si
no has comenzado a educarlos a la luz de la Palabra del Señor.
En realidad, la razón llena de fe, y la emoción iluminada por
la Palabra Divina, deben estar juntas para asegurar que tu pensamiento vaya
de acuerdo con tus reacciones; reacciones por cierto no pulsionales ni vicerales
sino reacciones al estilo de Jesús, reacciones llenas de amor verdadero.
Cuando estés sumamente deprimido, deprimida, cuando sientas muy cerca
el desaliento, no te ensimismes, no te enconches. Primeramente necesitarás
permitirte enfriar tus procesos mentales siempre que haya algo candente como
reacciones llenas de ira, de enojo, de enfado, palabras llenas de resentimiento,
palabras llenas de auténtica carga negativa y por lo tanto destructoria,
pero no a tal grado de congelarlos. El balance entre razón y emoción
lo puedes lograr haciendo lo siguiente:
Cada vez que tengas que tomar una decisión quédate a solas,
tú y la Palabra de Dios, un rato analizando “fríamente”
la cuestión, “desde fuera”, como espectador, incluso, mira
la depresión también “desde fuera” como dijimos,
como espectador. Se consciente de lo que te dice la mente dividida entre el
deseo de perdonar y ser bondadoso o el impulso de vengarte y de portarte hiriente;
entre el deseo de salir adelante a pesar de todo o el hecho de preferir tirarte
a la desesperanza y luego mira lo que te dice el corazón iluminado
por la Palabra de Dios, e intenta integrarlos de tal manera que no haya “dos
en ti” sino uno es decir, todo tú, perfectamente tú, unido,
unida a Jesús.
La experiencia de grandes hombres y mujeres que han sabido canalizar sus pensamientos negativos y transformar sus emociones impregnadas de carga dañina, es que las razones lógicas coherentes, iluminadas por el amor de Dios, por el sacrificio de Jesús en la cruz, pesan más que todas las emociones por más destructivas que parezcan ser y esto nos lleva a cometer menos errores; si combinas amor, más pensamiento iluminado por el sacrificio de Jesús en la cruz, más humildad, más fe y más esperanza, la decisión que tomes será más correcta, más humana y divina y muy a propósito a lo que estamos necesitando en este momento, todos los seres humanos que habitamos este planeta.
Hoy muchas personas se quejan de estrés. ¿Sabes el estrés
viene de las prisas y las prisas como dirá la palabra del Señor,
vienen por querer atrapar el viento. Por no basar la vida en la esperanza,
por no basar la vida en el único Dios que da la vida y la paz del corazón.
El libro del Eclesiastés en el capítulo 4, 6 dice: “Más
vale un puñado de descanso que dos de fatiga, por querer atrapar el
viento”. Para superar y evitar el estrés que muchas veces te
lleva al enojo no razonado y no dialogado sino más bien te lleva al
enojo pulsional y lleno de arrebatos, necesitarás querer ser poco a
poco y cada vez más, moderado, moderada, tomándolo todo con
calma y prudencia, sin olvidar nunca que todos los seres humanos estamos heridos
y muchos ni siquiera han comenzado el primer paso hacia la sanación
interior.
Concédete vacaciones de 20 minutos en la mañana y otros 20 por la tarde, para relajarte, calmarte, para respirar, para orar y saborear la Palabra de Dios, y por lo menos, una vez a la semana, visita el asilo de ancianos o de niños y comprométete a escucharles. Comprométete en alguna labor en la que ayudes al prójimo sin descuidar a los próximos que tienes en casa, pues no se trata de ser candil de la calle y oscuridad de tu casa. ¿Sabes?, no existe mejor antídoto para la depresión, el estrés y la desesperanza. No existe mayor medicamento que esto.
Por otro
lado, mantén la comunicación con tus seres queridos; trabaja
con dedicación pero sin dejarte agobiar por el trabajo tanto que no
te quede tiempo para la convivencia diaria, para ver alguna película
o programa constructivo y divertido, es decir, para la diversión sana
y también para la oración comunitaria, aquella en la que se
comparte algún fragmento de algún salmo o algún evangelio
que ilumine sus corazones y que ayude a acrecentar el amor verdadero, el amor
oblativo y no tanto emotivo, a cada uno de quienes forman tu familia, incluyéndote.
Para triunfar en la esperanza, será preciso que quieras poner en práctica
el don del dominio propio es decir, será necesario que quieras ser
dueño de ti mismo, de ti misma y no víctima de una mente sin
control, y que quieras poner toda tu energía al servicio de tu crecimiento
interior, para poder compartir a los demás la riqueza que Dios ha puesto
en ti, pues si te quedas sólo para ti mismo, para ti misma, con todo
lo maravilloso de la acción de Dios en la oración, en la lectura
bíblica, si te quedas sólo para ti con lo que estás aprendiendo
de espiritualidad, y no lo das, entonces el apóstol Pablo en 1ª
Corintios 13,1 te dirá: “No eres más que una campana que
resuena” es decir, “De nada te sirve”.
La gente hoy en día, cuida de su televisor, de su computadora, de su
auto, de su ropa, de su dinero, de sus idas y venidas, de leer el periódico
y libros que alimentan el morbo sin importar si son 300 ó 500 páginas,
de sus uñas o del color de su pelo, pero descuida lo más importante:
su mente y lo que permite entrar en ella, por ello será trascendental
para ti, el hecho de que quieras conservar tu mente en la alegría,
en la luz que viene de vivir en la Presencia de Dios las 24 horas del día,
gracias al inmenso favor de Dios, y que quieras mantener el control de tus
emociones, entonces, podrás superar cualquier situación, como
el capitán que debes ser de tu propia vida, pues recuerda que quien
debe lleva las riendas de tu conducta, en todo momento bajo el dominio de
la gracia del Señor eres tú que escuchas, sabiendo que el Capitán
de capitanes te llevará siempre en sus manos y no permitirá
nunca nada que sea mayor a tus fuerzas.
Sí, tu conciencia puesta al servicio de tu crecimiento en la fe, en
la esperanza y en el amor y en general puesta al servicio de todos los dones
que tienes que son muchísimos, es la que debe comandar tu voluntad.
Por ejemplo, al despertarte en la mañana, no saltes de tu cama violentamente, hazlo con serenidad, cancela los afanes, prisas y desesperos, pues estos provocan desorden y confusión. Mentalmente, si soñaste cosas horripilantes, no les des ninguna interpretación. Simplemente reconoce que muchos sueños horrendos vienen de cansancio, o por haber cenado mucho, por la depresión causada por muchas situaciones, por heridas no sanadas o simplemente porque ese es el mecanismo de nuestro cerebro, así que sin darle mayor importancia, tranquilamente comienza a adorar al Señor.
En lo personal diariamente cuando despierto, lo primero que dice mi ser y mi primer pensamiento es: Jesús, ¿Qué haría sin ti? Tú eres el amor de mi vida, y de ahí surge un verdadero diálogo con el Señor Dios, con el Padre Celestial, arrastrándome a leer su Palabra para alimentar mi mente y mi ser entero.
De otra manera, cuando actúas con afán, con prisas, duplicas el esfuerzo necesario, correrás mayores riegos de equivocarte, de sumergirte en una depresión, de cansarte, de forzar lo natural, pues ¿Sabías que la naturaleza es una gran maestra? nunca un minuto tendrá 59 ni 61 segundos, es decir que cada cosa llega a su tiempo y a su ritmo. Cálmate, respira con tranquilidad, profundamente y así podrás encontrar soluciones más oportunas, más inteligentes, más al estilo de Jesús.
Si estás triste, no le des más cuerda al abatimiento, levanta tu ánimo! Actúa como una persona feliz, y esta emoción se irá convirtiendo en una actitud permanente, y si la tristeza honda te invade, ¡sonríe!, ¡canta! ¡Ponte a hacer un postre en la cocina! Has una llamada telefónica a quien sabes que está solo y enfermo, no para contarle lo que sientes sino para escucharle y darle palabras de aliento, pues para ello te está consolando el Señor hoy, aquí, para que tú vayas y consueles con la fuerza de Cristo que estás recibiendo ahora.
Y si todo esto no basta, busca dentro de Dios en tu corazón todos los muchos motivos que tienes para ser feliz y estar agradecido, sobre todo y por sobre todo porque el Padre Dios te dio a Jesús, para que nunca, nunca te experimentes sólo, sola, pues Jesús en el evangelio te ha dicho: “Yo estaré contigo, todos los días, hasta el fin del mundo es decir, hasta el día en que venga por ti”. Es seguro entonces, que la tristeza se irá desvaneciendo como la nieve ante la caricia cálida del Sol Divino.
Así
que no te asustes de nada; es normal, absolutamente normal que en ocasiones
nos sintamos tristes, desanimados, apáticos, deprimidos, desalentados
y disgustados con lo que sucede. Lo que no es normal es que aceptes vivir
así todos los días o la mayoría de ellos. Cuando tengas
un mal día, proponte fervientemente que mañana será mejor
y al siguiente aún mejor. Tú puedes acostumbrarte a crecer y
a superarte cada día sin excepción, lograrás con la ayuda
de Dios, un nivel de vida mucho más satisfactorio, mucho más
excelente, mucho más al estilo de Jesús.
¿Sabes? Crecer interiormente y sanar mentalmente es todo un proceso.
Es un camino que da inmensos beneficios a la hora de caminarlo. Cada vez que
des un paso firme en la fe y en la esperanza, irás descubriendo un
horizonte ilimitado e irás al mismo tiempo cosechando los frutos de
la alegría, de la esperanza, de la confianza en Dios, de la oración,
de la entrega a los demás, del amor.
Muchas personas nos han preguntado y nosotros algún día nos
hemos llegado a hacer la siguiente pregunta: ¿Por qué ahora
que quiero cambiar, ahora que quiero dejar de ser enojón, enojona,
violento, violenta, me enojo más? ¿Por qué ahora que
quiero orar y mantener en calma mis pensamientos me saltan más pensamientos?,
etc.
Y la respuesta es que este proceso de sanar involucra a todo nuestro ser,
a nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Pensamientos sentimientos
y emociones por cierto, muchos de ellos guardados por muchos años y
quizá desde el vientre materno en ese lugar llamado inconsciente. Por
eso es natural que al comenzar cualquier proceso de sanar y crecer interiormente,
diferentes pensamientos, sentimientos y emociones salgan a flote haciendo
cierto tipo de resistencia, algo así como si se desatara una batalla
interior.
El origen de esto tiene que ver con experiencias ya olvidadas, pero sí
bien registradas en la mente aunque guardadas. Es decir, alguna vez en el
pasado vivimos una experiencia con una o varias personas, y ya no recordamos
qué sucedió, pero conservamos prácticamente intacto lo
que sentimos hacia ella o ellas en ese momento. Debido a ese "arsenal"
que hemos decidido conservar con tanto celo inconscientemente a través
del tiempo en nuestro corazón, viejos sentimientos y emociones que
ya no tienen razón de ser, continúan aflorando cada vez que
algo nos conecta con ellos, algo que no somos conscientes pero que al final
de cuentas, nos lo recuerda.
Por medio de ese proceso de conservar "arsenales", y reconectarnos
con ellos, permitimos que viejos sentimientos de odio, rabia, hondas melancolías,
desesperanzas, miedos, inseguridad, dudas, depresión profunda continúen
surgiendo en nuestra mente y corazón constantemente. Y al permitirlo,
le abrimos la puerta a nuevos sentimientos de miedo, ansiedad, tristeza y
desesperanza, que podrían surgir al no encontrar manera de ponerle
fin a este ciclo.
Muchas personas, por no encontrar la manera de ponerle fin a este ciclo han
quedado locas, pero yo, y tú que escuchas, sabemos la mejor manera
de hacerle frente a nuestro inconsciente herido: por la fe. Y por la fe sabemos
que quien a Dios se fía, no puede volverse nunca loco, más que
de amor verdadero.
La carta a los hebreos en el capítulo 11,8-10 nos dice que por la fe,
Abraham cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir
al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra
sin saber a dónde iba y por la fe que tenía, vivió como
extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en
tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob que también recibieron
esa promesa, porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes
de la cual Dios es arquitecto y constructor.
Y en los versículos 24-27 nos dice que por fe Moisés cuando
ya fue hombre, no quiso llamarse hijo de la hija del faraón; prefirió
ser maltratado junto con el pueblo de Dios a gozar por un tiempo los placeres
del egoísmo. Consideró de más valor sufrir la deshonra
del Mesías que gozar de la riqueza de Egipto, porque tenía la
vista puesta en la recompensa que Dios le había de dar. Por la fe,
Moisés se fue de la tierra de Egipto, sin miedo al enojo del rey, y
se mantuvo firme en su propósito como si viera al Dios invisible.
Los versículos del 29- 40 nos dicen: Por fe, los israelitas pasaron
el Mar Rojo como si fuera tierra seca; por fe cayeron los muros de la ciudad
de Jericó después que los israelitas marcharon alrededor de
ellos durante siete días. Por la fe, muchos conquistaron países,
impartieron justicia, recibieron lo que Dios había prometido, cerraron
la boca de los leones, apagaron fuegos violentos, escaparon de ser muertos
a filo de espada, sacaron fuerzas de la flaqueza y llegaron a ser poderosos
en la guerra, venciendo a los ejércitos enemigos. Otros murieron en
el tormento sin aceptar ser liberados, a fin de resucitar a una vida mejor.
Otros sufrieron burlas y azotes y hasta cadenas y cárceles y otros
fueron muertos a pedradas, aserrados por la mitad, o muertos a filo de espada;
anduvieron de un lado a otros, vestidos sólo de piel de oveja y de
cabra; pobres, afligidos y maltratados, andando sin rumbo fijo por los desiertos
y los montes, por las cuevas y las cavernas de la tierra, pero todos ellos
fueron aprobados por la fe que tenían.
El escritor de la carta a los hebreos, sabe que todo esto, no habría
sido posible sin amor a Dios, sin fe adulta y a los cristianos nos dice en
el capítulo 12 versos del 1-15: Por eso, nosotros teniendo a nuestro
alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo
lo que nos estorba y el pecado, el egoísmo que nos enreda y corramos
con fortaleza la carrera que tenemos delante. Fijemos nuestra mirada en Jesús,
pues de Él procede nuestra fe y Él es quien la perfecciona.
Jesús sufrió en la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de
esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría
gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios. Por
lo tanto, mediten en el ejemplo de Jesús, que sufrió tanta contradicción
de parte de los pecadores, por eso, no se cansen ni se desanimen, pues ustedes
aún no han tenido que llegar hasta la muerte en su lucha contra el
pecado, es decir, contra el egoísmo y han olvidado ya lo que Dios les
aconseja como a hijos suyos.
Dice la Escritura: “No desprecies hijo mío, la corrección
del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor
corrige a quien él ama y recibe como hijo”. Soporten la corrección,
pues ¿Acaso hay algún hijo a quien su padre no corrija? Cuando
éramos niños, nuestros padres aquí en la tierra nos corregían
y los respetábamos. ¿Por qué no hemos de someternos con
mayor razón a nuestro Padre Celestial para obtener la vida? Dios nos
corrige para nuestro verdadero provecho, para hacernos santos como Él,
y si aprendemos la lección, el resultado es una vida de paz y rectitud,
así que renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas
debilitadas y busquen el camino derecho para que sane el pie que está
cojo y no se tuerza más.
Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa, es decir una vida
en el amor, pues sin la santidad es decir, sin el amor verdadero, nadie podrá
ver al Señor. Procuren que a nadie la falte la gracia de Dios, a fin
de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño
y envenena a la gente”.
El Señor Dios, pues te ha metido con infinito amor en el camino de
la liberación interior, y ya metido metida en el asunto, no vas a ver
para atrás, sino que te vas a acostumbrar a caminar como el león
de proverbios 30,30 que dice: “El león, no huye ante nada, ni
ante nadie, nunca mira para atrás.”
Siempre hay que ir hacia delante, es decir, no sigas poniendo en práctica
tu antigua manera por cierto bien viciada y llena de egocentrismo y cerrazón
a la hora de experimentar angustia, desaliento, depresión, decepción,
tristeza, ganas de morir, etc. Más bien, aprende a detectar enseguida
el negativismo agazapado en tu subconsciente para que no afecte una vez más
tú mente libre en Cristo Jesús. Para poder hacerlo óyete
hablar y aconséjate a ti mismo. Dile a tu vida si te gustaría
estar hablando con una persona como hablaste, como actuaste, como gritaste,
como te desesperanzaste por esto que está aconteciendo hoy.
La misión que Dios te tiene es sencilla y la más hermosa, y
es ese darle a la gente un poco de coraje es decir, ánimo ante la vida,
para que avance y nunca mire para atrás. Cuando le enseñas a
caminar a un niño, ¿Qué esperas? ¿Que camine y
se detenga y vuelva para atrás? o ¿Le dices que avance?. De
la misma manera ha sido Dios el Padre Celestial contigo. Ahora mismo te está
diciendo: Hijo, hija, ¡Camina!
O no es verdad que es Él quien te motiva y te da ánimo para
seguir. Y qué crees, ¿Que el ánimo actúa mágicamente?
El ánimo es una actividad humana y divina a la vez, es poner en acción
el valor, es hacer el esfuerzo y aún más, es poner intensidad
a ese esfuerzo, es tener la mente unificada y puesta en un solo objetivo,
en un solo ideal que se llama Amor, que se llama Jesús, para que en
el momento de la prueba, puedas salir –a pesar de sentir lo que sea-
más que victorioso, victoriosa en Cristo Jesús.
¿Por qué te vas ha hacer para atrás ahora? ¡No!,
¡Sigue y aguanta un poco más! El sol puede estar pesado en el
desierto pero imagínate las uvas en tu boca. No te imagines la quiebra,
déjales ese trabajo a otros. Es duro muchas veces caminar en madurez,
pero ¿Quien te dijo que iba ha ser suave? Vale la pena seguir hasta
alcanzar cada vez más, el estilo de Jesús. ¡Sigue! No
vuelvas a tus programaciones llenas de obsesiones funestas, esas, entrégaselas
a Jesús, ¡No vuelvas para atrás!.
Hoy, la esperanza quiere hablarte al corazón, escúchala: Hola,
soy la esperanza, y Dios me ha puesto como el ejemplo viviente de que no existen
errores definitivos. No hay en la vida un "es demasiado tarde" o
"ya soy viejo" o "definitivamente no hay esperanzas".
No hay situación desesperante, sino personas que abandonan toda esperanza
en determinada situación. La gente se siente perdida y aislada al máximo,
sumergida como en un poso oscuro sin salida. La gente duda de que la vida
tenga sentido, se limita a esperar sucesos negativos, y eso es lo que le permite
a su mente que le ofrezca. Por ello, Yo, la esperanza te insisto a ti que
escuchas, que no abandones el camino comenzado del ¡Echar siempre para
adelante en esta carrera del amor y la paz verdadera!, que no te mereces que
tú mismo te juegues el tonto papel de la víctima.
Pon fin definitivamente a este sentimiento de compasión contigo mismo,
contigo misma, pues Dios en su fidelidad, te brindará las oportunidades
que necesitas. No sabrás cuándo ni dónde, por eso debes
estar siempre atento, atenta. Pero será preciso que creas contra toda
esperanza, y des el primer paso, luego el segundo, y el tercero y todos los
que sean necesarios. Cuando los días son particularmente difíciles,
desgastan la energía y el sistema nervioso, pero ¿Sabes? cuando
se cierra la puerta que va hacia una solución, se abre otra o, a veces,
más de una, pero a menudo, en la que te quedas mirando fijamente es
en la que se ha cerrado, a tal punto, que pasan inadvertidas para ti, las
que se han abierto.
Para terminar te decimos: Reconoce, que muchas veces te has quedado atascado, atascada en el ruido estruendoso de la lucha, y que es hora de cambiar el enfoque y abstraerte, es decir, aislarte más del problema, tomando distancia de él, ya que como dirá Antoine de Saint Exupéry en su libro “El principito”, “Para ver con claridad, con frecuencia simplemente, basta cambiar la dirección de la mirada.”
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante,
y cerrando tus ojos comienza a respirar suave profundo y lento; ve sintiendo
cómo vas soltando todo lo que está tenso en tu ser, desde la
punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies. Disfrútate como un
ser humano vivo y pleno……porque sencillamente sabes que de Dios
te viene la plenitud.
En fe
hoy, aquí y ahora, escucha lo que el Señor Dios te dice a ti
que estás deseoso, deseosa de vivir libre interiormente de todo lo
que te hace mirar para atrás y no te deja experimentar la vida verdadera:
Todo lo que soy Yo, tu Dios, se encuentra plenamente en mi Hijo Jesús
y tú, estás lleno, llena de mi, tu Dios, porque estás
unido, unida a Él, a Jesús ahora mismo, aquí, en este
momento….
Oh Jesús, en ti estoy completo, completa; no me falta nada ni nada
me turba. Oh Dios mío, estoy en ti, Padre Celestial y tú eres
en Cristo, todo lo que jamás pueda yo necesitar. Jesús es todo
lo que quiero para mi vida, Oh Padre, porque en Él te encuentro y en
Él, te vivo gracias a ese Amor infinito que los une y que les ha parecido
bien, regalarme.
Jesús, tú lo eres todo. Eres la plenitud de Dios en mí. Eres todo lo que necesito para realizarme, para ser feliz, para servir como tú quieres que sirva. Ahora se y acepto, que no me falta nada en esta vida, que estoy plenamente saciado, saciada de amor; Jesús, eres todo lo que necesito para luchar y levantarme siempre. No necesito nada más. Jesús, tú eres mi plenitud, y estar en ti, es estar en la profundidad de la plenitud de Dios, del Padre Celestial. Oh bendita revelación del Amor de Dios, por la que nos has dado a conocer a los seres humanos que el amor de Cristo, excede a todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios.
No necesito nada más para estar completo, completa. Tú Jesús, eres mi completa suficiencia. Teniéndote a ti Jesús, lo tengo todo. Si te tengo a ti, cada instante de mi vida, ¿Qué gozo necesitaré más? Si te tengo a ti, Jesús, ¿Cuánta esperanza más necesitaré? Tú eres mi esperanza Oh Jesús. Si te tengo a ti Jesús, ¿Cuánta paz más necesitaré? ¡Ninguna! sencillamente, porque tú, eres mi paz. Y si te tengo a ti Jesús en lo más hondo de mi ser, ¿Cuánto más consuelo necesitaré? ¿Cuánta más fuerza necesitaré? Pero si tú eres mi bálsamo, mi brisa fresca, el agua eterna que sacia mi sed y la tela más delicada que enjuga mis lágrimas y con tu mano llena de ternura inclinas mi cabeza sobre tu pecho. Oh Jesús ¡Amor mío! ¡Cuánto me has amado! ¡Cuánto me amas ahora mismo!.
Y si en Ti Jesús, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento ¿Cuánta más sabiduría necesitaré? ¿Cómo es que he dicho que me falta algo? ¿Qué más puedo desear? Contigo en mi corazón, no me falta nada, aunque a veces sienta angustia o ansiedad o experimente el desaliento y la desesperanza, porque se que tú Jesús eres mi defensa.
No te rindas cuando venga el desaliento
Hoy queremos comenzar éste mensaje diciendo que muchas veces el desaliento
viene por preferir no creer en el amor fiel y providente de Dios, por eso
antes de continuar, queremos contarte la siguiente anécdota:
Había una pareja atea que tenía una hija; la pareja nunca le
había dicho nada a su hija sobre Dios. Una noche, cuando la nena tenía
5 años, sus padres pelearon tanto que el padre le disparó a
la madre y luego se suicidó. La nena lo vio todo; fue llevada a un
hogar adoptivo. Su madre adoptiva era una persona que amaba profundamente
al Señor Dios. En el primer día de la escuela para la fe, la
madre le dijo a la maestra que la nena nunca había escuchado a acerca
de Jesús y que tuviera paciencia con ella. La maestra mostró
una imagen de Jesús y dijo: ¿Alguien sabe quién es Él?
Y la nenita dijo: ¡Yo! ¡Yo se! Ese es el hombre que me estaba
abrazando la noche que mis padres murieron.
Si tú que escuchas has llegado a pensar que Dios se ha olvidado de
ti, permítenos decirte que Dios no es como los seres humanos que pensamos
primero en nosotros, luego en nosotros y siempre en nosotros mismos. No. Dios
es la donación misma del amor. Dios es contigo y no puede desdecirse.
Dios no se va. Dios nunca nos deja. Dios siempre nos ayuda. Dios siempre,
es fiel. Más bien lo que nos sucede es lo que les pasó a los
padres de la nena de cinco años: se dejaron llevar de sus emociones
no educadas, se dejaron arrastrar de sus pensamientos negativos y destructivos
y se olvidaron de ser sencillos, humildes y sabios en la fe. La pequeña
en cambio, sin malicia miraba desde la claridad del amor, desde la simpleza
de la fe, por eso pudo ver a Jesús, no con los ojos físicos,
sino con los ojos del alma. Ella no impidió con sus razonamientos lógicos
la llegada de la gracia y pudo percibir la cercanía de Jesús,
aún en medio de esos momentos tan espantosos por los que estaba pasando.
Los pensamientos negativos, y cerrados, son el terreno ideal para que el desaliento,
surja y se estacione en nuestra vida. El desanimo es el dardo poderoso de
la no fe, de la desconfianza del no creer en la fidelidad de Dios del centrarnos
en nosotros mismos. Si quieres ver el rostro de la no fe, si quieres que te
hable la desconfianza, dale rienda suelta a lo que sientas de negativo; entonces,
muy seguramente pensarás: “No, no podré salir adelante”,
“Aquí ya no hay salida” “Esta enfermedad se está
poniendo peor” “Aquél ya no me quiere” “Todo
va a salir mal” “No voy a encontrar trabajo” “Esto
va a ser muy difícil” y programación tras programación
que no te sirve más que para empeorar las cosas y angustiar el corazón.
Hoy, en el nombre de Jesús, te decimos que no permitas absolutamente
ningún pensamiento negativo, porque tu cerebro escucha lo que tú
dices. Sí, así como lo oyes. Tu cerebro recibe información
de tus pensamientos, palabras y actitudes, y guarda la información
sin saber distinguir cuánto te pueda destruir cuando todo lo que pronuncias
desde que te levantas hasta que te acuestas es negatividad y cerrazón.
La Palabra del Señor en Proverbios 18,20 dice: “Del fruto de
mi boca me saciaré”. Los seres humanos así como nos saciamos
de carne, de fruta, de ensaladas etc, necesitamos saciarnos de la Palabra
de Dios y de nuestra palabra iluminada y reforzada por ésta Palabra
Divina.
Hicimos una encuesta en la que venía una sola pregunta: ¿De
qué vives? Y la mayoría contestó a lo que se dedicaba
por ejemplo: Ah! pues yo soy abogado, o yo soy doctor, o yo soy maestro, yo
soy albañil, soy estilista, soy comerciante, etc. Los seres humanos
no nos damos cuenta de que vivimos -además de por la comida, y profesión
u oficio que nos permite pagar esa comida que nos llevamos a los labios gracias
al infinito amor de Dios-, por la Palabra Divina. Por la Palabra de Dios es
que respiramos espiritualmente y por la que se nutre nuestra mente y por lo
tanto fortalece nuestro cuerpo, nuestro ser entero. La Sagrada Escritura nos
enseña en el libro de Proverbios que la mente humana tiene mucho poder
como la boca también tiene mucho poder es decir que las palabras son
de mucha influencia.
Por ello, en el nombre de Jesús, te exhortamos a que comiences a proclamar
palabras de bendición, de positividad; ahora mismo, levantando tus
brazos di en voz alta: “Mis palabras tienen mucho poder” “Mis
palabras iluminadas por la Palabra de Dios, pueden cambiar mi mundo mental,
mi ser entero, el ambiente en donde me desenvuelvo, pueden cambiarlo todo”.
Amén.
La Palabra de Dios dice que en nuestra boca está el poder de la vida
y la muerte. La Palabra de Dios es la puerta al mundo de la riqueza espiritual,
es la puerta al mundo de la libertad interior, es la puerta a la paz interior,
es la puerta a nuestra realización personal y comunitaria.
Por ello, es muy importante que comprendas que cuando lees y escuchas la Palabra
de Dios queda a manera de semilla de vida verdadera, depositada en lo profundo
de tu corazón. La Biblia dice que la semilla es la Palabra de Dios.
Todo comienza desde la Palabra de Dios. Al comienzo fue la Palabra, y si Dios
comienza todo con la Palabra tenemos que comprender que ya en nosotros por
la gracia que nos alcanzó nuestro Señor Jesucristo, está
en germen el reino de Dios en nuestro ser, pero una semilla que no se cuida,
que no se cultiva, se muere.
La Palabra de Dios es la manera más excelsa cómo Dios nos lleva
hacia el mundo de la riqueza interior, en la fe, en la esperanza, en el amor,
en la humildad, en la perseverancia en la intimidad con Él, en la obediencia
a su Palabra, en la paciencia, en la verdadera alegría y prosperidad;
su reino ya está implantado en nuestro interior, gracias a Jesús.
En Marcos 4,13 Jesús les dijo a los que lo escuchaban: ¿No entienden
ustedes ésta parábola? ¿Cómo pues entenderán
todas las demás? La parábola a cerca del Reino de Dios, es la
parábola principal. Y si no sabemos cómo opera, cómo
funciona el reino de Dios, nos perdemos de toda una auténtica riqueza,
nos perdemos de vivir realmente.
Es decir que el Señor en este evangelio hoy nos dice, te dice a ti
que escuchas, que no oigas su mensaje y luego permitas al egoísmo que
te quite el mensaje sembrado en el corazón. Te dice que no seas como
los que oyen el mensaje con gusto, pero como no tienen suficiente raíz,
no se mantienen firmes, por eso cuando por causa del mensaje sufren pruebas
o persecución, pierden la fe. Jesús el Señor te dice
que no seamos como los que oyen la Palabra, pero los negocios de este mundo
les preocupan demasiado, el amor por las riquezas los engaña y quisieran
poseer todas las cosas. Pues Jesús dice que si haces todo esto, ahogarás
el mensaje y no lo dejarás dar fruto.
Jesús te dice que oigas el mensaje y lo aceptes de corazón,
entonces darás una buena cosecha, como la semilla sembrada en buena
tierra y que unos daremos buena cosecha de 30, otros de 60 y otros de 100
según la disposición de cada uno. Dios nos quiere seres humanos
prósperos y la palabra prosperidad, quiere decir, ir más allá
del punto deseado. Y hablar de prosperidad no sólo hablamos del dinero
porque el dinero por sí solo, no puede definir la prosperidad la cual
puede venir cuando nacemos de nuevo, cuando apoyados en la gracia, convertimos
el corazón a Dios, aunque no estuviéramos nadando en dinero.
La prosperidad viene cuando a la mente llega la paz, cuando aceptas con sabiduría
lo doloroso que ha pasado, pasa y pasará en tu vida, cuando viene la
armonía familiar y también cuando las finanzas mejoran. O ¿No
es verdad que si canalizas todas tus energías en buscar primero el
reino de Dios y el Señor te bendice prosperándote económicamente,
podrías pagar mejor a tus empleados, y podrías ser causa de
que otros además de disfrutar de tu buen trato, tuvieran buen trabajo?
Para entender cómo opera el reino de Dios, pondremos un ejemplo: Imagínate
que para cosechar tienes que tener primero a un granjero, es decir a un sembrador,
alguien que sabe cómo plantar la semilla, teniendo en cuenta que no
es alguien que planta por placer, sino que planta para poder vivir. Segundo,
se requiere de una semilla, la cual si permanece en el granero de la granja
o en la bolsa del granjero, no crecerá. En el reino de Dios hay semillas
y estas semillas están contenidas en la Palabra de Dios. Mucha gente
cree que la Biblia es un libro de reglas, pero en realidad no lo es; más
bien, por así decirlo, es como una gran bolsa de semillas, que necesitarás
querer sacar una a una por lo que lees y ponerla en buena tierra es decir,
en tu mente y corazón abierto y sincero, para que crezca y de fruto
en abundancia.
Dios nos hizo para hacernos vencedores de la muerte, con Cristo. Dios nos
hizo del barro de la tierra, es decir, nos hizo seres humanos maleables, con
capacidad de cambio, de volver a comenzar un camino de abundancia, y que en
sus Manos Divinas, somos capaces de ser las mejores vasijas en donde se guarde
el mejor vino, el vino del Espíritu Divino.
Dios nos hizo frágiles para que trabajáramos día con
día en la humildad para hacernos fuertes, casi invencibles por ello,
quiso que recibiéramos su semilla incorruptible, la semilla de la Palabra,
la cual es una semilla que nunca falla, es una semilla que siempre produce.
Así que hoy, aquí y ahora, en el nombre de Jesús el Señor,
te exhortamos a que tomes ésta semilla diariamente, para que la pongas
en la tierra de tu corazón y la gracia de Dios y tu buena voluntad,
tu decisión de ser una mujer excelente, un hombre excelente, la hagan
crecer y no solamente tú que escuchas puedas gozar de los frutos sino
todos aquellos que te rodean y aún más, esos frutos se extiendan
a lo largo y a lo ancho del planeta a través de generaciones y generaciones.
Pero tal vez puedas preguntar, ¿Y cómo saco las semillas de
la Biblia al terreno de mi mente y corazón? Y la respuesta es sencilla:
A través de tus pensamientos, tus ojos, oídos y al salir de
tu boca con tus actitudes. Escucha bien: Lo que viaja por tus oídos
de la fe, llega directamente al corazón. Los seres humanos tenemos
dos pares de oídos: los internos es decir los oídos de la fe,
y los externos. La manera como me escuchas ahora es con el oído externo,
pero si te abres interiormente me escucharás con tus oídos de
fe; yo, ahora mismo estoy escuchando al Señor con mi oído interno
y lo que escucho con mi oído interno va directo a mi espíritu,
a mi terreno y aún más, está cayendo en ti que escuchas,
sí, está cayendo en el terreno de tu mente y corazón.
Hace años leí que para que lo que escuchamos y veamos nos controle
tomará cinco años a base de repetirlo día y noche; y
aún más, leí que fácilmente nos domina lo que
nos destruye y que lo que nos construye, tenemos que grabarlo una y otra y
otra y 9,999 veces más. Por eso es que tenemos que leer la Palabra
de Dios constantemente, decirla pensarla y vivirla porque toma tiempo. El
Señor le dijo a Josué: “No dejes que ésta Palabra
se aparte de tu boca”. Medita en ella de día y de noche”
y te mostrará cómo prosperar y cómo lidiar sanamente
en el mundo. ¡Nuestra boca es tan importante! las palabras que pronunciamos
a diario son tan importantes. Cuando hablas palabras hablas cosas; quizá
no veas esas cosas que dices cuando las hablas, pero las hablas y evolucionarán
en tu vida, porque es semilla que pones en tu corazón.
Hace unos días me habló una amiga que tuvo cáncer en
un seno y que ha aprendido a pronunciar con fe adulta la Palabra del Señor
pero sin embargo de repente el miedo a que vuelva el cáncer se filtró
nuevamente en la conversación y me dijo al preguntarle yo que cómo
estaba: “En realidad estoy bien porque estoy en las mejores manos, en
las manos de Dios, pero ‘tengo miedo a que vuelva a resultar el cáncer
en otro lado’. Te lo digo quedito porque no quiero que oiga el disco
duro de la mente, pues ya ves que todo lo que oye, lo graba muy bien”.
Bueno, pues volviendo al granjero que te imaginaste, –tal como el granjero
lo hace con la semilla material- así tú que escuchas, necesitas
querer cuidar diariamente de la semilla de la Palabra de Dios en tu vida.
Será la única manera como serás feliz es decir será
la única forma como sufrirás menos y te experimentarás
realizado, realizada, pleno, plena. Y necesitarás cultivar tu interior
con momentos especiales para estar en silencio con Dios en tu corazón
y necesitarás querer permanecer las 24 horas del día en su presencia,
en su alegría, en su sabiduría, pues de tu corazón iluminado
por la Palabra y el Amor de Dios en ti, saldrá lo que tú necesitarás
para toda situación que se te presente en la vida. Necesitarás
comenzar a creer, hoy, aquí y ahora, que todo esto de la semilla hablada
es una realidad; y ¡Que es Vida!
Sí, la cosecha de la semilla hablada es vida. Por ello la Palabra de
Dios nos insiste que guardemos nuestro corazón porque de él
emana toda situación, todas las situaciones de la vida, en resumen,
las fuerzas de la vida. La fuerza realiza cambios. Es como la dinamita que
es una fuerza, que cuando se enciende cambia cosas; cuando tomas la Palabra
de Dios es concebida en tu corazón y la formas con tu lengua, la hablas
con tu boca y desatas una fuerza espiritual, desatas una fuerza que liberará
la habilidad de Dios dentro de ti y hará que muchas cosas sean cambiadas
en tu vida pero tienes qué creer. La clave es estar atento, atenta
de las palabras que pones dentro de ti. Por ejemplo: hay señales en
una mujer cuando está embarazada, es un anuncio para los demás.
La persona se prepara para dar a luz al igual que los que le rodean. Así
nació el Señor: Una palabra fue dada por Dios a una virgen,
es decir, a una tierra fértil, a una tierra dispuesta, a María
quien respondió con una entrega incondicional a Dios diciendo: “Hágase
conforme a tu Palabra” y permitió que esta Palabra cayera a lo
más hondo del terreno de su corazón y comenzó a crecer
y a formarse quien era la Palabra de Dios y era Dios; y nueve meses después
dio a luz al que es la Vida Verdadera. Lo que comenzó con una Palabra
a manera de semilla que fue plantada dentro de ella. Lo disfrutamos todos
los seres humanos, pasados, presentes y futuros. ¡María creyó!
Hoy, aquí y ahora, yo necesito creer como María. Tú que
escuchas, necesitas creer como la madre de Jesús, el Señor.
Si haces que todo el proceso funcione debidamente ahora queda como última
parte preguntarse y saber cómo obtener la cosecha. Sencillamente la
respuesta es que la cosecha se recibe al llamarla. Mira con atención
al ciego Bartimeo que comenzó a decir: Jesús Hijo de Dios, ten
misericordia de mí, y llamó a Jesús una y otra y otra
vez y fue sanado. El problema nuestro es que nos desanimamos, nos desesperamos
y nos dejamos llevar por la impaciencia, prefiriendo decir: esto nunca va
a ser diferente, yo nunca seré dulce como Jesús, estoy derrotado,
derrotada, pero… miremos al granjero cuando llega una plaga a la planta
crecida, o cuando llega una tormenta descomunal: Persevera cuidando lo sembrado
poniendo los medios para salvar lo que más se pueda y en ocasiones,
hasta teniendo que volver a comenzar a sembrar nuevamente.
En Santiago 5, 1-6 encontramos advertencia a los ricos y dice: Oigan esto,
ustedes los ricos: Lloren y griten por las desgracias que van a sufrir. Sus
riquezas están podridas; sus ropas, comidas por la polilla. Han amontonado
riquezas en estos días. El pago que no les dieron a los hombres que
trabajaron en su cosecha está clamando contra ustedes.
Nosotros podríamos aplicar esta Palabra pensando que somos ricos con
dinero mal habido es decir, que amontonamos pensamientos sin vida, extraídos
del rencor, del resentimiento, de la envidia, del egoísmo, del desamor;
pensamientos de muerte, de aflicción, derrotistas, que como la polilla
nos van royendo la ropa nueva, es decir los pensamientos positivos que tenemos
sin estrenar porque sencillamente no hemos querido o no hemos sabido querer
poner en acción.
Cuando yo, tú que escuchas comenzamos, comienzas a clamar al Señor
Dios, hay una conexión divina entre tú y Él. Y cuando
estés en unión con Dios por la fe, la esperanza y el amor, armonizarás
las palabras que lees en su Palabra, las guardarás en el corazón,
y las realizarás por fe y no por lo que sientas. Será entonces
cuando tú que escuchas hagas la acción que corresponde, será
un acto maduro al estilo de Jesús, que estará de acuerdo con
tu fe.
Por ejemplo, alguien que extienda un cheque sin tener dinero en el banco diciendo:
‘Pagaré a todos aquellos a quienes debo’, en realidad no
está haciendo la acción correspondiente, porque esa persona
no tiene ese dinero en el banco, no le respalda el dinero porque no lo tiene
y a esto se le llama extender un cheque sin fondos; aquí estaríamos
hablando a nivel espiritual que no hay fe. Realizamos acciones sin fe.
La acción correspondiente sería poner la chequera en el cajón
de tu escritorio y esperar hasta que juntaras el dinero para que el dinero
quedara de manifiesto en el banco y entonces sí, luego harías
el cheque por la cantidad necesaria. Estarías armonizando una acción.
Aquí estaríamos hablando de que la acción va acompañada
por la fe: ‘En tu nombre Jesús echaré la red’. A
nivel espiritual, sucede lo mismo. La palabra que hablas diariamente, necesariamente
tendrá qué estar respaldada por la Palabra de Dios, por tus
acciones cargadas de fe. Los discípulos dijeron: “Aumenta nuestra
fe y Jesús el Señor les respondió: Si tuvieran fe como
un granito de mostaza”. Necesitamos tomar la Palabra del Señor
como esa semilla que tenemos que hacerla crecer al proclamarla con nuestras
acciones impregnadas de fe adulta, de esa fe que mueve montañas. Y
esas montañas son tus programaciones mentales negativas bien enraizadas
pero como en realidad han sido plantadas sin fe, tanto el terreno como la
raíz no son inconmovibles, no son imposibles de quitar y puedes echarlas,
arrojarlas al fuego del amor de Dios en donde se reducirán a cenizas
en donde ya no hay dolor, en donde ya no hay elementos dañinos porque
todo habrá sido purificado.
Al hablar de elementos dañinos, estamos hablando de traumas, de situaciones
dolorosas, comenzando por la manera como fuimos concebidos, si fuimos deseados
o no; estamos hablando de nuestra estadía en el vientre materno. Lo
que oímos, lo que sentíamos, lo que vivimos. Estamos hablando
del momento de nacer, de si fuimos a vivir con nuestros padres o si tuvimos
padres adoptivos o vivimos con la abuela. Estamos hablando de cómo
fue nuestra infancia, niñez, o adolescencia. Estamos hablando de las
metidas de patas causadas por las heridas desde el vientre materno. En resumen,
estamos hablando de lo que aún nos causa dolor y por eso andamos, ando,
andas por la vida como un ser humano desencajado, que no encuentra reposo,
errante interiormente, como sin encontrar tu lugar.
La fe se nos fue dada para ser felices y hacer lo que Dios quiere que hagamos:
Amar como Él nos ama. Esto es una realidad, pero necesitaré,
necesitarás –tú que escuchas- aceptarlo y querer vivirlo
intensamente. Cuando proclames la Palabra de Dios para tu vida y para la vida
de cada ser humano traducida en amor, en perdón incondicional, en humildad,
en sencillez, en alegría, en solidaridad, en servicio, estarás
sembrando de verdad.
Cuando pienses y digas algo, estás sembrando para bien o para mal.
Si siembras desesperanza, cosecharás desaliento, depresión;
si siembras odio, cosecharás pleitos, separaciones, rupturas, abandonos,
traiciones, injusticias, abandonos, humillaciones.
Por otro lado, no olvides pues qué poderosas son las palabras respaldadas
por la Palabra de Dios. Si siembras positividad, sembrarás esperanza;
si siembras alegría, cosecharás ánimo, luz interior,
fuerza en el alma; si siembras solidaridad, cosecharás para el reino
de Dios; si siembras oración, cosecharás poder de Dios en tu
vida; si siembras al ofrecer el dolor en tu enfermedad, cosecharás
-aunque no lo veas-, conversión en muchísima gente que la necesita,
porque necesita conocer quién es Dios y volverse a Él. Cuando
dices algo siembras. ¡No lo olvides! ¡No lo olvides! Y más
te valdrá sembrar para el reino de Dios, que para el reino de la muerte,
que para el infierno que es la ausencia de Dios, que es cerrarte sobre ti
mismo y preferir morirte a los pies de la auto compasión, que es remorderte
y odiarte y no aceptar tu realidad. Esto tendrías qué hacerlo
de la mano de Jesús, pues si lo quieres hacer tú solo, tú
sola, te volverías loco, loca de desesperación, te estarías
atando al cuello la soga de la desesperanza y de la asfixia mental causado
todo esto por hablar palabras respaldadas por las heridas no sanadas y la
no fe.
Querido hermano, hermana que escuchas ¡Cristo ha llegado a tu vida para
que seas feliz en Él! Tienes qué convencerte que Él ya
ha tomado en su cruz todo lo doloroso desde que fuiste concebido, concebida,
hasta el momento en que vayas a morir. Ahora mismo, gracias al sacrificio
de Jesús en la cruz, eres libre de todo desamor, porque el Padre Dios
te ama infinitamente. ¡Eres libre de todo, de todo lo que te esclaviza!
Has sido creado para el amor, y en el amor está la felicidad verdadera,
pero para vivir esta auténtica felicidad, necesitarás que te
baste sólo Dios, pues quien a Dios tiene, nada le falta, sólo
Dios basta.
Para casi terminar te decimos que tus palabras darán como resultado
tu manera de pensar; tu manera de pensar dará como resultado el cómo
te sentirás; tu manera de sentir dará como resultado las decisiones
que tomes; las decisiones que tomes producirán las acciones; las acciones
producirán los hábitos; los hábitos producirán
el carácter que tienes y el carácter que tienes te hará
llegar a tu destino.
Hoy, aquí y ahora, cabría hacer un alto y reflexionar, qué
decimos, qué digo, qué dices en cada palabra, ¿qué
proclamas? ¿Vida o muerte, salud o enfermedad, riqueza o pobreza, belleza
o fealdad, bondad o maldad, amor u odio, esperanza o desesperanza, sabiduría
o necedad, soberbia o humildad, obediencia a la Palabra o desobediencia, limpieza
mental o heridas no sanadas? No olvides que todo comienza con palabras. Así
que si no te gusta el destino que miras, comienza pues por cambiar tus palabras.
Si no te gusta tu carácter, cambia tus hábitos; si no te gustan
tus hábitos, cambia tus acciones, si no te gustan tus acciones, cambia
tus decisiones, si no te gustan tus decisiones, cambia la forma como te sientes,
si no te gusta como te sientes, cambia tu forma de pensar y si no te gusta
como piensas, cambia tus palabras sobre todo si estas palabras, no provienen
de la Palabra de Dios.
Todo progreso
en la vida comienza con la Palabra. Ahora mismo puedes hacerte la siguiente
pregunta: ¿Qué te tiene tan asustado, tan asustada hasta el
punto de no poder pensar? ¿Quizá el hecho de que no has comenzado
a proclamar la Palabra de Dios para tu vida ni un 0.1% y que al 100% vives
en la duda y por eso te arrastra el desaliento, la desesperanza? Jesús
el Señor en otra parte del evangelio nos habla de retribución
al sembrar, al 30, al 60 ó al 100%, así por ejemplo, el que
sembró al 30% hablando Palabra de Dios, recibirá retribución
de 30 % de fe y cuando se da media vuelta, el restante 70% sería de
dudar en la Palabra del Señor. Quien sembró el 60% hablando
Palabra de Dios, recibirá retribución del 40% en duda e incredulidad.
Pero quien sembró el 100% y recogió al 100%, es porque habló
solamente de creer en al Palabra de Dios, de proclamarla con poder desde Cristo,
sin importar el lugar en donde se estuvo ni la situación por la que
se estuviera pasando: en una cárcel, en una inundación, en medio
de estar al punto de un divorcio, en medio de un ambiente hostil, en medio
de heridas, en medio del desempleo, en medio de la enfermedad, en medio de
la más honda depresión, simplemente lo hizo: Pronunció
palabras de poder respaldadas por la Palabra del Señor.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante,
y cerrando tus ojos comienza a respirar suave profundo y lento; ve sintiendo
cómo vas soltando todo lo que está tenso en tu ser, desde la
punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies. Disfrútate como un
ser humano vivo y pleno…disfrútate libre en Dios…..
Dile allá en lo profundo de tu ser: Hoy, aquí y ahora, me abro
de par en par a ti Oh Dios. Aquí está mi interioridad, mi mente,
mi ser entero mirándote desde la fe; soy tuyo, tuya, tómame
Señor. Tú me has creado a tu imagen y semejanza y en Cristo,
me has hecho más que vencedor, más que vencedora. Señor,
hoy necesito y quiero entregarte todo lo malo que he hablado de mí
mismo, de mi misma. ¡Tantas veces que me he rechazado! Hoy quiero entregarte
lo malo que he hablado de mi gente, de la humanidad, de mi iglesia, quiero
hablar bien Señor; quiero hablar con propiedad como corresponde a un
hijo a una hija tuya Oh Padre.
Señor, se cumplirá Tu Palabra en mi vida y la mía apoyada
en ti. Señor, tendré unidad con tu Palabra, y la mía,
será la misma: una Palabra. Hoy cancelo toda Palabra que ha salido
de mi boca que no ha sido de bendición ni para mi, ni para los demás
y me comprometo día con día a partir de hoy, a partir de éste
momento o a hablar lo santo, lo poderoso para mi vida y para los demás,
porque se que hay poder en mi boca gracias a Jesucristo.
Padre, en el nombre de Jesús tu Hijo, acepto toda esta unción
que quieres darme hoy, aquí y ahora sobre mi familia, sobre mi cuerpo,
sobre mi matrimonio, sobre mis finanzas, sobre mi mente sobre la humanidad
entera.
Toma mi mente e imprégnala con tu positividad Oh Padre celestial.
Padre:
Toma mi mente e imprégnala con tu positividad
Padre: Toma mi mente e imprégnala con tu positividad
NO TE RINDAS
La mayoría de las personas, en todo el mundo, fetos, bebés, niños, preadolescentes, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, alguna vez en la vida hemos pasado por situaciones muy pero muy difíciles, como dirá el salmista: “Por valle de sombra y de muerte”, pero también allí en medio de todo, en medio del maltrato, rechazo, abandono, traición, humillación, e injusticia, en medio de esos insultos constantes, o que alguien te pusiera en ridículo, en medio de la manipulación, de las amenazas, y de la explotación, cuando te encerraban en aquél cuarto, entre gritos en medio de aquél clima de miedo o de terror, promesas falsas, destrucción de pertenencias personales o el hecho de que te impidieran tener amigos, en medio de aquella violación y abuso, en medio de todo ese dolor, en el corazón de Dios, estaba pensado para ti, este mensaje de esperanza.
La mayoría de la gente es infeliz y se sume en la depresión,
porque prefiere no caminar en la fe. Repetimos: la mayoría de la gente
es infeliz y se sume en la depresión, porque prefiere no caminar en
la fe, si, lo escuchaste bien, prefiere no caminar de fe, y entonces permite
que el amor propio herido le desgarre el alma y deja que el orgullo herido
se hinche y crezca, prefiriendo recurrir a cualquier salida falsa como la
ira, los malos tratos, las palabras hirientes, la prostitución, la
deshonestidad, la mentira, el alcohol, el tabaquismo, las drogas, el suicidio
antes que sacar de su interior el tesoro que puede darle la llave a la libertad
interior, a la sabiduría, al verdadero amor, a la paz.
¿Sabes?, nosotros, preferimos, aún habiendo pasado tantas cosas
en la vida: rechazos, abandonos, traiciones, humillaciones e injusticias,
creer en ese Dios que es amor fiel, inmenso, tierno, cariñoso, misericordioso
y perfectamente sabio. Mucha gente hoy en día, repite lo que algún
día otros dijeren que “Dios fue creado por el hombre en su mente
para darse una respuesta después de la vida o para darse respuesta
ante tanto dolor o para darse seguridad ante la impotencia y desamparo”.
pero, permítenos decirte que no es justo que te dejes llevar por la
opinión de seres humanos, mortales como tú y yo, que prefirieron
vivir su vida, y basar su seguridad desde su ciencia, desde sus criterios,
desde su pensamiento y no desde una viva experiencia en su corazón
del amor infinito de Dios.
Ellos fueron hijos de una época y si hoy en pleno siglo XXI aún
muchos seres humanos siguen creyendo en un “Dios vengativo y justiciero”,
imagínate en siglos pasados, cómo sería la idea que se
tenía de Él, de Dios, pero gracias a la Revelación de
ese amor inmenso que ha tenido Dios con nosotros los seres humanos hemos ido
comprendiendo poco a poco que Dios no es ese Dios cargado de antropomorfismos
es decir, cargado de tendencias negativas humanas como la venganza, el odio,
la ira, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición
y la injusticia, todo fruto de un subconsciente herido. ¡¡El Dios
Revelado es vida!!, Sí, ¡¡Dios es fiel, Dios es amor!!.
Nosotros,
pues, preferimos hablarte desde la experiencia que hemos tenido de ese amor
infinito del Padre Dios, manifestado en Jesús, al habernos rescatado
de una vida sin sentido, de una vida llena de ira, de sensualidad, de orgullo,
de soberbia, de egoísmo, de vacío existencial. Tenemos bien
experimentado es decir, nadie nos lo ha contado sino que lo hemos vivido en
el alma, que Él no tiene nada que ver con todo ese sufrimiento provocado
por el corazón herido del hombre, porque Él nos creó
para la libertad y la vida, para la solidaridad y el amor, pero tú,
yo y quienes nos hirieron, preferimos la esclavitud y la muerte.
Él nos creó para el amor, pero tú, yo y quienes nos hirieron,
preferimos muchas veces, el rencor, el resentimiento, el odio, las palabras,
miradas y actitudes hirientes. Él nos creó para la felicidad,
pero hay quienes eligen vivir auto compadeciéndose, amargados, negándose
el derecho de ser feliz.
Tú que escuchas, aunque no pudieras ver, o caminar, aunque hayas perdido
todo en la vida, o te hayan abandonado, rechazado, humillado, traicionado
o te hayan hecho injusticia, aún puedes levantarte y tener victoria
con Jesucristo, sólo necesitarás una cosa: necesitas querer
creer, querer luchar de la mano de Jesús. y para comenzar a creer hay
que reconocer humildemente, que sólo Dios es Dios, que sólo
Él es el Poder Superior como le llaman algunos, o Jehová o Alá,
y que nosotros llamamos: Padre Celestial.
Hay muchas
causas que hacen que nos desanimemos y así nos apartamos del camino
de Dios, pero ¿Sabes? Dios no es el autor del desanimo sino el amor
propio herido y el egoísmo que luchan a muerte para que desistamos,
nos desanimemos, nos rindamos y así apartarnos del verdadero amor,
de la paz, de la fraternidad a la que fuimos llamados pues Dios sabe que sólo
en el amor auténtico encontraremos nuestra verdadera identidad, nuestra
verdadera realización.
Otras causas que nos desaniman es “llevar cargas”, como este marido
mujeriego, esta esposa chismosa, este vecino imprudente, aquella compañera
de trabajo que se mete en la vida de los demás, este otro que es tan
superficial, el hijo rebelde, la enfermedad, etc. estamos como el pueblo de
Israel en el libro de Números 11,10-15 que nos dice que Moisés
tuvo que cargar con un pueblo muy rebelde, y eso hizo que Moisés se
desanimara. La misma palabra del Señor en Gálatas 6, 1. 2 dice:
“Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse, pero háganlo amablemente y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba. Ayúdense entre sí a soportar las cargas y de esa manera cumplirán la ley de cristo”.
Pero por superficiales, muchas veces eso nos desanima porque no queremos ayudar
a los hermanos en sus problemas, no queremos llevar la carga unos de los otros,
porque no queremos comenzar por casa es decir por nosotros mismos. Hoy aquí
y ahora, si quieres ser libre, si quieres tener paz, si quieres salir de esa
situación interior de desaliento, si quieres que tu vida mejore y prospere,
necesitarás querer comenzar por ti mismo, por ti misma, pidiéndole
al Señor que sea Él quien transforme y cambie tu corazón,
pero tú necesitarás querer alimentarte de su Palabra, y procurando
escuchar mensajes como este, diariamente, sea mientras trabajas o haces limpieza
o te bañas o caminas o manejas, pues así como programaste tu
mente para lo negativo, ahora necesitarás querer comenzar a programarla
para llegar a tener pensamientos positivos, pensamientos que bendigan es decir,
los pensamientos de Cristo.
Algunas veces nos desanima una derrota. El libro de Josué7, 7-9 nos narra cuando el pueblo fue derrotado y por eso se desanimaron al igual que nosotros; cuando las cosas no nos salen como nosotros pensamos, creemos que hemos sido derrotados y nos encontramos caídos en el fracaso.
También nos sentimos sin ganas de seguir adelante, cuanto otros se oponen injustamente, así lo leemos en 1ª de Samuel 30,6 cuando dice que los enemigos de Israel, los amalecitas habían quemado la ciudad, se habían llevado prisioneros a sus mujeres, hijos e hijas y esto los puso a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas. El rey David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo pues todos estaban muy disgustados por lo que había sucedido a sus hijos, sin embargo no se desesperó, ni huyó, sino que puso su confianza en el Señor su Dios.
En otras ocasiones, es el miedo el que nos desalienta y nos hace rendirnos. 1ª de reyes 19,1-8 narra cómo el profeta Elías, después de haber derrotado a los profetas de baal, del dios falso, corría peligro, y para salvar su vida, se fue al desierto. Caminó durante un día y finalmente se sentó bajo una retama es decir, un árbol de oriente; era tal su deseo de morirse que dijo: “¡Basta ya Señor!. ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!. Y se acostó allí bajo la retama y se quedó dormido.
Pero un Ángel llegó y tocándolo le dijo: “Levántate y come”. Elías vio una torta cocida sobre brasas y una jarra de agua, entonces se levantó y comió y bebió, pero el Ángel del Señor vino por segunda vez y tocándolo le dijo: “Levántate y come porque si no el viaje será demasiado largo para ti”. Elías se levantó y comió y bebió y aquella comida le dio fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb, el monte de Dios. Luego nos dirá que Elías tuvo un encuentro con el Señor allá en la montaña y allá en la montaña el Señor lo regresa por donde vino prometiéndole que dejará en Israel personas que adoren al Dios verdadero, al Dios de Israel.
Nos desalentamos
cuando estamos enfermos, pero en el libro del profeta Isaías 38, 9-20
leemos que cuando el rey de Judá, Ezequías sanó de su
enfermedad, compuso este salmo:
“yo había pensado: en lo mejor de mi vida tendré que irme,
se me ordena ir al reino de la muerte por el resto de mis días. Yo
pensé: ya no veré más al Señor en esta tierra,
no volveré a mirar a nadie de los que viven en el mundo. Deshacen mi
habitación me la quitan como tienda de pastores. Mi vida era cual la
tela de un tejedor que es cortada del telar. De día y de noche me haces
sufrir.
Grito de dolor toda la noche como si un león estuviera quebrándome los huesos. Mis ojos se cansan de mirar al cielo. Señor, estoy oprimido, responde tú por mi. El sueño se me ha ido por la amargura de mi alma. Pero aquellos a quienes el Señor protege vivirán y con todos ellos viviré yo. Tú me has dado la salud, me has devuelto la vida. Mira en vez de amargura ahora tengo paz. Tú has preservado mi vida de la fosa destructoria porque has perdonado todos mis pecados. El Señor está aquí para salvarme.
Cuando estamos enfermos y pedimos a Dios que nos ayude y nuestra enfermedad no es curada rápidamente eso nos desanima, y nos rendimos. El apóstol Pablo oraba al Señor para que le quitara el aguijón del que habla en 2ª Corintios 12, 8 más el Señor le responde: “Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra mejor en la debilidad”. Pablo, abriéndose a la fe, en los versos siguientes dirá: “Me alegro de ser débil para que en mí se muestre el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo porque cuando más débil me siento, es cuando más fuerte soy”. Esto querido hermano, hermana que lees, ¡es creer en Dios!.
Hoy, necesitas comenzar por querer poner tu amor propio herido, tu soberbia, tus heridas, a los pies de Aquél al que traspasaron, -nos dirá el profeta Isaías en el capítulo 53, y que no abrió la boca mientras lo injuriaban, siendo un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento, que fue maltratado, pero que se sometió humildemente, yendo como cordero llevado al matadero, sin que nadie se preocupara de su destino, aunque nunca cometió ningún crimen ni nunca hubo engaño en su boca, Él, por quien todas nuestras heridas, han sido sanadas.
Y la Palabra del Señor no miente, cuando dice que todas nuestras dolencias, todos nuestros traumas, miedos, inseguridades, todo aquello que llamamos frustración y que en realidad tal frustración o frustraciones sólo existen en nuestra mente como tales porque lo queremos creer así, pues si luchamos sostenidos con la gracia de Dios, siempre habrá una salida, pues todo, pero todo, ha sido tomado por el corazón de ese Dios que es Padre y que nos ha regalado a su hijo Jesús, quien murió por mi, por ti en la cruz, y que hoy está vivo en nuestro corazón, llamándonos a la sabiduría, a la libertad interior, a la vida nueva, pues la Palabra del Señor nos dice en 2ª Corintios 5, 17: “El que está unido a Cristo, es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; lo que ahora hay, es nuevo”.
El capítulo 17 del libro de 2ª de Samuel, nos dice que David quien
era un pastor de ovejas, siendo casi un chiquillo, quedó al servicio
de Saúl el primer rey de Israel. Y nos dice el autor del libro que
el pueblo de Israel, tenía enemigos y uno de esos enemigos muy potentes
fue el pueblo de los filisteos. Al estar ya en guerra, de entre las filas
del ejército de los filisteos salió Goliat el más fuerte
y grande de los guerreros, pidiendo lo siguiente: “Denme un hombre para
que luche conmigo”.
Al oír esto el rey Saúl y todos los israelitas, perdieron el ánimo y se llenaron de miedo, mientras tanto, el papá de David, Isaí, le dijo a David quien en ese momento se encontraba en su casa: “Lleva trigo tostado y panes junto con quesos a tus hermanos y al comandante del batallón y mira cómo están tus hermanos”. Saúl y los hermanos de David y todos los israelitas estaban en el valle de Ela luchando contra los filisteos. Al día siguiente, David madrugó y dejando las ovejas llevando consigo las provisiones que le entregó su padre Isaí, llegó al campamento en donde el ejército se disponía a salir a la batalla lanzando gritos de guerra.
Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente. David dejó lo que llevaba al cuidado del encargado de armas y provisiones y corriendo a las filas, se metió en ellas para preguntar a sus hermanos cómo estaban. Mientras hablaba con ellos, aquél filisteo llamado Goliat salió de entre las filas de los filisteos y volvió a desafiar a los israelitas. David lo oyó y vio también como los israelitas sintieron mucho miedo y huyeron de su presencia diciendo: ¿ya vieron al hombre que ha salido? ha venido a desafiar a Israel. David preguntó a los que estaban a su lado: ¿qué darán al hombre que mate a este filisteo y borre esta ofensa al pueblo de Israel? ¿Quién es este pagano para desafiar así al ejército del Dios viviente? y respondieron: “Dará muchas riquezas”. David dijo a Saúl: “Nadie debe desanimarse por causa de este filisteo. Yo, un servidor de su majestad, iré a pelear contra él”. Saúl le dijo: “No puedes ir tú solo a luchar contra ese filisteo porque eres muy joven, en cambio, el ha sido un hombre de guerra desde su juventud”.
David contestó: “Cuando cuidaba las ovejas de mi padre, si un león o un oso venía y se llevaba una oveja del rebaño, iba tras de él y se la quitaba del hocico y si se volvía par atacarme, lo agarraba por la quijada y lo mataba. Así fuera una león o un oso, lo mataba, y a este filisteo pagano, le va a pasar lo mismo porque ha desafiado al ejército del Dios viviente, pues el Señor que me ha librado de las garras del león y del oso, t