"Por aquellos días, Jesús se fue a un cerro a orar,

y pasó toda la noche orando a Dios"

Lucas 6,12

 

El poder sanador de la Palabra

Hemos hablado en temas anteriores, que el apóstol Pedro pudo caminar sobre el agua es decir, que pudo caminar sobre cualquier situación por difícil que ésta fuera, porque Jesús, su amado Maestro, le enseñó a creer siempre en Él y en el Padre Dios. Con Jesús, Pedro aprendió que todo tuvo sentido en su vida, aún aquellas situaciones que le parecieron desastrosas y que no entendía, pero que sabía que Dios podía transformarlas en ricas experiencias de amor y de fe.

Pedro superó desde la confianza en Dios, cualquier golpe de la vida y cualquier equivocación por terrible que ésta hubiera sido, como lo fue –por ejemplo- el haber negado a Jesús su Señor. Y pudo aceptarlo y pasarlo todo, porque estaba cimentado sobre Roca firme, porque estaba cimentado en quien es la Palabra de Vida, porque había fundamentado su vida, no en cualquier Palabra, sino en la única Palabra estable y verdadera, la Palabra de Dios.

En su 2ª Carta 2,9 nos dice que “El Señor sabe librar de la prueba a los que viven entregados a Él”. Y en el capítulo 3 de su primera Carta versículo 14 nos dice: “No tengan miedo a nadie, ni se asusten, sino honren a Cristo como Señor, en sus corazones. En esta misma primera carta capítulo 4 verso 7 nos dice: Sean ustedes juiciosos, dedíquense seriamente a la oración. Y en el capítulo 5 verso 7 dice: “Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque Él se interesa por Ustedes”. Y al final del capítulo 3 de la Segunda Carta verso 18 dice:

“Cuídense para que no sean arrastrados por los engaños de los malvados, ni caigan de su firme posición, antes al contrario, conozcan mejor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo y crezcan en su amor”. Es como si nos dijera: “Cuídense para que no sean arrastrados por la no fe, por la desesperanza, por el desaliento, por el sin sentido de vivir, por la depresión, por la rebeldía que les viene de sus heridas no sanadas; no se dejen arrastrar por lo que sienten en su interior y que aún no saben cómo asumirlo, cómo sobrellevarlo pero si leen la Palabra del Señor y se dejan educar por su Espíritu Divino, aprenderán todo cuanto necesiten para ser felices y fuertes.

Cuídense pues, de no caer de su firme posición es decir, si ahora están firmes en el Señor, que nada los haga volver para atrás a la incredulidad, a la rebeldía, a la vida superficial y vacía, por ello les digo: conozcan mejor a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, mediten la Palabra de Dios y crean en su amor y sean fuertes por la fe.

Pedro sabía quién era Jesús. Sabía que el Señor ama incondicionalmente y que lo único que quería de Pedro era que fuera grande en la confianza, en el amor, en la generosidad y en el servicio; que fuera un hombre firme en la fe y pleno en el amor para que pudiera ayudar a otros a acrecentar su fe en Dios. Pero ¿Sabes? Pedro, gastaba tiempo para escuchar al Señor, es decir, Pedro escuchaba a la Palabra de Dios encarnada es decir, a Jesús.

La carta a los Hebreos, 1, 1-3 nos dice: “En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es y el que sostiene todas las cosas con su Palabra poderosa”.

En este siglo XXI, la gente se muere de miedo, los jóvenes deambulan por las calles vacíos, y rotos interiormente. El periódico la Jornada observó que actualmente las estadísticas dicen que las parejas que se casan, se entienden cada vez menos. Por cada 10 parejas que acuden al registro civil a contraer matrimonio, de 4 a 5 regresan a divorciarse, aunque se sospecha que en este último dato puede haber "cifra negra" por los arreglos extrajudiciales entre los integrantes de las parejas para su separación. En los Estados Unidos de Norteamérica de cada 10 parejas se divorcian de 6 a 7.

Hoy el ser humano está convencido de la incompatibilidad de carácter y esta manera de creer, la usan como una de las razones más poderosas para romper la relación y todo por no querer conocer al verdadero amor es decir, por no querer conocer a Jesús el Señor, por no querer leer su Palabra. Hace unos días escuchaba a una señora joven de 28 años –creo yo que estaba muy herida tal vez desde el vientre materno- que permitía a su hija preadolescente de 13 años llevar a su casa a sus novios y acostarse con ellos diciéndole y diciéndonos que el amor no existe, que en la vida lo importante era el dinero y el sexo.

Hoy los niños y jóvenes están desorientados porque los matrimonios están desgarrados por los gritos llenos de ira y de resentimiento y por ver las copas de vino, el cigarro o la droga que no faltan en las manos de papá o de mamá; por la infidelidad, la mentira, la deshonestidad y los golpes, es decir, los matrimonios, las parejas están quebradas por heridas en su subconsciente, como sabemos- no solucionadas. Y todos –como dice la escritura, hemos pecado- es decir, todos padecemos de egoísmo, de soberbia, de no fe, y a pesar de todo esto que nos aniquila como seres humanos no queremos, no quiero, no quieres ir al único que puede restaurar a tu familia, al único que te puede devolver la vida, no quieres orar, no quieres ir al único que puede libertarte, al único que puede devolverte la salud espiritual, la salud de tu alma, la salud de tu ser entero: Dios en su Palabra.

La Palabra de Dios, es viva, es eficaz, es más penetrante que toda espada de dos filos, y es capaz de llegar a las coyunturas, a los tuétanos; es decir, la Palabra de Dios es capaz de romper el corazón más duro y volverlo un corazón abierto y que ama; la Palabra de Dios es capaz de transformar el subconsciente más herido en un oasis de paz; la Palabra de Dios es capaz de llegar a lo más profundo del ser humano, y llenarlo de plenitud; la Palabra de Dios es capaz de darte la felicidad a ti que escuchas, pero ante todo, necesitarás querer abrir ese libro Santo con esa fe que ya tienes, y luego, necesitarás querer comenzar a vivir el amor.

¿Sabes? Somos testigos de que la Palabra de Dios ha transformado miles y miles y millones de corazones de matrimonios a punto de separarse; la Palabra de Dios ha sanado cuerpos enfermos, ha traído milagros financieros, y siempre pero siempre, nos ha sacado adelante.

Lucas 5, 1- 11 nos dice que “En una ocasión, estando Jesús a la orilla del lago de Genesaret, se sentía apretujado por la multitud que quería oír el mensaje de Dios. Jesús vio dos barcas en la playa. Estaban vacías, porque los pescadores habían bajado de ellas para lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas que era de Simón Pedro y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca y desde allí comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:

Lleva la barca a la parte honda del lago y echen allí sus redes para pescar. Simón le contestó: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada, pero ya que tú lo mandas, voy a echar las redes. Cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían”.
Primeramente queremos resaltar cómo Jesús el Señor le pide su barca a Simón Pedro para poder predicar desde ella. Así que si queremos que pase algo en nuestra barca, es decir, en nuestra vida, necesitaremos querer dejar que Jesús el Señor entre y nos aparte de todo lo que nos impide mirar con fe, con esperanza y con amor es decir, hay que querer permitir que la Palabra de Dios y nuestra voluntad puesta en ello, nos aparte del egoísmo, de la soberbia, de los rencores, para que sepamos, para que sepa yo, para que sepas tú, descubrir el código secreto del amor inscrito en Jesús y en su Palabra, para poder llevar con sabiduría nuestra propia vida y luego, con el ejemplo, arrastrar a los nuestros, a los más próximos hacia un verdadero sentido de vivir. Pero para ello hay que querer alejarnos de la orilla, es decir, hay que querer alejarnos de lo superficial e ir a lo profundo del corazón para orar; hay que querer ser honestos, hay que querer caminar fundamentando nuestra vida en la Palabra del Señor.
La grandeza de los hombres y mujeres de la Biblia, viene de que supieron con fe llevar su vida natural y caduca a un terreno sobrenatural y eterno, pero ellos y ellas, meditaban la Palabra del Señor asiduamente, frecuentemente, perseverantemente. Por otro lado, los discípulos, -volviendo al relato de la pesca milagrosa-, habían estado escuchando al que es la Palabra en un tiempo específico, para un problema específico, antes de que sucediera la pesca milagrosa. Y es precisamente cuando termina de hablar Jesús el Señor, que le dice a Pedro: “Lleva la barca a la parte honda del lago y echen allí sus redes para pescar”.

Cuando Pedro escucha esta orden, fíjate como no discute con Jesús diciendo que es algo incongruente lo que él dice, algo que no tiene sentido, algo tonto lo que está pidiendo. Sencillamente Simón Pedro reconoce su incapacidad para solucionar algo en lo que él ya había puesto todo de su parte para solucionarlo pues habían tenido la experiencia desalentadora de no haber encontrado peces, y le contesta:

Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada, pero ya que tú lo mandas, voy a echar las redes en tu Nombre. Una vez más Pedro creyó en el poder de Jesús que podía sacarlo adelante de cualquier situación por difícil que ésta fuera, y confiando en Él, dice el evangelista Lucas, echaron las redes, y cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían”.

Mi hermano, hermana que escuchas, Si quieres que tu vida se transforme, si quieres salir victorioso, victoriosa de esa depresión, de ese proceso de duelo, de esa pérdida, si quieres que vuelva a ti la alegría de vivir, si quieres encontrarle sentido a tu vida, tendrás que desear ardientemente la amistad con Jesús, tendrás que querer estar a la escucha de la Palabra de Dios, tendrás que querer estar a los pies del Maestro, en un tiempo específico, escuchando, y luego de ahí, querer continuar rumiando en tu corazón lo que leíste, para ponerlo en práctica en tu vida diaria, en tu vida cotidiana aunque siempre nueva, siempre rejuvenecida por la Palabra Divina, pues para el que está a la escucha de la Palabra de Dios, todo toma sentido. Para el que está a la escucha de la Palabra de Dios, ningún día es igual a otro aunque diario realice lo mismo, porque el que escucha a Dios en su Palabra, ama, y el amor le da la capacidad de transformar lo más trivial en extraordinario y único.

La Palabra de Dios dice que la fe viene por el oír. Y si tú que escuchas, quieres tener oídos para escuchar sobre todo con fe adulta, para acrecentar tu fe, tendrás que mantenerte diariamente, escuchando la Palabra de Dios.

El salmo 1 dice que es “Feliz el hombre, la mujer que no sigue el consejo de los malvados ni va por el camino de los pecadores”, es decir, que es feliz aquél aquella que no escucha sus propios pensamientos negativos, que no escucha a la no fe que le llega de estar viviendo una vida superficial y sin sentido, una vida en la que se ha fomentado interiormente el resentimiento y la ira. Dice que es feliz quien no escucha al egoísmo y a la soberbia que ha dejado anidar en su corazón.

Y continúa el salmo 1 diciendo en el verso 2: “Sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita día y noche. Ese hombre, esa mujer, ese joven, esa joven, será como un árbol plantado a la orilla de un río, que da fruto a su tiempo y jamás se marchitarán sus hojas. Todo lo que haga le saldrá bien.

Con los malvados, es decir, con todo lo negativo que engendra la mente del ser humano, no pasa lo mismo, pues todo esto será como paja que se lleva el viento. El Señor cuida el camino de los justos es decir, de aquéllos que le buscan de corazón, sinceramente, pero el camino de aquellos que no quieren poner su confianza en el Señor, los llevará al desastre”.

Muchas personas, hacen test para ver qué tan inteligentes según la vanidad del hombre o la ciencia, o para ver qué novio o novia les conviene más, o para ver qué tipo de personalidad tienen, y poco se ocupan de saber cómo está su interior, cómo está su fe, cómo está su capacidad de amar.
Nosotros, sin aplicar ningún test, nos damos cuenta de que las personas están vacías de espiritualidad por su forma de reaccionar que no es precisamente con amor y por su poca capacidad para estar a solas consigo mismas y con el Señor Dios, es decir, por su poca capacidad para orar con el corazón, ante la Palabra del Señor. El apóstol Pablo en su 1ª Carta a los Corintios 2, 4-16 nos dice lo siguiente: “Cuando les prediqué, no usé palabras sabias para convencerlos. Al contrario, los convencí haciendo demostración del Espíritu y del poder de Dios, para que la fe de Ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres. La sabiduría de Dios es algo que no han entendido los que gobiernan este mundo presente, pues si lo hubieran entendido, no habrían crucificado al Señor de la gloria, pero como dice la Escritura: Dios ha preparado para los que lo aman cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado. Estas son las cosas que Dios nos ha hecho conocer por medio del Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las cosas más profundas de Dios.

¿Quién entre los hombres puede saber lo que hay en el corazón del hombre sino sólo el espíritu que está dentro del hombre? De la misma manera, solamente el Espíritu de Dios sabe lo que hay en Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que viene de Dios para que entendamos las cosas que Dios en su bondad nos ha dado.

Así explicamos las cosas espirituales con términos espirituales. El que no es espiritual, no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él, son tonterías, pero aquél que tiene el Espíritu puede juzgar todas las cosas y nadie lo puede juzgar a él. Pues la escritura dice: ¿Quién conoce la mente del Señor? ¿Quién podrá instruirle? Y Pablo termina diciendo: Sin embargo, nosotros tenemos la mente de Cristo”. (Mús) Hermano, hermana que escuchas: frecuenta diariamente la Palabra del Señor para conocer cada día más y adorar siempre, al Padre Celestial, para que Él te regale tener la mente de Cristo. (mús)

El sufrimiento de la humanidad entera nos grita que es necesario que tú y yo queramos tener la mente de Jesús, y para ello como a Pedro, una y otra vez nos dirá que llevemos la barca a la parte honda del lago. ¿Te das cuenta?. Es necesario querer llevar la barca de nuestro propio ser a lo profundo, y a la vez a lo más sencillo pero eterno de nuestra alma, allá en donde todo es reposo y paz, en donde todo es plenitud, alegría y sabiduría, allá donde los milagros suceden, allá donde podemos escuchar el remá de Dios es decir, allá donde escuchamos con oídos verdaderos la Palabra de Dios.

El estar diariamente a los pies de Jesús, escuchando su Palabra, el estar desde la fe escuchando a ese Dios que es nuestro Padre, me ayuda, te ayuda a descubrir su presencia incluso en momentos de aparente desilusión, en momentos de desaliento, cuando lo que hacemos parece inútil, como les sucedía a los mismos apóstoles que después de haber trabajado toda la noche exclamaron: “Maestro, no hemos pescado nada”

Es precisamente en momentos así cuando necesitamos abrir el corazón para dejar que la Palabra que leímos con fe, a solas y en silencio, actúe con toda su fuerza.

Quien abre el corazón a la Palabra de Dios, quien abre el corazón a Cristo no sólo puede comprender el misterio de su propia existencia y para qué está llamado, llamada. Sabe que su vocación es el amor independientemente del camino que se elija. Pues de otra manera se vive sin saber hacia dónde se va.

En 2 Reyes 4,1-7 se narra cuando una viuda fue a buscar al profeta Eliseo y le cuenta que su esposo había muerto y que los había dejado endeudados y ahora los acreedores querían llevarse a sus dos hijos como esclavos. Eliseo pregunta “¿Qué tienes en casa?” Ella le contesta “un jarrito de aceite”. Y Eliseo le dice: Pues ve ahora y pide prestados a tus vecinos algunos jarros, ¡todos los jarros vacíos que puedas conseguir!. Luego métete en tu casa con tus hijos, cierra la puerta y ve llenando de aceite todos los jarros y poniendo aparte los llenos. Luego, ve a venderlos y paga tu deuda. Con el resto podrán vivir tú y tus hijos”.

¿Qué crees que pensó la viuda a la que Eliseo le pidió que vendiera todo lo que tenía para comer en aquel jarrito de aceite? Sí, como ella, tú necesitarás creer que será siempre la Palabra de Dios la que te saque adelante. Ella creyó en la palabra de Eliseo como Pedro creyó en la Palabra de Jesús cuando echó en el Nombre de Jesús las redes en el mar que aparentemente estaba vacío de peces.

Muchas veces, tu mente llena de pensamientos superficiales y sin fe, te juega lo mismo. Hay veces que Dios te da una Palabra de vida y pareciera que es una mentira. Muchas veces has escuchado la Palabra pensando que nada es cierto, porque piensas que eso no puede ser posible para tu vida, que esto tampoco se puede realizar, que aquello es imposible, que todo es una falacia. ¿Sabes? Todos hemos pasado por esos momentos de noche oscura y de purificación, pero también por experiencia, sabemos que en medio de la noche, Dios es y ha sido siempre fiel; siempre ha actuado y actúa de la manera que menos esperamos; que Él es Padre y nos cuida, y siempre busca lo mejor para sus hijos y nunca ha abandonado ni abandona a nadie.

Este mensaje ha sido pensado con la finalidad de que te enamores más del Señor, de que lo busques sin cesar, de que lo ames profundamente, de que quieras convertirte en un hombre, en una mujer que alimenta su espíritu, que ilumina su mente con la Palabra de Dios. Por ello te sugerimos que será bueno para ti, que destines un lugar y una hora específica para meditar en la Palabra de Dios diariamente:

Tal vez puedes leer, meditar, orar y contemplar por las mañanas tempranito o por las noches desde tu cama o en la mesa de tu cuarto o comedor o tal vez al medio día o en un rato libre en tu trabajo, o en la fila larga del pago que tienes qué hacer. Puedes tener una reglita o tarjeta dura para subrayar –si las circunstancias lo permiten- lo que más te vaya ayudando con el color de pluma que más te ayude.


Es su Palabra la que necesitas en todo tiempo y no tanto ir con la amiga llorando ni con este otro para que nos quite lo que sentimos interiormente sobre todo si se trata de angustia existencial, de vacío, de soledad, de insatisfacción, de depresión, de tristeza, de miedo, de cansancio, de desaliento, de no querer vivir.
Es su Palabra la que necesita el ser humano para salir del cautiverio del egoísmo y el resentimiento, pero para ello es preciso querer superar la flojera, es preciso querer superar la inconstancia, es preciso –como Pedro- querer caminar sobre el mar como en el relato de Marcos 6,45.


Hoy podríamos preguntarnos pero ¿Cómo atravesar el mar sin ser atrapados por sus olas? Y te respondemos que es posible pasar la vida sólo si Dios por su gracia y su Palabra detiene el ímpetu de sus olas. Nadie nos escapamos en nuestra vida de una pesca infructuosa o de la furia de un mar de dudas, tentaciones, miedo, desaliento etc, que intenta hundirnos y que ciertamente hace difícil nuestro proceso hacia la libertad interior. A mucha gente le aterra que sus proyectos no funcionen. A mucha gente le aterra el miedo al futuro. A mucha gente le aterra la muerte de un ser querido o su propia muerte. ¿Sabes? Para alcanzar la realización existencial es preciso romper con la seguridad que nos brinda una mentalidad comodona, sin fe, vacía y que nos paraliza para echar las redes en el Nombre del Señor Jesús.


El camino hacia la libertad, sólo se alcanza atravesando nuestro propio mar, no teniéndole miedo a la profundidad porque sabemos que es precisamente caminando sobre todo lo que no viene de la fe y lanzándonos confiados en la Palabra de Dios, que pescaremos justamente lo que necesitamos, y cuando menos lo pensemos, estaremos más allá del mar de la angustia, más allá de cualquier limitante, sencillamente porque nos fiamos del Señor Dios que siempre actúa.
Para terminar, permítenos contarte la siguiente anécdota: Después de la Segunda Guerra Mundial, un joven piloto decidió hacer una peligrosa y larga travesía utilizando un pequeño avión de un motor. El reto era grande y requería de mucha energía y concentración. Avanzado en su viaje, sus instrumentos comenzaron a comportarse en forma extraña y, al investigar, se dio cuenta que llevaba una rata en el avión, que estaba royendo los cables.

Esto causaba que los instrumentos dieran lecturas incorrectas, lo cual probablemente tendría como consecuencia que el piloto tomara decisiones equivocadas, que, en su posición, serían fatales. En ese instante recordó algo que le había enseñado su instructor:

“Cuando encuentres ratas en tu vuelo, en vez de gastar tu energía y ponerte en peligro peleando con ellas, ¡elévate! Elévate lo que más que puedas, las ratas no resisten la altura”.

Algunas veces tenemos pensamientos y emociones que son como esas ratas.
Las ratas en muchas ocasiones sólo son los fantasmas creados por nuestros miedos fundados en la no fe. La Palabra del Señor es el más grande instructor que puede darte la sabiduría para saber tomar distancia del suelo, es decir para tomar distancia de lo que aprisiona, de lo que esclaviza, de lo que destruye.

Ojalá que a partir de hoy, aproveches la gasolina divina que te da la fe para llevar a cabo el sueño de Dios sobre ti y tus sueños fundamentados en su Palabra. Usa esta gasolina para mirar hacia lo que quieres y que el Señor quiere para ti; no te distraigas mirando hacia lo que te hace daño y que el Señor sabe que estropearía tu vida. Recuerda que puedes dirigir tus controles hacia un universo entero de posibilidades. Así es de inmensa la fe.

En vez de estar ocupado/a y preocupado/a con una rata, siéntete orgulloso de no dejarte sacar de tu rumbo. Piensa que cuando llegues, no querrás recordar que te gastaste la mitad de tu viaje demostrándole a las ratas quién era el piloto. Recordarás, una vez más, cómo por la luz de la Palabra, supiste dejar atrás los obstáculos. Vuela alto, como Jesús, tan alto como tus sueños, y cuando sientas los vientos y los peligros, no mires para abajo, siempre mira hacia arriba, porque ese es el sitio al que perteneces. Amén.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Y abriéndote confiado a Jesús tu Señor y Dios, dile en el silencio de tu corazón:
Señor, se que eres inmensamente fiel y sumamente bondadoso. Se que estás allanando cualquier dificultad por insuperable que me parezca. Hoy se que quien se fía de ti, pasa a pie sin mojarse, el océano de la angustia y el miedo. Hoy se Señor, que la libertad interior, la paz y la sabiduría, no la encontraré en ningún lugar sobre la tierra, ni en ninguna persona terrena. El tesoro está en ti Jesús, en tu Palabra, y en mi mente.


Jesús, hoy se que es libre quien ama la vida a pesar de las tempestades u obstáculos que puedan aparecer. Hoy se que para saborear esa libertad interior es necesario adentrarse en el fascinante mar de tu Palabra, en el mar de tu Presencia inigualable, en el mar del amor infinito del Padre.


Hoy como dice el salmista, fiado, fiada en ti, me meto en la refriega. Se Jesús, que quien depura es decir, quien acrisola, quien rehabilita, quien somete su vida al fuego purificador y transformante de tu Palabra, siempre triunfará en su lucha por la libertad en el amor, en la fe, y en la esperanza. Señor, regálame la gracia de comprender que es en el crisol de la escasez, de lo difícil, de lo que parece imposible, en donde el ser humano es guiado por ti, ¡Oh Dios siempre actuante y presente!

Es en el fuego del amor actuante, en el fuego de lo que nos parece incomprensible, donde se depura, donde se elimina el conformismo y el hechizo de una vida cómoda detrás de la que siempre se esconde el fantasma de la opresión, la esclavitud y la necedad.


(Mira cómo el Señor te fortalece ahora mismo y te infunde la gracia de creer firmemente en su amor y te dice): Rema mar adentro y no temas. Lánzate a la aventura de la fe. Conmigo la pesca abundará siempre aunque tengas qué pasar por tiempos difíciles, áridos. Tu misión vale la pena porque tu misión es dejar vivir al amor verdadero que soy Yo, tu Dios. Rema mar adentro, echa las redes, sígueme no tengas miedo. Necesito tus talentos, necesito tu mente, tu mirada, tus manos, tus pies, tu ser entero para dar luz a esta humanidad que se pierde en la no fe y la desesperanza. Echa las redes cogiéndote fuerte de mi Palabra. No tengas miedo.


Señor, hoy, aquí y ahora, enséñame a echar la red. Y tú, allá en tu interior, mira a Jesús que te toma de las manos y pone en ellas su red. Míralo y mírate echando la red del amor de Jesús y del Padre que libera tu matrimonio, tu familia de egoísmo, de infidelidad, de mentira, de infertilidad e infecundidad, de desconfianza, de golpes y gritos, de enfermedad, de no fe.
Si eres soltero, soltera, joven o adulto, mírate con Jesús, echando la red en el nombre de Jesús sobre tu persona, sobre tus actividades, y sobre todo, sobre tus complejos y heridas, sabiendo ahora que tu vida vale la pena ser vivida porque el Señor la hace fructífera, fecunda.


Si eres padre o madre de familia, mírate echando la red por la que quedan libres tus hijos de la droga, del maltrato que les has dado o les ha dado tu cónyuge, míralos siendo libres de cualquier vicio que los tenga atados y mira cómo es su vida al lado de Jesús: vida próspera, vida feliz, vida en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Si estás postrado, postrada en la cama porque estás muy enfermo/a: Mírate echando la red en el nombre de Jesús sobre ese cáncer o sobre esa enfermedad crónica, o sobre esa depresión o sobre aquello que los médicos no encuentran para dar un diagnóstico y que sin embargo te hace sentir muy mal. Mira cómo Jesús te libera, te sana, sobre todo de la no fe, de la incredulidad, y te deja un corazón lleno de confianza en Él.

Gracias Señor porque sobre todo, me has pescado para ti. De ahora en adelante quiero vivir en tu mar de sabiduría, guiado, guiada siempre por tu Palabra Bendita. Amén.

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El poder sanador de la Palabra

Sencillos pasos para orar con la Biblia

 

 

 

SENCILLOS PASOS PARA ORAR CON LA BIBLIA

 

PRIMERO: Escoge un texto de la Sagrada Escritura. Ten también una pluma del color que más te ayude y una reglita o tarjeta que puedes usar para subrayar las palabras, o frases que más te vayan “llegando” al alma, a tu ser entero.

SEGUNDO: Has un silenciamiento. Una vez que ya escogiste el texto, ponte en posición orante con el ser entero al Señor, con humildad, bien sentado (a) con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba y cierra tus ojos.

Ve soltando todo lo que está tenso de tu cuerpo, desde la punta de tu cabeza hasta la punta de tus pies. Ve recorriendo tu frente, tus párpados y ojos, los pómulos de tu cara, y si hay algo tenso, suéltalo, No aprietes los dientes. Recorre tu cuello y sin moverlo suelta interiormente los músculos tensos; suelta tus hombros no los tengas tensos. Recorre todo tu tronco y suelta tu pecho, tu espalda, tu estómago e interiormente suelta tu corazón que como músculo puede estar encogido o tenso. Has lo mismo con tus pulmones e intestinos. Y así ve bajando por todo tu tronco hasta llegar a tus piernas y pies y si hay algo tenso, suéltalo.

Ya que has preparado tu naturaleza para el Señor, seguimos....

TERCERO: Invoca al Espíritu Santo.

En fe adulta, esa que confía plenamente en la fidelidad del Señor, ábrete al que es el Amor Verdadero y entregándole lo que no te deja estar con El (tu tristeza, tu miedo o preocupación, tu prisa o ansiedad), dile con tu mente y corazón en silencio (si está alguien cerca de ti) o en voz alta si estás sólo: “Espíritu Santo, lléname de ti”. “Oh Espíritu de Amor, sumérgeme en Dios, sumérgeme en Ti”. Ve dejando que el Espíritu del Señor, te llene de su paz, de su luz, de entrega para estar con El. Puedes hacerlo al ritmo de tu respiración: al inspirar dile con mucha fe: “Espíritu Santo”, y al sacar lentamente el aire en completo silencio dile:” Lléname de ti”.

Y ¿Cuántas veces harás esto, o cuánto tiempo?. Las veces que necesites, el tiempo que necesites.

CUARTO: Comienza a leer tranquilamente, sin prisas. Al abrir tus ojos, comienza tu Lectura Sagrada. Lee lentamente sin tratar de “sentir algo especial”, sino lee para “escuchar” al Señor tu Dios en su Palabra, en fe, en serenidad y paz, aunque te “sientas árido o impotente para orar, ¡no importa¡, déjate purificar, déjate enseñar por tu Maestro, en la perseverancia, en la paciencia, en humildad, en fe, que “no es sentir bonito” sino saber que Dios está contigo, que Dios es contigo, que El, siempre es fiel.

Al ir leyendo, no trates tanto de “entender” intelectualmente; no te violentes, lee con el corazón, y mira en la fe, qué te está queriendo decir el Señor Dios, HOY, AQUÍ Y AHORA a ti, -no al vecino o a quien vive en casa o te hizo daño- con esas palabras divinas que estás leyendo.

QUINTO: Si hay algo que no entiendas o que “no te diga mucho” no pierdas la paz y sigue adelante, con gran libertad. Y ¿si hay algo que te “llega fuerte”, qué hacer?, saborea esa palabra o frase, como cuando relames el más sabroso de los dulces que no quieres que se te acabe, así has con eso que te ha llegado al corazón, incluso puedes hasta subrayarlo y luego puedes cerrar tus ojos, quedándote en tu corazón con el Señor Jesús, con el Padre por medio de su Amor, amándole y dejándote amar en la fe adulta, por ese Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que no desea más que tu bien.

Si en la lectura que lees, aparecen nombres propios como Israel, Efraín, Abraham, Moisés, Tito, Timoteo, Pablo etc, cámbialos por tu nombre, pues es el Señor quien se dirige a ti. Si la Lectura no te dice nada, quédate tranquilo (a) en paz, pues puede suceder que ese mismo pasaje, otro día “te diga mucho” pues recuerda: DIOS ES GRACIA Y LA HORA DE DIOS NO ES NUESTRA HORA. Necesitarás paciencia, perseverancia y esperanza.

Recuerda que vas a meditar más con el corazón. La finalidad de la lectura orante es hacer tu mente, como la “mente” de Dios y es ir marcando con la gracia de Dios, en el corazón, lo que El desea de ti. Y El desea que ames, que perdones, que seas como JESÚS.

SEXTO: Puedes anotar en tu libreta o diario los versículos que te hayan ayudado más, anotando las citas bíblicas de donde los sacaste.

SÉPTIMO: Da gracias a Dios. Al final, cierra tus ojos para agradecer al Señor, el tiempo que te ha permitido estar con El, aún en medio de distracciones y luchas pues es normal, a todos nos pasa.

OCTAVO: Durante todo el día, permite que siga resonando lo que Dios te dijo en su Palabra, y ¡vívelo! Con su gracia. Di en tu corazón para todo: ¡Qué harías tú Jesús en mi lugar!. SE HACEDOR, HACEDORA DE LA PALABRA.

PODEMOS RESUMIR TODO LO QUE HEMOS DICHO SOBRE CÓMO ORAR ANTE LA PALABRA, en cuatro puntos sencillos y son los siguientes:

 

1.- Lectura de las cosas de Dios.


2.- Meditación rumiar, bajar al corazón, al ser entero la Palabra, respirando siempre tranquilamente.


3.- Oración es decir, estar a solas en tu interior en la fe adulta, con quien sabes que te ama infinitamente así como eres.


4.- Contemplación que es amar y dejarse amar por Él. Y le amamos porque Él, nos amó primero dice el evangelista Juan.

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