
EL VENENO
DEL RESENTIMIENTO 1
EDUCA TU MENTE.
Hoy queremos comenzar diciéndote que estos mensajes no pretenden otra cosa más que ser el eco de esa gran escuela de vida que es la Palabra del Señor. A estos talleres venimos a aprender a vivir, venimos a aprender a educar nuestra mente, nuestros pensamientos, nuestra boca, nuestros estados de ánimo y nuestras emociones, nuestras actitudes, nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Por ello te invitamos en el nombre del Señor Jesús a abrir tu corazón, tu ser entero a la sabiduría que Dios quiere regalarte hoy, aquí y ahora para que disfrutes de la vida verdadera a la que fuiste llamado, llamada.
Los seres humanos buscamos la felicidad pero no queremos hacer lo que nos conduce a ella es decir, no queremos perdonar; no queremos tomar la decisión de levantarnos en el Nombre de Jesús, de cualquier pozo negro, de cualquier tormenta, de cualquier emoción o sentimiento destructivo como es la negatividad, el resentimiento, el rencor; no queremos decidirnos a proclamarnos libres de la depresión, del miedo, de la indecisión del egocentrismo, de la soberbia, de la mala actitud.
Prefiero, prefieres muchas veces tú que escuchas, morirte de depresión o de enfermedad física, por no querer perdonar, por no querer soltar lo que ya pasó y que no puedes cambiar, pero sí podrías tener otra actitud, actitud positiva, actitud de amor verdadero, actitud de madurez, actitud de fe adulta, actitud sabia. Por ejemplo, tal vez tú que escuchas dices que perdonas pero pasas la vida recordando una y otra vez el daño que te hicieron y cuando hablas o te enfadas y enojas por cualquier cosa, los demás pueden ver en ti nada más que amargura e infelicidad y de paso amargas y haces infelices a quienes viven contigo, a quienes tratas cada día.
¿Te has dado cuenta que cuando hablas con algunas personas generalmente escuchas en la conversación cierto tono de enojo, quejas, lamentaciones, miradas hostiles, rostros con el seño fruncido, actitudes justificadas, pensamientos negativos, frustraciones, distanciamientos, divisiones familiares, fracasos matrimoniales, infidelidad, rebeldía, traiciones, venganzas, conflictos laborales etc., etc., etc?
Tú que escuchas podrías preguntar: Y ¿qué es lo que los demás y yo necesitamos hacer para poder estar en paz en la mente y en el corazón? Y te respondemos que los demás y tú necesitan entender sus emociones a la luz de la Palabra del Señor. Nadie sobre toda la tierra podrá hacer que tú encuentres paz, porque sólo en Dios se encuentra la paz verdadera; sólo en Dios se encuentra el equilibrio emocional, la salud de la mente; sólo en Dios se encuentra el agua que sana el interior y hasta el exterior del hombre.
La Palabra del Señor en Efesios 5,15 hoy nos dice, me dice a mi, a ti que escuchas: “Cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente sino con sabiduría”. El comportamiento es consecuencia del resultado de cómo manejamos mentalmente nuestras emociones. Lo malo no es sentir miedo, o enamorarse o sentir pasión sexual por alguien o enojo o flojera o indecisión, tristeza y hasta desaliento sino que lo malo es no iluminar esas emociones a la luz de la Palabra del Señor.
Las emociones, todo lo que sentimos interiormente puede ser educado, encausado
simplemente por repetir y repetir más veces al día decisiones
positivas, decisiones impulsadas por el amor que Dios nos tiene a cada uno
de sus hijos, a mi, a ti que escuchas. Las emociones educadas por medio de
pensamientos positivos y decisiones sabias se convierten en escalones que
nos harán llegar a un estado de madurez en el que disfrutemos más
de la vida y contribuyamos para que los demás también disfruten
de la vida.
Las emociones, los sentimientos, son parte del alma, dados por Dios a nosotros.
Una vida sin sentimientos sería muy seca y aburrida; pero si dejamos
que los sentimientos nos controlen, pueden ser muy peligrosos y hacernos muy
infelices. Lo que sea que Dios nos da para disfrutar, el egoísmo y
la no fe, tratará de usarlo en nuestra contra. Dios nos ha dado sentimientos
para ser una bendición para otros aquí en esta vida, pero el
egoísmo la mente educada por años y años en la negatividad
tratará de usarlos para causar sufrimiento. Una mente sin educar, las
potencia del alma sin educar es decir, el entendimiento, la inteligencia y
la capacidad de decidir o la voluntad sin educar, hará que tomemos
decisiones basadas en los sentimientos, y que dejemos que estos, nos gobiernen.
Los sentimientos llegan a ser peligrosos y dolorosos, cuando no entendemos
que podemos decidir si nos gobiernan o no. ¿Cuántas veces tú
que escuchas, sientes que alguien te ha ofendido? Pues ¡Alégrate!
Porque tú, con el poder del Señor, con su gracia puedes decidir
si vas a sentirte ofendido, ofendida o no. Tú, con el poder del Señor,
con su gracia vas a decidir si esto que te pasó por muy horrible que
haya sido y por más injusto que parezca, vas a poder decidir si quieres
que te siga destruyendo, o si esto en lugar de reventarte el hígado
y de envenenar tu ser entero es motivo de volverte al Señor, de valorar
todo lo que Jesús hizo por ti durante toda su vida hasta morir en la
cruz.
¿Sabes? Caminar según tus emociones, significará hacer
lo que quieres ahora mismo, lo que te hace sentir bien en el momento sin importar
lo que sea o lo que te ocasione y ocasione a otros. En cambio, si te decides
por decir y hacer lo que es correcto, lo que conviene según lo que
haría Jesús en tu lugar, y no lo que quisieras o te gustaría,
entonces tu hoy y tu mañana seguro que no se verá afectado por
las decisiones que estés tomando hoy.
Tus emociones educadas son un arma poderosísima contra todo lo que
te destruye, como el egoísmo, la soberbia, el resentimiento, el rencor,
el odio. Por ello en el nombre de Jesús el Señor, permite a
partir de hoy que tus emociones te sirvan a ti y no tú a ellas. Decide
hoy manejar tus emociones en vez de dejar que ellas te manejen a ti. Dios
te ha dado esa gracia, úsala y decídete a no dejarte llevar
ni un momento más por el resentimiento porque de lo contrario te estarás
convirtiendo en un masoquista, en una masoquista que prefiere sufrir antes
que tener buena actitud, antes que decidir amar como Dios te ama a ti.
Gracias a la Revelación del amor del Padre Dios en ese Libro Santo
que es la Biblia, es decir, en su Palabra, sabemos que todos los seres humanos
hemos sido llenos de dones, de herramientas con las que –si las ponemos
a trabajar con paciencia una y otra vez- podemos salir adelante por mayores
que sean los problemas. Las potencias de la mente o del alma trabajan entrelazadas
como entrelazadas trabajan la fe, la esperanza y el amor. Por la inteligencia,
el entendimiento y capacidad de pensar y la voluntad o capacidad de decidir,
ahora mismo puede decidir ser libre de cualquier circunstancia por adversa
que esta sea.
Ahora mismo puedes decir allá en tu interior: Decido en tu nombre Jesús, no deprimirme; decido no odiar, decido no recordar con dolor, decido perdonar, decido amar como tú Jesús. Aunque esa persona o esas personas piensen de mi lo peor, aunque esa o esas personas me hayan rechazado, me hayan humillado o traicionado, quiero actuar inteligentemente, sabiamente a tu estilo Señor no odiando ni guardando resentimiento sino que en este mismo momento desato todas las bendiciones celestiales sobre sus vidas.
Para liberar tu corazón de cualquier carga que lo enferma pon a trabajar por la fe que ya tienes en tu ser, y que también es un regalo de Dios, la herramienta de decidir inteligentemente al estilo de Dios; decide tener buena actitud, decídete por la positividad, por la esperanza en sólo Dios, decídete por la fe inquebrantable para la que nada es imposible. Decide ser libre del veneno del resentimiento. Decide perdonar hoy, aquí y ahora.
Perdonar para algunas personas es signo de debilidad; otras lo consideran una verdadera humillación; otras lo suponen casi un atentado contra la justicia; hay quien piensa que el perdón debe estar condicionado a un ajuste de cuentas o en el mejor de los casos el perdón deberá contener la rectificación por parte del que nos ha agredido. Pero, pensemos por un momento yo, tú que escuchas, cuando murió Jesús en la cruz, Dios, el Padre celestial no esperó a que el ser humano fuera bueno o estuviera convertido a Él. Jesús muere diciendo a su Padre: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
Mucha de la gente que nos ha hecho mal, no sabía lo que hacía, así como yo, o tú que escuchas, las veces que hemos hecho mal a otros, seguro que no medimos las consecuencias que traería aquello que hicimos o dijimos. Actuamos por inmadurez, por dejarnos arrastrarnos por las emociones negativas y sin educar. Obramos mal por superficiales, por no orar, por no vivir decidiendo por fe adulta. Obramos mal creyendo que amábamos mucho cuando lo que hicimos fue dejarnos arrastrar por lo que sentíamos y que no precisamente estaba de acuerdo a la Palabra del Señor.
Hoy sabemos ya que es por heridas no sanadas que actuamos con gran imprudencia causando mucho mal. De la misma manera los demás no han sanado o no sanaron sus heridas cuando causaron en tu vida tanto dolor que aún hasta el día de hoy sale a relucir en la amargura que muestras en la insatisfacción de vivir, en el desaliento que propició la depresión y la enfermedad física que resultó de todo eso.
Cuando alguien no está dispuesto a olvidar, no está aún en condiciones de perdonar verdaderamente. Es muy común escuchar “Yo ya le perdoné” pero en el fondo está rumiando una y otra vez la herida. Hay personas que perdonan hasta cierto límite. Pero si queremos, si quiero, si quieres tú que escuchas, ser feliz, es decir, si quieres disfrutar nuevamente de la vida, si quieres recuperar el sentido de vivir, la alegría interior, la paz profunda, necesitarás querer perdonar de corazón, con conciencia plena, con generosidad, con honestidad y dignidad, pues de otra manera, el resentimiento estará carcomiendo tus entrañas y te robará día con día la alegría y la paz.
El perdón, rebasa todo razonamiento lógico. Como la fe, también rebasa todo razonamiento lógico.
Simplemente mira a Jesús en la cruz: a pesar de que durante su vida en la que sólo derramó bendición, salud, vida, luz, fortaleza, paz a los que estaban necesitados, fue abandonado, burlado, acusado injustamente, traicionado por los que decían quererle y finalmente llevado hasta una muerte vergonzosa, de cruz. Sin embargo, Jesús sabía que lo único que lo liberaría del veneno del resentimiento y de echar en un saco roto el amor a su Padre Dios, sería el perdón, el perdón incondicional. Por eso, con gran dignidad y elegancia espiritual llena de fe adulta dice a su Padre Celestial: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.
¿Sabes? Sin la ayuda divina, las fuerzas humanas resultan insuficientes. Si no recurres al Señor, lo que lograrás será desesperanzarte, deprimirte hondamente autointoxicándote con el veneno del resentimiento.
Si ahora ya sabes, si ya eres conciente, que el Padre Dios te dio el don inmenso de pensar positivamente y de decidir inteligentemente, si ya sabes que con ello te dio la llave para entrar al reino de la sabiduría; si ya sabes que te dio la capacidad de decidir ante lo que te hace bien y te hace mal, ahora, dependerá de ti mismo, de ti misma que escuchas el que lo quieras convertir el resentimiento, en perdón que sanará primeramente a ti y luego a todos los que te rodean y por qué no, trascenderá hasta llevar conversión a Dios a todos aquellos que cuando te hicieron mal, no pensaban precisamente como Jesús el Señor.
Pero veamos qué es en realidad el resentimiento, cómo surge. El resentimiento aparece como reacción a un estímulo negativo que hiere nuestro propio yo y generalmente se presenta en forma de ofensa o agresión.
Aunque no toda ofensa produce resentimiento, todo resentimiento siempre va acompañado de una ofensa; algunos estímulos con los que el resentimiento surge es cuando hay alguna acción contra ti que escuchas, si te dijeron que no te perdonan porque eres un ser humano, el peor que pudiera existir; otro estimulo puede ser cuando alguien omite algo, por ejemplo echarte la mano cuando lo necesitabas, cuando alguien no te agradeció el bien que hiciste, o simplemente no te saludaron o no te tomaron en cuenta y por último, se puede estar resentido ante algún evento que no esperabas: la muerte de un ser querido, una enfermedad, algún deficiencia física y no lo aceptas.
Cuando se está enceguecido y envenenado por el resentimiento generalmente se aumentan o se exageran los detalles y esto aumenta el golpe, la herida. También puede suceder que haya un estímulo imaginario cuando por ejemplo interpretas una frase desagradable que según quiso decir esto y esto otro y tal vez, quien la lanzó no pensó nada de lo que tú supones que dijo o cuando aquella no te saludó pero no porque no quería sino porque simplemente no te vio.
En otras palabras, el resentimiento depende del modo como tú mires una misma realidad, de cómo juzgues las ofensas recibidas. Muchos de los resentimientos son completamente en balde porque si se han dado, es por la forma exagerada y fuera de la realidad con que se ha mirado la situación y en la que se ha juzgado la intención del de enfrente.
Estamos viendo pues cómo el resentimiento en cierta manera es una pulsión porque es una reacción ante lo que vemos como agresión. En realidad a lo mejor aquello que te hirió no tenía la intención de herirte. En realidad lo más determinante del resentimiento no radica en la ofensa sino en cómo vas a reaccionar ante esa ofensa de una manera bien personal. Por ello la importancia de educar tus emociones y de encausar la energía negativa que lo único que hará si te dejas arrastrar por ella, será destruirte como es el caso del resentimiento.
En realidad no es lo que los demás hacen ni nuestros propios errores los que más nos daña. Lo que nos daña es nuestra respuesta. Por ejemplo, si persigues a la víbora venenosa que te ha mordido, lo único que conseguirás será provocar que el veneno se extienda por todo tu cuerpo, así que sería mejor tomar medidas inmediatas para extraer el veneno.
El mismo fracaso por ejemplo de una empresa, o el desaire de un amigo, pueden sufrirlo varias personas a la vez y con la misma intensidad, pero en unos causa sólo un sentimiento fugaz de dolor, mientras que otros quedan resentidos toda su vida.
¿En dónde podríamos situar el resentimiento? En el nivel emocional de la personalidad porque esencialmente es un sentimiento, una pasión. Quien está resentido es porque se siente herido u ofendido. Por ejemplo hay quienes experimentan una dificultad grande para amar a los demás, porque no recibieron afecto de sus padres en la infancia y hoy son manipuladores, exclusivistas y absorbentes; un esposo por ejemplo, puede ser insultado por su esposa y sentirse herido provocando que surja el resentimiento y si además de sentirlo piensa que ella lo odia y porque lo odia lo rechaza, este pensamiento reforzará el sentimiento que está experimentando.
Sin embargo, todo esto que estamos diciendo sobre el resentimiento no es insuperable, pues basta con que hagamos buen uso de nuestra capacidad de pensar. Y hacer buen uso de nuestra capacidad de pensar es ser inteligentes desde el Espíritu de Dios y poner a caminar la fe y decirte a ti mismo, a ti misma: “Decido perdonar”. En el nombre de Jesús, decido perdonar.
Cuando un hijo por ejemplo, recibe una reprensión de su padre o de su madre porque se portó mal, si es capaz de entender la intención de esa llamada de atención que sólo busca ayudar, podrá incluso estar agradecido.
Otro ejemplo es cuando le entregamos “el alma” a aquella persona porque “Era toda nuestra vida” “El amor único y perfecto” aunque en medio de la relación que nunca fue auténtica ni verdadera, hubiera sólo actos de egoísmo, manipulación, chantaje y nos mantuviera esclavizados, esclavizadas, qué tal cuando aquello se rompe y nos llenamos de resentimiento contra aquél, contra aquella e indirectamente nos llenamos de resentimiento en contra de Dios. Si pudiéramos ver objetivamente por fe lo que pasó y si quisiera yo, si quieras tú darte cuenta que al único que debemos de tener como el amor único y perfecto es a Dios; que al único al que se le debe entregar toda el alma y todo el ser es al que es la vida verdadera: Jesús.
Si nos atreviéramos a mirar por fe y a pensar por fe, trascenderíamos cualquier situación, cualquier actitud inmadura, cualquier cosa y seríamos enteramente maduros y felices.
Para finalizar te decimos que la inteligencia se educa, se forma cuando aprender a pensar, cuando descubre y sabe diferenciar, cuando lee el interior de las realidades. En realidad aprender a pensar es el ejercicio propio de la inteligencia. Cuando aprendemos a pensar la razón está por encima de lo sensible; cuando aprendemos a pensar la razón está por encima de las emociones. Cuando se aprende a pensar se van modificando las disposiciones afectivas, nuestra capacidad de comprendernos y comprender la limitación humana, porque sólo Dios es Dios.
Cuando aprendemos a pensar, lo que se siente queda en un plano inferior y sobresalen todas las virtudes: la humildad, la generosidad, la compasión, la misericordia, la bondad, la dignidad propia y el respeto hacia la dignidad del otro, de la otra, el dominio propio, la mirada de fe, el amor incondicional y todo esto favorece a la desaparición del veneno del resentimiento y a la aparición de la verdadera alegría del corazón. Amén
En unos
momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus
brazos y manos ponlos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo, hacia
arriba o entre lazadas; tu cabeza recta cierra tus ojos y respira suave profundo
y lento….y desde esa fe adulta, escucha al Señor Dios que te
ama incondicionalmente y te conoce profundamente y quiere que seas feliz en
Él, que vivas en paz en Él…
Hijo mío, hija mía, hoy quiero que grabes en tu mente y corazón
lo que voy a decirte: la vida no es lo que sucede cuando todos tus planes
se cumplen, ni lo que pasará cuado tengas eso que tanto deseas. La
vida es lo que está pasando en este preciso instante. La vida soy Yo
tu Dios en ti, en tu corazón, en tu respirar, en tu mente, en todo
cuanto tú haces y dices. La vida es este momento en el que puedes disfrutarte
y disfrutarme a mi, aquí en la intimidad del amor verdadero y cuando
puedes disfrutarte y disfrutarme en la lucha diaria.
Lo que pasó ya pasó. No trates de encontrar culpables, porque no los hay. Todo sucedió por las decisiones llenas de superficialidad y no fe, pero Yo tu Dios de todo lo que destruye, saco restauración, de todo lo que esclaviza yo saco libertad, de todo lo que oscurece y desalienta yo saco luz y alegría verdadera. Todas esas cosas difíciles por las que pasaste o estás pasando Yo voy a usarlas para tu bien.
Mi hijo amado, mi hija amada, tu vida será siempre lo que estés siendo y haciendo en el momento presente, con las circunstancias que te rodeen en ese instante, pero dependerá de ti –porque ya tienes mi gracia- el que decidas con sabiduría ante todo.
Aquí está sucediendo tu vida, en este momento tu corazón lleva sangre a todas las células de tu cuerpo y tus pulmones llevan oxígeno a donde se necesita. En este momento Yo mismo tu Dios, mantengo tu vida, y por esta vida tú puedes pensar, expresarte, reír, y ¡hasta llorar si quieres!
No te acostumbres pues a vivir creyendo que tu vida es una vida horrenda en la que no existe la posibilidad de ser feliz; no sigas auto lastimándote, auto conmiserándote, auto compadeciéndote, autodestruyéndote; no te acostumbres a despertar todos los días porque ¡no hay más!, ni te acostumbres a estar aburrido, aburrida o malhumorado, malhumorada ni preocupado, preocupada. Más bien abre tus ojos de la fe y álzalos al cielo y agradece todas las bendiciones que puedes ver con tu espíritu, agradece esa capacidad de poder vivir la vida sencilla y profundamente. Alábame a mi aunque no tengas ya ganas de vivir. Alábame a mi…
No necesitas a nadie más que a Mi tu Dios para ser feliz. Se bueno, buena desde Mi, tu Dios. Se comprensivo, comprensiva desde el corazón de mi Hijo Jesús. Cree en mi, confía que lo que estoy haciendo con eso tan doloroso que pasó es bueno porque está generando en tu mente y corazón conversión a mi, ganas de vivir por mi amor que no te fallará ni te faltará nunca.
Hoy, aquí y ahora, por este amor que te tengo hijo mío, hija mía, acepta que la madurez consiste en aceptar con paz las equivocaciones propias tuyas y de los demás. Acepta con paz que la vida trae sus propios afanes, sus propias circunstancias difíciles y parte de la vida está también el pasar por las etapas de bebé a niño, de niño a preadolescente, de preadolescente a adolescente, de adolescente a joven, de joven a adulto y de adulto a anciano y en toda esta travesía está el luchar y también el morir. Acéptalo con paz.
Decide que por tus venas corra la sangre de mi Hijo Jesús que quiere lavarte de todo ese veneno del resentimiento. Mira, Yo tu Dios, respeto la ley de la libertad humana, y se que la vida no es perfecta, que está llena de situaciones difíciles, pero te he brindado todas las herramientas que necesitas para enfrentarla, y todas esas herramientas están en tu mente y corazón: Te he dado una gran fortaleza que te permite soportar las pérdidas, la libertad de elegir como reaccionar ante lo que sucede. Tienes mi amor incondicional, mi gracia que puede volver hacer de tu corazón un hogar donde muchos encuentren paz.
Se también que tú no eres perfecto, como nadie de entre todos los humanos lo es. Y sin embargo, millones de gracias en mi corazón de Padre se han reunido para que existas. Fuiste formado a partir de un diseño maravilloso divino y humano y compartes con toda la humanidad sus virtudes y defectos. Así está escrito en el libro de la vida, en tus genes, en los genes de todos los seres humanos que han existido y en todos los seres humanos que existirán.
Las pasiones,
miedos, heridas, debilidades, secretos y agresión, los compartes con
todos tus hermanos. ¡Bienvenido a la raza humana! Esos supuestos defectos
son parte de tu libertad, parte de tu humanidad, no te asustes de nada. Te
amo y por ello te he revestido de la capacidad de equilibrio, de la capacidad
de confiar, de la capacidad de ir sanando una por una de tanta herida, te
he revestido de fortaleza y de una profunda capacidad de dulzura y bondad.
(Y tú que escuchas, allá en tu corazón, sin mover tu boca sino en el silencio de tu ser dile al Padre Dios? “Señor, Yo te amo, tú eres mi fortaleza. Por eso te alabo y te doy gracias por todo”. (Y vuelve a decirle a tu Padre Dios:) “Señor, Yo te amor tú eres mi fortaleza. Por eso te alabo y te doy gracias por todo”. (Y vuelve a decirle a tu Padre Dios:) “Señor, Yo te amo, tú eres mi fortaleza. Por eso te alabo y te doy gracias por todo”.
EL VENENO
DEL RESENTIMIENTO 2
¡SACÚDETE!
En la primera grabación de esta serie sobre el veneno del resentimiento
vimos la importancia de educar nuestro pensamiento; en esta segunda parte,
veremos cómo continúa siendo vital que mantengas tú que
escuchas, tu pensamiento en la positividad y la fe, para que puedas echar
mano de tu voluntad o capacidad de tomar decisiones que te lleven a vivir
en paz, siempre tomado, tomada de la mano de Jesús el Señor.
Así que queremos comenzar esta segunda parte que hemos subtitulado
“sacúdete”, contándote la historia del burro que
cayó en un pozo. Un día, el burro de un campesino se cayó
en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino
trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, el campesino decidió
que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado
de todas formas; pensó que realmente no valía la pena sacar
al burro del pozo. Así que invitó a todos sus vecinos para que
vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a tirarle
tierra al pozo.
El burro
se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego,
para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas
de tierra. El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió
de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo
increíble: Se sacudía la tierra y daba un paso encima de la
tierra. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó
hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando.
¿Sabes? las heridas de los demás no solucionadas e incluso tus
propias heridas no sanadas, van a tirarte tierra, todo tipo de tierra, pero
el secreto para salir del pozo es ¡sacudirte! y usar toda esa tierra:
palabras hirientes, indiferencias, rechazos, malas caras y malas actitudes,
negativismo, para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas
sea cual sea, aún las enfermedades más terribles, serán
un escalón que si lo sabemos subir, nos llevará hacia arriba
es decir, hacia la madurez y la paz interior.
Quien
te habla fue abusada de pequeña, he vivido mucho rechazo, abandonos,
traiciones, humillaciones, injusticias, he vivido la muerte de seres amados,
tuve cáncer por 13 años, tengo insuficiencia coronaria o angina
de pecho y diabetes, sin embargo no me he rendido, no me rindo ni me rendiré
nunca porque se me inmensamente amada por Dios.
Cada una de las circunstancias adversas y dolorosas de la vida, serán
un escalón hacia la madurez para ti que escuchas, si respondes con
positividad, aunque algunas veces tengas qué llorar por un rato. Podrás
salir de los más profundos huecos si no te das por vencido, por vencida
y si no decides envenenarte con el resentimiento.
Cada vez que culpas a los demás de lo que te pasa, o te culpas a ti mismo, a ti misma, sin perdonarte nunca, estás como aquellos campesinos, echándote tierra, pues quien culpa a otros o a sí mismo sin perdonar, se entierra en el infierno del resentimiento, de la inmadurez, de la infelicidad.
Jesús
el Señor en el evangelio hoy te dice: “Deja que los muertos entierren
a sus muertos. Tú ven y sígueme y se libre, ahora mismo”.
Y es como si te dijera: “Sacúdete” Y en otra parte te dice:
“Si en algún lugar no te reciben, sacúdete el polvo de
los pies”. Y si te dice esto es porque Dios no quiere que tires tu vida
pensando una y otra y otra y otra y otra y montones de veces más en
lo que te hicieron, en las molestias que tienes qué pasar en la enfermedad
y que no aceptes. Dios no quiere que pases la vida recordando lo que sucedió
o sucede de doloroso. Dios quiere que ahora mismo seas desatado, desatada
en tu mente de aquello que tú mismo, tú misma has permitido
que agobie y amargue no sólo tu vida, sino también la vida de
quienes te rodean.
¿Sabes? Entre más resistas lo que pasó, más se
te fijará en tu mente.
Cuando me diagnosticaron diabetes, no lo creía, igual me pasó
con todo lo demás, y cuando por mis pensamientos negativos permití
la depresión, lo que hice fue ver a Jesús en la cruz, en personas
que sufrían más que yo, que no tenían los medios para
comprar un medicamento o no tenían un techo y cobijas qué ponerse
o alimento sano qué llevarse a la boca o que sufrían por tantas
heridas no sanadas y al momento me entraba el ánimo para seguir adelante,
luchando para poner mi granito de arena ayudando a otros en el nombre de Jesús,
porque mirar y ayudar a quien sufre, te hace libre de ti mismo, te sana de
la enfermedad de la negatividad y del sin sentido de la vida. Por otro lado,
si has echado la culpa a otros o a ti mismo, a ti misma de tu desgracia, si
has decidido no perdonar y amargarte es porque has condenado y has condenado
porque raciocinas o piensas no precisamente como Cristo Jesús sino
como la superficialidad y la no fe te han dictado por dejarte llevar no de
la Palabra del Señor sino de tu necedad.
La vida se va construyendo a través de las decisiones que hacemos. En realidad la fuerza de la voluntad está en el acto de decidir. Te puede suceder lo que sea, alguien puede lanzarte alguna agresión visual o verbal pero tú tienes la capacidad de decidir si esa agresión va a sumirte en una negra depresión o si crecerás en la comprensión hacia el ser humano frágil y necio muchas veces.
En realidad nadie puede herirte sin tu consentimiento y esto nos dice que depende de ti que la ofensa produzca o no una herida. Si hoy ya sabes que Dios te pensó con amor y te trajo a este mundo con amor y te ama incondicionalmente, si ya sabes que tienes su gracia, eres tú quien decide deprimirse porque este te dejó, aquella abusó de ti, los demás te criticaron; eres tú quien decide no perdonar, eres tú quien decide incluso, no perdonarse a sí mismo, a sí misma.
Ghandi afirmaba ante las agresiones y el maltrato de los enemigos del pueblo Indú diciendo: “Ellos no pueden quitarnos nuestra auto-estima ni nuestro auto-respeto, si nosotros lo hemos decidido así”.
Esto que Ghandi dijo no es fácil pues esto se logra a través de la vida, decidiendo sabiamente como Jesús cuando dijo en el evangelio de Juan: “Ustedes no me quitan la vida. Yo la doy voluntariamente”
Tal vez tú que escuchas, te has imaginado tu carácter como algo rígido cuando en realidad es todo lo contrario: El carácter, en general, tiene la característica de ser maleable es decir, manejable y esa capacidad cuando se ha formado o se está formando correctamente, puede –ante una agresión o mal trato- expulsarle automáticamente de la conciencia. El carácter, cuando ha sido bien educado junto con la capacidad de decidir, puede expulsar todo lo negativo: la agresión o el mal trato, tanto como se expulsa un cuerpo extraño del cuerpo humano.
Sin embargo, en la persona que no ha tenido la oportunidad de saber educar su carácter, su capacidad de pensamiento y sus decisiones, esa elasticidad llamémosle “salvadora” no existe porque el resentimiento la ha hecho dura. Pero en el momento en que esa misma persona comienza a valorarse, y sobre todo, cuando se abre al amor incondicional de Dios, puede comenzar a restaurar su carácter y a educar su mente, decidiendo por fe y por la iluminación que viene de la Palabra del Señor a tener pensamientos de paz y no de aflicción, de bendición y no de maldición, de alegría y no de tristeza, de vida y no de muerte, decidiendo una y otra y otra y otra y muchas veces hasta la última respiración, no deprimirse, salir adelante, comenzar otra vez en donde se quedó, decidiendo perdonar sin límites, amar sin límites, perdonarse sin límites, amarse sin límites.
El resentimiento es una ofensa retenida en la mente, y por la necedad que es como una obsesión, provocamos experimentar una y otra vez la ofensa o la equivocación como si fuera actual y real, aunque el tiempo haya transcurrido. Por eso se le llama re- sentimiento es decir, volvemos a sentir y volvemos a sentir y volvemos a sentir y volvemos a sentir.
Pero la Palabra del Señor, en Romanos 1, 17 nos dice: “El que cree en el Señor vivirá por fe”. Es por fe y no por el sentir que habré, que habrás tú que escuchas, de conducir tu vida, tu inteligencia, tu pensamiento, tu capacidad de decidir, tu carácter, tu ser entero. Sí, ¡Es por fe!
Cuando tú estás bien conciente, bien despierto, despierta, cuando has orado, cuando has puesto tu confianza en el Señor y vienen los golpes fuertes de la vida, las circunstancias las miras diferentes, con otra óptica, con otra visión: la visión de fe y así los golpes por intensos que sean no se te fijan en el subconsciente, porque la fe hace que cobren un sentido divino y redentor de la mano de Jesús.
Muchos de nosotros decimos que somos espirituales, sin embargo no reaccionamos como Jesús. Por ejemplo, una señal inequívoca que aún no hemos muerto como el grano de trigo que necesita morir para ser fecundo, es que aún nos duele lo que nos hagan los demás. Así que cuanto menos te duelan las heridas más te darás cuenta de que habrás crecido, de que habrás madurado sobre todo al estilo de Jesús.
¿Sabes? cuando uno escucha a las personas que vienen a contarte sus penas, te dicen todo con tal intensidad y realismo que uno creyendo que fue ayer pregunta: ¿Y cuándo te pasó todo eso? Hace 30 años. ¡Imagínate!, ¡Pasarse la vida concentrándose en las heridas, en los rechazos, en los abandonos, en las humillaciones, en las traiciones y en las injusticias es locura descomunal!
Pasarse los días enteros concentrándose en todo lo que no aceptas es tirar la vida por algo que ya no existe más que en tu mente porque así lo quieres seguir decidiendo. Eso no es vivir, es agonizar en vida todo el tiempo. Por ello, hoy te decimos en el nombre de Jesús: ¡Para de sufrir! Y de una vez por todas convierte tu corazón a Jesucristo y se feliz. ¡¿Cómo va a ser posible que tenga más poder sobre ti la estupidez humana que la sabiduría de Cristo en la Cruz?!
Resentimiento pues, es lo mismo que decir: sentirse dolido. Resentimiento es lo que recuerdas y que aún te duele y no lo olvidas porque no perdonas.
Escucha el siguiente ejemplo: Cuando alguien en tu casa comete una injusticia o la injusticia la cometes tú en algo tan simple como dejar tu ropa tirada en el baño, y que sabes que será motivo de que el o la que venga a bañarse después de ti se moleste. Según tú hoy amaneciste muy feliz, te metiste a bañar, te sentías fuerte de ánimo, sucedió lo que tenía qué suceder por despiste o descuido dejaste la ropa tirada, vino el que seguía de ti a bañarse y porque el otro amaneció mal, tal vez soñó horrendo, y por ello y por no tener comunicación constante con el Señor se sentía débil de carácter, y comienza el griterío y después, ¿qué hay en el interior de ambos? Heridas y más heridas que por cierto nunca se han cerrado, porque dijeron cosas que no tenían pensado decir. Y ¿del carácter qué quedó? Se hizo duro, como se hacen duras las arterias por la acumulación de grasa a tal grado que producen un infarto.
Igual pasa conmigo, contigo que escuchas: luego de un pleito quedamos hondamente tristes y perdemos elasticidad mental, espiritual, y psicológica, por eso la necesidad de estarse volviendo al Señor constantemente para que Él sea el maestro principal en esta escuela interior de vida práctica; por eso la necesidad de leer su Palabra, de rumiarla, de cerrar los ojos y disfrutarlo y permitir que nos bañe con la sangre de Cristo; por eso la necesidad de amarle con todo el ser más que a nada ni a nadie en el mundo; por eso la necesidad de ser humildes y postrarnos a sus pies; por eso la necesidad de ser simples, sencillos, y a la vez profundos; por eso la necesidad de amarnos con locura y de amar a los demás con locura; por eso la necesidad de soltar todas las seguridades falsas y todas las programaciones mentales que aprendimos de quienes nos rodearon y que tampoco solucionaron sus heridas a los pies de Jesús, o de lo que fuimos introduciendo por nosotros mismos o al ver a otros deprimirse, gritar, desesperarse, impacientarse, abusar.
Si hoy llegas a comprender lo que vas a escuchar creo que habrás dado la primera sacudida de tierra como el burro de la anécdota que mencionamos al principio: El resentimiento endurece tu carácter, le roba elasticidad, como por otro lado el perdón que es su antídoto lo vuelve suave, ligero, bondadoso, tierno. Cuando la voluntad o capacidad de decidir se accidenta por así decirlo y está ciega por el resentimiento, esta voluntad maniatada o atada influye sobre el entendimiento para que el entendimiento por medio de la negatividad e irrealidad deforme la realidad.
Decimos: “Este ya no me quiere, aquella quién sabe qué le dirían de mi, este tiene un carácter horrendo” y vamos por la vida etiquetando y etiquetando y etiquetando sin saber realmente por qué las personas obran de tal o cual manera. Por qué esta persona a la que le has hecho tantas cosas, te perdona y no lleva cuenta de nada, sin embargo, no sabes por qué aquella otra mejor decidió retirarse antes de poner todo lo que está de su parte para aceptarte como eres, dejando en ti una herida de rechazo profunda.
Pero…¿Tiene sentido todo esto? Humanamente hablando te responderemos que no, pero mirando a Jesús comprendemos que Él vino a enseñarnos el camino de la madurez al estilo de Dios y parte de esa madurez es el desear bendiciones para quienes no nos acepten así como somos; el orar por aquellos quienes una vez nos marcaron pero que hoy por la gracia y misericordia del amor del Padre, hemos sanado y nuestra vida se ha restaurado y rejuvenecido y alegrado en Jesús.
Es tiempo muerto rumiar los fracasos, las incomprensiones, y toda la serie de heridas recibidas y el no perdonarse a uno mismo las decisiones mal tomadas con todo y sus consecuencias.
¿Y por qué una misma herida produce reacciones diferentes? Es que la forma de reaccionar ante los estímulos, está condicionada con los rasgos temperamentales; por ejemplo: quien es muy emotivo, será más susceptible, sentirá más una agresión que el que no es tan emotivo.
Por otro lado hoy se habla de la adicción al dolor. Nos da miedo vivir felices, nos da miedo ser responsables de la felicidad que Dios quiere para cada uno de sus hijos los seres humanos que habitamos este planeta. Tal parece que hemos preferido no vivir en paz, y vivimos sin disfrutar de cada momento que aún nos regala el Autor de la vida.
PALABRAS QUE OFENDEN
Decimos que las palabras nos ofenden, pero en realidad son pocas las veces que somos ofendidos; es más, las palabras no ofenden y sin embargo, muchas veces nos sentimos ofendidos. Hoy, aquí y ahora, grábate esto: Las palabras no ofenden, lo que ofende es el juicio o razonamiento ilógico que tú que escuchas, haces de lo que los demás te digan.
Mi hermano,
mi hermana, dedícate una y otra vez a barrer tu casa, dedícate
una y otra vez a hacer limpieza interior por medio del perdón.
Y perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso generado por pensamientos
equivocados contra el hermano, por más mal que éste te haya
hecho. A ver, respóndete: ¿Quién sufre: el que odia o
el que es odiado? Pues claro que eres tú el que estás sufriendo
horrendamente, porque muy posiblemente el que es odiado vive feliz, generalmente
en su mundo. En cambio, el que cultiva el rencor se parece a aquél
que agarra una braza ardiente. Y pareciera que la llama quemara al enemigo;
pero no, se quema uno mismo. El resentimiento sólo destruye al resentido.
El resentimiento sólo te quema a ti, sólo te destruye a ti,
que escuchas.
El amor propio herido y no sanado a los pies de Jesús es ciego y suicida: prefiere la satisfacción de la venganza que el alivio del perdón. Pero hoy date cuenta, que es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas. Y si sigues decidiéndote por el veneno del rencor, vivirás una eterna agonía y a eso se le llama masoquismo. ¡Suelta de una vez y para siempre la equivocación fatal del otro y la tuya también y se feliz!
Para terminar te decimos: No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar; así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor. Así que vale la pena perdonar, auque sea solo por interés de cuidarte a ti mismo, porque en la medida en que te cuides a ti mismo, a ti misma, estarás por lo menos dando el primer paso del amor. Si perdonas, muy posiblemente hasta te alivies de tanta enfermedad que ha aparecido por no querer perdonar. Y es que no hay terapia más liberadora que el perdón.
No es necesario pedir perdón o perdonar con palabras. Muchas veces basta un saludo, una mirada benevolente, una aproximación, una conversación. Son los mejores signos de perdón. Pero si tu caso es que la otra persona prefirió apartarse de ti y no hablarte por todo el resto de su vida, ¡Déjala si así es feliz! Y no creo que sea tan feliz, porque si no tuvo la valentía de volver a una reconciliación, quiere decir que aún no ha sanado sus heridas.
También será bueno que sepas que a veces sucede lo siguiente: puede que hayas decidido perdonar por el poder de Dios y realmente sientas el perdón; pero después de un tiempo, puede que vuelva a renacer la aversión. No te asustes. Una herida profunda necesita muchas curaciones. Vuelve a perdonar una y otra vez hasta que la herida quede curada por completo.
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con tus palmas hacia abajo,
o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira
suave profundo y lento.
Desde esa fe adulta dile al Espíritu de Dios, al Espíritu del Padre y de Jesús: Oh Espíritu de Dios, deposítame en el corazón de Jesús que necesito amarme y amar como tú lo haces…. Oh Espíritu de Dios, deposítame en el corazón de Jesús que necesito amarme y amar como tú lo haces….
Ahora, desde el corazón de Jesús, tu Amado, ve asumiendo sus sentimientos, ve haciendo tuyos sus sentimientos, sus emociones, haz tuyo su corazón y mientras tanto, respira suave profundo y lento.
Y desde las emociones de Jesús llenas de amor verdadero en ti, tú en Él y Él en ti, enfrenta mentalmente a esa persona que te hizo tanto daño y mírale con los ojos de Jesús, siente con los sentimientos de Jesús, y abrázale con los brazos de Jesús como si “fueras” Jesús. Mírate abrazando con infinito amor a esa o a esas personas.
Así, en plena intimidad con el Señor Jesús, abrazando a esa o a esas personas, di al Señor no con palabras ni moviendo tu boca, sino con tu espíritu, con tu mente y corazón: “Jesús, Toma posesión de todo mi ser, mi Señor. Calma mis hostilidades. Dame tu corazón pobre y humilde. Quiero sentir por esta persona lo que Tú sientes por él, por ella, por ellos; quiero sentir lo que tu sentías al morir por él, por ella en la cruz.
Jesús, Amado mío, mi Dios, mi mejor y más grande Amigo, ahora que estoy unido, unida a ti sabiendo que tus sentimientos se han unido con los míos, yo perdono juntamente contigo ahora mismo; ahora mismo yo amo, yo abrazo a esta persona desde ti Oh Jesús. Derramemos tú Jesús y yo, inmensa ternura y compasión por él, por ella, por ellos….
Esa persona, Tú Jesús y yo, los tres ahora mismo somos amor. Y tú que escuchas, allá en tu interior, quédate simplemente mirándote cómo Jesús en ti y tú en Él derraman amor a esa persona y en tu mente sólo pronuncia la frase “amor de Dios que sana, que salva, que libera”, “amor de Dios que sana, que salva, que libera”, “amor de Dios que sana, que salva, que libera”.
Decídete a perdonar
Hoy en este día tan especial, tan lleno de gracia, queremos comenzar este mensaje diciendo que Jesús el Señor nos enseñó que debemos perdonar a los que nos hieren, orar por los que nos usan con mala voluntad (aunque en realidad se obra más que por mala voluntad, por heridas no sanadas). Jesús el Señor nos enseñó a bendecir a los que nos maldicen, pero eso, para mí, para ti que escuchas que muchas veces nos dejamos arrastrar por la inmadurez, la negatividad y la no fe, nos parece muy duro. Hablando con honestidad te decimos que no es duro perdonar, pero como lo decimos una y otra y otra vez en nuestro interior, nos la creemos, además de que por muchos años, así nos acostumbramos a pensar porque escuchamos a otros y a otras decir en su negatividad y no fe, que era imposible perdonar porque la herida hecha era realmente enorme. Y claro, como esponjas fuimos absorbiendo no precisamente lo que más nos edificaba y nos preparaba para vivir la vida como la vivió Jesús, el Señor.
En realidad es más duro estar lleno de odio, amargura y resentimiento. En realidad es más duro ser necio, duro de corazón, insensato, soberbio. El Señor Dios, el Padre Celestial en el libro del Deuteronomio 30, 11 te dice a ti que escuchas: “Este mandamiento que te doy para que seas libre interiormente y realmente feliz, no es demasiado difícil para ti, ni está fuera de tu alcance”. Y Jesús en el evangelio de Mateo 11, 30 dice: “El yugo y le carga, que les doy, es ligera”.
El Señor no nos da ninguna carga pues más bien Él ha tomado sobre sí todo lo pesado, todo lo que nos ha desgarrado el corazón. Lo que dice más bien es que si te unes a Él, si lo buscas a Él, todo te será llevadero y vivirás tranquilo, tranquila en paz, en Él.
Tal vez a ti que escuchas, te han herido, maltratado, abusado, te han tratado mal o inadecuadamente, has sido rechazado y todo esto ha afectado tu estado emocional y hasta físico, pero la pregunta más importante es: ¿Realmente quieres recibir sanidad? ¿Verdaderamente quieres recuperarte? ¿Quieres perdonar? Aunque te parezca extraño déjanos decirte que no es difícil pues el Señor en el evangelio de Mateo 17, 20 nos dice: “Yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: Trasládate de aquí y para allá, y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes”.
Sí, escuchaste bien: Si pones a caminar tu fe, si decides ahora mismo
perdonar, si dices en tu interior: Decido perdonarme, decido perdonar por
el poder del Señor en mí, decido no deprimirme, entonces el
perdón y la alegría se hará realidad en ti y nada te
será imposible.
Si hoy miramos, escuchamos y sabemos de tanta violencia a nuestro alrededor, y alrededor del mundo entero y hasta en nuestro interior es porque a todos se nos ha herido. Hemos sido heridos de una o de otra manera; hemos recibido abuso cuando no sexual, sí psicológico, verbal, o emocional y el abuso sea cual sea, produce una raíz de rechazo y a nivel mundial el rechazo en el corazón del hombre representa un problema realmente devastador. (Mús)
Nuestro panorama crudo, real, representa un mundo en donde predomina la no fe, la desesperanza, los divorcios, los pleitos, las guerras, los abortos, los crímenes despiadados, las actitudes y palabras groseras, majaderas a flor de piel, el hambre, las crisis económicas, la crisis de valores, porque el ser humano se siente rechazado hasta de sí mismo.
Las emociones heridas y no sanadas, pueden transformarse en una prisión que nos encierra dentro de nuestro dolor y mantiene a todos los demás fuera. Si aún gritamos, si aún nos enojamos, si aún golpeamos, si aún decimos que Dios no existe, si aún nos obstinamos por no querer seguir viviendo, si aún optamos por la depresión y si decidimos sentirnos frustrados y sin valor es porque hay dolor en el alma, pero hermano, hermana hoy estás escuchando este mensaje, no por equivocación, o por casualidad porque la casualidad no existe. Existe el infinito amor del Señor que te está buscando para decirte cuánto vales, cuánto te ama, cuánto desea que seas feliz.
Dios no quiere que sigas en la celda amarga de esa prisión del resentimiento en contra de ti mismo, de ti misma, en contra de los demás e indirectamente en contra de Dios. ¿Sabes? Si habías dicho que no tienes fe, si realmente estás enojado, enojada no sólo contigo o con quien te hizo daño sino también estás enojado, enojada con Dios, es porque tienes fe y sabes que en última instancia si han pasado así las cosas es porque Dios nos dio una libertad que no supimos usar y que finalmente él permitió todo cuanto ha pasado porque nos respetó.
Hoy en día mucha gente dice que Dios castiga, que Dios manda al infierno, cuando en realidad somos nosotros mismos quienes nos castigamos por nuestras malas decisiones, por ejemplo: decidimos deprimirnos, decidimos odiar, decidimos guardar rencor y tomar venganza; decidimos sumirnos en una cama y rumiar pensamientos que bajan la autoestima hasta lo más bajo, decidimos mentirnos a nosotros mismos, decidimos no ser felices es decir, decidimos tener mala actitud.
Pero Dios el Padre Celestial, quiere a partir de hoy sacarte de esa celda negra del enojo constante, de tus impulsos de fuga, de la indecisión, y para ello te hace conciente que dentro de ti está la llave que abrirá la puerta de todo cuanto retiene tu gozo, la paz, la alegría, la positividad, el amor verdadero tu seguridad interior. Esa llave, es el perdón, perdón incondicional.
Ahora mismo pregúntate y respóndete allá en tu interior ¿Cuánto hace que estás en esa prisión oscura del resentimiento, del enojo, del sentimiento de frustración que tú mismo, tú misma has fabricado? ¿Realmente quiere ser libre? ¿Realmente estás dispuesto, dispuesta a querer utilizar las herramientas que Dios puso en ti desde toda la eternidad para que fueras feliz? ¿Estás dispuesto, dispuesta a no esperar nada de nadie más que sólo de Dios y de ti? ¿Quieres ser libres de todas las ataduras del egoísmo, del orgullo, de la soberbia, de la negatividad? (Mús)
El Padre Dios envió a Jesús el Señor que vino para abrir las puertas de las cárceles y dejar libres a los cautivos. Él quiere sanarte, Jesús está dispuesto, pero ¿Y tú?
¿Sabes? Lograr la libertad de las heridas y ataduras emocionales no es fácil, sobre todo cuando no sabemos cómo sanar tanto dolor Lo sabemos por experiencia. Pero cuando se ha recorrido un largo camino de búsqueda incesante de paz y de alegría, se tiene experiencia y por experiencia te decimos que tu libertad interior se dará tan rápido como tú aceptes lo que pasó y comiences a decidir por fe, perdonar, sobre todo, perdonarte a ti mismo, a ti misma.
Puede ser que durante el proceso de perdonar, llegues a volver a tu antigua manera de pensar y digas: “No, yo ya no voy al taller, para qué si no cambio, para qué si no cambian los demás. Yo ya no vuelvo a los retiros, mejor volveré a mi depresión horrenda, a los gritos y enojos constantes, al desencanto y sin sentido de vivir”, pero ¡Hermano, hermana que escuchas!, mira bien lo que piensas, lo que dices, lo que haces. Dios no te quiere deprimido, deprimida, pero ¿Y tú? ¿Qué quieres para ti?
El proceso del cambio se dará en la medida en que vayas desarrollando en primer lugar un gran amor hacia ti mismo, hacia ti misma, un amor como el que Dios tiene por ti. El proceso se acelerará en la medida en que intentes ser positivo a cada momento del día y en tu interior digas tú mismo, tú misma:
“Si Dios es conmigo, nadie me podrá derribar; si Dios es conmigo, nadie me va a derrotar, no me voy a deprimir, decido no deprimirme, decido no acostarme en la cama a menos de que esté realmente muy enfermo, enferma. Decido estar alegre, decido saberme pleno, plena, decido buscar trabajo, decido hacer lo que tengo qué hacer con alegría, decido no volver a permitir que alguien me haga sentir mal. Decido hablar sin enojo. Decido hablar con bondad, Decido perdonar. Decido desatarme de las cadenas que yo mismo, yo misma me he puesto. Decido vivir con elegancia espiritual. Decido hacer bien las cosas que hago. Decido orar”.
Y esto lo dirás no porque te creas autosuficiente de Dios, sino porque ya te has dado cuenta de todas las herramientas que Él ha puesto en ti y entre ellas está tu capacidad de decidir. Hasta Él mismo, en el libro del Deuteronomio te dice: Hoy pongo delante de ti el bien y el mal, ¿Qué decides?
Hay personas que no reconocen que están heridas o que están deprimidas porque en el fondo hay orgullo camuflado, amor propio herido no sanado. Por ejemplo, cuando las personas dicen. “Aquí no pasa nada”, lo que están realmente provocando es que el golpe sea cual sea, una muerte, una separación, una pérdida de empleo o de salud etc., se les fije más en su subconsciente y por lo tanto estas heridas permanecerán a manera de espina o de piedra en un zapato, por no haber sido enfrentadas cara a cara desde el amor del Señor para resolverlas y sólo sanarán en la medida en que se vayan aceptando y perdonando con sabiduría y paz.
La Palabra del Señor dice que para el que está unido a Cristo, todas las cosas viejas pasaron. Todo es nuevo. Con Jesús en el corazón y siendo concientes de la riqueza que somos en Él, siendo positivos, siendo sabios, proclamando las decisiones con fuerza en nuestro interior, cada día irá muriendo la negatividad, se irán desterrando actitudes infantiles, llenas de auto conmiseración que no sirve para nada.
Hoy el Señor te está abriendo los ojos de tu entendimiento y te dice, hoy decides si quieres continuar dando lástima o amarte como Yo te amo y ser poderoso, poderosa en mi. ¿Qué decides para tu vida hoy, aquí y ahora? ¿Auto compadecerte o ser libre interiormente?
La Palabra del Señor en Efesios 1, 7.8 dice que en el gran amor que nos ha tenido Dios el Padre, nos ha dado sabiduría y entendimiento. Hoy, aquí y ahora, ¿has valorado esa sabiduría? ¿Has valorado la sangre de Jesús sobre tu vida, sobre ti? Por esa sangre, tus pecados han sido perdonados, tus faltas, tus equivocaciones, y los pecados, faltas y equivocaciones de los demás.
Dios los ha perdonado pero ¿Y tú? Y lo que es aún más maravilloso: Dios te ha perdonado y te perdona siempre, pero ¿Y tú? ¿Ya te perdonaste?
Cuando perdonas al otro, estás quebrantando la atadura de una prisión emocional pero cuando tú te perdonas, matas dos pájaros de un tiro porque sólo el que se perdona a sí mismo, puede perdonar de corazón hasta a su peor enemigo. Puede perdonar, lo que sea.
La causa porque no queremos perdonarnos o perdonar a otros es porque tenemos miedo: miedo a ser lastimados nuevamente, a que la gente no aprecie nuestra buena disposición, o simplemente es orgullo, o prejuicio o falta de amor.
Hay hechos muy dolorosos causados por otras personas que tal vez ya murieron o no las volvimos a ver nunca, pero puedes perdonarles si así lo decides hoy, aquí y ahora, pues en realidad el perdón más que beneficiar al de enfrente, te beneficiará mucho a ti y si esas personas aún viven y tienes qué tratar con ellas como sería el caso de un compañero de trabajo, un hermano, tu padre, tu madre, tu amigo, tu vecino etc., y también tiene buena actitud, no esperes más para la reconciliación. ¡Adelante!.
A manera de ayudarte a encontrar el motivo por el que necesitas perdonar, te presentamos varias razones por las que tu pasado te atormenta, razones por las que te es difícil vivir aquí y ahora feliz, en paz, reconciliado con la vida, contigo mismo, con los demás y con Dios.
Tal vez has sufrido algún maltrato físico o psicológico: Hay muchas personas que al recordar los maltratos que recibían dejan anidar odio en sus corazones y es por eso que en el presente no pueden entregarse completamente a Dios por esos dolorosos recuerdos. Incluso, culpan no sólo a los demás por la infelicidad y depresión que viven, sino que también culpan a Dios.
Tal vez has tenido lo que la sociedad ha llamado un fracaso sentimental: Mucha gente por no acrecentar su fe y por no educar sus emociones sufre la ruptura de una relación, llámese como se llame: esposo, esposa, novio, novia, suegro, cuñado, hijo, hija, padre, madre, hermano, hermana, vecino, compañero de trabajo, amigo etc., y al enfrentarse a una relación que no resultó como se esperaba, permite que sus fuerza interior desfallezca y lo peor de todo es que esos pensamientos de fracaso no les permiten salir adelante.
Tal vez hasta el día de hoy no has podido perdonar a alguien que te hirió con sus palabras: Muchas veces las palabras duelen mas que los golpes y las palabras que un día te dijeron al no saber entregarle esa área a Dios pueden estarte causando daño hasta este momento.
Quizá tomaste decisiones equivocadas que afectaron mucho tu vida: Hay quienes por haber sufrido heridas desde pequeñitos, de jóvenes tomaron decisiones equivocadas ya sea de estudio, familiares, laborales etc, que afectaron su futuro, y ahora en el presente ven reflejado las consecuencias de esas malas decisiones y al no encontrar la paz y la alegría, se quejan del pasado echándole la culpa a quien sea.
Tal vez has cometido errores: Esta es una de las acusaciones mas comunes que nos hacemos, ya que al cometer un grave error, en lugar de recurrir inmediatamente al Señor, recurrimos a la auto acusación y fomentamos por supuesto, la falta de perdón a nosotros mismos. Quizá esos errores que tuviste, no sólo te han afectado a ti sino que han afectado a otros, ya sea por una palabra o algún hecho insensato, inmaduro, egoísta y podríamos continuar la lista de razones que tenemos para perdonarnos y perdonar.
Por ahora sólo te decimos: Si obedeces al Señor que te dice: “Ama a tus enemigos y ora por quienes te persiguen”, si decides en el nombre de Jesús el Señor no claudicar, no rendirte, no someterte ni entregarte a lo que sientas de rencor, de resentimiento, de tristeza, de celos o envidia, de orgullo o soberbia y rebeldía ante la vida, si no desistes y le haces caso al Señor de poner a caminar la riqueza interior que depositó en ti, nadie sobre la tierra, ningún fantasma mental, ningún pensamiento negativo e emoción sin educar, ninguna incapacidad, nada de lo que hay en tu pasado podrá impedirte lograr el éxito para el que fuiste destinado, destinada.
Y habrás alcanzado el éxito, cuando por las mañanas te levantes buscando al Señor para estar con Él, y durante el día te mantengas unido, unida a él por el amor que te das a ti mismo, a ti misma y a quienes topan contigo durante el día, cuando hagas lo que tengas qué hacer con responsabilidad y alegría, cuando disfrutes de la vida a pesar de todo y cuando por las noches, te acuestes en la paz de saberte infinitamente amado por Dios.
Deja ya de estar pues, echando la culpa a este o al otro de allá o a ti mismo, a ti misma y comienza a trabajar juntamente con la gracia de Dios que ya tienes, en tu sanidad interior y trabajar en tu sanidad interior es entregarte sin condiciones al Padre Dios, a Jesús, a su Espíritu que puede transformarte, pero tú necesitas querer esa transformación.
Y querer esa transformación es decir en tu corazón a cada momento. Decido en tu nombre levantarme de esto, no importa lo que estoy sintiendo de depresión, de desgano de vivir o lo que sea. Ahora mismo me levanto por fe y decido vivir bien, vivir buscando con alegría el pan de cada día. Decido comenzar a limpiar mi casa, a poner en orden el lugar en donde trabajo. Decido no gritarles más a mis padres o si eres padre de familia, puedes decir: Decido no gritarle y mucho menos pegarle a mi hijo, a mi hija. Si estás en cama enfermo, decide ahora mismo llevar con alegría y paciencia sin perder la esperanza nunca.
Di una y otra vez en tu interior en el nombre de Jesús: Decido dar lo mejor de mí. Y puedes traer a la memoria a esa persona que aparentemente quebrantó tu vida y dile ahora mismo: Decido perdonarte. Decido bañarte con la sangre de Jesús. Decido soltarte de una vez y para siempre en el abismo insondable del amor de Dios. Decido perdonarte. Decido perdonarte. Decido perdonarte, y así, una por una de tanta gente que te hizo daño e incluso gente a la que tú hiciste daño, dile: Decido pedirte perdón porque quiero estar bien con la vida, con Dios, conmigo, con los que me rodean y si tú me quieres dar el perdón bueno, si no, Dios me ha perdonado y yo decido perdonarme ahora mismo.
Y menciona tu nombre y dite: ………Te perdono en el nombre de Jesús. ……….Te perdono en el nombre de Jesús. ……… Todo lo que esté grabado en tus emociones y en tu mente, necesitas irlo recordando no para vivir en tragedia constante sino para que sabiamente vayas mirando cara a cara de la mano de Jesús lo que pasó de doloroso y puedas decidir entregarlo al Señor y perdonar. Entonces, habrás comenzado a vivir el poder del reino de Dios que está en tu interior. Amén
En unos momentos ricos en intimidad con el Señor Dios, ricos en tranquilidad, en paz, ricos en soledad que libera de todas las ataduras del egoísmo, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas; tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento…ve soltando todo lo que esté tenso desde la punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies…..
Y comienza a abrirte al Espíritu libertador del Señor Dios y dile no con palabras, sino con tu ser, allá en tu profundidad: Oh Dios tierno y cariñoso, Padre providente y gratuitamente amoroso: Hoy reconozco que necesito sanidad emocional. Hoy reconozco que necesito perdonar. Hoy se y acepto que Jesús tu amado Hijo, y mi Salvador, ha pagado el precio para mi liberación total en la cruz.
A partir de hoy, y desde este momento recibo concientemente esa sangre preciosa sobre mi, sobre mi vida, sobre esa relación que no funcionó y porque no estaba cimentada en tu amor Oh Padre. Hoy con esta gracia que me das, decido levantarme. Decido seguirte. Decido servirte. Decido no enfermarme más por estrés, por agotamiento interior, por cansancio moral, por frustración o tristeza.
Padre Celestial con tu gracia decido convertirme poco a poco, día con día, momento a momento un árbol frondoso y que por mis frutos, te conozcan a ti único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo.
Acepto que mis raíces están en ti Oh Padre, en tu Amor misericordioso, y por lo tanto, mis frutos no pueden ser frutos que huelan a podrido, a negatividad, violencia y depresión aprendida por ello Padre, a cada momento de mi vida, cada instante de mi día me re-educaré y estaré decidiendo y decidiendo, y decidiendo y decidiendo positividad, alegría, energía, sabiduría, luz, plenitud, aceptación madura ante los hechos que no puedo cambiar y cambio, cambio, cambio a lo que sí puedo como el cambiar mi forma de reaccionar, mi forma de mirar, mi forma de contestar, mi forma de vivir la vida.
Padre Celestial, con el poder de tu Amor, decido cortar de tajo con tanto espino que más que fruto ha dado dolor; Dios mío, cuánto me he recriminado, cuánto me he rebelado en contra de ti, en contra de la vida. Cuánto odio, resentimiento, reclamo pero se que del desierto, de los cardos y espinas haces praderas hermosas y manantiales infinitos. Ahora mismo te entrego todo esto que no es más que basura, brizna, nada. Y a cambio decido vivir con tu gracia, la paz, el perdón, la misericordia, la vida verdadera, la alegría, la humildad, la obediencia a tu Palabra.
Se que nadie, ni el mejor psicólogo, ni el mejor consejero podría decirme lo que tú me has dicho ahora y lo que me dices a diario en tu Palabra y sobre todo, lo que me has rebelado en la vida de tu Hijo Jesús, mi Señor: el amor, el amor, el amor, el amor es lo que decido vivir ahora mismo. Desde hoy comienzo a mirarme con amor
Oh Padre Celestial: en el nombre de Jesús, y por el poder del Espíritu
Santo, decido levantarme de esto que me ha tenido atado, atada, no importa
lo que estoy sintiendo de depresión, de desgano de vivir o lo que sea.
Ahora mismo me levanto por fe y decido vivir bien, vivir buscando con alegría
el pan de cada día. Decido comenzar a limpiar mi casa, a poner en orden
el lugar en donde trabajo. Decido no gritarles más a mis padres; o
si eres padre de familia, puedes decir: Decido no gritarle y mucho menos pegarle
a mi hijo, a mi hija. Si estás en cama enfermo, decide ahora mismo
llevar con alegría y paciencia sin perder la esperanza nunca.
Di una y otra vez en tu interior en el nombre de Jesús: Decido dar lo mejor de mí. Y puedes traer a la memoria a esa persona que aparentemente quebrantó tu vida y dile ahora mismo: Decido perdonarte. Decido bañarte con la sangre de Jesús. Decido soltarte de una vez y para siempre en el abismo insondable del amor de Dios. Decido perdonarte. Decido perdonarte. Decido perdonarte, y así, una por una de tanta gente que te hizo daño e incluso gente a la que tú hiciste daño, dile: Decido pedirte perdón porque quiero estar bien con la vida, con Dios, conmigo, con los que me rodean y si tú me quieres dar el perdón bueno, si no, Dios me ha perdonado y yo decido perdonarme ahora mismo.
Ahora, menciona tu nombre y dite: ………Decido perdonarte en el nombre de Jesús. ……….Te perdono en el nombre de Jesús. ………
Ahora mismo, decido que todo lo que esté grabado en mis emociones y en mi mente, lo puedo recordar no para vivir en tragedia constante sino para que sabiamente vaya mirando yo mismo, yo misma cara a cara de la mano de Jesús lo que pasó de doloroso. Decido ahora mismo entregártelo a ti mi Señor y perdonar.
Oh Padre, en ti decido no deprimirme, decido perdonar.
Oh Padre, en ti decido no deprimirme, decido perdonar
Oh Padre, en ti decido no deprimirme, decido perdonar
No te
rindas ante el rencor, aprende a perdonar
Vamos a comenzar una serie de 16 temas sobre no rendirse ante el rencor, no
rendirse ante el resentimiento, no rendirse ante el deseo de venganza, ni
rendirse ante la envidia etc. En cada terapia, trabajaremos interiormente
desde la fe adulta, para acrecentar cada vez más la capacidad de perdonar
y aún más, para hacer vida nuestra capacidad de ser misericordiosos
que nos ha dado el Señor Dios, y que nos hace poner en marcha ese reflejar
la imagen de Dios vivo en nosotros.
Para ello, te sugerimos que cada tema lo escuches durante la semana de terapia y cuando termines el nivel completo, escuches, uno y otro y otro cada vez permitiendo que el contenido del mensaje se grabe cada vez más, en lo más hondo de tu subconsciente hasta que sin sentirlo, vayas reaccionando según como nos lo ha enseñado Jesús en el evangelio que es su misma vida.
Alguien aquí, tu mismo, tu misma que escuchas, podrías preguntarte, pero ¿Perdonar a quién o qué? Bueno, pues permítenos decirte que así como el mandamiento que nos hace plenos es decir, el mandamiento del amor, nos manda amarnos a nosotros mismos, luego a los demás seres humanos y por lo tanto nos lleva a amar a Dios con todo el ser, con toda la mente, con todo el corazón, el mandamiento del perdón que nos hace libres nos manda perdonarnos a nosotros mismos, a los demás seres humanos y aunque a Dios no tenemos qué perdonarle nada de lo que ha ocurrido de doloroso en la vida, sí tendremos, si tendrás que reconocer que Él ha respetado tu libertad y la libertad de quienes te dañaron, y que Dios siempre saca bienes de lo que nosotros los seres humanos, echamos a perder por no querer abrirnos a su amor, por no querer amar, por no querer perdonar, por no querer orar.
Todos los seres humanos, hemos tenido la experiencia de ser lastimados por las palabras y acciones de otros, como también nosotros hemos lastimado a otros con acciones y palabras crueles o descuidadas. Incluso, por vivir con un gran rencor hacia nosotros mismos, inconscientemente nos lastimamos con nuestra forma de ser irascible, egoísta y soberbia, haciendo de nuestro interior un verdadero infierno que nos lleva a vivir diariamente en depresiones y experimentar en nuestro corazón una honda e infinita tristeza.
Luego de haber lastimado a alguien, surge desde lo más profundo de nuestro ser un gran dolor que puede ser devastador y duradero si no despertamos al amor, si no despertamos al perdón, si no despertamos a la fe, si no nos abrimos al que puede darnos la gracia de vivir una vida plena, una vida feliz, una vida libre de todas las ataduras del egoísmo.
En realidad yo, tú que escuchas, sabemos que en nuestro corazón no habrá paz verdadera si no estamos en paz con nosotros mismos, con nuestros vecinos, con nuestros amigos, con los miembros de nuestra familia y en general, si no estamos en paz con la humanidad entera. Pero hoy, aquí y ahora, alegrémonos porque el Señor quiere regalarnos la gracia de amar como Él nos ama, con amor incondicional y nos quiere regalar a mi y a ti que escuchas, la gracia de perdonar con el mismo perdón incondicional, sencillamente porque quiere que disfrutemos de su amor, porque quiere que seamos felices.
Pero ¿Sabes? Dios no va a cambiar lo que haya en ti de negativo o de herido y dañado, mientras tú no lo quieras hacer, pues Dios no cambia lo que hay en las personas, mientras ellas no cambien apoyados en su gracia, lo que hay en ellas mismas de negativo.
El libro del Levítico 25, 2,8 y siguientes hoy nos dice: “Di a los Israelitas lo siguiente: Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra deberá tener reposo en honor del Señor. Podrán sembrar sus campos como también podrán podar sus viñedos y recoger sus frutos y el séptimo año será de completo reposo de la tierra en honor del Señor. El día 10 del mes séptimo será el Día del Kipur o día del Perdón, harán sonar el cuerno de carnero o shofar en todo el país. El año 50 lo declararán año santo pues este año será un año de liberación y en él anunciarán libertad para todos los habitantes del país. En este año, no abuse nadie de nadie y muestren reverencia por su Dios. Cumplan mis leyes y pongan en práctica mis decretos. Cúmplanlos y vivirán tranquilos en el país; la tierra dará frutos y ustedes vivirán tranquilamente en ella, comiendo de sus frutos hasta saciarse”.
El antiguo pueblo hebreo, creía en la celebración de esos tiempos de “borrón y cuenta nueva”, cuando los dueños de los grandes negocios hacían balance y los agobiados con las deudas recibían una nueva oportunidad.
En Lucas 4, 18 y siguientes encontramos a Jesús el Señor proclamando en la sinagoga la Palabra de Dios en el libro del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor. Luego, Jesús cerro el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los que estaban allí seguían mirándole. El comenzó a hablar diciendo: Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de Ustedes”.
Jesús el Señor, va mucho más allá que el antiguo pueblo de Dios, respecto a un determinado tiempo para el perdón. Él mismo en Mateo 5, 17 dice: “No crean ustedes que yo he venido a poner fin a la ley ni a las enseñanzas de los profetas; no he venido a ponerles fin sino a darles su verdadero significado”. Es decir, Jesús se proclama el Año de gracia eterno, el Año del perdón para siempre.
Pero mucha gente hoy en día todavía prefiere no perdonar si no hay condiciones; mucha gente hoy prefiere creer que Dios es un juez justiciero, vengativo, castigador, aterrador. Pero una vez más te decimos que el Padre Celestial nos muestra en Jesús, que Él es perdón, ternura, cuidado, cariño, delicadeza, fidelidad, compasión, infinita misericordia, amor incondicional.
¿Has meditado a fondo las palabras que aparecen –por ejemplo- en Lucas 23, 34 y que Jesús pronunció en la cruz cuando dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen?.
Jesús
comprendió a la perfección a la raza humana. Sabía que
el subconsciente del hombre está herido desde el vientre materno y
por el infinito amor que el Padre Celestial nos tiene, Dios se hizo hombre
y experimentó la necesidad de instaurar en el corazón del ser
humano, como parte del Reino de los cielos, la capacidad del perdón.
O qué crees….¿Que el ser humano somos Dios, así
con mayúscula? No. Sólo hay un Dios y nosotros, somos sus hijos
amados que por siempre, necesitaremos estar recurriendo al perdón.
¿Por qué crees que existen las gomas en los lápices?
¿Porque nunca nos vamos a equivocar? ¿Sabes cuántas veces
vamos a equivocarnos para que vayas entrando en esta dimensión del
perdón lo más pronto posible? 70 veces 7 es decir, siempre.
Por ello Jesús le responde a Pedro, luego de que éste le pregunta
que cuántas veces ha de perdonar al que le ofende, diciéndole
que necesitará querer perdonar no sólo 7 sino hasta 70 veces
7 es decir, siempre.
En realidad, todos necesitamos de ese tiempo en el que podemos decir “perdóname”
“discúlpame” y responder: “No te preocupes. Te perdono
y echemos pa’lante”. Sabemos ya –porque lo hemos visto en
otros temas- que el ser humanos está herido por muchas causas, desde
el vientre materno y luego, cuando nace y crece, recibe rechazos, abandonos,
humillaciones, traiciones e injusticias, por ello, hoy comenzamos esta etapa
de terapias, haciendo conciencia que si tu manera de reaccionar, aún
es agresiva, aún es vengativa, aún es amargada, aún manifiesta
que hay dolor en tu corazón, es posible que haya viejas heridas y dolores
que necesiten atención y curación.
Por ello, paso a paso, a través de todos estos temas, la gracia del Señor te irá llevando hacia una reconciliación más profunda con el pasado, con recuerdos dolientes, tanto contigo mismo, contigo misma, como con los demás y hasta con el Señor Dios.
Perdonar, como dice el título de este mensaje, es el camino hacia la sanación y para avanzar mar adentro por este camino encantador y liberador, será necesario que definamos no en una sino en varias terapias, lo que es el perdón pues nadie recorre un camino sin antes saber por dónde ir para poder llegar al final. Así que comenzamos diciendo que el perdón es dejar marchar la dureza que se tenía hacia cierta persona e incluso hacia los animales, pues cuánta gente se enoja con los animales porque los pican, los muerden o se orinan en donde uno no quiere. Aprovechamos para decirte que hacer esto último es decir, enojarse con los animales y castigarlos es una gran tontería, ya que los animales son irracionales y merecen todo nuestro cariño y comprensión.
Igualmente
hacemos conciencia en ti cuando te enfureces con los niños pequeños.
¿Te imaginas? Si tú que escuchas, muchas veces te comportas
irracional aunque eres racional y según tu, muy maduro, madura, cómo
será un bebé o un niño de 5 ó 7 años? ¿No
es locura enojarse? Sí, ¡Es locura enojarse no sólo con
un bebé o un niño, sino que es locura enojarse con un anciano,
con un adolescente, con un joven, con un adulto! Ya en otro tema veremos lo
que es el enojo. Perdonar pues, es soltar todas esas cosas que abrigábamos
contra esa persona o circunstancia y comprender.
Ignacio Larrañaga, psicólogo clínico y gran espiritual
dijo alguna vez: “Si supiéramos comprender, no haría falta
perdonar y viviríamos en la paz”.
Perdonar, es un proceso que dura toda la vida, por ello la importancia de estar constantemente auto educándose interiormente sobre todo a la luz de la Palabra del Señor y también acudiendo a algún grupo de apoyo como los que brindamos o cualquier otro en donde tú veas que la Palabra de Dios sea la guía y centro de vida, que orienta e ilumina el corazón de cada uno de los miembros.
El perdón, no surge de manera espontánea y natural. El acto de perdonar necesita de una buena dosis de fe adulta e inteligencia según la sabiduría que nos brinda la Palabra del Señor.
Perdonar de corazón, muchas veces será casi un acto heroico, por ejemplo, aquellos que se han quedado sin nada por haber sido despojados de sus propiedades, o quienes han sido violados o las mujeres y niños que han sido golpeados descomunalmente, o aquellos que han soportado verdaderas injusticias como aquellos y aquellas que han vivido la infidelidad en carne propia. Todos ellos y muchos más, sentirán la tentación del odio y de la venganza, pero si se abren al amor del Señor comprendiendo que el ser humano sin excepción está herido y no sanado además de que vive dormido en la noche de la inconsciencia y el sin sentido, la experiencia liberadora del perdón, aunque difícil en muchas ocasiones, podrá ser vivida en medio de la herida más profunda gracias al poder curativo del amor que ha tenido su origen en el único amor verdadero: Dios quien vive en lo profundo de nuestro corazón.
El perdón proporciona también alegría verdadera, madurez humana y divina, ya que el poder curativo del perdón para sanar de raíz las heridas aún aquellas aparentemente incurables, restablecerá nuevamente las relaciones, haciéndolas más sólidas en muchos casos, sobre todo en aquellos en donde las dos partes abren sinceramente el corazón al amor de Dios.
Perdonar no es lo mismo que justificarse, excusar u olvidar. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse, ya que la reconciliación exige que dos personas que se respetan mutuamente, se reúnan de nuevo. El perdón es la respuesta espiritual de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella. Uno puede perdonar y sin embargo no reconciliarse como es el caso de una esposa continuamente maltratada por su compañero que no quiere darse cuenta del tremendo daño que está causando a ella y a sus hijos, y que se está haciendo a sí mismo también. El perdón permite liberarnos de todo lo que se soporta por amor a Jesús y por amor al Padre Celestial y por amor oblativo y no emotivo, hacia esa persona y seguir adelante es decir, que tú que escuchas, te acuerdas del frío del invierno, pero ya no tiemblas porque ha llegado la primavera. En este caso el invierno es la herida, y la primavera es el perdón dado con amor de Cristo, amor divino y humano.
El perdón
hace cambios en el corazón de quien lo ofrece.
En realidad Dios nos ha dado la capacidad de darle fin al ciclo del dolor
por nuestro propio bien y por el bien de futuras generaciones, pues Dios nuestro
Padre Celestial, en Jesús, ha dado un propósito redentor a las
heridas.
De hecho, el perdón es un regalo especial que necesitamos proporcionarle a quienes viven y conviven diariamente con nosotros y en nuestras manos está brindárnoslo a nosotros mismos. El perdón nos llevará del dolor a la misericordia y a la compasión, tema que trataremos en las últimas terapias sobre el perdón de nuestro Taller de excelencia personal “No te rindas”.
Así que ¿Quieres ser feliz un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona. Perdonar es un don de Dios y la oración sincera a los pies de Jesús frente a la Palabra Divina, te ayudará a desmantelar la ofensa y a perdonar a quien te hirió.
Varias mujeres casadas nos han preguntado que qué hacen frente a las ofensas psicológicas de sus maridos, y nosotros les hemos sugeridos que los vean como en realidad son: hombres que algún día, de niños fueron ignorados, rechazados, abandonados, abusados, traicionados, heridos es decir, que independientemente si tú que escuchas eres casado o hijo de familia o quien seas, mires a tu agresor como el hermano que está enfermo que necesita tu bendición y que en realidad no sabe lo que hace.
En la medida en que le des menos importancia a lo que dice o dicen quienes te agredan y en la medida en que seas conciente que lo que dice le lastima hondamente primeramente a él o a ella, porque en realidad no se ama, en esa medida te irán doliendo menos sus palabras, porque comprenderás que está enfermo, enferma y necesita conversión, necesita volverse al Señor, necesita encontrar al que es el Amor verdadero.
Hay mujeres que nos han dicho que luego de haber sido víctima de maltratos físicos o emocionales durante mucho tiempo, han sentido ira contra sí mismas por todo lo que permitieron que sucediera, así que por ello para que nos quede bien claro tanto a ti como a nosotros decimos que la primera persona a quien hay que perdonar es a uno mismo.
Antes de continuar, permítenos hacerte la siguiente reflexión: Si tú murieras ahora mismo, y comenzaran a injuriarte, a decirte que eres un bueno, una buena para nada, un estúpido, una estúpida, etc, etc, etc, ¿Te ofenderías?. ¡Pues claro que no!, porque estás muerto. Jesús en el evangelio nos invita a morir en vida es decir, nos invita a morir al egoísmo, a la soberbia, al orgullo; nos invita a morir al amor propio herido que muchos conflictos nos causa y mucha guerra nos da; nos invita a morir a la negatividad, a la necedad, a la tontería; nos invita a morir a palabras necias. Por ello nos dice en Juan 12, 24 “Les aseguro que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, sigue siendo solo un grano infecundo; pero si muere, dará cosecha abundante”.
Es claro el Señor Jesús cuando nos invita a morir a todo lo
negativo: nos invita a renunciar y morir a ese remorderse por dentro en rencores
y deseos de venganza para poder entrar en la paz imperturbable de quien se
sabe que su vida está firme y segura en las manos de Dios, en quien
todo, pero todo, lo podemos, lo superamos, lo aceptamos, lo redimimos.
Para casi terminar, en seguida y para comenzar con este proceso del perdón,
te sugerimos lo siguiente:
1.- Muchas veces estás deprimido y no sabes por qué hasta que descubres la causa oculta por años o tal vez por días o por horas, de alguna herida que había estado aparentemente curada; así que necesitarás ponerte frente a frente con la rabia, la vergüenza o impotencia que sientas, tratando de distinguir cuál herida podría estar provocando todo este malestar.
2.- Trata a la luz de la gracia del Señor reconocer la fuente de esa herida olvidada y no sanada, para poder comenzar a sacarla a la luz para que quede iluminada y transformada por el infinito amor de Dios.
3.- Así como vimos en otros temas sobre la fe adulta, que es preferible creer a no creer en Dios, en su amor infinito, ahora te decimos que será preferible que elijas perdonar. Aunque haya fundamentos para el coraje y la venganza, no elijas sino perdonar. Jesús nos quiere inteligentes es decir, llenos de la luz divina y nos quiere firmes y estables a pesar de lo doloroso de los acontecimientos y heridas. A Él nunca lo vemos en el Evangelio quebrado, miedoso o contestando como perro rabioso ante tanta injuria e injusticia. A Él lo vemos sano mentalmente, entregado enteramente a su Padre Celestial porque sencillamente, nunca perdió la mirada de fe adulta, como tampoco nunca perdió la confianza en que si el Padre lo permitía, sería para su bien y para el bien de toda la humanidad.
Hoy, tu, aquí y ahora y cada día de tu vida, como Él, decide perdonar siempre, siempre, siempre.
4.- No pienses mal de tu agresor. Piensa más bien que es un ser humano que como tú, está herido y no sabe para qué está en este mundo. Tú sí lo sabes. Sabes que has venido a amar como Dios te ha demostrado que te ama. Sabes que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Sabes que Dios es perdón, ternura, cuidado, cariño. Sabes que la fe, la esperanza y el amor son el más grande tesoro que Dios ha depositado en tu mente y corazón. Sabes que tu motivación, tu razón para despertar y trabajar es Él. Sabes que es importante mantener las 24 horas del día una relación estrecha con Él viviéndolo día y noche en tu corazón, y también sabes que los momentos diarios especiales con Él son trascendentales para tu vida diaria.
Así que comienza a poner en práctica la capacidad de compasión que es ese dar sin esperar nada a cambio; que es ese ponerse en el lugar del otro sin condiciones; que es amar, amar, amar como Dios te ama a ti.
Estamos seguros que la persona que te agredió lo hizo por ignorancia y superficialidad, por frustración e infelicidad en sí misma y no por maldad aunque así parezca, por ello te decimos que no permitas que esta persona, continúe teniendo poder sobre ti por medio del odio que sientas hacia ella. Piensa en que el que sufre es aquél que se queda metiendo su cabeza en las llamas del rencor el odio y el resentimiento, cuando quien cometió la ofensa, anda aparentemente feliz por la vida, quitado de la pena. Se inteligente como Jesús, y libérate mirando a esa persona o a esas personas como hermanos enfermos, faltos de amor, rechazados por muchos, abusados, traicionados, heridos.
5.- Toda palabra ofensiva de los demás, toda actitud aparentemente malévola de los otros e incluso, toda palabra y acción que tu carne quiera soltar, desde la fe, reaccionando como Jesús, será una nueva oportunidad para crecer interiormente en la capacidad de perdón, de amor y de fe. Cada ofensa asumida por amor a Jesús y al Padre, nos envía directamente a Dios, nos lleva al cielo de nuestra alma, allá donde mora Cristo y donde la paz verdadera mana sin cesar. Cada vez que tú perdonas desde la altura del corazón de Cristo te conviertes en canal de gracia para tus ofensores, en cambio, cuando te dejes llevar por la venganza y el insulto, el odio nuevamente se irá alojando en lo más recóndito de tu alma y el egoísmo habrá ganadlo la batalla, arrastrándote a la no fe, a la desesperación, al desaliento, a la depresión.
Terminamos diciendo esta frase que esperamos que la recibas como dardo de amor de parte del Señor Jesús para ti: “No hagas a otros, lo que no quieras que te hagan a ti”.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento y desde la fe escucha a Jesús en tu corazón que te dice:
Yo deseo tu sanación interior más que lo deseas tú. Por ello quiero decirte que tu sanación interior sólo vendrá, cuando perdones de corazón a aquellos que te han herido, es decir, cuando perdones a aquellos que te manosearon, o abusaron de ti en aquellos aspectos que tú sabes, o te gritaron, o te traicionaron o te abandonaron, o te rechazaron, o cometieron injusticias contra ti, pues de otra manera, estarás dando paso a enfermedades como la psicosis, la depresión crónica; estarás dando paso a salidas falsas que te mantendrán bien esclavizado esclavizada, y angustiado, angustiada.
¿Sabes?
Pequeño mío, pequeña mía, sea cual sea la experiencia
o experiencias que hayas tenido, sea cuales sean las heridas que hayas sufrido,
Yo, tu Jesús, tu mejor amigo, tu Dios, quiero comenzar a curar y sanar
tu corazón roto. Quiere llenar el vacío que hay en tu vida con
mi amor. Quiere liberarte de todo cautiverio para que puedas experimentarte
realizado, realizada, feliz en Mi.
Mi pequeño, mi pequeña: ¡Éste es el tiempo favorable!
¡Este es el tiempo del perdón! Hoy quiero convertirte paso a
paso en lugar de reposo, en ese lugar en donde el Padre Celestial sea adorado
y contemplado, Hoy, quiero convertirte en lugar de descanso a donde los demás
puedan entrar con confianza y me encuentren a Mi, su único Salvador.
(Mús)
Y tú, allá desde lo profundo de tu corazón, levantando
la voz de la fe, sin mover tu boca dile a Jesús: Oh Señor, abre
mi corazón al Espíritu perdonador. Dispón mi mente y
mi ser entero para la apertura y el amor. No permites en ningún momento
que de marcha para atrás prefiriendo la amargura, el resentimiento,
el odio, el egoísmo, es decir, el no perdón. Al contrario, envíame
tu luz potente que me deslumbre y me revele que el perdón es el único
camino seguro para encontrarte en mi corazón. Gracias te doy Oh mi
Señor por todo lo que se que estás obrando, pues tú siempre
obras con grandeza y firmeza. Soy tuyo, soy tuya, Señor.
Por tu inmensa compasión, rompe una por una, todas esas cadenas que me han atado en el rencor, en el resentimiento, en la infelicidad, en el vacío. Limpia todas esas heridas que han infectado todo mi ser y han trascendido hasta a los miembros de mi familia, a mis compañeros de escuela o de trabajo, sintiendo un odio muchas veces, por toda la humanidad e incluso sintiendo rebeldía hacia ti, aún sabiendo que tú no tienes nada que ver con nuestra cerrazón mental ¡Oh Dios infinitamente amoroso!
Señor, hoy vengo a suplicarte la gracia de poder abrirme a ti para poder entregarte uno por uno de tanto suceso pasado que llevo sepultado en mi corazón y que ya apesta a sin sabor de vida, a agotamiento, a enfermedad incurable, a depresión crónica, a angustia, a desencanto de la vida..
Dame la gracia de buscar en mi memoria lo que me hace todavía ser agresivo, agresiva, egoísta, violento, violenta, impaciente. Quiero y necesito ser honesto, honesta y transparente conmigo mismo, conmigo misma y contigo respecto a lo que me ha lastimado o me ha causado dolor en el pasado.
Hoy Señor me lanzo al abismo profundo de tu amor, entregándote mi subconsciente, para que tú me hagas descubrir en ese lugar a donde van todos los recuerdos y a donde se alimentan los rencores y crece el coraje, qué es lo que aún no está sano. Señor, enséñame a mirar desde ti, mi interior herido y ayúdame a ponerle nombre real a la enemistad, al complejo, al odio, a la depresión y a encontrar la razón de mi proceder que está muy lejos de tu manera de ser, Jesús.
Señor, hoy, aquí y ahora, quiero comenzar una relación más sencilla y a la vez más profunda contigo Oh mi Dios, pero para ello, necesito escarbar un cimiento profundo, yendo a mi subconsciente herido para que tú me ayudes a sanarlo, luego, entonces, comenzaré a mirar como tú, a hablar como tú, a reaccionar como tú; habré subido a la torre más alta del amor y de la contemplación.
Señor, necesito perdonarme y perdonar a todos aquellos y aquellas que me hicieron o me hacen daño y luego Oh Padre, Oh Jesús, libérame uno por uno de tanto recuerdo doloroso….Dios mío, la voz del enemigo interior es decir, la voz del desconcierto ante las ofensas y de la impotencia me hacen temblar y la ira en muchas ocasiones me ataca rabiosamente y hasta el corazón me salta en el pecho y el terror de la muerte de la cerrazón y el egoísmo cae seguido sobre mi y pienso:
Ojalá tuviera alas como de paloma para volar y descansar. Volando me iría muy lejos; me quedaría a vivir en el desierto. Correría presuroso a protegerme de la furia del viento y de la tempestad, pero Señor, te pido que confundas el lenguaje de la no fe y destruyas la negatividad que hay en mi, pues me obstino por ver sólo violencia y discordia en todas partes, día y noche rondando mi mente. Pienso que hay maldad, intrigas, y corrupción y todo por olvidarme de mirarte a ti, mi único Salvador y Dios. Señor Jesús, tú injuriado, vilipendiado, maltratado al extremo, calumniado, no abriste la boca; como cordero llevado al matadero, fuiste dulce y compasivo siempre….
Oh Dios, se que estoy clamando a ti y seguro, segura estoy que me salvarás de mi mismo, de mi misma y que a aquellos que no te conocen los llenarás de tu ternura y de conversión. Se Señor que si me quejo y lloro a cualquier hora del día, tú siempre escucharás mi voz y me librarás de las batallas, me salvarás la vida, me madurarás, para que luego, con el tiempo, ya no venga a ti para quejarme sino primeramente, para amarte, para adorarte, para bendecirte, para glorificarte.
¡Qué bueno es cantarte a ti Oh Dios nuestro, sobre todo con actitudes nuevas, actitudes de Cristo, porque a ti te debemos dulces alabanzas. Tú Señor reconstruyes el interior del hombre y reúnes a todos los dispersos. Tú Señor sanas a los que tienen roto el corazón y les vendas las heridas. Tú determinas el número de las estrellas y a cada una le pones nombre. Tú Señor, cubres de nubes el cielo y preparas la lluvia para la tierra. Haces crecer los pastos en los montes y das de comer a los animales y a las crías de los cuervos cuando chillan. Nada está a la deriva, nada es coincidencia. Tu gran providencia nos protege. Grande eres tú Dios nuestro y grande es tu poder. Tu inteligencia es infinita. Tú Señor levantas a los humildes; en cambio, los soberbios terminan por perderse a sí mismos. Te canto hoy con una nueva vida llena de gratitud.
Oh Señor: Hoy se que no es la fuerza del caballo ni los músculos del hombre lo que más te agrada, sino más bien te agradan quienes te honran con una vida llena de amor y los que confían en ti. Tú Señor refuerzas los cerrojos de nuestras fuerzas y nos bendices trayéndonos la paz al corazón, satisfaciéndonos con lo mejor de tu trigo. Oh Señor amoroso de doy toda la honra y gloria, te doy mi adoración……Amén.
No te rindas
ante el rencor y ábrete al perdón
Vamos a continuar aprendiendo sobre qué es el perdón, pero permítenos decirte una vez más lo que repetimos tantas veces en los mensajes de sanación interior ante la pregunta ¿Qué es la felicidad? Para nosotros la felicidad es una actitud interior, una manera positiva de ver la vida y ser feliz significará por lo ta