


Enfrentando situaciones difíciles
Enciende una lámpara y barre la casa
Sin dignidad no se gana la batalla
Siete palabras de poder y sanidad
Hay vida más allá de los problemas
No te angusties en la tormenta
Mantén tu ánimo en alto y sanarás
Mantén tu ánimo en alto y sanarás 2
Mantén tu ánimo en alto y sanarás 3
Mantén tu ánimo en alto y sanarás 4
Cambia tu mente con buena actitud 1
Cambia tu mente con buena actitud 2
Cambia tu mente con buena actitud 3
Cambia tu mente con buena actitud 4
Cambia tu mente con buena actitud 5
Cambia tu mente con buena actitud 6
Cambia tu mente con buena actitud 7
Bienvenida Quiénes somos Tipos de depresión Cómo superar la depresión Las cinco heridas Perdón camino hacia la libertad interior
Terapia del abandono No te rindas ante nada Mensajes de paz y esperanza Para tiempos difíciles Terapias para el alma Encuentro con Dios
Orar con la Biblia Testimonios Navidad es no rendirse ¡Nunca! Valores humanos Enlaces de interés Contáctanos Temas nuevos
Queremos comenzar este mensaje con la moraleja o enseñanza de los tres leones. Sucede que tres leones estaban en una selva. También estaba el señor mono, a quien los demás animales le habían delegado ser el vocero del lugar, así que en una de las juntas que tuvieron comenzó a decir a los reunidos ahí: “Pero cómo, no se han puesto ustedes a pensar que si el león es el rey de la selva, y si ahora hay tres leones, ¿Cómo sabremos a quién obedecer?
Los tres leones eran amigos entre sí, tan buenos que no irían a pelear por lo que estaban escuchando, nunca se destruirían peleando el uno contra el otro así que se volvieron al señor mono tratando de sacar la mejor solución al problema planteado por él, sobre cuál era el león que merecería tener el liderazgo, es decir, el reinado.
Después de sesionar mucho, dijeron los demás animales: Pongámosle a los tres una prueba y aquél que la supere bien, será nuestro rey. Así que dijeron los animales: allá hay una montaña muy difícil de subir, de escalar, pero el que llegue hasta la punta, el que llegue hasta lo más alto, verdaderamente será el rey de la selva.
Y se llegó el momento de subir la montaña; los leones estaban listos. Había una gran emoción entre ellos porque ya se habían ejercitado corriendo mucho, alimentándose a sus horas, descansando lo necesario. El primer león comenzó a subir y a subir y se cansó tan pronto, que tuvo qué retroceder; luego vino el segundo que subió con mucho impulso, pero tampoco lo logró.
Los animales de la selva murmuraron entre sí: ¡Sólo nos queda uno!; éste tiene qué lograrlo porque de otra manera, nos quedaremos sin rey!.
El tercer león, comenzó a subir y a subir y a subir pero…¡Tampoco lo logró! Tuvo que retroceder, tuvo que bajar porque no tuvo la capacidad suficiente para subir.
Nuevamente, toda la comunidad de animales se reunió y dijo: ¿Cómo le haremos para saber cuál de los tres es el que deberá ser nuestro rey? Por allá…. se escuchó la voz de la señora más sabia del lugar, era la señora águila que dijo: Yo les voy a decir cómo se resuelve esto: Mientras cada león subía, yo iba muy de cerca escuchando lo que decían. El primero león dijo: ¡Montaña, me has vencido! El segundo mientras bajaba, también dijo: ¡Montaña, me has vencido! En cambio, el tercer león aunque exclamó lo mismo que los otros dos, enseguida dijo con voz decidida: descansaré y me seguiré preparando para intentarlo las veces que sea necesario hasta alcanzar llegar a la cima. No me rendiré nunca.
Y el águila concluyó diciendo a todos: Este es el que debe de gobernarnos porque tiene la actitud que se necesita para ser un auténtico vencedor, porque a pesar de las dificultades está dispuesto a volver a intentarlo.
Querido hermano, hermana que escuchas, lo único que necesitas es poner a trabajar en tu interior ese espíritu de vencedor que ya el Señor ha depositado en tu corazón. Necesitarás querer subir las montañas que vengan y poder disfrutar de la gloria de Dios a cada paso. Necesitas ser gente que le cree a Dios aunque todo ande mal.
Puedes ver tu Biblia en 1ª de Samuel capítulo 30 versículos del 1-20. Dice la Palabra del Señor: Al tercer día, cuando David y sus hombres llegaron a Siclag, se encontraron con que los amalecitas habían invadido el Négueb y atacado Siclag destruyéndola e incendiándola y se habían llevado prisioneras a las mujeres y a todos los niños y adultos que estaban allí, aunque no habían matado a nadie.
Vino pues David con los suyos y miró como la ciudad estaba asolada, y toda quemada y sus mujeres e hijos habían sido llevados cautivos; entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas, pero David se fortaleció en el Señor su Dios.
David dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego, que me acerques al efod y Abiatar acercó el efod a David y David consultó al Señor Dios preguntando: ¿Debo perseguir a esa banda de ladrones? ¿Los podré alcanzar? Y el Señor le contestó: Síguelos porque ciertamente los alcanzarás y librarás a los cautivos.
Partió pues David y los 600 hombres que con él estaban y llegaron hasta el arroyo de Besor. Ahí se quedaron algunos de estos hombres que cansados, no pudieron pasar el arroyo de Besor, pero David siguió adelante con 400 hombres.
Más tarde encontraron en el llano a un Egipcio que tenía 3 días y 3 noches que no había ni comido ni bebido nada y lo llevaron hasta David. Le dieron pan y le dieron a beber agua y un pan de higo y dos de uvas pasas y luego que comió, su espíritu volvió a vivir y se sintió más reanimado.
Le dijo David: ¿Quién eres tú y de dónde vienes? Y respondió el Egipcio: Yo soy criado de un amalecita y mi amo me abandonó por enfermo.
Aquí se nos narra un relato muy impactante, un relato que impresiona nuestro corazón así como impresionó el corazón de David pero lo más lindo es que aún en los momentos difíciles nos revela que Dios, está siempre allí.
Aún en los momentos en los que pareciera que todo lo hemos perdido, siempre hay una palabra de esperanza, siempre hay una palabra de confianza, siempre hay una palabra de victoria, pero de mi, de ti que escuchas está el poder recibirla, el querer recibirla, el creer en ella.
Hoy cabe darnos un toque de atención y darnos cuenta, cuál no debería ser y cuál deberá ser mi reacción, tu reacción ante las dificultades, ante los golpes duros e imprevistos de la vida, ante los momentos difíciles; de eso es de lo que hablaremos hoy.
Veamos en primer lugar que nuestra reacción podría ser negativa como lo fue la del pueblo en esta palabra que acabamos de escuchar. Qué triste regresar a casa y encontrar que todo ha sido robado, que la familia ha sido llevada como esclava; qué triste, qué sentimiento de desolación, de angustia…uno podría experimentarse desmoralizado, sin saber qué pensar, sintiéndose como despedazado….porque te han despojado de todo, aún de algo no sólo material sino de la propia familia, de la propia alma.
El dolor era muy grande, la tristeza y la angustia gobernaban aquél lugar; no se sabía qué hacer. El pueblo sufría, el pueblo se sentía tan mal que lloraron y lloraron y lloraron hasta que les faltaron las propias fuerzas.
Imagínate hermano, hermana
que escuchas, cómo sería eso…¿Te has encontrado
en alguna situación en la que has llorado tanto que ya ni fuerzas de
llorar te quedan porque has llegado a experimentarte como si ni una lágrima
hubiera más?
Puede ser que tú en este momento estés diciendo: sí,
yo soy una de de esas personas que ha estado sufriendo, que ha estado en una
situación tan oscura, tan dolorosa, tan horrenda que me he experimentado
como abandonado, como abandonada, como acabado, como acabada y sí,
ciertamente he reaccionado negativamente, prefiriendo tumbarme en la cama
pensando en cuál sería la mejor forma –la menos dolorosa-
de morir.
Si releemos el capítulo 30 de 1ª de Samuel el versículo 4 encontramos que: David y sus hombres se pusieron a llorar a voz en cuello hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.
Basándonos en este texto bíblico, veamos lo que hace una reacción negativa, una reacción -por qué no llamarla así- reacción humana, una reacción justificada con toda la razón del mundo, una reacción que demostraba que eran seres humanos que estaban sintiendo el dolor de una gran pérdida. Estaban tan desolados, tan tristes con un sentimiento de frustración y de derrota que comenzaron a pensar en matar a David; pensaron en apedrearlo, y ¿Sabes por qué? Porque una reacción incorrecta:
1.- Acaba con la paz interior, con el equilibrio, desestabiliza la madurez y trae la desesperanza.
2.- Alimenta el amor propio herido, y como te sientes humillado, rechazado, abandonado, traicionado y con una gran injusticia encima, te abre a la venganza. Era horrendo lo que les habían hecho: Habían tomado prisionera a su gente y ahora por lo que se dejaban dominar era por el deseo de venganza. ¿Y de quién se podrían vengar si ya se habían llevado a los suyos?…ah, pero ahí les quedaba cerca David; era más fácil terminar con él, porque en el momento de dolor, nos enfocamos de manera incorrecta y dañamos aún a los nuestros a los que tal vez han dado muchas veces la vida por nosotros.
Hoy, quizá hasta has preferido dar rienda suelta al enojo rematando con quien menos te ha hecho nada, como el pueblo quería apedrear a David, aunque este no hubiera provocado el desastre.
O tal vez te has topado con alguien que en un momento de dolor, cuando su corazón se ha llenado de amargura por haber alimentado el odio, el resentimiento, el rencor, por haber elegido una reacción negativa, ha comenzado a transmitir esa amargura a los demás, y ha comenzado a llevar amargura a su casa, a sus seres amados.
Las reacciones negativas, apagan el entusiasmo por vivir. Sí, una reacción negativa alimenta la vergüenza, la venganza o cualquier emoción que acabe en desencanto por vivir.
3.- Una reacción negativa, produce duda. El pueblo se preguntaba: ¿Acaso recuperaremos a nuestra familia? En ese momento no lo sabían. En ese momento ellos no sabían que no le habían dado muerte a ninguno porque el pensamiento que les dominaba era que todo se había terminado. Habían construido en su mente una montaña invencible en la no había ninguna posibilidad. Era una montaña de problemas, de emociones y pensamientos obsesivos y el estar fijando su mirada en la montaña, hacía que no pudieran contemplar alguna otra salida para solucionar todo de la manera más inteligente, más sabia, más prudente.
Yo, tú que escuchas, ¿Qué preguntamos ahora mismo? ¿Cómo recuperar la paz interior perdida por las decisiones erróneas y superficiales que he tomado, que has tomado?
¡Cuántas veces hay un sentimiento de despojo, un sentimiento de frustración y de derrota por errores cometidos. No nos damos cuenta que los errores cometidos son enseñanzas que pueden convertirse en gracias especiales por las que podemos ver los acontecimientos de nuestra vida por dolorosos que sean, como ese toque especial que ha cambiado todo hacia un rumbo de humildad, de apertura, de perdón, de sensibilidad al dolor ajeno.
Al estar obsesivamente pensando que hemos fallado y hemos fallado y hemos fallado sintiéndonos tan mal, lo primero que la mayoría de las veces provocamos es sentirnos totalmente derrotados prefiriendo echarnos para atrás o sencillamente nos tiramos a morir.
El pueblo de Israel, quería ver sangre, quería terminar con David, pero qué pasa cuando la ira se vuelve hacia uno mismo y comienzas a hacerte daño, a marcar tu cuerpo a herirte, a ofender al alma, a martirizar al ser entero con pensamientos de locura es decir, con pensamientos faltos de sabiduría divina y cuántas veces habrás preferido abandonarte en brazos de aquello que sólo busca tu mal, porque el dolor muchas veces provoca sentimientos de auto castigo.
Y el pueblo se sentía marcado; había mucho dolor; posiblemente algunos se preguntaban: ¿Por qué el Señor lo permitió? ¿Por qué si nos hemos guardado para Dios? ¿Por qué si somos gente de bien? Pero mi hermano, hermana que escuchas, muchas de las cosas que padecemos han venido por nuestra propia causa, porque antes no preguntamos al Señor, porque actuamos impulsivamente, por dejarnos llevar de las emociones no educadas, por dejarnos llevar de la inconsciencia, por dejarnos arrastrar de nuestras pasiones.
Hemos escuchado exclamar a algunos: ¿Por qué si somos gente que ama al Señor, nos han llegado momentos difíciles? ¿Por qué el Señor nos ha abandonado? ¿Por qué el Señor nos ha dado la espalda? Saber que Dios el Padre Celestial, no da nunca la espalda a ninguno de sus hijos, Saber que necesariamente tenemos qué pasar por circunstancias difíciles, porque es la actitud con la que manejemos esas circunstancias la que determinará nuestro carácter.
El carácter se forja en los tiempos duros, en los momentos en los que tenemos que volver a levantarnos; tiempos en los que necesitamos tratarnos con infinita misericordia y amarnos tanto como nos ama el Señor Dios y aceptarnos y tratar de ir entregando una por una de tanta herida que hemos descuidado y olvidado creyendo que nada ha pasado en la vida, que nada nos ha dolido, que estamos bien, pero no….
Hay que detenerse y comenzar nuevamente; hay que formarnos para Dios, rendirnos ante Dios para nacer al amor verdadero, a la libertad.
Al pueblo de Israel, el Señor no lo abandonó; en ningún momento el Señor le dio la espalda, sino que le estaba enseñando a depender de Él. Y yo, tú que escuchas, necesitamos, necesito, necesitas aprender a depender de Dios. ¿¡Es tan fácil desanimarse!?.....¡Es tan fácil pensar echarse para atrás! ¡Volver al mismo estilo de vida, a las mismas andadas, a las mismas reacciones y pensamientos negativos y destructivos!
Con facilidad nos emocionamos y nos llenamos de júbilo, pero igualmente nos enojamos muchas, muchas veces. Y es tan fácil culpar a Dios: “Dios, ¿Por qué lo permitiste?...Dios, ¿Por qué lo hiciste?”....porque es fácil culparlo, pero ¿Sabes qué? El culpar a Dios, o culpar a otros e incluso culparte a ti mismo, a ti misma, no es la salida.
La única salida es rendirse al Señor y decirle: Aquí estoy Dios mío, ¡Me duele!, ¡Estoy sufriendo! ¡Mi corazón ha sido herido! ¡Esta honda tristeza me está quitando la vida!¡Me han despojado de lo que más amaba!...
Hermano, hermana que escuchas: tal vez un ser amado te abandonó o se murió, o alguien te dio la espalda o tal vez alguien que te prometió amor, te ha cambiado por otro nuevo amor, pero ¿Sabes?, hay un Amor –con mayúscula- que es fiel que es incondicional, que te ama más de lo que puedas imaginar, que te está buscando en este preciso momento para lubricar tu corazón herido con el bálsamo de su ternura, de su gracia, de su delicadeza, de su inmenso amor…sí, es el amor de Jesús por ti.
Acepta por fe que Él puede tomar tu corazón hecho pedazos y volverlo a reconstruir. Él puede tomar la vasija echa trizas y recoger cada pedazo para volver a darle forma porque hay esperanza para ti que escuchas, en Cristo Jesús tu Señor tu Amado fiel, tu Salvador, tu Dios.
Cualquiera que sea tu vida, cualquier cosa que haya sucedido, tal vez decisiones mal tomadas; tal vez estás viviendo consecuencias de decisiones que tomaste en el pasado pero que ahora te están cobrando la factura. ¿Sabes? Cristo ha pagado la cuenta. En Dios hay fortaleza, en Dios hay fuerza, hay vigor, hay ánimo, aún cuando sientas que desfalleces…
Mira cómo estaba este pueblo de Dios, desmayaba; este pueblo estaba en angustia: ¡Cómo es posible llegar y haberlo perdido todo tan de repente! ¡Qué dolor más fuerte!
Su llanto era sincero, sus lágrimas eran reales, no estaban fingiendo, no eran superficiales. Algo que amaban mucho les había sido quitado. Puede ser que tú estés diciendo en este momento: Yo estoy viviendo lo mismo, me han quitado algo que amaba demasiado y todavía siento mi corazón herido. Tal vez estés diciendo: Siento que mi corazón está sangrando…pero mi hermano, mi hermana: ¡Hay esperanza de sanidad en Jesús el Señor! ¡Hay una nueva oportunidad para aquél, para aquella que le cree a Dios! Sólo necesitas decirle: Jesús, vengo ante ti con mi vida marcada.
Y si la no fe todavía te hiciera decirme: No, pero es que tú no entiendes, es que tú no sabe lo que se siente, es que tú nunca lo ha vivido, te decimos en el nombre de la fe, que hay alguien que sí sabe lo que sentimos, que nos conoce y que nos hizo desde el vientre de nuestra madre y que hoy está para decirnos, para decirme, para decirte: No temas, Yo te ayudo. ¡Hay esperanza para ti! ¡Hay esperanza!
Sí, Él te puede hacer libre de los vicios, de las dependencias afectivas, del alcoholismo, de las drogas, de ese o esa amante; Él puede liberarte de cualquier egoísmo que te esté separando de tu Dios, pero se necesita una actitud de entrega, una actitud de reconocimiento.
La reacción del pueblo fue una reacción negativa, una reacción de frustración, una reacción de derrota, una reacción muy normal pues ¿quién no estaría llorando por su familia? ¡Quién no estaría triste! Creo que todos si hubiéramos estado allí.
Pero qué pasa entonces….el hombre de Dios, David, siente la responsabilidad de ese pueblo y lejos de tener una reacción negativa, David hace un giro, esa reacción que si queremos podemos tener: una reacción valerosa, una reacción positiva, una reacción de fe.
David dijo: Traigan el efod que voy a consultar con Dios. No dijo: Voy a consultar con los brujos del pueblo, con aquella que sabe más y a todo el mundo le adivina…¡Ese no es el camino!....¡Ese no es el camino!...No es el camino decir: a mi que me lean la mano….¡Que no!¡Ese no es el camino!...Nuestro futuro y toda nuestra vida tiene qué estar en las manos del Señor. ¡Este sí es futuro seguro! ¡Quién más que sepa lo que nos conviene o no nos conviene sino Dios sólo!...este negocio, este proyecto, aquella amistad, este estudio, esa carrera universitaria…¡Quién más sino Dios!
El pueblo de Dios, yo, tú, necesitamos una actitud positiva para levantarnos en momentos de dolor, en momentos de angustia. No podemos, no puedo, no puedes estar siempre allí, conmiserándote y diciéndote: ¡Pobre de mi! ¡¡Pobre de mi!!, nadie me quiere, nadie me acepta, me rechazó, no me quiso,….cuando hoy el Señor te dice: ¡Levántate! ¡Qué pasa! ¡La autocompasión te hace daño! ¡Deja de llorar! ¡Ya! A ver, sécate esas lágrimas que Yo te amo! Toma aire, abrázate fuerte a mi y levántate en mi Nombre, porque te quiero para cosas grandes…
Tiene qué haber un cambio de actitud, necesitas consultar como David, con Dios que está allá en lo profundo de tu corazón esperándote. Como David, pídele al Señor que te dirija, que te de dirección y como David, no te dejes llevar por los impulsos porque eso es lo que te ha sucedido muchas veces.
Cuántas veces viene la situación difícil y hablamos sin pensar, actuamos sin meditar, actuamos sin orar y después se nos hace el problema más grande como efecto de resorte, por no consultar. ¡Cuántos errores se han cometido por no esperar, por no consultar a Dios. ¡Cuántas palabras se han dicho de las cuáles hoy nos arrepentimos! ¡Cuánto dolor hemos causado, simplemente por dejarnos llevar de las circunstancias, de las emociones, de lo que sentimos y por no haberlo razonado en la Presencia del Señor!
Hoy queremos terminar dejándote esta Palabra de Dios tomada de Santiago 1, 2-6: Ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase, pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada. Y si a alguno le falta sabiduría, pídasela a Dios y Él, se la dará, pues Dios da a todos sin limitación y sin hacer reproche alguno, pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada.”
En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu
cabeza recta, tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas con
tus palmas hacia abajo, hacia arriba o entre lazadas; cierra tus ojos y respira
suave profundo y lento….y en fe adulta, comienza a hablarle a tu Señor
y Dios:
Señor, necesito de tu dirección. Necesito que me marques un norte. Necesito que me devuelvas la vida, tu vida Oh Señor…
Y desde ese corazón abierto a Dios oye lo que te dice en el silencio del amor: Mi pequeño, mi pequeña, quiero devolverte la paz interior, quiero que vivas en la libertad verdadera, quiero que seas una persona madura, realizada, feliz en mi. Pueblo mío, ¡te amo! ¡Tengo planes contigo! ¡Te tengo aquí con un propósito! ¡Te he plantado en este lugar! ¡Te he plantado en mi! ¡Ya no eres huérfano, huérfana nunca más! ¡Me tienes a mi tu Dios! En mi tú puedes crecer, en mi tú puedes servir, tú puedes ser útil; en mi tú puedes sentirte realizado, realizada, en mi tú puedes amar limpiamente, en mí tú lo puedes todo.
El mundo, es decir, la superficialidad de otros y la misma tuya, se ha obstinado en llamarte inútil, incompetente y más términos hirientes que han golpeado tu auto estima.
Mira cuántas personas que tienen mucho qué dar han sido lastimadas de su auto estima y ahora no tienen confianza de que puedan lograr algo. No han creído porque temen, pero hoy les digo y a ti te digo: No temas, Yo te ayudo. Yo voy contigo, no serás avergonzada, avergonzado. Levántate.
Y si aún tu herida más grande preguntara pero Señor, ¿Cómo lograr esto?, Yo te digo: sólo si me dices de corazón: Señor yo te necesito en mi corazón; necesito que vengas y cambies mi vida, que llenes mis vacíos y es que Señor, todo ser humano tenemos vacíos. Tenemos un interior que debe llenarse, pero las más de las veces lo he llenado en los lugares equivocados, con las personas que no han llenado su vacío de ti, Jesús.
Mi pequeño, mi pequeña, sólo en mi presencia, y sólo con mi amor incondicional se llenará tu alma y te sentirás completo, completa y pase lo que pase, ya no serás presa de las circunstancias; ya no caminarás por lo que te digan, ahora caminarás por lo que Yo te diga, y ¿Sabes por qué? Porque si tú en este momento decides callar para escucharme, te hablaré cada momento, cada circunstancia, cada pensamiento tuyo, cada emoción, todos los días.
Permíteme habitar en ti, date la oportunidad de escucharme, déjame saciar tu vacío con mi amor…..
Enciende una lámpara y barre la casa
Hoy queremos comenzar levantando las manos al Señor para orar desde la sinceridad de la fe, así que hermano, hermana que escuchas, comienza por levantar tus manos al Cielo proclamando lo siguiente: Señor, se que en mi boca está el poder de la vida y de la muerte, así que desde la fe adulta que me une a ti Oh mi Dios, hablaré palabras de vida y no de muerte, de salud y no de enfermedad, de riqueza y no de pobreza, de victoria y no de derrota, de libertad y no de apegos, de amor y no de rencores, de bendición y no de maldición, de positividad y no de negatividad porque en mi boca, hay un milagro. ¡Amén!
La Palabra del Señor, en Lucas 15,8
nos dice: “O qué mujer que tiene 10 dracmas y pierde uno…Debo
encender la luz y barrer la casa. Para nosotros encontrar algo que se nos
perdió, tenemos que tener claridad, tenemos que tener luz y barrer
bien la casa.
Pensemos a cuántos de nosotros se nos ha perdido algo en casa y luego
de 3 años lo encontramos y decimos: ¡Ay, mira, aquí estaba!
Y peor aún, algunos habrá que hasta habrán despedido
a los servidores que trabajan en casa y dos años después dirán
¡Híjole! ¡Aquí estaba!...
¿Sabes mi hermano, hermana que escuchas? Donde hay desorden es muy fácil perder las cosas. Simplemente echa un vistazo a la mesita de noche que tienes en tu cuarto llena de cosas de tal manera que si alguien te la arregla ya no sabes dónde quedó la bolita….
¡Cuántos de nosotros tenemos una así! Y buscamos y no encontramos y decimos ¡Pero es que aquí lo dejé! O cuántos buscan los lentes que tienen puestos…hay mamás que están buscando al niño que llevan en la mano y dicen ¡Pero dónde dejé a mi niño!
Si tú y yo, mantenemos nuestra mente
desordenada, si permitimos que nuestro interior esté desordenado, será
muy fácil que perdamos muchas cosas.
Si tu hogar está desordenado será muy fácil que tus hijos
se pierdan. Si tú vives una vida desordenada como hombre, o como mujer,
es muy fácil que el hogar se afecte, que el matrimonio se afecte, que
en general los miembros de tu familia se afecten, porque Dios no es un Dios
de desorden. Dios es un Dios de orden.
Por lo tanto para nosotros, encontrar siempre lo que necesitamos, para encontrar lo que estamos buscando será preciso mantener nuestro interior, nuestra mente, los pensamientos, las emociones, en orden.
Un escritorio en orden, una mesa de noche en orden, un closet en orden, porque si las cosas están en orden, será más fácil encontrarlas. Si por el contrario perdemos algo, será muy difícil encontrarlo entre el desorden.
Interiormente a qué desorden nos estaremos refiriendo?
Si tú mismo, si tu misma no te recuerdas en dónde están las cosas, cualquiera te las podrá quitar.
La segunda cosa para encontrar algo es que tiene qué haber luz. Donde hay tinieblas y desorden, normalmente las personas o las cosas se pierden; pero donde hay luz y hay orden, ni las personas ni las cosas se pueden perder, porque será fácil encontrarlas. Por lo tanto, si tú quieres recuperar en tu vida algo que has perdido, sencillamente, enciende la luz de la Palabra y ponte a barrer tu casa.
Saca cuanta cosa esté en tu casa que no sea buena; revisa qué tienes en películas, revisa qué tienes en música y peor si todavía tienes bar y en un rinconcito tienes tu lugar para adorar al Señor Dios, pero en la sala tienes la adoración al dios falsa seguridad.
Pero date cuenta de que no podemos mezclar las cosas. Necesitar joven que escuchas revisar tu vida. Si tu vida está abriendo las puertas a las tinieblas y ya el desorden, el caos es inevitable ¿Sabes qué? Todo es cuestión de tiempo, porque el dolor, va a venir. Sólo es cuestión de esperarlo.
Y si tú que escuchas, soltero, casado, o quien sea que escuchas este mensaje, dices: “No quiero sacar ni esto, ni esto otro, ni aquello” bueno, pues entonces tendrás qué atenerte a las consecuencias, pero de que duele, ¡Duele!
Cuando se vive una vida ordenada, nos va bien, pero cuando decidimos vivir una vida en desorden todo comienza a ir mal hasta arrastrarnos a infiernos de desesperanza, auto conmiseración, y mentira.
Así que si quieres encontrar lo perdido, tendrás que querer encender la luz de la Palabra. Por ello el salmista dice en el salmo 118: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero”.
En este momento te invitamos a levantar tu ser entero al Señor levantando tus brazos también y dile a ese Dios que sólo desea tu bien y la paz de tu corazón: “En tu nombre, desde ahora mismo, me decido y pongo a caminar mi fe apoyándome en tu gracia, en tu Palabra para que tu luz entre a mi vida, ……y de esa manera, nada en mi vida, se perderá”.
Cuando el apóstol Pedro pasó la noche pescando y no pescó nada, al día siguiente cuando estaba arreglando las redes, Jesús el Señor llegó y mirando las dos barcas que estaban ahí y escogió una y sabes por qué hizo esto? Porque Dios observa y escoge es decir, Dios observa a varios y escoge a uno, al que se abrió, al que quiso obedecerle. Jesús sabía que encontraría la obediencia necesaria para que Pedro obtuviera una pesca abundante y maravillosa.
Y lo primero que le dijo Jesús a Pedro fue: “Aparta tu barca de la tierra y llévala mar adentro”. Mi hermano, hermana que escuchas: No podemos tener en nuestro hogar, en nuestra persona, en nuestro trabajo, a donde vamos a Jesús, mientras no saquemos de la orilla de lo terrenal, de lo carnal, nuestra vida y podamos llevar a mar adentro, al mar de su Palabra, lo que Él nos ha dado para que lo administremos, lo cuidemos, lo fructifiquemos.
Si quieres la paz del corazón, la salud mental, la tranquilidad en tu vida y en el mundo entero, la condición será, sepárate de lo terrenal, del egoísmo que te engaña haciéndote creer que esa situación te produce más luz y plenitud cuando te está ocasionando mayor esclavitud y la pérdida de tu dignidad.
La orden de Jesús es “Ve mar adentro, sepárate de lo terrenal y echa la red”. Cuando el Señor le dice a Pedro “Echa la red”, Pedro le responde: Toda la noche la hemos pasado tratando de pescar y ¡Nada hemos sacado! Sin embargo, en tu Palabra, echaré la red.
Así que hoy, aquí y ahora, poniendo
nuevamente a caminar tu fe, di allá en tu interior y a ser posible
en voz alta para que tus oídos lo escuchen y tu fe se acreciente:
“Señor, en tu Palabra, echaré la red, aunque no sea la
hora, ni el momento ni la marea esté a favor de la pesca, si tu Palabra
lo dice, yo lo hago” Amén
Pedro echó la red y sacó peces aunque no era la hora de pescar, no era el momento, no era el lugar, ahí no se recogía nada, pero la Palabra de Dios es capaz de hacer que aparezcan peces donde no tiene qué haber.
Tu ser entero, hoy aquí y ahora necesita reconocer que Dios es el Señor de los tiempos. Cuando Jesús habla con sus discípulos les dice: Ustedes dicen que no es tiempo de cosechar, pero Yo les digo alcen sus ojos y miren que la cosecha está lista…pero podríamos decir ¡Cómo así!, pero si ellos eran expertos sembradores y ahora resulta que ¡Jesús estaba cambiando el tiempo!
Ellos no salían a cosechar porque sencillamente no era tiempo de cosechar, pero Jesús les dice: Ustedes dicen que no es tiempo, y en su mente humana racional, sistemática y apegada al mundo tienen razón, pero Yo les digo que alcen sus ojos y vean, porque la cosecha está lista y los campos están listos para la siega.
Quienes tenemos fe en Dios, no podemos apegar nuestra salud mental a criterios mundanos sin fe, como tampoco podemos apegar nada que forme nuestra vida incluyendo nuestra economía por ejemplo diciendo referente a esta que sólo en diciembre es cuando se van a dar las ventas más altas pero y qué tal que no es así o mejor, por qué limitas la bendición a un mes, cuando Él quiere dártela todos los días del año.
El Señor te dice hoy, aquí y ahora: Alza tus ojos, las ventas ya están listas, ese apego está siendo transformado en libertad ahora mismo en mi cruz, la amante de tu esposo y tu esposo están siendo lavados y libertados por mi sangre, tu negocio está listo para prosperar, pero necesitas ¡Creer!
Y la no fe y el sistema de la lógica humana sin Dios te gritará que es locura que creas que Dios puede liberarte, y que te está liberando en este mismo momento de tus miedos, de las malas ventas, de los pleitos en casa, etc, etc, etc.
Sabes? Dios libera y prospera a tiempo y a destiempo, porque cuando le crees a Dios, su Palabra rompe los esquemas y aunque el mundo dice “No es tiempo” tu proclama con tu boca: Voy a confiar en el Señor dueño de los tiempos.
No pongas la fe en el corazón de la amante de tu esposo o en la fuerza de voluntad que tengas para salir de esto o de esto otro problema, o en los productos que vendas, sino más bien pon tu fe en el poder de Dios, pon la fe en su Palabra. Estate en casa creyendo y sal a la calle creyendo, pero que cuando te encuentres a otros sin fe, no vayas a permitir que tu fe se contamine.
Mira bien lo que sigue: las personas que conocemos que no conocen a Cristo más que superficialmente, sirven para una oportunidad doble: a ti, para que les des a conocer a Cristo y por otro lado no servirán para meter sus conceptos en tu mente.
Porque tú crees de una forma, y las personas que no han puesto a caminar su fe de manera más profunda, no pueden creer de la misma forma que tú crees. Cuántas personas creen y su gente o aquellos y aquellas que les rodean les creen ridículas, absurdas, tontas, bobas; por eso dice la Palabra del Señor que Dios escogió lo tonto del mundo, para confundir a los sabios y a los entendidos.
El entendimiento y la sabiduría del mundo serán siempre avergonzados por la fe de los hijos de Dios.
Cuando el profeta Elías llegó a declarar la crisis que había de venir y dijo que iba a dejar de llover y que sólo iba a llover cuando él lo dijera por la palabra de Él. El era un profeta y lo sabía es decir, reconocía la vocación a la que había sido llamado. El no dudaba de quién era. El decía: Vive Yahvé en cuya presencia estoy. Esto lo puedes confrontar en 1ª de Reyes 17.
“No va a llover a no ser por mi palabra” decía Elías. Hoy queremos que seas consciente de que tus palabras tienen mucho poder. Si dices que no vas a poder, no vas a poder. Si dices que no vas a sanar, no vas a sanar. Si dices referente a tus ventas o tu trabajo: pues a ver cómo me va….
Tu boca tiene qué hablar Palabra de Dios, no palabra vacía sin fe. Dios lo ha dicho: ¡Se va a cumplir! Y así se hizo con la palabra de Elías: cuando dijo no va a llover, no llovió y cuando se dirigió a la viuda de Sarepta, le dijo: Dijo Dios que no va a escasear tu harina ni se va a terminar tu aceite y no escaseó ninguna de las dos cosas y se cumplió la Palabra de Dios.
Pero cuando llegó el profeta a la casa de la viuda y le dijo: Dame de comer y aparte le pidió agua. La viuda agarró el vaso con agua y se lo dio, pero cabe señalar que había sequía sin embargo le dio el agua, pero cuando le dijo: hazme un pan, ella como que se hizo la que no oyó y seguramente Elías le diría, pero por qué no quieres hacerme el pan y sí me das el agua que es más difícil de conseguir.
Ella le dijo: Mira, aquí solo tengo un poco de aceite y un poco de harina. No vamos a cocinar un pan mi hijo y yo y luego nos dejaremos morir. Aquí podríamos preguntarnos ¿Por qué la viuda no protestó por el agua pero sí por la harina para hacer el pan?
Y una posible respuesta es porque la expectativa de vida de la viuda, era muy corta. Ella seguro pensó, para qué quiero agua aunque escasa hay, pero al fin que ya me voy a morir y no la necesito así que se la puedo dar al profeta.
Normalmente tú y yo, eso es lo que hacemos con el Señor Dios: le damos lo que nos sobra, lo que no duele, lo que no pesa Pero Elías conociendo a Dios pidió a la viuda lo que sabía que podía pedir: una torta es decir, un pan prometiendo que la harina no escasearía nunca. Y no escaseó nunca. Se cumplió la Palabra de Dios, se cumplió la palabra del profeta, pero también lamentablemente se cumplió la palabra de la viuda, porque su hijo, murió, como ella lo dijo.
Y aquí estamos en un problema serio, porque Jesús ora delante de Dios por mi y por ti, intercede por cada uno de los seres humanos…y Jesús derramó su sangre y le costó y le dolió tu bendición, la gracia, la prosperidad, la unidad de tu familia, la paz de tu corazón, y al otro día a las 4 de la tarde, en el café de la esquina con la reunión de amigos o a las 12 de media noche encerrado, encerrada en tus pensamientos negativos, estás contaminando toda tu fe y comienzas a hablar tu propia palabra, contraria a la palabra de Dios.
El problema es que la tuya también se cumple, y si sigues hablando: Nunca lo voy a recuperar, nunca voy a salir adelante, esto está en chino para mi, no puedo, de esta no me levanto, me voy a enfermar, esto va a ser terrible para mi, no lo voy a soportar, pues entonces no queda otra más que sea hecho como tú dices.
Será hasta que comprendas que si eliges proclamar tu palabra lo que harás será cancelar la Palabra de Dios. Y será hasta que aprendas a hablar Palabra de Dios se hará lo que Dios dice y digas, el profeta dijo y yo también, y digas: Dios me va a sacar adelante porque yo estoy poniendo todos los medios y mi buena voluntad y grites: Mis hijos no van a mendigar ningún pan, ni yo tampoco. Dio me va a levantar, así me lo dijeron y así será hecho. Dios no va a fallar. Todo esto va a ocurrir. Amén
Será mejor que cierres la boca si no sabes hablar porque de otra manera, la misma vida te va a enseñar a cerrarla. Estás condenando a tus hijos, estás profetizando cuando dices, ¡Es un tonto, no va a pasar el examen, mi marido seguirá siéndome infiel, yo no puedo dejar esta relación en la que me he metido por tener miedo a hacerme responsable de mi vida, de mis emociones, mi negocio va de mal en peor y mi familia nunca lo va a lograr!
Pero que no tendríamos que hablar de otra manera? Todo lo podré en Cristo que me fortalece, y campeón, tú lo vas a lograr, y el negocio irá de más a más y mi familia se va a levantar y esta humanidad se va a engrandecer porque la sangre de Cristo no ha sido inútil sino la mayor bendición que el Padre nos ha podido dar.
Lo que oigas con los oídos del corazón de la Palabra de Dios, confiésalo con la boca Ojalá que no te avergüences de dar testimonio de andar con el Señor, pues a mi y a ti que escuchas, cómo no te daba vergüenza andar con aquél amante, entre aquellas mentiras, tomándote hasta los huevos del curandero…..
Dios hoy te está hablando personalmente pero necesitas creerle! Cree en Dios y vivirás confiado y si crees a sus profetas, serás prosperado.
Mateo 13 Dice que unas de las semillas, cuando crecieron, los afanes de la vida y el engaño de las riquezas, ahogaron la Palabra y la volvieron infructuosa.
Palabra infructuosa, La Palabra no la vuelve infructuosa el que predica, sino el que la escucha. Tus afanes no pueden ser tan grandes que ahoguen la Palabra. Fíjate bien cómo la Palabra está viva, pues de otra manera, cómo se podría ahogar y permitimos que el afán llegue a ser más poderoso que la Palabra.
Dios nos siembra en el corazón una Palabra, pero el engaño de la riqueza y el afán de la vida la ahogan y la vuelven infructuosa. La semilla sembrada, la simiente, la semilla incorruptible de la Palabra de Dios, adentro traía tu prosperidad y tu riqueza, pero el engaño del egoísmo y el afán ahogó la Palabra que traía tu riqueza y te quedaste sin la riqueza del mundo y sin la de Dios.
Si tu riqueza no sale de la Palabra, ¡Entonces de dónde está saliendo! Sale de otro sistema. Cuando ese sistema colapsa el afán es inevitable, el engaño de la riqueza, inevitable y eso, inevitablemente ahoga la Palabra y la Palabra ya no pudo dar fruto de donde venía tu bendición, porque tu bendición viene en la Palabra. No puedes ahogar la Palabra con nada, porque pierdes la bendición que te fue enviada.
¿Por qué mucha gente no sale adelante a pesar de oír mucha Palabra? Ninguna de la Palabra oída ha podido dar fruto. Escuchan una Palabra y la ahogan y vuelven a necesitar otra Palabra y la ahogan y vuelven a necesitar otra Palabra y la vuelven a ahogar y ninguna de la Palabra recibida ha dado fruto por el afán.
No pongas tu esperanza en lo que sientes de deleitable al mentir, al robar, al chantajear, al profanar la dignidad de otros, etc, etc. No pongas tu esperanza en las riquezas porque son inciertas. Pon tu esperanza en Dios quien te da todas las cosas abundantemente para que las disfrutes sabiamente.
La Palabra de Pablo fue esta cuando habló a Timoteo: No confíen en sus riquezas porque son inciertas. Vanidad de vanidades dijo el predicador: tener tanto y nunca disfrutarlo y ahora lo disfrutan otros. La Palabra de Dios nos dice que Él va a restituir todo lo que nos hayamos comido. La Palabra dice que si el ladrón es sorprendido, va a devolver 7 veces lo que se robó.
Necesitas una fe no corrupta, necesitas de una fe no contaminada con la comida del rey de éste siglo. Tú tienes qué comer de la mesa que adereza el Señor delante de ti en defensa de sus angustiadores hasta que tu copa esté rebosando. Necesitas comer de la mesa de la Palabra de Dios, de las manos de nuestro Señor Jesucristo, de sus labio, de donde fluye la miel y la sabiduría y tu sabiduría no te tiene qué corromper sencillamente porque tú que escuchas, no crees a este mundo, tú no crees a este sistema, porque tú crees a la Palabra incorruptible de Dios.
Dios endereza lo torcido
La Palabra del Señor en Lucas 13, 10-13 que nos habla de una mujer encorvada dice: “Una vez, en el día de reposo, Jesús se había puesto a enseñar en una sinagoga y había allí una mujer que estaba enferma desde hacía dieciocho años. Un espíritu maligno la había dejado encorvada y no podía enderezarse para nada. Cuando Jesús la vio la llamó y le dijo: Mujer, ya estás libre de tu enfermedad. Entonces puso las manos sobre ella y al momento la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios”.
Comencemos nuestra reflexión de hoy preguntándonos ¿Qué sería lo que posiblemente ésta mujer estaba pasando? Nos dice el evangelista que tenía 18 años enferma, encorvada. Esto nos habla que estaba torcida, doblada, incapacitada, limitada. Imagínate, ¡Dieciocho años caminando de esta manera, viviendo de esta manera, sufriendo de esta manera!
Quizá para poder levantar su rostro tenía que desde abajo, mirar hacia arriba. En realidad tal vez esta enfermedad estaba reflejando una atadura espiritual, es decir estaba reflejando una fortaleza del reino de las tinieblas del reino de las heridas no sanadas, del reino del no perdón, del reino de los rencores, del reino diabólico de los pensamientos negativos, y todo esto estaba sucediendo en su subconsciente que aparentemente estaba sin problemas cuando en realidad todo este volcán interno se manifestaba por medio la enfermedad que la tenía así, caída, desalentada, derrumbada, hondamente deprimida.
Hoy dicen los estudiosos que el vivir interiormente mal, provoca en el cuerpo enfermedad no sólo moral, psicológica o espiritual sino física también.
Pero dice el evangelista, que a pesar de que esta mujer estaba como estaba, se encontraba en la sinagoga. Esta mujer, a pesar de haber estado 18 años así de enferma, permanecía en la iglesia. La Palabra de Dios habla de que esta mujer no tan sólo estaba en la sinagoga, sino también bajo un pacto, porque era judía es decir, estaba bajo el pacto de Abraham y por lo tanto, ella no debía estar así, porque lo que había declarado el Señor en el pacto de Abraham, eran bendiciones para sus hijos y no maldiciones y en aquella época la enfermedad física era considerada un castigo por el pecado.
Hoy, aquí y ahora, habemos muchos que estamos de la misma manera que ella: enfermos. Habemos muchos encorvados aún dentro de la iglesia y cuando hablamos de encorvados, quizá físicamente no lo somos, pero hay alguna área de nuestra vida que está encorvada. Vivimos limitados por fortalezas causadas por la no fe, por dejarnos arrastrar por la sensación que despiertan en nosotros ciertas heridas no sanadas, no asumidas, no entregadas de verdad al Señor Dios. Y estamos hablando concretamente del egoísmo, de la no fe, de la negatividad.
Y una persona encorvada, no puede vivir una vida normal, porque hay algo que está amarrando su avance en determinada área…cabría preguntarnos ¿Qué es lo que he permitido que me encorve a tal grado que he perdido el encanto de vivir?
¿Qué es lo que me está limitando para vivir una vida de fe plena, entregada al Señor? ¿Qué es a lo que aún me aferro permitiendo que me restrinja y hasta me incapacite tanto que no puedo soltar ese resentimiento o esa emoción que me está destruyendo y no me permite disfrutar de la vida como Dios quiere que la disfrute?
¿Cuáles han sido mis pensamientos en estos últimos 18 años? ¿No serán estos pensamientos los que han influido en la enfermedad o las enfermedades que padezco actualmente? ¿Tal vez enfermedad física o mental como la hipersensibilidad, es decir, ese no soportar nada a tal grado que me enfurezco permitiendo hacer cada vez más grave lo que la psicología llama: neurosis?
¿Tal vez me creo un “buen cristiano” un buen seguidor de Jesús y hasta me siento en los primeros lugares en la iglesia o aquí en este taller, y escucho la predicación, la Palabra del Señor pero sigo dejándome esclavizar por lo torcido, por lo torcida que yo mismo, yo misma me he permitido estar?
Todos los que de una o de otra manera estamos encorvados, tú, hermano que escuchas y yo, sabemos de qué se está tratando éste tema, porque tanto yo como tú, hemos estado restringidos, limitados, incapacitados en un área específica de nuestra vida.
Seguramente tú que escuchas, quisieras no estar restringido, restringida en el área del perdón, en el área del amor, en el área de la fe, en el área de la esperanza. ¿Ya pensaste cuál es la causa de tu infelicidad? Tal vez te volviste dependiente respecto al tabaco, al alcohol, la droga, los juegos de azar, el trabajo, el estrés, la neurosis, el sexo, el enamoramiento, la persona amada, la propia perfección moral, las prácticas religiosas y no puedes ser feliz.
¿Sabes? Si enajenas tu libertad, dejarás
de comportarte como persona madura y caerás en una regresión
pavorosa. No sólo volverás a la inmadurez infantil sino que
adoptarás la condición de objeto o cosa. Y esto viene por dejarte
poseer, dominar y destruir por un ser humano o por un pensamiento, emoción
o actitud. Y como aquella mujer encorvada, estás degradando el altísimo
valor y dignidad de tu naturaleza humana y divina que Dios te dio como su
hijo, como su hija que eres.
Hoy, en nuestra sociedad, en nuestro mundo, en nuestras casas, a donde vamos,
por las calles, en los autos, en el bus o combi, a pie, hay muchos y muchas
encorvados….por ello será muy importante que conozcas cómo
puedes reconoces si tú estás encorvado, encorvada.
Dos manifestaciones que muestra que una persona está encorvada interiormente son:
1.- Por su personalidad, por su forma de ser, por su carácter no educado por la fe. Hay personas que están encorvadas en algo interno de su personalidad, tal vez te ocurrió a ti que escuchas, que tiempo atrás te marcaron en tu vida con una palabra; te marcaron en lo más íntimo de ti, de tu capacidad afectiva; te dijeron o te hicieron algo y eso fue afectando de tal manera tu forma de ser, tu carácter y has vivido de esta manera sin poder lograr lo que Dios te mandó a hacer y el sueño de tu vida se ha esfumado.
Pero sabes mi querido hermano, hermana que escuchas, dependerá de una actitud positiva para comenzar a levantarte, porque donde está tu actitud positiva, ahí está tu altitud espiritual.
Y tú actitud viene de tu carácter y si tú no has sabido cómo forjar tu carácter como lo forjó Jesús, no podrás abrirte paso en la vida. Hemos visto personas con grandes talentos y dones tremendos, pero su personalidad y su carácter no les ayuda no porque tengan una personalidad que no sirve. ¿Sabes? No hay personalidades en toda la tierra que no puedan crecer y madurar
Personas que son fantásticas haciendo lo que hacen pero su carácter no educado no les ha llevado más lejos. Pero hermano, hermana que escuchas, Dios te puede abrir puertas grandes, pero si tú eliges permanecer encorvado, encorvada en las heridas que fueron haciendo que tú te llegaras a pensar tan inservible, tan malo, tan mala, que no mereces amor, que no mereces perdón, nunca podrás sostenerte en las dimensiones donde Dios te quiere llevar. Y Dios por sobre todo quiere liberarte del egoísmo, de todo aquello que tu corazón se ha apegado.
Hay personas aquí que podrían ser jefes en la compañía en donde trabajan pero su carácter, su personalidad no educada por la fe, no se lo permiten; hay personas aquí que podrían ser grandes líderes espirituales, pero su carácter, su personalidad no educada por la fe no se lo permiten; hay personas que podrían ocupar posiciones tremendas en el gobierno o en otros lugares, pero su personalidad y su carácter no educado por la fe no se lo permiten; hay personas que podrían tener matrimonios felices, o amistades reales, auténticas, valiosas, pero su personalidad y su carácter, no educado por la fe no se lo permiten; son personas que viven encorvados, porque el peso del rencor, del miedo, de la inseguridad, del enojo, del desamor, de la deshonestidad, de la falta de respeto, de la infidelidad, de la mentira, del apego, los domina y el lastre de la no fe les va agobiando día con día….hasta encorvarlos más y más y más y más….
Las personas que tienen problemas de personalidad y carácter por no querer educarlo por la fe, por la esperanza y por el amor, lo reflejan en la debilidad de la carne, es decir, en la debilidad de la fe que les imposibilita para fiarse totalmente del Señor Dios.
La no fe limita a tal grado el corazón humano que lo lleva a vivir agobiado por el peso de la mundaneidad es decir de lo que maltrata la mente y el corazón el egoísmo, y de la soberbia y a menos que Dios y tú mismo, tú misma trabajes en eso, jamás y nunca podrás llegar a donde Dios te ha destinado y Dios te ha destinado a ser libre, como Jesús.
2.- La segunda área en donde muchas personas están encorvadas es en el área de las relaciones familiares, matrimoniales, en el área de la amistad, entre compañeros de trabajo que te limitan, que te afectan no tanto por ellos mismos, por ellas mismas, sino por la actitud tuya que tomas ante su forma de ser o ante tu propia forma de pensar o de sentir; mujeres que están escuchando este mensaje, que oraron por el hombre que tienen hoy y ahora están orando para que Dios se lo quite….
Hay personas que viven encorvadas por las relaciones que tienen. Hay no sólo mujeres sino varones que viven sufriendo por la relación que tienen dentro de su casa; personas que si fueran francas hoy, le tendrían que decir al Señor igual que el centurión le dijo: “Mi problema no está en mi, mi problema está en mi casa”, porque yo, tú que escuchas, proyectamos una imagen como que todo está bien, como que todo marcha bien cuando en casa tenemos un verdadero problema.
A veces damos la impresión cuando llegamos a un lugar, que las puertas son mágicas, porque cuántas veces vamos discutiendo por el camino y cuando llegamos a donde tenemos qué llegar, hasta nos tomamos de la mano, ponemos una sonrisa y en el caso de entrar a un grupo de oración, o a la iglesia, comenzamos a adorar al Señor y nos vamos contentos y tranquilos hasta que llegamos al auto o a la combi o el bus, y otra vez sigue el problema.
Hay personas que viven sufriendo en secreto, encorvados por una relación que no funciona; encorvados por una relación que no está trabajando, quizá no sea solamente matrimonial, sino que te afecta también lo que tus hijos están haciendo hoy; te afecta lo que tus hijos son hoy y vives encorvado y quisieras vivir de otra manera, pero vives encorvado porque tus hijos no son lo que tú deseabas que ellos fueran.
Hay personas que viven negando la realidad, pero la realidad es que tú no caminas normalmente por fe, sino que escoges estar encorvado, encorvada, porque tenías sueños para tus hijos y hoy ellos no viven el sueño que tú tenías para ellos, y has comenzado a dar entrada al desaliento a la incredulidad, a la desconfianza, a la negatividad y profetisas que tus hijos nunca cambiarán.
Hay personas que viven encorvadas por las circunstancias que surgen a su alrededor, circunstancias de las que no se tiene control. Circunstancias que vienen a la vida por accidente, inesperadamente como cuando a alguien le dicen que tiene unos meses de vida o que será sometido a una intervención quirúrgica en la que puede perder la vida porque es muy riesgosa, o por otras cosas que suceden así, intempestivamente como la muerte y que otras personas pueden controlar por su fe y su profunda relación con Dios y la conciencia que tienen de lo frágil de la vida humana aceptando que somos peregrinos y que en esta tierra estamos sólo de paso.
Tal vez tú que escuchas estás controlado por circunstancias financieras, y lo que vas a recibir la próxima semana ya no es tuyo; circunstancias financieras que te agobian y te hacen caminar encorvado porque tú quisieras hacer más pero no tienes para hacer más; tienes sueños pero no tienes para ir más allá de los sueños. Quizá hoy te encuentras caminando encorvado, encorvada por las deudas, pero ¿quién no ha estado ahí?
Nosotros te lo decimos por experiencia….sabemos lo que es levantarse por la mañana pensando para ver cómo hacerle para pagar la renta o para pagar la luz o el gas….
Enfermedades que surgen de momento que uno no sabe ni de dónde surgieron; esta mujer de pronto durante tanto tiempo se vio envuelta por esa enfermedad y su vida giró en torno a ella, teniendo la necesidad de mirar no sólo uno sino todos los médicos que existían en esa región y en aquél tiempo….
Pero Dios no permite la enfermedad para que caminemos encorvados, ni limitados, ni restringidos ni agobiados. No.
Dios no permitió que nacieras para que tuvieras una existencia encorvada. Dios no te trajo a este lugar para que camines en esclavitud, restringido, restringida sin libertad interior. (Mús)
¿Sabes? Hay cuatro cosas que Jesús el Señor hizo por esta mujer y que va a hacer por ti hoy para enderezarte:
1.- Jesús la vio, la miró, se interesó por ella y quizá tú que escuchas has pensado que nadie se interesa por ti, quizá tú has pensado que nadie te ve a ti, quizá tú has pensado que nadie se ocupa de ti, que tú estás sólo, pero precisamente estamos aquí presente en tu vida para decirte que hay Alguien así con mayúscula que te ha mirado, que te está mirando y que nunca te dejará de mirar. Hay Alguien que puso su mirada en ti y sabe lo que tú estás sufriendo y sabe lo que tú estás pasando y sabe lo que tú estás luchando. Tú no tienes qué contárselo a nadie; Él lo sabe todo, Él sabe, Él conoce y se interesa por ti.
Él se interesa por ti, Él se interesa por ti, Él se interesa por ti, mientras otros no se interesan por ti. ¡Qué te importa a ti toda esa brizna de la no fe y de la inestabilidad humana! Él se interesa por ti….Él se interesa por ti, Él es el Amigo fiel, el Amado fiel, el único Dios verdadero, la fidelidad misma…Él se interesa por ti….Él no te va a dejar. Él te mira todo el tiempo y cuando Él te mira es porque está interesado en ayudarte. Cuando Él te mira, Él te observa, mientras otros pasan de largo junto a ti y te dejan tirado por el camino, pero Él se interesa por ti, Él te cuida, Él te provee, Él es el Amigo que te toma de la mano y te levanta y te lleva cargado, cargada a reposar al lugar verdadero, al corazón del Padre Celestial.
Jesús ahora mismo te está viendo, te está mirando, hombre que escuchas… mujer, tú que estás sufriendo, tú que estás llorando donde tú crees que nadie te ve, Dios te ha visto aún en el cuarto privado, o en el baño o en tu interior por no tener ningún lugar en dónde desahogarte…..Él te vio que estabas llorando Él ve que tu corazón aún llora….Él te está mirando…..
Si tienes gente a tu lado dile: Dios te ha visto y Él se interesa por ti.
2.- Dice en el verso 12: La llamó y cuando Dios te llama es porque te quiere llevar a una nueva dimensión espiritual. Escucha bien, porque hay personas que no encuentran en esto nada importante, pero si tú lo miras desde la perspectiva que dice la Palabra, y la Palabra dice que ninguna hoja del árbol se mueve si no es por la voluntad de Dios, entonces tú que escuchas, te darás cuenta, que nada se puede mover ni nadie puede ir a una nueva dimensión interior, a menos que Dios lo llame, por eso Pedro no pudo salirse de la barca hasta que Jesús le dijo: “Ven” ; él le dijo, puedo ir donde tú estás y él escuchó el llamado del Señor que le dijo “Ven”.
Tú no puedes salirte de la barca, tú no puedes por ti sólo, por ti sola sanarte de ese encorvamiento espiritual a menos que el Señor te diga “Ven”. Hoy, aquí y ahora, el Señor te está llamando para que abandones la barca donde has estado encorvado, encorvada. Yo no se cuál sea tu barca hoy….si el odio, la necedad, la rebeldía, la decepción, la depresión, el desempleo, la enfermedad, el exceso de trabajo, la ambición desenfrenada, la codicia, ese masoquismo que te ha llevado a descuidarte en tu persona porque te odias, no te aceptas, no te amas…la mentira, la infidelidad a ti mismo, a ti misma, la falta de dignidad, los apegos, el miedo, la desesperanza, la frustración, la envidia, los celos, la deshonestidad, tú sabes de que barca necesitas salir hoy para desencorvarte y comenzar a tomar la altura de hijo de Dios.
Dios quiere que camines sobre las aguas, sobre cualquier circunstancia de tu vida por imposible que parezca y que no sigas más restringido, limitado, porque Él es el que te está invitando a un crecimiento interior e integral de tu vida, porque Él es el que te está invitando a una nueva dimensión de fe.
El ciego Bartimeo gritó a Jesús cuando éste pasaba por ahí, y todos le decían “Cállate” hasta que le dijeron: “Ten ánimo. Jesús te llama” Jesús te está llamando ¡Aleluya!, porque cuando Él te llama Él no te deja igual ni como tú estabas ni donde tú estabas, porque cuando Él te llama es para que tú vengas donde Él está y Él está con todo su esplendor, con todo su poder, con toda su gloria, con toda su luz, con toda su alegría, con toda su paz, con todo su amor, con toda su sabiduría, con toda su gracia en tu corazón, en tu interior…sólo basta que le creas y quieras poner por obra su llamamiento.
Yo no se qué tú estás viviendo ahora, pero lo que sí se es que Él te está llamando ahora para que escales a una dimensión más alta…Ahora mismo comienza a proclamar como una realidad este día porque este día está lleno de bendición, y proclama los siguientes días, y los siguientes meses y los siguientes años y toda tu vida, una vida llena de bendición, porque aceptas su llamado y porque aceptas vivirlo.
Y por Él aceptas tantas cosas en tu vida que habías estado rechazando, odiando…y por Él hoy perdonas y echas el amor de Dios incondicional….Y por Él hoy comienzas a vivir en fidelidad, en honestidad y en transparencia de vida….y por Él nunca más vuelves a levantar la mano ni la palabra a no ser para acariciar como Dios te acaricia a ti y a no ser para consolar o bendecir como Dios te consuela y te bendice a ti…y por Él aceptas pasar esta situación dolorosa y tremendamente difícil porque confías en que Jesús te tiene de la mano y que el Padre Celestial está de la otra orilla esperándote para abrazarte y decirte que con esta prueba tú has crecido en todos los aspectos de tu persona y de tu carácter.
No pienses cómo es que esto sucederá, simplemente necesitas creerlo y hacerlo, abandonándote como un niño en brazos de su madre, sabiendo que Él es quien tiene el timón de tu vida y dirige sabiamente todos los acontecimientos y que Él está en ti y que Él tiene el poder de endurecer las aguas para que tú camines sobre ellas.
3.- Jesús le entregó una palabra. Jesús le dijo: “Mujer, eres libre de tu enfermedad”. Mira tú que escuchas, qué cosa más tremenda, porque lo primero que Jesús hace es interesarse en el ser humano sea cual sea la situación en la que está sumergido, en segundo lo llama y en tercero le entrega una palabra pero no cualquier palabra sino una palabra llena del poder liberador del amor incondicional de Dios. Jesús no ha venido al mundo para condenarnos sino para salvarnos; no ha venido por los sanos sino por los enfermos y precisamente quiere liberarnos de todo lo que pone en juego nuestra libertad.
Hoy, aquí y ahora el Señor te dice a ti que escuchas: Eres libre de esos celos, de ese enamoramiento, de esos resentimientos, de esos miedos, de esa incredulidad, de esa enfermedad imposible de curarse a los ojos humanos, quedas libre de esto que te ha destruido tanto. Hoy, aquí y ahora yo tu Jesús, lo quiero, quedas libre de lo que te había causado tanta angustia, tanta soledad, tanta tristeza, tanto dolor, pero…y tú que escuchas, ¿Lo quieres también? ¿Quieres ser realmente libre? Si lo quieres, queda sano, queda sana desde este mismo momento….
4.- Por último para finalizar este tema te decimos que Jesús
puso las manos sobre ella y al momento la mujer se enderezó y comenzó
a alabar a Dios. Hoy desde la fe, el Señor quiere que aceptes sobre
ti su gracia, su poder que restaura y renueva la vida más gastada y
dolorida. Dice la palabra que al momento la mujer se enderezó y comenzó
a alabar a Dios. Así que hermano, hermana que escuchas, en ti está
el creerle al Señor y tomar para ti esta palabra de poder y sanidad.
Levántate en el nombre de Jesucristo. De ahora en adelante permite
que tu mente se dedique a alabar al Señor, a bendecirlo, a agradecerle.
Que de ahora en adelante sólo los pensamientos llenos de fe, de esperanza
y de amor permanezcan en ti para que tú, levantado, levantada y tocado,
tocada por el poder del Espíritu de Dios, puedas llevar a otros este
mensaje de salvación. Amén.
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios. Siéntate bien sentado, sentada. Descansa tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tus pies bien puestos en el piso si puedes. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento……..experiméntate vivo, viva…..disfruta de una profundidad inigualable, única y llena de luz……porque el que te habita, es decir, Dios, es tu luz….tu vida…tu salud…..tu paz…..tu amor…..
Hoy desde la fe adulta, esa que se apoya en Dios sin importar nada más….di no con palabras ni moviendo tu boca, sino allá en el silencio de tu ser: Hoy es el día que hiciste para mi Señor, el día de la salvación…Hoy, creo firmemente en tu Presencia en mi…Hoy ya no quiero dudar más…no importa lo que diga la ciencia o el mundo, la no fe….porque yo prefiero creer…Creo en ti Señor….Creo en ti Señor….Creo en ti Señor….
Padre Celestial, te agradezco el infinito amor gratuito e incondicional que me tienes. ¡Nadie me ha amado, me ama ni me amará como tú lo haces! Porque sencillamente tú eres el amor por el que los seres humanos podemos amarnos. Tú eres la fuente verdadera, el principio eterno, el amor mismo…..
Padre Celestial…por ti existo, y gracias a ti, estoy descubriendo mi destino eterno….y mi destino en esta tierra….el amor….
Y el amor Padre, endereza lo más encorvado, sana lo más enfermo, libera lo que está en esclavitud, ilumina lo que está en tinieblas, dulcifica y enternece al corazón más duro. Creo Oh Padre Celestial que tu amor está sanando lo que está enfermo en mi….
Señor, hoy reconozco que yo mismo, yo misma, me he causado este encorvamiento sobre todo, espiritual, psicológico, moral….por ignorancia, o por falta de oportunidades, o por no querer y rebelarme a tu voluntad santa sobre mi que es que yo sea para ti, que viva una vida honesta, una vida alegre y llena de tu poder en tu Hijo Jesús.
Padre santísimo y cariñoso, se que todo lo que toca tu gracia, lo endereza, lo sana, lo liberta….Se Padre que tú enderezas lo torcido….mira Padre, estas emociones que siento, estos pensamientos que he permitido y que no están de acuerdo al proyecto que has tenido para mi desde toda la eternidad para que disfrute y sirva a los demás en honestidad, en bondad, en ternura, en respeto, en libertad verdadera, en amor, en júbilo, en fidelidad…
Padre amado, mira también mi cuerpo enfermo…. Y derrama tu sanidad…..(Tú que escuchas, allá en tu interior, mira la parte enferma de tu cuerpo y mira cómo Jesús pone sus manos sobre esa área y la deja completamente sana)….
Padre, acepto para mi en este momento la gracia de que estoy enderezándome. Ahora mismo te estoy entregándote lo que me había tenido esclavizado, esclavizada, enfermo, enferma…..Creo y tomo para mi esta palabra de libertad. Ahora mismo me reconozco y me acepto libre de toda enfermedad, de toda atadura, de toda dolencia causada por el egoísmo, por la ceguera espiritual, por la no fe, por los resentimientos, por la soberbia, por los miedos.
Padre Celestial, se que en Jesús enderezas lo torcido y lo estás haciendo conmigo, hoy, aquí y ahora…..Señor, hoy se que me estás llamando y que lo estás haciendo….estás endureciendo las aguas para que yo pase firme sobre esto que a la incredulidad le parecía imposible, pero Señor, por ti estoy poniéndome de pie. Por ti estoy soltando las amarras, yo se que lo estás haciendo en mi Jesús. Tú me estás llamando Jesús….tú me estás llamando y se que no es lo mismo que me llamen mis amigos o los vecinos o quien vive conmigo. Desde hoy ya no haré más caso al llamado de la incredulidad. Hoy creo que me estás llamando tú Jesús y cuando tú llamas, es porque vas a hacer algo poderoso, una transformación en mi vida.
Acepto una vida vivida para ti Oh Dios….
Te alabo y te bendigo y luego de alabarte y bendecirte quiero y necesito quedarme
adorándote a ti Dios mío…..
Dios endereza lo torcido 2
Recordemos que en el mensaje “Dios
endereza lo torcido” parte uno, meditamos sobre aquella mujer del evangelio
que estuvo 18 años encorvada y cómo Jesús el Señor
la miró, la llamó, le entregó una palabra, y le impuso
las manos para que quedara libre de su enfermedad. En esta parte escucharemos
que para que fuera posible el milagro en esa mujer ella tuvo que querer dar
el primer paso. Nos dice el evangelio que luego de que Jesús le impuso
las manos, ella, se enderezo. Luego de que por su fe aceptó la fuerza
de Dios en ella, tomó la decisión de enderezarse.
Fijémonos que lo primero que Jesús hizo, con ella, no fue sanarla,
sino que fue darle una palabra porque la palabra, junto con la decisión
que tomemos luego de haber escuchado la palabra es lo más importante.
Si Jesús hubiera hecho el milagro y no le hubiera dado una palabra,
la mujer hubiera vuelto a su condición donde estaba, porque lo que
nos hace sostenernos es la promesa que viene en la palabra que quiere liberarnos
de todas las ataduras del yo, del egoísmo, de las heridas que nos hacen
respirar por el rencor, los celos, la envidia, la mentira, las tinieblas.
Cuando el Señor nos da una palabra es porque quiere llevarnos a la
paz, a la alegría, a otra dimensión interior en la que podamos
ver desde otra perspectiva esas circunstancias que nos han llevado a mantenernos
encorvados. Cuando el Señor nos da una palabra, entonces nos podemos
sostener en esa Palabra. Por eso primero antes de que tengamos el milagro,
necesitamos ir a la Palabra, necesitamos querer recibir la Palabra, porque
nunca el milagro comenzará de afuera para dentro, sino de adentro para
fuera, es decir el milagro comenzará al aceptar esa palabra especialmente
dada para mi, para ti que escuchas y que nos llena de luz la mente para que
nos demos cuenta de que necesitamos convertir el corazón al Señor
para poder caminar firmemente sobre todo en la ley del amor incondicional:
amor a nosotros mismos, amor a los demás y por supuesto, amor a Dios.
(Mús)
Hermano, hermana que escuchas, necesitas querer acercarte a la palabra, querer recibirla, creerla confesarla es decir declararla con tu boca y obedecerla con todo tu ser para que pueda suceder en ti el milagro del amor que sana, pues la vida se trata de eso, ¡De amar!; ahí está el verdadero sentido de la vida. La palabra de Dios es la que te hará caminar hacia esa nueva manera de pensar, de hablar, de obrar. Porque sólo por la palabra y tu decisión podrás renovar tu mente, cambiarla a tal grado que llegues a tener la misma manera de pensar que tuvo Cristo Jesús, tu Salvador. (Mús)
La Sagrada Escritura en el Primer libro de Samuel capítulo 2 nos dice que Ana, estaba en gran amargura suplicando a Dios por un milagro: ella le pidió al Señor ese hijo que no podía tener. Oraba por un milagro. Su milagro era quedar en cinta, salir preñada de un bebé, tener un hijo.
Cuando ella estaba orando, Elí el sacerdote la miró y pensó que estaba borracha, pero después ella le dijo que no, que simplemente estaba vaciando su corazón ante el Señor. Elí le dijo: mujer, vete y sea hecho conforme a lo que tú crees.
Cuando ella recibió la palabra: “Vete y sea hecho conforme a lo que tú crees”, todavía no había tenido relaciones con su esposo. Elí le da la palabra y le dice: “Vete, ya está hecho”. Y Ana, en ese momento se levantó y no estuvo ni un instante más triste. Sí, Ana se levantó y no estuvo ni un instante más triste. Y Ana no estuvo ni un instante más triste porque recibió la palabra creyendo que lo que se le decía ya estaba hecho, porque cuando Dios dice que va a hacer algo, Él no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Lo que Él dijo que va a hacer en tu vida lo va a hacer. (Mús)
Lucas 17, 11-19 dice: En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea. Y llegó a una aldea, donde le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra, los cuales se quedaron lejos de Él gritando: ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!
Cuando Jesús los vio les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad. (Mús)
A Jesús le salieron al paso diez leprosos y le pidieron al Señor que los sanara. Le dijeron: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros y el Señor les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Fíjate como ellos, los leprosos recibieron la palabra del Señor, creyeron en ella, la confesaron y la obedecieron al ir a presentarse a los sacerdotes para certificar que estaban sanos, pues los únicos que tenían la autoridad en aquél entonces, para certificar que un leproso estaba sano eran los sacerdotes. Y es como si Jesús les hubiera dicho a los leprosos: yo les estoy dando la palabra, ahora vayan donde el sacerdote, porque si ustedes creen en mi palabra, entonces ya está hecho el milagro. Pero date cuenta que ellos tuvieron qué ir. No se quedaron sin hacer nada.
Así que si tú que escuchas, te quedas esperando ver el milagro para creer o si esperas sentir algo especial para creer, y sobre todo para obedecer, entonces nunca vas a recibir tu milagro(Mús)
Hoy, aquí y ahora, el Señor te está dando una palabra y con la palabra está seguro, segura que ya tienes el milagro hecho, como quien dice ya estás al otro lado. Si tú habías dudado de ti mismo, de ti misma, y habías pensado que no podías cambiar, hoy el Señor te está dando una palabra en la que necesitas creer y a la que tienes qué recibir para enseguida ponerla en práctica. Si Dios te ha dicho por la palabra que ha depositado toda semilla para que tú puedas ser un hombre pleno, una mujer plena, necesitas luego de creer y aceptar todo esto, poner a caminar todos los dones para que comiences a crecer interiormente y este crecimiento se refleje en el exterior también.
En el nombre del Señor Jesucristo
te decimos: Deja ya de estar encorvado encorvada, y aunque por fuera todavía
los demás te vean encorvado, encorvada, por dentro tú sabes
que día con día, momento tras momento está sucediendo
el milagro de que tú quieras hacer la voluntad de Dios. A pesar de
que en ocasiones parezca que vuelves para atrás tú sabes que
no es así; tú sabes que ya no puedes volver a estar igual nunca
más porque el Señor te ha dado una palabra y te ha tocado el
corazón y tú le has creído por fe, y por eso está
sucediendo el milagro de crecer en el amor, en la paciencia, en la humildad,
en el perdón, en el servicio al prójimo, tú sabes que
está sucediendo el milagro de querer ser con su gracia un verdadero
hijo, una verdadera hija, de Dios. (Mús)
Qué testimonio más hermoso nos dan aquellas personas que han
comprendido lo importante que es vivir por fe y una decisión bien determinada
a esperar en el Señor aunque pareciera que se hunde el mundo por ejemplo,
cuando están pasando por pruebas, buscan la Palabra del Señor,
y luego de leerla por fe, la reciben por fe, la llevan dentro y los que les
vemos decimos: “Pero cómo puede ser que éste o esta está
tan tranquilo si está pasando por lo que está pasando”
Y nos podrían responder: “Es que yo ya recibí la Palabra
y estoy caminando por lo que Él me dijo”. (Mús)
Si tienes a alguna persona a tu lado dile: El Señor te está dando una Palabra hoy. (Mús)
Dice la palabra “Mientras los leprosos iban” es decir que no dice que los leprosos se quedaron esperando ni diciendo como muchas veces tú y yo decimos: “Señor, no vemos nada”.
Dice: “Mientras iban caminando recibieron el milagro”. El Señor te da una palabra hoy y es por la palabra con lo que tú vas a defender a capa y espada lo que el Señor está haciendo por ti ahora mismo.
Hermano, hermana que escuchas, es con la palabra que tú vas a asentar las estacas para que el milagro que el Señor va a hacer en tu vida no se vuelva a atrás. Donde tú pasaste no vas a tener qué pasar otra vez. Donde tú caminaste, no vas a tener qué caminar otra vez. Y este mensaje precisamente viene a decirte hoy que si estuviste encorvado por un tiempo, cuando te endereces, no vas a tener qué pensar: “Vuelvo otra vez a eso”. No, porque ahora tienes la palabra”.
Toca nuevamente a alguien y dile: “Yo tengo la palabra para defenderme, para levantarme, para alegrarme, para lanzarme hacia delante, para ser feliz, para vivir libre de toda dependencia, para caminar en honestidad y dignidad, para ver la luz, para abrir puertas, para cerrar otras, para comenzar una vida nueva, para vivir como Dios quiere que viva, para liberar a otros, para darle la mano al que necesita, para amar como Dios me ama a mi, para ser portador de vida en abundancia, para servir con generosidad, para descansar en Dios. Yo tengo la palabra para defender lo que el Señor está haciendo y hará en mi vida”. (Mús)
Ya en la parte uno de este mensaje “Dios endereza lo torcido” vimos que finalmente Jesús tocó a la mujer imponiéndole las manos.
Y hablando de las manos, permítenos decirte lo que leímos en un artículo científico: Decía que el foco de infecciones principalmente está en las manos. Por eso es que los médicos constantemente dicen: “Usted tiene qué lavarse las manos” porque por medio de las manos se transmiten infecciones, se transmiten gérmenes.
Esto es así en el mundo natural, pero en el mundo espiritual, en el reino del Señor sucede exactamente todo lo contrario. Cuando Jesús puso sus manos sobre la cabeza de esta mujer, no le transmitió gérmenes, no le transmitió enfermedades, porque cuando el Señor toca a alguien le transmite la vida de Él, le transmite la salud a su mente, a su psicología, a su alma, le transmite la disposición interior para vivir en la libertad gloriosa de los hijos de Dios, le transmite esa certeza de ser un hijo inmensamente amado, una hija inmensamente amada por el Padre Dios.
Cuando Dios toca el corazón del hombre lo deja disponible y dócil a todas las inspiraciones del Espíritu. (Mús)
El Señor en el evangelio, nos dio la palabra de ir por todo el mundo para predicar el evangelio a toda criatura y nos dijo que el que creyere y fuere bautizado será salvo pero el que no crea será condenado, no por Dios sino por su vida sin fe por su negatividad. Dijo que las señales que seguirán a los que creen en Él serán que echarán fuera demonios, es decir, echarán fuera todo lo que destruye la mente y el corazón del hombre y pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán. (Mús)
Dios no nos puso en el negocio de enfermarnos a nosotros mismos ni para enfermar a los demás, sino que nos ha puesto en el mejor negocio que pudiera existir, el negocio de transmitir la vida de Dios a través de nuestras manos, a través de nuestra mirada, a través de todo la positividad que engendremos en nuestra mente y corazón.
Dios el Padre Celestial te dice a ti que escuchas: Tus manos están bendecidas porque en ti habita mi Hijo Jesús. Tú has sido vivificado, vivificada por mi Espíritu. Tus manos están bendecidas. Todo lo que toquen tus manos está bendecido.
Y si tienes ahora mismo a alguien a tu lado dile: Te paso la bendición de Dios y tú estás bendecido porque yo estoy bendecido y yo estoy bendecido porque tú estás bendecido. (Mús)
Nada de lo que Jesús tocó se quedó igual . En el mismo evangelio de Lucas 7, 11-15 encontramos que Jesús se dirigió a un pueblo llamado Naín. Iba acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar cerca del pueblo, vio que llevaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre que era viuda. Mucha gente del pueblo le acompañaba. Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: No llores.
En seguida se acercó y tocó la camilla y los que la llevaban se detuvieron. Jesús le dijo al muerto: Joven, a ti te digo ¡Levántate! Entonces el muerto se sentó y comenzó a hablar y Jesús se lo entregó a su madre. (Mús)
Fíjate cómo aquí Jesús no tocó al muchacho sino que dice que Jesús se acercó y tocó la camilla. Sí, Jesús no tocó al joven pero cuando tocó la camilla la vida de Dios fluyó y se extendió sobre el muchacho. Aquí no nos habla de que los que han muerto físicamente van a resucitar. No. Los que murieron físicamente ya cumplieron aquí su misión sea cual haya sido su forma de morir. Aquí más bien nos está hablando a los que estamos muertos por no querer poner a caminar la fe, la esperanza, la positividad y el amor. ¿Sabes, querido hermano, hermana que escuchas? Cuando Dios toca alguien no se puede quedar igual. Y hoy Dios te está tocando allá en lo más profundo de tu ser y por ello te decimos: No te puedes quedar igual, no te puedes quedar igual, no te puedes quedar igual, no te puedes quedar igual, no te puedes quedar igual, no te puedes quedar igual. No, no, no te puedes quedar igual. (Mús)
Cuando Jesús tocó los panes y los peces, los panes y los peces no se quedaron igual sino que se multiplicaron. Cuando el Señor tocó los ojos al ciego, el ciego no se pudo quedar igual. Inmediatamente sus ojos fueron abiertos. Cuando él tocó a los leprosos, los leprosos recibieron sanidad y cuando el Señor tocó a la mujer que estaba encorvada, la mujer se enderezó.
Este mensaje viene a decirte que no hay vida que el Señor no pueda tocar ni transformar, pero tú necesitas tomar la decisión de querer cambiar y comenzar a poner en tu mente los pensamientos que influirán en este cambio. Toda vida que toca el Señor Jesús no se queda igual. Y Jesús el Señor está trayendo para tu vida la gracia de que quieras cambiar la información negativa que has permitido en tu cerebro, en tu mente, en tus hábitos, en tus palabras, en tu personalidad, en tu carácter y por lo tanto, en tu vida, por una información llena de la Palabra del Señor.
Dios ha venido a tocar en ti lo que está encorvado, lleno de lepra, muerto; Dios ha venido a tocar tu ceguera, tu mudez: Dios te está abriendo los oídos para que escuches y recibas esta palabra. Dios está tocando las fibras más sensibles de tu corazón. Toca a alguien que tengas a tu lado y dile: Él te está tocando ahora mismo. Acepta en la fe este toque de Dios. (Mús)
Elías el profeta de Dios fue tocado por el ángel dos veces y el segundo toque le hizo caminar sin comer nada ni beber nada, cuarenta días y cuarenta noches. Para que sonrías piensa en toda la comida que se pudo ahorrar en ese tiempo.
¿Sabes? cuando el ángel lo tocó, le impartió la vida y Elías el profeta se levantó y no necesitó ni comida ni bebida y pudo caminar cuarenta días y cuarenta noches sin parar, ¡Por un simple toque de Dios!
A veces las personas sobre todo aquellas que han sufrido de la herida de injusticia y han crecido en ambientes muy rígidos se preguntan bueno y para qué todo eso de tocar, de imponer las manos incluso, de abrazar, pero saber que Dios nos hizo suyos y somos sus instrumentos capaces de transmitir la vida de Dios. Hoy la psicología y la neurociencia dicen que 48 abrazos son necesarios al día para estar plenos, 24 para vivir interiormente más o menos y 12 para sobrevivir. (Mús)
Dios te hizo a ti que escuchas, capaz de transmitir lo que tienes por dentro y si por dentro tienes muerte, vas a transmitir muerte. Hoy, aquí y ahora acepta este hecho de que no fuiste destinado, destinada para transmitir muerte sino vida y vida de Dios.
El evangelio nos dice que la mujer encorvada hizo dos cosas para recibir su milagro y esas dos cosas las tenemos que hacer hoy mismo yo, tú que escuchas.
1.- Dice que se enderezó. Fíjate bien cómo el Señor no la enderezó. Ella dio el primer paso para enderezarse. Tú no puedes esperar a que alguien venga a sanar, a levantar, a animar el área en la que estás afectado, afectada. Cuando tú des el primer paso, cuando tomes la decisión de no querer seguir muerto en vida, cuando tomes la decisión de querer ser libre de pensamientos negativos, lógicos y llenos de mil excusas y razones, cuando tú te pongas en pie decidido, decidida a soltar berrinches, palabras hirientes, actitudes egoístas, cuando te decidas a soltar lo que te daña y daña a otros, cuando te aceptes así como eres, cuando aceptes que aquél ser querido que murió ya cumplió su misión en este mundo y a ti te falta un camino por recorrer haciendo el bien como Jesús, cuando aceptes soltar los miedos, la inseguridad, cuando aceptes entregarte al Señor exactamente así como estás, con esa enfermedad que te dijeron que es incurable pero que por tu fe puedes sobrellevarla con humildad, con paciencia, con alegría, con solidaridad, con paz, cuando des el primer paso, entonces el Espíritu Santo va a tomar el control de todo lo demás.
Si hay problemas en tu matrimonio, tú tienes qué dar el primer paso de razonar con fe; si es un problema con tus familiares, o con tus hijos o padres, tú tienes qué dar el primer paso de razonar con fe; si es un problema en tus finanzas tú tienes qué dar el primer paso de razonar con fe; si tienes un problema en tu trabajo o contigo mismo, tú tendrás qué dar el primer paso de razonar con fe. Tú tienes por ejemplo, qué acabar con todas esas tarjetas de crédito que te han tenido atado atada quebrantando más tu situación económica. La Palabra del Señor dice que la única deuda que debemos de tener es la deuda del amor y el amor es posible cuando razonamos con fe. (Mús)
Ahora mismo dile al egoísmo, a la soberbia, al orgullo que ha debilitado tu relación con quienes conviven contigo y hasta contigo mismo, contigo misma: Se acabó. No más. Ahora mismo me voy a enderezar porque ya me dieron la palabra y por eso desde este mismo instante razono por fe y con fe, y desde la fe y nada más que en fe.
Si tú que escuchas estás enfermo, lo que tú no podías hacer tienes qué empezar a hacerlo en el nombre del Señor, es decir, si todo lo que habías hecho antes era vivir desalentado, sin deseo de vivir, hoy, iluminando tu razón por la fe, comienza a dar el paso de enderezarte y de unirte a la cruz de Jesús. Comienza a hacer tuyo su poder.
Hay personas que se encierran en la casa, se deprimen por la enfermedad o por los pleitos que llegan cada día, uno tras otro, o por la soledad en que se encuentran o que fomentan interiormente, pero tú que escuchas tienes qué pensar no en que estás enfermo sino en que estás sano, porque la palabra del Señor dice que hay que proclamar las cosas que no son como si fuesen y ya el Señor te ha dado la palabra y tú que escuchas tienes que comenzar a hacer algo distinto contrario a la negatividad, a la no fe. A ti que escuchas te decimos: Levántate, levántate porque la palabra ya te fue entregada. (Mús)
La 2ª cosa que hizo aquella mujer del evangelio, fue glorificar, ensalzar, alabar al Señor! Esa mujer glorificaba al Señor. Y ¿Sabes lo que significa eso? Que esa mujer no hizo otra cosa más que darle alabanza con su boca. Si de ti aún salen palabras que reflejan que estás mirando primero a ti, en medio a ti y al final a ti, quiere decir que estás muy lejos de alabar y glorificar al Señor. ¿Sabes? Lo que habla tu boca, refleja lo que tú vives.
Por otro lado, hay personas que se limitan en la manera en como alaban al Señor porque creen que no tienen un por qué estar agradecidos. La gente cuando no pasa ni un mes en un problema tiene vergüenza de glorificar a Dios, de levantar las manos, de brincar de gusto, de gritar lo inmensamente grande que es el amor de Dios. La gente cuando no pasa ni un mes en un problema no sabe de glorificar a Dios con toda el alma, con todo el ser, con toda la vida. Viven en el orgullo, en la indiferencia, en la soberbia. Pero esta mujer….18 años pasó…y tú quizá más de 18….
Cuando uno ha estado a punto de irse a la tumba y tumba no precisamente puede ser la muerte física, sino sobre todo la muerte espiritual, las ataduras, las desgarraduras del corazón por el egoísmo, viviendo sin esperanza y sabes que vino una mano y te rescató de donde tú estabas, de donde tú estuviste, tú no limitas la alabanza porque tú sabes Quién, así con mayúscula lo hizo: ¡¡¡¡18 años encorvado, encorvada!!! ¡¡¡¡18 años que no podías mirar hacia arriba!!!
Así que ahora aceptando la palabra, decídete a vivir el milagro de la positividad en tu vida no pronunciando palabras de derrota ni negatividad, sino palabras que alaben al Señor.
Ahora tú…..puedes decirle a los demás: Yo estaba encorvado, encorvada; yo estaba limitado, limitada, yo estaba restringido, restringida, esclavizado, esclavizada, enfermo, enferma, lleno de terror y ahora estoy derecho, derecha, ahora estoy sano, sana, ahora soy libre y ahora le alabo y no me importa lo que otros digan de si estoy loco, loca, pues si estoy loco, loca es de agradecimiento a Dios. (Mús)
A esa mujer no le importó nada lo que pensaran los demás cuando la vieran alabando al Señor o cuando la vieran contenta y no por ello se sentiría ridícula o le daría vergüenza que la vieran dulce, tierna, misericordiosa. Si la vieron 18 años encorvada, tal vez mal encarada, con un geniazo, soberbia, indiferente, su pensamiento seguramente fue: ¡Véanme derecha! Y sepan que el milagro lo hizo el Dios Todopoderoso. Amén.
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios. Siéntate bien sentado, sentada. Descansa tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Tus pies bien puestos en el piso si puedes. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento……..experiméntate vivo, viva…..disfruta de una profundidad inigualable, única y llena de luz……porque el que te habita, es decir, Dios, es tu luz….tu vida…tu salud…..tu paz…..tu amor…..
Ahora, desde esa fe adulta comienza a decirle al Señor, no con palabras, ni con tu boca sino desde el silencio de tu ser: Señor, en este momento lleno llena de tu gracia, te digo y me digo a mi mismo, a mi misma: Se acabó con todo esto. Se acabó con el egoísmo que he permitido. Se acabó con los rencores que dejé anidar en mi corazón por tanto tiempo.
Señor en tu nombre hoy estoy dando el primer paso para salir de todo razonamiento sin fe, de todo razonamiento lógico para entrar en la dimensión de la fe que lo trasciende todo. Hoy, aquí y ahora, de tu mano Jesús estoy dando el primer paso para salir de esta depresión causada por pensamientos negativos que he permitido tal vez desde pequeño, desde pequeña porque lo aprendí de mirar a quien estaba cerca de mi y que por no saber cómo salir de ello, también se deprimía.
En tu nombre Jesús, doy mi primer paso, levantándome de este duelo por el que paso y que creí imposible comenzar a superar…pero para ti Señor, nada es imposible…nada. Ahora mismo creo que me estás llenando de alegría, de paz, de anchura de alma, de libertad interior, de sentido de vivir.
Tú que escuchas…entrégale al Señor todo ese sufrimiento por el que pasaste desde pequeño, desde pequeña y cuando llegaste a joven hasta la edad que tienes hoy y que fue y ha sido parte de una gran enseñanza porque Dios, aunque nunca quiso que sufrieras tanto, está convirtiendo todo, pero todo en una nueva vida para ti. Una vida en donde la humildad, el perdón, la misericordia, la alegría y el verdadero amor, serán tus armas espirituales que vencerán cualquier circunstancia por difícil que esta sea.
Sea cual sea tu situación, entrégasela al Señor y da el primer paso de ponerte en pie, de vivir por fe. Dile al Señor: Señor te pido que tomes control sobre mi vida. Que tu Espíritu Santo me de esa libertad que quiere darme. Toda obra de rebeldía quede pulverizada en tu amor Señor y tu Espíritu me llene de docilidad..
Señor, aquí está esta forma de ser que no me ha conducido más que a encerrarme más y más en el egoísmo. Señor, ya no quiero prestar mis oídos a pensamientos sin fe ni a razonamientos vacíos de esperanza que me llevan a obsesionarme con celos, venganzas, mentira, fantasmas mentales que no existen.
Jesús, quiero que mi vida sea un río de agua viva…..Me declaro libre de toda enfermedad, de toda parálisis espiritual, de todo egoísmo. Toma toda la basura que tenía encajonada en mi subconsciente y déjame nuevo, nueva, limpio, limpia.
Jesús me presento ante ti Sumo Sacerdote, porque se que tú me has llamado para la libertad y estoy aquí porque quiero ser libre. Que toda atadura por tu poder y mi decisión sea desatada. Creo en tu palabra. Creo que soy un hijo inmensamente amado, una hija inmensamente amada por ti.
En tu nombre Jesús echo fuera de mi la muerte del egoísmo que me tuvo atado, atada. En tu nombre Jesús, echo fuera el odio, la amargura, la depresión.
Señor te glorifico y ahora comienzo a dar testimonio de tu grandeza, de tu amor incondicional; ahora con mi vida, con mis miradas, con mi tono de voz, con mis actitudes, tendré la fuerza de decirles a mis hermanos que tú no llevas cuenta de los delitos. Que tú no eres castigo, sino infinito amor. ¡Bendito seas Señor por tu amor gratuito hacia mi! ¡Bendito seas Señor por todo lo que estás haciendo en mi vida! ¡Bendito seas por darme vida aún para gritar al mundo que sólo tú eres Dios, que sólo tú tienes misericordia del caído, del enfermo, del triste, del desesperado!
Escucha cómo Jesús, tu amado fiel te dice: Se por todo lo que has pasado, se lo que es experimentado al estar encorvado físicamente, emocionalmente, materialmente. Se lo que has sentido al pasar por aquellas situaciones en la que llegaste a creer que no habría salida, pero te digo ahora: Ahora tú me conoces, ahora te han visto tus ojos de la fe, ahora tú confías en mi, crees en mi poder, en mi incondicional amor por ti, así que aunque muchas veces parezca que el mundo se hunda, no desesperes, sino más bien glorifícame. Glorifícame aún en medio de cualquier circunstancia por más terrible que parezca. Está seguro, segura que ya de ante mano te he tomado con todo mi amor y te estaré enderezando.
Yo tu Señor y Dios estoy tocando tu vida y lo más importante, tú estás decidiendo creer en mi, recibir mi palabra, y ponerla en práctica. Tú yo, tu Dios estamos enderezando lo torcido. (Mús)
Oh Jesús, como el ciego del evangelio de Juan digo, yo sólo se que estaba ciego, ciega y ahora veo. Yo sólo se que estaba torcido, torcida y ahora estoy como nuevo, como nueva, de pie, firme por la fe.
Creo Jesús que ahora mismo tu poder se está derramando hoy aquí sobre mi….¡Gracias! Lléname de ti.